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Capítulo 4: Estadísticas relevantes para la economía del cuidado

En este capítulo se muestran las estadísticas disponibles de las principales variables relacionadas con el trabajo productivo no pago, en Colombia, América Latina y el Caribe. Pretendiendo resaltar que el uso de la estadística en este trabajo busca soportar y evidenciar la importancia de la economía del cuidado para el desarrollo económico y social de los países. Por lo anterior, las cifras muestran la necesidad de una ley como la Ley 1413 y el acompañamiento de programas y proyectos para la disminución de las brechas sociales y por ende, la disminución de los distintos problemas sociales que surgen como consecuencia de las brechas y la pobreza. El estudio permitirá entonces dimensionar la importancia del trabajo productivo no pago en la economía y en la sociedad como un todo, así como la importancia de la economía del cuidado en nuestro medio. El análisis muestra que, en nuestro medio, aún no se ha incorporado en la mente de los individuos, la lucha contra la discriminación de género. Entre las principales variables analizadas se tienen las siguientes: el comportamiento histórico de los oficios del hogar; la relación mujeres por hombre en tales oficios donde se aprecia, de manera especial; porcentaje de mujeres mayores de 15 años encargadas de los quehaceres domésticos; la relación de dependencia de niños y adultos mayores, con el cambio de tendencia hacia una mayor preponderancia de los adultos mayores, generado por el aumento en la esperanza de vida y el cambio demográfico; la relación salarial por sexo y años de educación, donde se observa que a menor grado de instrucción la desigualdad es mayor en contra de las mujeres; población que no cuenta con ingresos propios para su desarrollo y sostenimiento, donde se aprecia que la pobreza tiene rostro femenino, de manera especial, en el sector rural del país, políticas que permitan impactar de manera positiva este indicador ayudarían a erradicar la pobreza; Colombia posee gran preponderancia de personas con alguna incapacidad, de allí la importancia de la economía del cuidado.

La Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH) otorga información sobre las condiciones de empleo, las fuentes de ingresos y gastos de los hogares y características demográficas de la población como sexo, edad y estado civil.

A partir de la encuesta citada se puede evidenciar el comportamiento en Colombia de los oficios del hogar, personas con alguna incapacidad, la relación mujeres por hombre en los oficios del hogar. La gráfica 1 construida a partir de los datos de la GEIH muestra la evolución de los oficios entre los trimestres cuarto de 2006, a cuarto de 2010. Se evidencia una relación estable hasta octubre, diciembre de 2008, con una disminución a partir de esta fecha hasta octubre, diciembre de 2010. Lo cual llevaría a suponer que con la disminución de alrededor de 1.000.000 de personas en el período (6.424.822 a 5. 368. 994) no sólo se redujeron las

personas vinculadas a los oficios del hogar sino que con ellos se aumentó la

población económicamente activa (PEA) y posiblemente ayudó a reducir el desempleo.

Otro aspecto de importancia se relaciona con la reducción de la población en oficios del hogar y el aumento en la compra en el mercado de los bienes y servicios producidos en el hogar, con la consecuente valoración de su costo monetario y, por ende, la importancia del mismo.

La gráfica 2 muestra el mismo comportamiento de las personas vinculadas a los oficios del hogar para las cabeceras municipales y el resto. Se observa que el

fenómeno del descenso a partir del trimestre octubre, diciembre de 2008 es más acentuado en la cabecera.

La gráfica 3 evidencia la población que sufre de alguna incapacidad y, por tanto, se encuentra en la economía del cuidado especial para su diario vivir. Se observa que en la cabecera el descenso es más pronunciado que en el resto (cerca de 700.000 personas). Es importante destacar las políticas de empleo para persona con alguna incapacidad, puesta en práctica por algunas cadenas de almacenes del sector privado y público en general, las cuales pueden incidir en la tendencia. Es de gran importancia identificar la población con discapacidad por rangos de edad, de tal suerte que pueda ubicarse como objetivo de la economía del cuidado.

En Colombia (gráficas 4 y 5) se genera una tendencia a que la población tanto de hombres como de mujeres mayores de 65 años es la que más alto porcentaje de incapacidad o enfermedad muestra. Sin embargo, los porcentajes de mujeres con dicha condición son inferiores a los hombres a través de los años. Lo anterior demuestra la menor calidad de vida que presenta este grupo poblacional en Colombia.

Cuando se compara la población mayor de 65 años de hombres con incapacidad o enfermedad entre Colombia, México y Chile (gráfica 6) se puede ver que Colombia viene en aumento desde 1999, salvo 2005, a diferencia de Méjico cuyo descenso es notable en el mismo período. Lo que demuestra para el caso de Colombia un aumento de la población con discapacidad en lugar de un descenso y, por ende, una reducción en la calidad de vida de estas personas.

