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Capítulo Cuarto

In document Arsenal de dudas, Polvorín de Rumores (página 33-35)

Primavera del 76, cálido y húmedo sábado de octubre, era el tiempo en que se trabajaba hasta la una de la tarde. Pocos negocios abrían después de las 16 horas. La ciudad que funcionaba como pueblo parecía desierta a la hora de siesta, el movimiento se daba más tarde. Los pocos cafés que había se llenaban de clientes ocasionales que se encontraban a charlar y a tomar algo. En Argón se desarrollaban las tradicionales partidas de ajedrez. El “flaco Barbich” repartía los programas del Cine América: ese fin de semana la cartelera ofrecía “La Guerra de los sostenes “, con Tristán, Calabró, Mimí y Norma Pons, Santiago Bal y Mariquita Gallego y en el Círculo “La otra cara del padrino”.

Cabe recordar que el país se encontraba bajo toque de queda, que comenzaba a partir de las 22 horas y durante todo el proceso hubo “estado de sitio”. Si más de dos personas se reunían en la calle (aun para hablar de temas mundanos como mujeres, fútbol o lo que sea) podía considerarse como asociación sospechosa y ser arrestados a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (P.E.N.). Zárate no era la excepción, pero cosa curiosa casi no se respetaba, pese a todo se tenía una importante vida social.

Llegó la noche, la ciudad comenzaba a movilizarse, dos clubes atrapaban a la totalidad de la gente de los barrios, el club Carlos Pellegrini y el Club Belgrano, en este último, aproximadamente a las 24 hs. actuaría el grupo Tempo. Los boliches en el centro eran “863”, “Chiqué”, “Bucanero” y “Top- sys” que fueron los que más perduraron en el tiempo.

Ese sábado 16 de octubre a las 23 horas María de los Ángeles Dipietro de 32 años, le estaba fes- tejando el cumpleaños número 11 a su hija Marta, en 3 de febrero 822, la casa de su suegra Marta Rosado: “cumplo los años el 14 de octubre y ese año había estado muy enferma, viví en cama y hacia cruces esperando que llegara mi cumpleaños porque mi mamá me estaba preparando una fiesta, tuve tos convulsa y hepatitis, falté ciento cincuenta y pico de días a la escuela, hacia cruce- citas hasta que llegara esa noche. Festejé mi cumpleaños y mi papá fue a llevar a mis amigas, a las nenas a sus casas, en el momento que estábamos mirando los regalitos con mi mamá, le digo: mira que hermosa cadena, ponemela y empezamos a sentir olor a pólvora, como nosotros habíamos festejado el cumpleaños en la casa de mi abuela, en la parte de adelante, mi mamá sale a buscar a mis hermanos que estaban durmiendo atrás y ve el cielo rojo y siente mucho olor a quemado: los nenes, los nenes!!! Yo me acuerdo de eso y de que fui detrás de ella…Vengan para acá, vengan para acá decía mi abuela y en ese momento yo se que la vi delante de mi y mi abuela la llamaba: Nena, nena!!!, como la llamaban a ella. Yo me veo contra un árbol de mandarinas y cuando me miro la mano me faltaba un pedacito del dedo, sólo un pedacito porque lo otro estaba podrido en pólvora. Llega mi papa, entrando el auto, tenía muchos tajos en la cabeza y sé que nos agarro mi papa a mis hermanos y a mí y nos fuimos a la clínica Norte y me quedo la imagen de mi mamá tirada. Pasaron los días y yo estuve en lo de una tía en Campana y le preguntaba a mi papa ¿Cuándo vamos a ir a ver a mamá? No, mamá está internada en Buenos Aires y no la podemos ir a ver. No tuvo el valor para decirnos que había muerto, y después de un mes, un mes y pico, jugando con los chicos de la cuadra, me dice un amiguito a tu mamá la velaron con el cajón cerrado porque estaba muy lastimada, asi fue como me entere que había muerto mi mamá, fue terrible” (…) “Estuve mucho tiempo internada en Buenos Aires, porque los médicos de acá me decían que esto no tenia solución, me querían amputar una mano, y fui a parar al Hospital Naval, lo hicieron ello todo” Fue

muy difícil para mí, es una historia que todavía no cerro, yo quería saber siempre, cuando me case, mi marido me llevo a ver la tumba de mi mamá por primera vez”, quisiera saber lo que paso para vivir tranquila, para estar en paz.”

