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2.3 Las relaciones entre saber, poder y política: la importancia del

2.3.1 Campos y capitales

Esta tesis propone la existencia de un campo cuya configuración se produce a partir de la intersección entre instituciones y funcionarios de estados nacionales, organismos y nuevas instituciones o foros multilaterales. En estos espacios de encuentro se intercambian visiones acerca de los problemas estatales y posibles soluciones a estos. Se trata de un conjunto de actores que se convierten en influyentes en el Estado, en el marco del proceso de internacionalización y especialización que toma mayor fuerza en la década del ochenta.

Siguiendo a Cassirer, Bourdieu afirma que el modo de pensamiento relacional es la marca distintiva de la ciencia moderna y propone su concepto de campo. Este asume dimensión relativa es: “un espacio de juego […] cuyos límites son fronteras dinámicas […]”. El mismo resulta más flexible y relacional que el de estructura de los marxistas estructuralistas y puede ser aplicado tanto a grupos de individuos como a sectores de actividad (artística, científica, religiosa u otros) organizaciones e instituciones sociales (Bourdieu, 1992:69).

Las estructuras sociales son vistas como estructuras materiales y simbólicas simultáneamente (o como estructuras materiales que siempre están construidas en forma simbólica). Asimismo, propone como recurso metodológico central reconstruir la lógica de las prácticas, lo cual requiere estudiar las condiciones de producción de las mismas. Prácticas sociales, las cuales, tienen una doble condición de estructuradas -por las estructuras sociales-, pero no determinadas en el sentido de que los agentes sociales actúan creativamente a partir de sus disposiciones cognitivas, perceptivas y afectivas.

Bourdieu, rescata el principio marxista según el cual lo que estructura la sociedad es la lucha entre fuerzas sociales distintas, pero esas fuerzas no están definidas de antemano, además dependen de cada campo de lucha específico, lo cual permite utilizar el concepto a nivel micro y macrosocial.

De manera tal que, el concepto de campo es un concepto relacional y es útil tanto para analizar relaciones entre Estados a nivel internacional, como para estudiar solo el campo estatal nacional o el equipo mismo de la negociación del TLC con Estados Unidos.

Los campos constituyen microcosmos, relativamente autónomos que producen y reproducen lo simbólico y están animados por la lucha de los agentes, por la acumulación y apropiación de un determinado capital. La lengua, el arte, la religión, lo político y la ciencia son ejemplos de campos donde se libran estas disputas de poder. Bourdieu compara el concepto de campo con el de juego, donde los agentes hacen sus apuestas, existen reglas o regularidades constitutivas de la competencia y del espacio de juego (Bourdieu, 1992:40).

Cada campo tiene su lógica propia, sus reglas de juego y quienes están dentro de él comparten el interés y la creencia de que vale la pena participar en esa lucha o juego. Asimismo, en cada campo los agentes ocupan posiciones objetivas y son portadores de disposiciones subjetivas. Las primeras pueden clasificarse como de dominio o subordinación y las segundas orientadas a la reproducción o hacia el cambio de las relaciones en el mismo campo.

La separación por ejemplo entre el campo político, científico, económico y familiar no debe inducir a una visión formalizada y equivoca de campos artificialmente separados. Ya que los agentes juegan en distintos espacios los distintos capitales y alternan, separando ellos mismos, sus campos de acción17. El concepto de campo pone de relieve que en la cúpula de poder no hay tanto un enfrentamiento entre distintas formas de capital como una estrategia para combinar diversas formas. Así, por ejemplo, el capital económico es un requisito para hacer carrera política y ésta abre a la vez el acceso al financiamiento y la reproducción del capital económico.

Los agentes ejercen poder de acuerdo a los recursos o capitales de que disponen y las jerarquías de las diferentes formas de capital (económico, cultural, social, simbólico) se modifican en los diferentes campos. En cada campo se disputa un capital específico que define al mismo campo, producto de una lucha entre diversas fuerzas enfrentadas dentro de éste18.

Hay que admitir, según dice el autor “que el capital puede revestir una diversidad de formas, si se quiere explicar la estructura y la dinámica de las sociedades diferenciadas.” (Bourdieu, 1992:82). No obstante hay tres clases fundamentales de capital, cada una de ellas con subespecies: el económico, el cultural y el capital social19.

17 Habría que ver si mantener los campos separados es parte de una distinción simbólica que ayuda a mantener o acumular su capital. Ver si en sus historias de vida la acumulación de cada capital también se fue dando sin estrategia, si fue paralelo y si una forma de acumulación contribuyó a la acumulación del otro tipo de capital. 18 El autor estudió empíricamente el campo artístico (y dentro de éste el sub campo de literatura y la novela), el campo académico en Francia y el campo burocrático de las políticas de vivienda entre otros.

19 Además está el capital simbólico, que es la modalidad adoptada por una u otra de dichas especies cuando es captada a través de categorías de percepción que reconocen su lógica específica o que desconocen el carácter arbitrario de su posesión y acumulación (Bourdieu, 1992 82).

El capital cultural se puede entender como el capital informacional y desde la teoría de los campos puede existir bajo tres formas: en estado incorporado, objetivado e institucionalizado. Para efectos de esta investigación interesa particularmente una subespecie particular del capital cultural que es el capital científico.

En palabras del autor se entiende que “El capital social es la suma de los recursos, actuales o potenciales, correspondientes a un individuo o grupo, en virtud de que éstos poseen una red duradera de relaciones, conocimientos y reconocimientos mutuos más o menos institucionalizados, esto es, la suma de los capitales y poderes que, semejante red permite movilizar” (Bourdieu, 1992: 82).

Ahora bien, los capitales en cada campo asumen una estructura distinta y se invierten de forma diferencial, donde generan lo que el autor denomina estructura de capital global invertido, lo cual no es otra cosa que el peso relativo del capital económico o cultural dentro de ese campo. Un ejemplo de los diferentes pesos que pueden tener los capitales se muestra en los resultados obtenidos por el autor en sus estudios sobre el sistema escolar francés. Cuando analizó el papel del sistema de enseñanza -dentro de las estrategias de las clases medias y altas- para reproducirse subrayó dos grandes cambios. Por un lado, en el campo económico el aumento “del peso relativo del título escolar (asociado o no a la propiedad) en relación con el título de la propiedad económica. Por otro lado, entre quienes detentan el capital cultural una devaluación de los títulos técnicos a favor de los títulos que garantizan una cultura general de tipo burocrático (Bourdieu, 1989:386)

Desde los años setenta, el autor había señalado como uno de los efectos de los cambios en las reglas del juego económico le significó, a las clases dominantes, una presión por convertir parte de su capital económico en capital cultural. Esto en la medida en que el acceso a las posiciones dirigentes requiere cada día más la posesión de un diploma o título escolar.

Obtener los títulos escolares más altos (es decir obtener capital cultural) supone una inversión económica en ese campo, lo cual explica como las familias con más patrimonio e ingreso

económico tengan más oportunidades de realizar estudios de larga duración. Pero cuando se analiza el éxito o el fracaso escolar, el volumen de capital económico de los padres -de niños que fracasan- está menos correlacionado que el volumen de capital cultural del cual disponen, medido en términos de diplomas (Bourdieu, Boltinski, Saint-Martin, 1973 citado por Dubar,1991:74).