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CAPÍTULO 3: ENTRE EL MITO DEL PROGRESO Y EL MITO DE LA

COMUNIDAD IDÍLICA: ALCANCES Y LIMITACIONES DEL BILDUNGSROMAN EN EL TESTIMONIO DE LURGIO GAVILÁN

En mi pueblo no había carreteras, solo caminos prehispánicos por donde íbamos persiguiendo el futuro.

—Lurgio Gavilán, Carta al teniente Shogún

Pero ¿qué tendrán estas tierras lejanas, extrañas, olvidadas por la clase gobernante, para que a uno le vengan deseos de querer volver?

—Lurgio Gavilán, Memorias de un soldado desconocido

4.1 INTRODUCCIÓN

Entre los testimonios de Saturnino Huillca y de Gregorio Condori Mamani, publicados en la década de 1970, y la autobiografía de Lurgio Gavilán, publicada en la del 2010, hay una brecha de casi cuarenta años signada por las circunstancias de la guerra y de la postguerra entre el Estado peruano y los grupos subversivos Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso (PCP-SL) y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), las que cambiaron radicalmente el escenario político peruano. Así mismo, en ese lapso, se incrementó el acceso a la educación escolar y a la educación universitaria en los Andes, lo que le permitió a un quechua como Lurgio Gavilán ser capaz de escribir su propia historia sin tener que recurrir a un intermediario. Gavilán participó directamente en el conflicto armado interno como combatiente. Con ese aval, por medio de su relato, cuestiona la lectura hegemónica elaborada por los intelectuales criollos: retrata la violencia

política no como una lucha a muerte entre dos bandos enfrentados con civiles inocentes de por medio, sino como una lucha con respecto a la que nadie en las comunidades andinas permaneció al margen y acerca de la que los perpetradores no fueron tan culpables ni las víctimas, tan inocentes. En un escenario así, estas dos categorías pierden vigencia, con lo que se hace evidente la necesidad de encontrar otras nuevas, que permitan capturar la complejidad del conflicto y superar viejas interpretaciones maniqueas acerca del mismo. Este es un punto que ha sido bastante discutido en los últimos años gracias, en buena medida, a la publicación de su texto.

Hay que señalar que los textos de ficción y académicos escritos acerca del conflicto armado interno constituyen un conjunto abrumador. En la última cuenta llevada a cabo en su artículo “Bibliografía anotada de la ficción narrativa peruana sobre la guerra interna: de los años ochenta y noventa (con un estudio previo)”, Mark Cox estimaba que ciento sesenta y cinco escritores distintos habían escrito, hasta el año 2010, 306 cuentos y 68 novelas sobre el tema, cifras que no han dejado de crecer en los siguientes doce años (Cox: 5)78. Del mismo modo, la bibliografía

académica escrita al respecto, de carácter antropológico, sociológico, literario e histórico, es tan o más abundante, al punto de dar pie a que surgieran nuevos campos de estudio, como en el caso de la llamada “senderología”, rama abocada únicamente al estudio de Sendero Luminoso y entre cuyos principales nombres destaca el del antropólogo Carlos Iván Degregori, así como con el apoyo de casas editoriales, como la del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), que es la que cuenta con el mayor número de publicaciones sobre el tema. Sin embargo, a pesar del mar de documentos existente, el de Gavilán destaca por ser la primera historia de vida publicada por un quechua con

78 Cox ya había elaborado dos cuentas anteriores. Al publicar su antología El cuento peruano en los años de violencia

nombre y apellido que participó activamente en la guerra. Fue este hecho el que provocó gran revuelo entre todos los expertos sobre el tema. Casi de inmediato, se organizaron charlas y congresos en universidades e instituciones privadas para debatir el documento: había que orientar su lectura.