La gráfica 7 busca mostrar cuántas mujeres por un hombre se encargan de los oficios del hogar, es decir, la relación mujeres por hombre en los oficios del hogar. En el caso de Colombia en el trimestre octubre a diciembre de 2006, por un

hombre alrededor de 11 mujeres se ocupan de las tareas del hogar, mientras que en el trimestre octubre a diciembre de 2010 por un hombre 15 mujeres trabajan en los oficios del hogar. Es necesario observar que la serie es oscilante al reducirse en el período comprendido entre el último trimestre de 2006 y abril-junio del 2008, donde inicia una tendencia definida al aumento.

En la gráfica 8 elaborada a partir del cuadro 5 del Anexo Estadístico, se muestra que la relación mujeres por hombre es más alta en el resto que en la cabecera municipal, como se puede apreciar en el trimestre enero, marzo de 2010 la proporción de mujeres por hombre en el resto era cercana a 21, mientras que en la cabecera era 16. El hecho importante es la relación mayoritaria de mujeres por hombre en el resto del país, lo que muestra un fenómeno más agudo en este sector de la geografía nacional.

La información estadística tomada de la CEPAL permite evaluar, de manera comparada, diferentes variables clave para entender el fenómeno del trabajo productivo no pago. En este caso se busca analizar el porcentaje de mujeres mayores de 15 años encargadas de los quehaceres domésticos en países de América Latina y el Caribe.

En el caso de Colombia (gráfica 9) la diferencia entre las mujeres mayores de 15 años en quehaceres domésticos sin hijos y aquellas que tienen dos o más hijos no

es tan notoria como en Argentina (gráfica 10).22 Para las mujeres sin hijos en 1994

era de 33,9% y en el 2008 de 30,02% presentando una reducción pequeña en puntos de porcentaje. Las mujeres con dos o más hijos en 1994 representan el 46,9% y en el 2008 el 38,4%. Muchas de las mujeres con dos o más hijos, conforman hogares cabeza de familia femenina y, en algunos casos, hacen parte mayoritaria de los hogares pobres del país. Esta variable es de gran importancia sociológica, en la medida en que muestra la mayor responsabilidad y dependencia de la mujer en la crianza de los hijos.

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En Argentina el total de mujeres mayores de 15 años en quehaceres domésticos ha disminuido de 1994 a 2008. Tomando por separado las mujeres sin hijos y las mujeres con dos o más hijos los porcentajes tienen niveles diferentes. Las mujeres mayores de 15 años en quehaceres domésticos sin hijos representan el 26,9 % en el 1994 y el 19,7% en el 2008. Por el contrario, el porcentaje de mujeres con dos o más hijos es más elevado: en 1994 llegan al 54,2% y se aunque se reduce en el 2008 sigue siendo alto con un porcentaje del 41,9.

México es el país con el mayor porcentaje de mujeres mayores de 15 años en quehaceres domésticos y en especial mujeres con dos o más hijos. El porcentaje de mujeres sin hijos en 1994 es de 40,2% y de 32,7% en el 2008. En referencia a las mujeres con dos hijos o más en 1994 el porcentaje se remonta a un 63,2 % y en el 2008 a un 48,5%. Lo cual demuestra una disminución importante.

En oposición a México, Uruguay presenta los más bajos niveles. Las mujeres sin hijos representan el 14,1% en 1994 y dicho porcentaje disminuye para el 2008 a un 12,7%. Las mujeres con dos o más hijos tienen un comportamiento diferente. En lugar de bajar para el 2008, el porcentaje aumenta a un 32,4% cuando en 1994 se encontraba en un 26,8%.

La herramienta CEPALSTAT ofrecida por la CEPAL, permite mirar a Colombia de manera comparada con otros países de América Latina y el Caribe. La gráfica 10 muestra la variación de las mujeres mayores de 15 años con dos o más hijos dedicadas a los quehaceres domésticos en los siguientes países: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia y Costa Rica. Las curvas muestran que el comportamiento de las mujeres con dos o más hijos es relativamente parejo y con tendencia a la baja en los casos de Argentina, Costa Rica y Chile. Colombia y Bolivia tienen los menores porcentajes con cierta tendencia al aumento.

En la gráfica 11 se compara Colombia con México, Ecuador, Salvador y Honduras y se muestra un comportamiento aún más cercano y parejo que con los países antes vistos, exceptuando el caso de México que tiene los porcentajes más altos.

