• No se han encontrado resultados

2.3 Las relaciones entre saber, poder y política: la importancia del

2.3.2 Las condiciones materiales de la producción del saber

Esta investigación analiza el surgimiento de un campo específico que surge de la intersección entre individuos formados dentro del campo científico. Estos utilizan y rentabilizan su capital cultural en el marco del campo burocrático. Para efectos de esta investigación interesa particularmente una subespecie específica del capital cultural, el cual se halla en el capital científico y técnico.

a) La especificidad del campo científico

Una de las ventajas de esta perspectiva analítica es que permite visualizar la especificidad que tiene la producción del conocimiento científico en relación con otros campos y otros saberes. Según la sociología de la ciencia la verdad científica, como producto de la ciencia, reside en una especie particular de condiciones sociales de producción, las cuales hacen que un producto pueda ser aceptado por la comunidad científico como tal. El campo científico visto como un sistema de relaciones objetivas (y no de interacciones) en el sentido de posiciones adquiridas o heredadas “es el lugar (es decir el espacio de juego) de una lucha de concurrencia, que tiene por apuesta específica el monopolio de la autoridad científica, inseparablemente definida como capacidad técnica y como poder social, o, si se prefiere, el monopolio de la competencia científica, entendida en el sentido de capacidad de hablar y de actuar legítimamente (es decir, de manera autorizada y con autoridad) en materia de ciencia, que está socialmente reconocida a un agente determinado” (Bourdieu,1999:76).

Esto significa que el campo científico, como cualquier otro, no está ajeno a la lucha por el poder. La autoridad científica es “una especie particular de capital social que asegura un poder sobre los mecanismos constitutivos del campo y que puede ser reconvertido en otras especies de capital” (Bourdieu, 1999b:81).

A la tradición de la sociología de la ciencia, que ve ésta como el reino de la competencia pura y perfecta de las ideas, Bourdieu antepone la visión del campo científico como un campo “que produce y supone una forma específica de interés […]” (Bourdieu, 1999:76). Interés que cuando se hace pasar por desinteresado lo hace en referencia a intereses de otros campos, pues en si mismo, encierra una apuesta por obtener reconocimiento, prestigio y poder dentro de su campo.

Por lo tanto, la ciencia como cualquier otro campo social es un lugar de relaciones de fuerza, un campo de luchas. Pero, en el caso de las ciencias sociales la competencia es triple. Primero, entre especialistas y científicos de un mismo sub-campo. Segundo, respecto de otros profesionales de la producción simbólica (escritores, políticos o periodistas) que también pretenden producir una representación científica o no científica del mundo social. Finalmente, en tercer lugar, respecto de todos los agentes sociales que con distintos capitales tratan de imponer su visión del mundo social.

Las formas en que se construye el capital científico aportan toda una serie de mecanismos a través de los cuales se instituye un poder en la sociedad, una autoridad para hablar. El autor muestra cómo todos esos mecanismos están más allá de lo que se dice, de la idea y son rituales que crean poderes.

De acuerdo a lo anterior, los científicos son un tipo de intelectual, cuya especificidad como grupo está en buscar el monopolio de la competencia científica, la cual el autor define “como espacio objetivo de un juego donde se encuentran comprometidas apuestas científicas” (Bourdieu, 1999b:78).

b) Los obstáculos epistemológicos del científico

El hecho de que el científico (y se puede agregar el técnico) tenga por objeto el mundo social hace que no pueda obtener tan fácilmente, como otros sabios, el reconocimiento del monopolio del discurso legítimo sobre su objeto. Los científicos enfrentan condicionamientos objetivos y simbólicos. Los primeros se refieren a las condiciones sociales de los productores de conocimiento social y, los segundos, al condicionamiento de las producciones que ellos, a su vez, dependan del Estado del campo científico en un momento determinado y de las luchas por imponer una determinada representación del mundo social.

Por lo tanto, la producción científica de éstos agentes tiene varios obstáculos epistemológicos (objetivos y simbólicos) que debe superar. Como la producción de cualquier otro campo, en éste, se requieren recursos económicos, lo cual le amarra, en alguna medida, al campo económico. Como producción simbólica, acerca del mismo universo social del que forma parte el investigador y el técnico, el producto mismo está condicionado por sus propias determinaciones sociales y por el lugar, que éste, ocupa en la lucha dentro del campo y fuera de él para imponer una determinada visión del mundo.