Mencionemos someramente algunas características formales del texto. El libro de Gavilán se titula Memorias de un soldado desconocido y narra tanto su paso por dos de las principales organizaciones que tomaron parte en el conflicto armado interno, Sendero Luminoso y el Ejército, como su posterior incorporación a la sociedad, primero, como fraile en la orden franciscana y, luego, como estudiante y profesor en la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga. El libro cuenta con dos ediciones. La primera edición (2012) presenta, en el subtítulo de su portada, al relato como una autobiografía y como un estudio de antropología, e incluye un prólogo escrito por el mismo Degregori, quien, en las primeras líneas, se refiere a este como un “libro excepcional”, que narra una “vida excepcional” (Gavilán, 2012: 9) (ver Figura 8). Además, el documento incluye un estudio introductorio escrito por el antropólogo chileno Yerko Castro, quien aborda el texto desde la perspectiva de la antropología de la violencia y le adjudica un valor en la medida en la que la confesión que porta puede ser de utilidad como parte de una investigación antropológica acerca del tema. Por su parte, la segunda edición (2017) prescinde del subtítulo y se distancia del enfoque con que los paratextos orientan la lectura del texto en su primera edición con el fin de hacer énfasis en su condición testimonial (ver Figura 9). Esta edición incluye un nuevo prólogo escrito por el mismo Gavilán, en el que el autor, haciendo eco de la discusión que despertó la aparición de su texto79, invita al lector a buscar, en su personaje, al ser humano ubicado detrás de

79 Después de la publicación de la primera edición del texto, se organizaron diversos coloquios académicos en donde

se discutió el relato. Entre estos eventos, destaca el coloquio Diálogos por la paz y la memoria organizado por el IEP en el año 2013 y que convocó entre sus ponentes tanto a académicos como a representantes del Ejército, lo que hace

la etiqueta de “perpetrador”, con todas sus complejidades y con todas sus ambigüedades. Así mismo, el documento incluye una nueva sección con breves testimonios de dos excompañeros de Gavilán en el Ejército y el de una mujer senderista (Andrés, Vicente y Adela respectivamente), gesto con el que el autor niega el carácter extraordinario que muchos personajes públicos le adjudicaron a su vida en particular para intentar construir una voz que sea representativa de un grupo numeroso de individuos quechuas80.

Figura 8: Portada de Memorias de un soldado desconocido (2012)

de este uno de los proyectos más ambiciosos de discusión de la tarea de construir una memoria del conflicto. Del mismo modo, Gavilán ha sido invitado a numerosos programas televisivos de amplia difusión pública para ser entrevistado, entre los que destacan el matutino Abre los Ojos, conducido por el reconocido periodista Beto Ortiz, y el programa Casa Tomada, conducido por el también reconocido periodista Raúl Tola.

80 La fascinación que manifiesta el sujeto criollo peruano frente a Gavilán como individuo es una constante. El escritor

e intelectual Mario Vargas Llosa se expresa con respecto a su vida como “sacada de una novela de aventuras”. El periodista Beto Ortiz titula su entrevista como “La asombrosa vida de Lurgio Gavilán”. El también periodista Raúl Tola tilda su autobiografía de “exagerada”, dado el sinfín de experiencias que narra como parte de una sola vida. Al respecto, Cynthia Milton cuestiona el carácter excepcional de la vida de Gavilán, a la que juzga como tal solo desde

Figura 9: Portada de Memorias de un soldado desconocido (2017)

La crítica académica acerca del texto ha incidido en debatir su situación de exclusión social como un quechua y las implicancias del formato en el que está escrita su historia. Con respecto a su condición social, en su artículo “Tres veces muertos: narrativas para la justicia y la reparación de la violencia simbólica en el Perú” (2018), Lucero de Vivanco propone pensar al campesino como un “muerto vivo”. Ella considera que este ha muerto tres veces consecutivas en los últimos cuarenta años: primero, al ser invisibilizado simbólicamente dada su condición de marginalidad económica y social; segundo, al ser exterminado físicamente durante el conflicto; y tercero, al ser nuevamente invisibilizado simbólicamente por un Estado indiferente ante sus reclamos de justicia. En el terreno de las representaciones, De Vivanco sostiene que hay un grupo de narrativas peruanas a las que denomina como “memorias sucedáneas” en las que los personajes, ante la ausencia de una justicia transicional efectiva por los crímenes en contra de los quechuas, pretenden obtenerla

