2.2 CONDICIONES DE REDACCIÓN DEL TESTIMONIO
2.2.2 LA ORIENTACIÓN POLÍTICA DEL TESTIMONIO
Antes de pasar a la comparación entre los protagonistas de las dos novelas indigenistas ya mentadas y el personaje de Huillca en su testimonio, me gustaría presentar algunas razones para fundamentar que la escritura de este texto es subjetiva y responde a intereses políticos. Como bien señala Grillo, desde el título, el texto presenta unas características bien definidas. Primero, al emplear el verbo “habla”, hace hincapié en la existencia de una persona real y en su apelación a ser escuchado (Grillo: 155). Es interesante comparar estos dos rasgos con el modo de composición de la narrativa indigenista, que es siempre el producto de la mirada de un letrado externo al espacio en el que vive su referente y que, gracias al contacto que ha establecido con él, actúa como su
presenta un texto que habría superado las limitaciones del indigenismo: es el mismo hombre andino quien habla (o, al menos, eso es lo que nos quiere dar a entender el título). Luego, Grillo afirma que, mediante la identificación que se hace del sujeto como “campesino” y como “peruano”, el mediador letrado hace énfasis en la clase y en la región geográfica a la que pertenece el sujeto, la que nos remite inmediatamente a la región andina y rural del Perú (Grillo: 156). Creo que habría que agregar que, en el contexto de la aplicación de la Reforma Agraria en el que fue publicado el texto, la mención a su clase y a su nacionalidad contribuye con que Huillca aparezca retratado como un actor de primera línea y, por ende, un informante muy confiable. De este modo, a diferencia de las obras propias del indigenismo, nos encontramos frente a un texto que nos da toda la impresión de ser una confesión desde adentro, lo que constituye un punto a favor en el caso de un régimen que quería convencer a los posibles receptores (el proletariado y la clase media urbana criolla afín a las reformas) de que las medidas políticas tomadas en el campo respondían a las necesidades de los campesinos: una novela indigenista acerca de la reforma agraria hubiera carecido del efecto de veracidad que se quería provocar al recurrir a la declaración de un hombre cuya identidad -su nombre y su apellido- el lector podía verificar.
El plan de hacer de Huillca un representante del campesinado entusiasmando con la Reforma Agraria implicaba también la elaboración y proyección del mediometraje documental titulado Runan Caycu (1973), dirigido por Nora de Izcue y producido por Sinamos, bajo la mediación de Neira, quien era la persona que le había propuesto a la cineasta llevar a cabo el proyecto. El film recoge pasajes presentes en Huillca: habla un campesino peruano, a los que les agrega las voces de otros campesinos andinos; de funcionarios del Estado en las provincias; y de líderes afines a la revolución, como Emiliano Huamantica o Juan Velasco Alvarado, a la vez que imágenes de algunos de los políticos de ese entonces, entre las que se repite la del expresidente
Fernando Belaúnde (cuyas apariciones van siempre acompañadas de una musiquita casi circense); de los encabezados de algunos diarios de la época; y de las movilizaciones campesinas en el Cusco. El documental fue, finalmente, censurado por el mismo gobierno antes de ser estrenado en los cines al haber Izcue decidido incluir también una mención a la política de represión militar en contra del campesinado practicada por los gobiernos anteriores, pero con respecto a la cual el régimen de Velasco se había hecho de la vista gorda (Seguí: 65).
El carácter político del testimonio de Huillca se puede apreciar en el modo sesgado cómo presenta a algunos de los protagonistas del momento político que vivía el Perú en ese entonces. Primero, omite casi por completo mencionar el rol que cumplió el dirigente troskista Hugo Blanco en la construcción de un sentimiento de inconformidad entre los campesinos cusqueños al haber liderado las movilizaciones andinas en el valle de La Convención durante el año 1962. La única mención suya es muy breve y se encuentra en la introducción al texto, escrita por Neira, quien le resta importancia a su participación: “Las invasiones se realizan más allá de Blanco y en gran medida sin Blanco” (Huillca: 9). Respecto a este personaje, Huillca manifiesta haberlo visto en una sola oportunidad, en el primer Congreso de Campesinos, celebrado en el Cusco, cuando ya era una figura sindical importante. A sus ojos, Blanco es un forastero que discutía en español, por lo que él no podía comprenderlo y con quien no llega a conversar ni a establecer alianza alguna. Esta forma de retratar a Blanco como un agente menor de la revolución coincide con las medidas políticas tomadas con respecto a él por parte del gobierno de Velasco, que lo indultó por el asesinato de un policía durante la revuelta en La Convención, pero que no le dejó permanecer en el Perú, donde podía llegar a convertirse en una alternativa peligrosa para su proyecto reformista, sino que lo envió exiliado a México.