En la gráfica 12 el comportamiento de los países Colombia, Nicaragua, Panamá, Uruguay y Venezuela las curvas están más espaciadas las unas de las otras lo que demuestra que los porcentajes se diferencian más que en los otros casos. Sorprende Uruguay, Paraguay y de cierta manera Panamá por sus bajos niveles; Colombia y Nicaragua poseen los niveles más altos y terminan en el 2008 con porcentajes casi iguales.

El cuadro 7 de la CEPAL (ver Anexo Estadístico) ilustra la relación de

dependencia23 según el rango de edad en el que se encuentre la población

colombiana: niños o adultos mayores. Para entender los resultados de Colombia se realiza una comparación con América Latina. La serie recoge el período

comprendido entre 1950 y 2050 (gráfica 13).

La proyección determina un aumento de la relación de dependencia de los adultos mayores en oposición a una disminución de la relación de los niños que podría explicarse por el envejecimiento de la población que se estima va a suceder en el continente latinoamericano. Por lo cual, el comportamiento en América Latina y Colombia es similar.

En el caso específico colombiano al desagregar por sexo a niños y adultos mayores no se muestran grandes diferencias en relación con éste pero si se evidencia el fenómeno de envejecimiento de la sociedad. El número de niños tanto de hombres como mujeres disminuye en el tiempo mientras los adultos mayores aumentan al punto de tener la misma proporción con el número de niños en el año 2050. Lo mismo sucede en América Latina. Hay un intercambio de la

23 Dependencia entendida como la relación existente entre la población productiva y la población que depende de ésta. En este caso ni los niños ni los adultos mayores son población activa.

dependencia: de niños se pasa a adultos mayores; la tasa de crecimiento es mayor entre el 2015 al 2050 en los adultos y adultas mayores

La gráfica 15 permite reforzar la idea del cambio demográfico al mostrar los porcentajes de la población de 0 a 14 años y de 65 años y más, tanto en Colombia como en América Latina. Las curvas tienen la misma tendencia que en las gráficas anteriores pero ésta ayuda a entender, de una manera más clara, los cambios dramáticos en las proporciones de la población constituida por niños de 0 a 14 años y adultos mayores de 65 años. Estas poblaciones son centrales en la economía del cuidado.

La esperanza de vida hace referencia a una estimación del promedio de años que podría vivir una persona desde el momento de su nacimiento teniendo como

supuesto que la tasa de mortalidad fuera estable.24

Vista de manera comparada la esperanza de vida al nacer de Colombia en relación con países como Argentina, Brasil, Chile y Costa Rica muestra un

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La esperanza de vida es uno de los indicadores más fuertes para establecer los niveles de calidad de vida de una sociedad y por tanto entre más alta sea la esperanza de vida de un país podría ser mejor su calidad de vida. Si se toma como variables la esperanza de vida de mujeres y la esperanza de vida de los hombres en Colombia y América Latina, se evidencia que las mujeres tanto en Colombia como en el continente latinoamericano tienen una esperanza de vida más elevada que la de los hombres. Aunque tanto la esperanza de vida de las mujeres como la de los hombres tienden al alza a lo largo de los años.

desarrollo relativamente parejo aunque se puede ver que en el caso colombiano la

esperanza es la más baja de los cinco países sin ser esto dramático.

La relación de ingresos promedios entre hombres y mujeres es desfavorable respecto a estas últimas. La gráfica 17 muestra una mejoría del indicador total 7.2 puntos porcentuales entre 1991 y 2005. Este crecimiento responde a la mejora tenida por la población de 13 o más años de instrucción. Como se puede apreciar en la gráfica la desigualdad es mayor a menores niveles de instrucción.

Colombia en asocio con Méjico son los países con mayores desigualdades comparada con otros países (gráfica 18). Resalta que los países con mejores ajustes en el indicador son, en su orden, Venezuela y Uruguay.

Dentro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio se encuentra la erradicación de la pobreza y el hambre. Uno de los factores que contribuiría a dicha erradicación sería la disminución de la población que no cuenta con ingresos propios y como consecuencia de esto depende de alguien más para su desarrollo y sostenimiento. Como se dijo con anterioridad y se ha observado a lo largo del presente capítulo, se ha generado un proceso de feminización de la pobreza, debido a que a este grupo de la población ha visto vulnerados sus derechos, en especial los económicos dejando a esta porción de la población sin autonomía por falta de

ingresos propios. En el caso colombiano la gráfica 19 muestra la gran brecha existente entre hombres y mujeres al respecto. Son muchas más las mujeres que no cuentan con ingresos propios; sin embargo, cabe resaltar que dicha brecha, aunque sigue siendo grande, ha tendido a la baja desde 1999.