con sus propias manos, decisión que solo alimenta y retroalimenta el circuito de violencia y que demanda, para su solución, la intervención del Estado. No obstante, la autora considera que hay otro grupo de narrativas que hace hincapié en subsanar ya no la violencia física sino la violencia simbólica que sufrieron los quechuas mediante la simbolización de sus reclamos y a las que denomina “memorias restauradoras”. El objetivo que persiguen quienes escriben este tipo de narrativas es acercarse al lector estableciendo con él un vínculo de carácter afectivo recurriendo a hacer explícito el sufrimiento corporal del protagonista: el hambre, el frío, el castigo físico, la desnudez, etc. En este sentido, De Vivanco considera que el recurso de la representación patética es utilizado por el autor para hacer más visibles a los quechuas.

Por su parte, Betina Campuzano, en su artículo “Tatuajes en la memoria: autobiografía y violencia en el Perú reciente” (2016), es una de las críticas que cuestiona la teoría de los dos demonios y propone que la de Gavilán es una narrativa de la memoria basada en la construcción del pasado desde el presente. En este sentido, si bien Gavilán revaloriza expresiones culturales andinas, articula sus recuerdos de acuerdo con una identidad colonizada, que se expresa como la de un académico y no como la de un quechua: les adjudica a los quechuas el estereotipo de bárbaros en contraposición con la civilidad que caracterizaría a los intelectuales criollos. Para sostener esta afirmación, Campuzano se remite a un episodio puntual en el texto: cuando Gavilán regresa después de muchos años a la región de Ayacucho que solía recorrer durante la guerra. Allí se encuentra con un comunero, quien, al no reconocerlo, le pide que se identifique. Campuzano hace énfasis en la reacción de Gavilán: este entra en pavor al darse cuenta de que no lleva consigo su documento nacional de identidad y al recordar inmediatamente la matanza de los ocho periodistas acontecida en Uchuraccay veinticinco años antes, así como las conclusiones a las que arribó la comisión encargada de investigar los hechos y que encabezó el novelista peruano Mario Vargas

Llosa81. El desenlace de la escena es también paradigmático para ella: Gavilán logra sortear el

peligro al encontrar su carné de académico, el único documento de identificación que lleva entonces consigo.

Del mismo modo, Cynthia Milton dedica el capítulo “Guerra fratricida: The Parallel Lives and Writings of Carlos Freyre and Lurgio Gavilán” de su libro Conflicted Memory (2018) a comparar el texto de Gavilán con la novela Desde el Valle de las Esmeraldas (2011) de Carlos Freyre82, soldado del ejército peruano que combatió al PCP-SL en la selva ayacuchana durante la década de 1990, para proponer el carácter fluido de las identidades de quienes participaron en el conflicto, con lo que se suma a los cuestionamientos acerca de que todos los combatientes deben ser catalogados únicamente como perpetradores o como víctimas. Con respecto a la novela de Freyre, Milton sostiene que, en ella, cada personaje representa a un actor social y que el texto tiene como fin adjudicarles a los militares cualidades heroicas en un contexto -el de su publicación- en el que estos venían siendo cuestionados por haber violado, en repetidas oportunidades, los derechos de los quechuas durante el conflicto. Por otro lado, con respecto al texto de Gavilán, Milton nos presenta a un sujeto que, como guerrillero, no inspira terror sino lástima dada su condición de niño menesteroso, y como soldado, no inspira respeto sino rechazo, dados los múltiples abusos que cometen los miembros del Ejército en el relato. Además, hace énfasis en la voluntad de Gavilán de pertenecer a un grupo y de compartir un credo como el motivo por el que

81 Se conoce como masacre de Uchuraccay al asesinato de ocho periodistas de distintos medios de prensa en enero de

1983 que decidieron cubrir el ajusticiamiento de siete integrantes del PCP-SL en la comunidad vecina de Huaychao, en la provincia de Huanta, al norte de Ayacucho, y que fueron también asesinados por los comuneros del pueblo vecino de Uchuraccay al ser confundidos con los miembros de una columna guerrillera. El suceso contó con una gran cobertura por parte de la prensa peruana al punto de motivar la conformación de una comisión investigadora encabezada por el mismísimo Mario Vargas Llosa.