Segundo, con respecto al rol que cumple Luis de la Puente Uceda, fundador y líder del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (Mir) en el Perú, cuya fugaz aparición en el escenario político nacional en el año 1965 al declarar la lucha armada fue sofocada por el ejército a los pocos meses de haberla iniciado, Huillca considera que no tuvo éxito debido a no haber contado con el apoyo de todos los campesinos. Huillca manifiesta haber conocido a De la Puente en Mesa Pelada25, desde donde este organizó su resistencia. Como en el caso de Blanco, la comunicación es desigual y por medio de un intérprete, ya que el líder guerrillero tampoco hablaba en quechua. En el relato de Huillca, De la Puente le explica sus planes a lo que él asiente, pero jamás le pide su opinión o le manifiesta su deseo de contar con el apoyo de los campesinos sindicalizados: se limita a explicarle cuál va a ser su accionar. Líneas después, Huillca va a expresarse con respecto a la falta de interés demostrada por el líder del Mir para con su participación:
Se levantaron y no habían participado a los campesinos. Solamente entre ellos, llamándose, se habían organizado para hacer las guerrillas. Si acaso no hubieran participado, los campesinos hubieran ayudado. La masa hubiera sabido, de cada pueblo hubieran venido comisiones con la ayuda respectiva. ¿Por qué no participaron? (Huillca: 103)
Tercero, sobre el desempeño del gobierno de Belaúnde (1980-1985), Huillca es enfático en expresar su decepción. El narrador considera que sus buenas intenciones son contradichas por su accionar. Como candidato, Belaúnde había aprobado la ocupación de las haciendas por parte de los campesinos y, apenas asumió el cargo de presidente, presentó al Parlamento su propuesta de reforma agraria (Mayer: 47). No obstante, para Huillca, el no haber podido doblegar la oposición de los parlamentarios, quienes, en su gran mayoría, eran miembros de la Unión Nacional Odriísta
25 Mesa Pelada es una colina ubicada en la selva, en la provincia de La Convención, en el departamento del Cusco,
y del Partido Aprista Peruano, convertidos en aliados y dueños cada uno de sus propias agendas políticas, y el haber gobernado bajo sus condiciones sin haber cumplido con sus promesas de transformación social constituyó un acto de traición. Él afirma: “empezó a apoyar a la oligarquía, estaba al servicio y mandato de los ricos, obedecía lo que ordenaban los diputados y senadores” (Huillca: 100). Si a eso le sumamos la enérgica respuesta de Belaúnde en contra de movimientos que se presentaban a sí mismos como favorables a la causa campesina, como los encabezados por Blanco o De la Puente, se puede entender el cambio en el parecer de Huillca, quien deja entender haber sentido simpatía por él en un inicio.
Por último, acerca de Juan Velasco Alvarado, Huillca dedica una buena cantidad de líneas en la tercera parte del relato. Allí le da su aprobación, debido a que -considera- no solo ha dado muestras de cercanía hacia los campesinos, sino que ha promulgado una radical ley de reforma agraria, la misma cuyos resultados ya estaban empezando a sentirse en el campo. Huillca, incluso, aprueba explícitamente la formación de cooperativas propuesta por el gobierno, dada su capacidad de optimizar la producción en el campo. Es en el texto, un partidario a carta cabal del plan de modernización propuesto por el régimen militar. Del mismo modo, afirma que era necesario que los campesinos colaborasen con la reforma y que no se dejasen convencer ni por los hacendados ni por los universitarios troskistas, quienes, desde dos posiciones totalmente distintas, estaban procurando sembrar la desconfianza con respecto a quién iba a ser el real dueño de las tierras expropiadas. El llamado que va a formular a los demás campesinos, pero también a los lectores del texto, a trabajar en conjunto y a evitar la desunión bajo la batuta del gobierno de Velasco va a ser, pues, una constante en la última parte de su testimonio, como se desprende de la siguiente cita: … los políticos y los estudiantes están engañando a la gente. Haciendo caso a ello, son llevados por los malos consejos de esta gente. En cambio, yo no acepto los consejos de
ellos. Por esta razón, a mí me odian. Mi deseo es para el triunfo de esta Revolución. Debemos tener un solo pensamiento. Debemos formar un solo grupo. No deseo la desunión para lograr las reformas. Ni tampoco acepto el divisionismo. (Huilca: 139)
Por todo lo dicho, debemos reconocer la presencia de un sesgo político en la perspectiva de los narradores que, sospechosamente, desacreditan la labor de los personajes históricos contemporáneos de Velasco, que también participaron de los cambios políticos de su época, pero que tenían en mente otros proyectos de modernización. El hecho de haber plasmado las preferencias políticas de un quechua de carne y hueso en un testimonio dota a este texto de una credibilidad mayor que la que podía alcanzar una novela indigenista, sobre todo ante la mirada de unos sectores progresistas ubicados entre las clases medias y que veían cómo este régimen parecía por fin encarnar sus aspiraciones de cambio.