Otro punto a resaltar cuando se realiza la desagregación por aérea urbana y rural está relacionado con las brechas en el ingreso, las cuales son aún más marcadas entre hombres y mujeres en el área rural (gráfica 20). Mientras que en área urbana el porcentaje de hombres sin ingresos propios eran de 17,5% en 1994 y el de mujeres 43,1%. En el área rural el porcentaje de hombres era de 11% y el de las

mujeres de 62,3%.25

La gráfica 21 que compara los resultados de Colombia y el continente latinoamericano, refleja porcentajes superiores de los hombres sin ingresos propios en Colombia, con respecto a América Latina. De manera general, es lo mismo para el caso de las mujeres, salvo en los años 1994 y 2007.

25En cuanto a las mujeres sin ingreso propio, por rango de edades en Colombia, es evidente que las mujeres en aérea urbana entre 15 y 24 años y las mayores de 60 años son aquellas que más sufren con este fenómeno.

Conclusiones

Entre las conclusiones principales del trabajo se encuentran:

A lo largo del escrito se exaltó el trabajo productivo no remunerado como elemento de gran importancia a la hora de contabilizar la economía del cuidado. Es el caso del trabajo doméstico y con él los trabajos que involucran el cuidado de niños, ancianos, enfermos e incapacitados los cuales producen un servicio mediante el cual facilitan el desarrollo de los individuos generando un gran impacto positivo en la sociedad y en la economía en particular. El producto de este trabajo se traduce en el aumento de la producción de bienes y se considera en la teoría del trabajo

como trabajo productivo indirecto, condición sine qua non del proceso productivo.

Las evidencias estadísticas muestran lo importante que es y seguirá siendo la economía del cuidado en las distintas sociedades. Es importante observar la alta relación mujeres por hombre en el trabajo del hogar, en especial en el sector rural. Son las mujeres quienes se encargan, en la mayoría de los casos, de los oficios del hogar sin remuneración o reconocimiento por ellos teniendo por consecuencia la falta de autonomía económica y la poca solidaridad del sexo masculino en tales menesteres. Resulta entonces una ironía que las mujeres a pesar de su poca autonomía económica, se hayan encargado de minimizar los costos sociales, de reproducción y mantenimiento de la esfera doméstica en la reciente crisis

De manera reciente se ha producido el fenómeno de incorporación de las mujeres

por alguien externo a la familia con un pago monetario. Es en ese momento que se valora positivamente el trabajo realizado por ellas en el hogar.

Paralelo a dicha incorporación se establece un nuevo roll para los hombres

quienes deciden servir de apoyo en los trabajos domésticos para las mujeres y establecer una responsabilidad compartida aunque ellos siguen siendo una minoría. Sin embargo, se observa que son muchos menos los hombres sin ingresos propios en relación con las mujeres, con una brecha más acentuada aún en la población rural.

La población adulta ha visto aumentar su relación de dependencia que se refuerza con los altos porcentajes de adultos mayores con enfermedades o alguna incapacidad. Por ende, el envejecimiento de la población constituye un reto para la sociedad, en general, y en especial para las mujeres que a lo largo de la vida han acumulados desventajas y han generado relaciones de dependencia fuertes (altos porcentajes de mujeres con dos más hijos en trabajos del hogar). Por tanto, la población adulta, los incapacitados y enfermos entre ellos los adultos mayores son considerados como objetivos de la economía del cuidado.

Debido a la consideración de la economía del cuidado como una actividad básica para la supervivencia y desarrollo de los seres humanos se explica la importancia de la incorporación de ésta en las cuentas nacionales del país. Para lograr el objetivo anterior las encuestas del Uso del Tiempo, a través del establecimiento de una cuenta satélite, constituyen una herramienta básica para la medición del trabajo y sus resultados favorecen a lograr una redistribución del tiempo dedicado a las actividades del hogar.

Con respecto al avance de Colombia en el tema de la economía del cuidado y el

reconocimiento de ésta, se puede decir que la sanción de la Ley 1413 de 2010 es

un avance a nivel mundial en tanto la misma se cumpla; sin embargo, aún es mucho el trabajo que está por hacerse tal como lo muestra la experiencia de los países desarrollados en la materia. Colombia está lejos de poder decir con exactitud el porcentaje que representa este trabajo en la economía puesto que

para sistematizar y cuantificar el valor de la economía del cuidado se requiere información y estadística que aún está por conseguirse.

Además de la Ley 1413 de 2010 se deberán desarrollar las estadísticas

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