El autor plantea tres sesgos que afectan la mirada y los cuales puede afectar a un científico o un técnico. El primero, relacionado con sus características personales, tales como clase, sexo y etnia, entre otros. El segundo, relacionado con la posición que ocupa dentro del microcosmo al que pertenece, es decir, al campo académico o al burocrático. Finalmente, el tercero, el sesgo intelectualista “consiste en concebir el mundo como un espectáculo a ser interpretado y no como conjunto de problemas concretos que reclaman soluciones prácticas” (Bourdieu, 1997: 12).

c) Cómo enfrentar los obstáculos

El autor plantea la necesidad de una reflexividad epistémica que analiza los condicionamientos sociales, los cuales afectan la práctica científica y profesional, esto con sus propios agentes y sus relaciones como elemento esencial de la mirada.

Se trata de lo que Bourdieu llama objetivar al sujeto objetivante, lo cual supone: ubicar al agente en una posición determinada, analizar las relaciones que mantiene con la realidad que analiza o sobre la cual actúa, así como sus relaciones con sus pares y las instituciones comprometidas en el juego.

Lo primero plantea la cuestión de reflexionar sobre cómo el científico o el técnico aprende la lógica de las prácticas sociales y el sentido de las mismas. Esto al saber que él mismo está inscrito dentro de otra lógica y otro tiempo que es el de la lógica científica. Lo segundo plantea reflexionar acerca de cómo superar los condicionamientos sociales que le afectan en su labor, esto al explicitar su producción de conocimiento -también- como parte de un espacio de juego.

d) La Ley: poder que estructura

Para efectos de esta investigación se puede visualizar el caso de los negociadores del TLC como un agente valorizador de su capital técnico, dentro del campo del poder estatal, y que lo combina con el sentido del juego burocrático, es decir el acceso, desde una posición privilegiada, a la gestión de las normas que rigen el funcionamiento del área de comercio exterior.

El estudio acerca de las estrategias de importación y exportación de conocimientos estatales que hicieron Desalay y Garth, en cuatro países latinoamericanos, mostró cómo las leyes pueden ser construidas para acuerpar un determinado equilibrio de poder y cumplir una función central en su reproducción. Siguiendo esa línea de reflexión, cabe preguntarse si estudiar el TLC con Estados Unidos puede verse como una ley que está “en el corazón del proceso que estructura, produce y reproduce el campo del poder” (Dezalay y Garth, 2002).

La incidencia del conocimiento científico-técnico de un área específica de saber dependerá, siguiendo a Bourdieu, de su capacidad de mediación respecto del capital económico o de otros capitales, y ésta, a su vez, de la capacidad para regirse por sus propias reglas. Es decir, de su

autonomía. ¿Cuáles son las reglas del juego burocrático que se imponen a la producción, distribución y uso del saber?

Se puede hacer una distinción entre un capital técnico -ligado a la posición que se ocupe- y uno relacionado con el saber científico que lo fundamenta. Este conocimiento a su vez, puede diferenciarse en función del grado de especialización teórica en una materia (incluyendo los títulos que lo acreditan) y la experiencia adquirida en la práctica.

En ese sentido, en el campo de la política de comercio exterior es teóricamente relevante y sugerente analizar, no solo distintos indicadores de capital científico (tales como títulos, nombre, trayectoria científica o profesional), sino también las diferentes formas de conversión del mismo en otros capitales.

2.3.3 Poder, saber y políticas

En relación con el Estado y la política, el trabajo de Bourdieu tiene la ventaja de permitir visualizar a ambos, también, como campos y como productos de las disputas entre diversas fuerzas sociales.

Lo específico del campo estatal, para ese autor, no radica solo en detentar el monopolio de la fuerza física, como diría Weber, sino en ostentar el poder de definir las normas que rigen una sociedad. Dicho en sus propias palabras:

“Así, el Estado, si se insiste en conservar esta designación, sería un conjunto de campos de fuerzas en donde se llevan a cabo luchas cuyo objetivo sería (corrigiendo la célebre fórmula de Max Weber), el monopolio de la violencia simbólica legítima, es decir el poder de constituir e imponer como universal y universalmente aplicable en el marco de una nación, esto es dentro de los límites fronterizos de un país, un conjunto común de normas coercitivas” 20 (Bourdieu, 1992:75).

20 Su visión del estado está relacionada con su visión del poder político y simbólico, esto como algo diseminado en todos los campos de la sociedad y, por lo tanto, su interés de contrarrestar la imagen del estado más difundida, como ente que monopoliza la lucha simbólica. El autor reconoce que el estado es objeto de la lucha política en la