Foto 14 Misael Payares
III. CAPÍTULO TERCERO – EL ENCANTAMIENTO DEL MUNDO
Talal Asad responde a los argumentos expuestos por Chales Taylor sugiriendo que la forma como describe la época de movilización (secularización) no responde de manera acertada a las características de la modernidad. Como lo examinamos, la secularización tiene orígenes como pacto de paz durante las guerras religiosas pero es un proceso que también se dio en múltiples sociedades, que no necesariamente compartían esta historia, pero que estaban transitando a la modernidad. (Asad, 2003, pág. 2)
Es posible sugerir que el proceso de secularización está íntimamente relacionado al nacimiento y consolidación del Estado Nación11 así como con aquello que se ha denominado modernidad. Aunque existe un fuerte debate sobre lo que significa “la modernidad”, e incluso hay quienes plantean que no es algo verificable, para Asad es claro que se pueden apreciar unos aspectos que responden a esta categoría y que efectivamente están relacionados con los procesos de secularización. (Asad, 2003, pág. 3)
Recordemos las características del régimen antiguo planteado por Taylor:
El régimen antiguo está relacionado con 1- una idea de Orden Moral Moderno donde la existencia se da entre iguales basados en principios de beneficio común 2 – Un mundo generalmente desencantado 3 – un modelo en donde los seres humanos están llamados a entender (racionalismo) 4 – son sociedades de acceso directo a la totalidad pues los individuos son inmediatamente ciudadanos.
Sobre la idea del Orden Moral Moderno basado en principios de beneficio común ya se explicó las dos formas en que se ha dado (el mínimo común denominador y la ética independiente de la religión) y se planteó el concepto de John Rawls sobre los consensos
11 La relación con el surgimiento del Estado Nación se puede apreciar con las explicaciones de Taylor sobre el
proceso histórico y su cercanía con la literatura de Benedict Anderson sobre el surgimiento del nacionalismo. Lo que Asad pretende es además ubicar el debate sobre la secularización y la modernidad.
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traslapados <overlapping consensus>> donde las sociedades pueden seguir los enunciados (ej. No matarás) aunque las justificaciones profundas de los mismos sean diferentes (ej. seculares o religiosas).
Esta idea de Orden Moral parece demasiado pacífica e ingenua pues el debate fundamental se produce precisamente en relación con los enunciados que regirán la vida en sociedad y las discusiones sobre las justificaciones son más bien de segundo plano. Los estados suelen ser muy poco flexibles en estas definiciones y, por lo general, utilizan grandes cantidades de violencia para producirlas y hacerlas cumplir. Así que no se trata de simplemente hacer unos consensos sobre principios fundamentales y dejar la discusión sobre sus justificaciones de lado como lo pretende Taylor. Se trata más bien de intereses poderosos que desde el Estado están imponiendo los principios con muy poco consenso. Así que no es claro que el secularismo pueda también contener la violencia de las guerras coloniales o nacionales como dice haberlo hecho con las guerras religiosas. (Asad, 2003, pág. 7)
“A secular state does not guarantee toleration; it puts into play different structures of ambition and fear. The law never seeks to eliminate violence since its object is always to regulate violence”. (Asad, 2003, pág. 8)
En relación con la característica del acceso directo Asad sugiere que las democracias contemporáneas están llenas de obstáculos que no posibilitan que la ciudadanía se comunique directamente con el Estado o con el poder por lo que no es preciso plantear que nos encontramos en sociedades con dicho “acceso” privilegiado. Existen fuertes barreras burocráticas, grandes intereses económicos, monopolios de los medios de comunicación e inmensas tensiones culturales y de agendas de grupos de presión que no permiten que un
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ciudadano cualquiera comunique sus intereses sin antes pasar por una cadena de intermediarios. (Asad, 2003, pág. 4)
“The existence of negotiation in public life is confined to such elites as party bosses, bureaucratic administrators, parliamentary legislators and business leaders. The ordinary citizen does no participate in the process of formulating policy options as these elites do- his or her participation in periodic elections does not guarantee that the policies voted for will be adhered to” (Asad, 2003, pág. 4)
Así mismo, el concepto de ciudadanía que supuestamente es el que permite el acceso al superar diferenciaciones basadas en la raza, género, clase social o religión se pone en discusión ya que no necesariamente es capaz de poner a los miembros de una sociedad en planos de igualdad y no se constata que siempre genere la posibilidad de imaginarse como parte de una nación. Esta complejidad es posible apreciarla en el mundo contemporáneo con ejemplos como la exclusión de la población migrante, pobre, indígenas, campesina, sexualmente diversa, etc. (Asad, 2003, pág. 5)
Pero el aspecto que más le interesa discutir a Asad es acerca del supuesto desencantamiento del mundo que se predica de la modernidad donde parece que es posible conocer la realidad alejándose de nociones míticas, mágicas o sagradas. Es cierto que “la modernidad” no es un proyecto totalmente coherente sino más bien una serie de proyectos interconectados donde se persiguen diversos principios como la democracia, los derechos humanos, el consumismo, el libre mercado, el constitucionalismo, etc. En todo caso, se ha pretendido argumentar que el desencantamiento si es un aspecto trasversal a la misma (Asad, 2003, pág. 13).
