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CAMPO MISIONERO, NO DE BATALLA

In document La nueva tolerancia - Josh Mcdowell (página 53-55)

EL CAMINO MAS EXCELENTE

CAMPO MISIONERO, NO DE BATALLA

Durante demasiado tiempo, el principal método de "alcance" cristiano ha consistido en invitar al inconverso a la iglesia. Por supuesto que eso no tiene nada de malo, y muchos han sido traídos a la salvación por tal simple invitación. Pero creo firmemente que el Señor desea que salgamos de nuestro "gueto cristiano", busquemos a los que no tienen creencias, comportamientos ni estilos de vida cristianos, y les invitemos a nuestros hogares, comamos con ellos, hagamos ejercicios con ellos, nos sentemos con ellos cuando están enfermos, y los expongamos a la presencia de Cristo a través del Espíritu Santo quien vive en nosotros.

El enfoque que estoy sugiriendo no niega el evangelismo de uno a uno; esto es algo tan relevante hoy como nunca. Ni es un substituto para enseñar la verdad; he dedicado mi vida a decir al mundo la verdad. Lo que estoy sugiriendo es un complemento al "evangelismo de iniciativa", y la plataforma de la cual la verdad puede ser contada con más eficacia.

Como ha sugerido el profesor John D. Woodbridge: Debemos recordar que servimos a un Dios trino quien ama a los pecadores: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito." Este versículo familiar (Juan 3:16) revisa una muestra ma- ravillosa del amor salvador de Dios. Por "el mundo" podemos substituir al violador, el homosexual, el adúl- tero, el humanista secular, el ladrón barón capitalista, el militar traficante de guerra. Dios realmente ama a estas personas. El los amó tanto que dio a su unigénito Hijo por ellos. Y nosotros también tenemos que amar- los, aunque sepamos que su pecado es verdadera- mente doloroso a Dios (Salmos 5:6-7; 7:11; Malaquías

1:3)....

Si vemos al mundo a través de los ojos del Señor, tiernos con compasión, tendremos mucho cuidado de

—El camino más excelente—

no hacer espectáculos de guerra cultural de "nosotros contra ellos". Es más, veremos a nuestro vecindario o nuestra escuela local no como otro campo de batalla en la "guerra cultural" sino como un campo misionero. Nuestro hogar e iglesia no serán bunkers (casamata) militares, sino refugios de hospitalidad con el letrero "Bienvenidos" en la puerta delantera.1 5

La nueva tolerancia pide a la gente que acepten todas las creencias y comportamientos como legítimos y merecedores de aprobación y aun de participación; el verdadero amor cristiano irá mucho más allá. Tratará de reconocer las nece- sidades de relación tras las creencias de una persona o su comportamiento, tal y como Jesús miró más allá de la falta de Zaqueo y vio su necesidad (algo que el Señor ha hecho por cada uno de nosotros). Demasiado a menudo, los cristianos tenemos tendencias a reconocer sólo las necesidades espiri- tuales de las personas; "Solamente necesitan a Jesús", deci- mos. Pero muchas "creencias erróneas" y "comportamientos pecaminosos" son expresiones de un dolor en las relaciones o emociones más profundas. Aunque todo pecador necesita al Salvador, no debemos descuidar las necesidades de relación que a menudo deben ser tocadas antes que un inconverso pueda aun responder al amor y gracia de Cristo.

Por ejemplo, hace algunos años accedí a hablar a una asamblea de preunivesitarios en Phoenix, Arizona. Mientras estaba de pie sobre una roca para hablar a la multitud de cerca de mil estudiantes, un grupo de "rockeros punk", que lucían cabelleras fluorescentes y llevaban metros de cadenas, se pusieron de pie a menos de siete metros de donde yo estaba. Algunos de los maestros y otros estudiantes miraban con cuidado al colorido grupo, esperando que causaran algún tipo de disturbio, pero yo continué con mi charla y terminé de hablar sin interrupción. Tan pronto como terminé de hablar Y me bajé de la roca, sin embargo, el aparente líder del grupo

—LA NUEVA TOLERANCIA-

un pie de mi cara. Un grito de asombro se levantó de la multitud, y quinientos pares de ojos parecían estar fijos en mí y aquel joven.

La mayoría de la multitud, sin embargo, no podían ver las lágrimas que corrían por las mejillas de la cara del rockero punk, ni le podían oír pidiéndome que le diera un abrazo. Pero una ola de murmullos corrió por la multitud cuando yo puse mis brazos alrededor de aquel joven y él puso su cabeza en mi hombro y lloró. El abrazo duró por un minuto —¡un largo abrazo para un rockero punk! Finalmente, él me soltó y con lágrimas me explicó: "Mi padre nunca me abrazó ni me dijo T e amo'".

¿Ahora, tenía necesidades espirituales ese joven? ¿Nece- sitaba él experimentar la salvación en Cristo? Absolutamente. Pero él también tenía necesidades de relación. El estaba llorando por amor y aceptación, y su apariencia extravagante y su comportamiento salvaje eran un grito pidiendo atención y afecto. Y como yo pude demostrarle mi propia atención y afecto, él me permitió compartir el amor de Dios en Cristo con él, llevándole a rendir su vida a Jesús.

Si esperamos contrarrestar el surgir de la nueva tolerancia, debemos comenzar a reconocer las necesidades de relación que hacen que a los adolescentes de nuestro vecindario ves- tirse de manera tan extravagante; necesitamos comprender las necesidades que hacen que los activistas homosexuales en nuestras ciudades griten tan alto por aceptación y aprobación; necesitamos enfocar nuestra atención en las necesidades que provocan que las militantes feministas marchen a favor del aborto por demanda; necesitamos responder a las necesidades de los jóvenes que rechazan nuestros valores morales y buscan hacer "su propia voluntad".

Estoy convencido de que cuando los cristianos comiencen a hacer amigos sinceros entre los homosexuales más militan- tes, los practicantes de abortos más dedicados, o los crimi- nales más endurecidos, y reconozcamos y respondamos a sus

—El camino más excelente—

necesidades de relación, el atractivo de la nueva tolerancia comenzará a palidecer a la luz del verdadero amor cristiano.

Estoy convencido de que cuando los estudiantes cristianos comiencen a mostrar bondad hasta la milla extra hacia los profesores que son antagonistas hacia la fe, el encanto de la nueva tolerancia parecerá superficial comparado con el poder del verdadero amor cristiano.

Estoy convencido de que cuando los cristianos pongan los patrones, como hicimos una vez, en la reconciliación y unidad racial, la influencia de la nueva tolerancia se perderá a la sombra del verdadero amor cristiano.

Estoy convencido de que cuando los cristianos alumbren las esquinas más oscuras de la creencia y el comportamiento humano con la luz del amor de Cristo —edificando relaciones y respondiendo a las necesidades de relación más profundas de los que están atrapados en el pecado— nosotros, nuestros

hijos y nuestras iglesias no solamente escaparemos del peligro

de la nueva tolerancia; sino que también "brillaremos como estrellas" en medio de una generación "maligna y perversa"

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