82 Freyre es conocido por haber sido el encargado de darle forma a En honor a la verdad (2010), documento en el que

las Fuerzas Armadas del Perú cuentan su versión de los hechos acontecidos durante los años de la violencia política y que constituye una respuesta al Informe Final (2003) de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR).

el cambio constante de una institución a otra es narrado de forma tan natural y no da pie a una lucha ideológica interna dentro del personaje.

Finalmente, con respecto al formato en el que Gavilán escribe su historia, tanto Claudia Salazar en su artículo "Escrituras del yo y políticas de la memoria: recepción y circulación de los textos de Lurgio Gavilán y José Carlos Agüero" (2016) como Juan Zevallos-Aguilar en su breve estudio “El testimonio: de la representación a la autorrepresentación (1974-2016)” (2018) consideran que el texto presenta la estructura de una picaresca: Gavilán, al igual que el protagonista de La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (1554), es un desamparado que cambia de organizaciones como aquel de patrones buscando con que paliar su hambre. Además, los autores hacen hincapié en que Gavilán transita por instituciones claves en el proceso de modernización capitalista y por una organización con un proyecto modernizador comunista: el Ejército, la Iglesia Católica, la Universidad y el PCP-SL respectivamente. Zevallos-Aguilar afirma que el objetivo del texto es mostrarles a los lectores que los hombres quechuas contaron con opciones a elegir durante el conflicto y que escogieron las que les parecieron más convenientes con el fin de garantizar su propia subsistencia, lo que hace de ellos no víctimas sino sobrevivientes. Salazar, por su parte, cuestiona las lecturas de intelectuales como Mario Vargas Llosa o como Yerko Castro, quienes ven, en el testimonio de Gavilán, una confesión transparente. En cambio, ella llama la atención sobre su agencia como autor de una ficción autobiográfica y opone el potencial disruptivo que porta el texto a las lecturas que lo apaciguan y que hacen de él buen recordar83.

83 “Buen recordar” es una categoría acuñada por Francesca Denegri y Alexandra Hibbett en su libro Dando cuenta:

En el presente capítulo, mi objetivo es desarrollar la idea propuesta por Salazar y por Zevallos-Aguilar con respecto a la identidad de Gavilán. Al igual que ellos, quiero sostener que Gavilán es un sobreviviente y escarbar en las diferencias que dicho concepto tiene con el de víctima, así como sus implicancias en el caso andino. En este sentido, considero que no debemos perder de vista que, al igual que en el caso de Gregorio Condori Mamani, el relato de Gavilán forma parte de un conjunto de narrativas del yo quechuas que abandonan el modelo de la gesta épica basada en la abierta rebelión en contra de los dueños de la tierra, característica de las publicaciones más representativas del indigenismo ortodoxo, para asumir el formato del viaje, que, en el caso andino, implica la migración a las ciudades en pos de alcanzar el anhelado progreso social. No obstante, quiero agregar a esta lectura que el trayecto que el protagonista emprende en busca de poder procurarse su subsistencia también debe ser entendido como el relato de una historia de aprendizaje de un quechua que no termina de asumir por completo la vía neoliberal y que va a volver constantemente la mirada hacia su propia comunidad de origen a la búsqueda de la armonía perdida con el inicio del conflicto. Sobre la base del giro que da la historia en su último tramo y de la inclusión de los breves testimonios que acompañan a la segunda edición del texto, quiero hacer énfasis en la persistencia de un componente quechua en la subjetividad de Lurgio Gavilán, que determina que su texto apunte en dos direcciones: primero, hacia las afueras de su pueblo, en búsqueda del anhelado progreso social, y segundo, de vuelta a él, en búsqueda de la recuperación imposible de la comunidad idílica andina.

4.2 EL TESTIMONIO DE LURGIO GAVILÁN EN EL DEBATE ACERCA DE LA