“La nena..qué le pasó a la nena!!!, Isabel Di Pietro, la hermana de María de los Ángeles Rosado, pregunta desesperadamente a otra de sus hermanas por la suerte de María.

María yacía tirada en ese patio, su cuerpo ensangrentado, su cabeza destrozada por una viga. No alcanzó a darse cuenta de lo que pasó. No fue necesario atenderla porque “estaba destrozada, los sesos estaban en la planta de mandarina”. Nos dijo su hermana Isabel.

No fue la única víctima o damnificada de esa trágica noche, la Sra. Dora Nicolasa Yacovella de Valido murió 8 días después, el 24 de octubre, debido a las heridas recibidas. Vivía en French 560. Jorge Acosta soldado conscripto clase 55 muere en la base también esa noche y el informe dado por la armada data también de 3 heridos de la dotación.

La señora Marcelina Álvarez Vda. de Ledesma de 88 años, no vidente, fue rescatada de entre los escombros esa noche por su hija, Josefina Ledesma, en la vivienda de la calle Berutti 765 y trasla- dada al Policlínico de la Carne donde fue asistida salvando milagrosamente su vida.

Mary Rucabina quien tenía 18 años, ayudó en la Clínica Santa Isabel y nos relata: “¿Cosas raras? Todo era raro: del cielo cayeron piedras, era de noche, nadie sabía lo que estaba pasando.. yo no aten- dí a los heridos, no era enfermera, a mi me llamaron para ayudar a limpiar los quirófanos, el personal de la clínica no daba a vasto, entraba y salía gente, vos no sabías quiénes eran, los heridos no solo eran del barrio también trajeron heridos del club Belgrano, yo conocía al nene de Morales que le había caí- do una piedra en la cabeza. Todo era confusión, pero se tapó todo, se calló todo y más cuando, como a mis abuelos, les llegó el cheque para pagar los daños. El Estado se hizo cargo y cuando el Estado se hace cargo ¿¿??.. Se dice que el proyectil que impactó en el polvorín vino de isla, a nosotros nos quedó eso, pero nunca se supo, nadie salió a decir que no.”

“La piedra que cayó en el patio de mi casa tapó todo de barro”, contó el ingeniero Pablo Jasienowitz, vecino de nuestra ciudad.

Claudio García actual jefe de bomberos: “Yo era cadete en ese entonces, cuando fue la explosión vimos el hongo hacía el río y vinimos al cuartel y allí comenzaron a llamar pero antes de bajar para el Arsenal, apagamos un incendio en una casa donde murió una persona cerca de la escuela Nº 2, hacia la calle Avellaneda y Güemes, ahí cayó una viga que aplastó un Fiat 600 que estaba entrando al garaje. Allí sacamos a una señora pero con heridas leves. Adentro del arsenal yo no tengo registrado muertos. Adentro no hubo tanto fuego con respecto a la explosión y la onda expansiva.”

Un vecino del hospital el señor Basilof nos cuenta “hubo bastantes heridos, mucho movimiento, ambulancias, no había luz, salió todo el mundo a la calle, fue una explosión muy grande.”

En Juan B. Justo 1237, Isabel Dipietro y su marido estaban mirando una película en Hollywood en Castellano, la explosión “volcó la cafetera”, al asomarse por la ventana gritó “Zárate se está pren- diendo fuego”, las ambulancias ensordecían la noche, enseguida sonó el teléfono.

In document Arsenal de dudas, Polvorín de Rumores (página 33-35)