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Se ha dicho que el acercamiento a la realidad y el desencantamiento del mundo se da por la experiencia que producen diferentes tecnologías como la producción, la guerra, el entretenimiento, la medicina, el turismo, la universidad, etc que crean nuevos espacios y nuevos tiempos, nuevas concepciones del dolor y del placer, del consumo y del conocimiento, de la política, de la ética y de la estética. (Asad, 2003, pág. 13)
El desencantamiento como supuesta característica trasversal a la modernidad no es fácilmente constatable pues existen múltiples elementos como el tiempo heterogéneo y el mítico poder de la violencia que sugieren que el mundo moderno está encantado.
No es cierto que el tiempo sea en su totalidad homogéneo. Aunque la homogeneidad del mismo es fundamental para entender fenómenos como la burocracia o algunas economías de mercado donde la velocidad y la dirección tienen que ser trazadas con precisión esto no excluye otras múltiples temporalidades que existen paralelamente con el tiempo secular. (Asad, 2003, pág. 5)
La relación mito12-violencia es fundamental para comprender el sentido en que el mundo moderno está encantado. La idea moderna del triunfo de la razón sobre las creencias ya ha sido fuertemente discutida por el pensamiento occidental al punto que una corriente teórica considera que sin el concepto de mito es imposible comprender el Estado secular y liberal. Las virtudes como la igualdad, la tolerancia y la libertad que se predican de los Estados modernos están fuertemente vinculadas con mitos de origen o fundacionales. (Asad, 2003, pág. 56)
12 La extensión de los debates sobre el mito superan las pretensiones de este trabajo monográfico por lo que se
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Dichos mitos fundacionales son los que hacen posible sociedades con ideas casi imposibles de “constatar” en la actualidad como “todos los hombres son creados iguales y libres” o “todos poseen derechos humanos”. En el centro del liberalismo se encuentra el concepto de naturaleza que está fuertemente vinculado a esta mitología pues la idea de derechos naturales implica una concepción profunda sobre la realidad que tiene implicaciones políticas importantes. Los derechos naturales no son algo que las personas deban tener o un ideal que deba ser alcanzado, son una característica de la naturaleza humana así que de hecho están allí aunque haya algunos obstáculos que toque superar para que se desplieguen en su completo esplendor – florezcan -. (Asad, 2003, pág. 57)
“To insist that manifest social inequalities and constraints were “unnatural” was in effect to invoke an alternative world – a mythical world – that was “natural” because in it freedom and equality prevailed” (Asad, 2003, pág. 57)
Como de lo que se trata es de hacer florecer la humanidad, de que se despliegue y realice su verdadera naturaleza este mito sirve fundamentalmente para justificar la violencia que se ejerce contra cualquier obstáculo que impida la realización y el desdoblamiento de la naturaleza humana. Aquí se encuentra entonces la relación entre violencia y mitología pues cualquier mito fundacional sirve para justificar la violencia que se ejerce contra quien lo desafíe. Pero es necesario resaltar el carácter legítimo de esta violencia, no se trata de una violencia banal o sin razones, es una violencia iluminadora que es completamente razonable a luz del mito que la justifica.
Precisamente sobre la base del mito de la humanidad y los Derechos Humanos es que Costas Douzinas denuncia el despliegue sin igual de violencia:
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“Si el siglo XX es la época de los derechos humanos, su triunfo es, por decir los menos, una paradoja. Nuestra época ha presenciado más violaciones de sus principios que cualquier otra época “menosiluminada”. El siglo XX es el siglo de la masacre, el genocidio, la limpieza étnica, es la era del Holocausto. En ningún otro momento de la historia humana ha existido un abismo tan formidable entre los pobres y los ricos en el mundo occidental, y entre Norte y Sur en el mundo global” (Douzinas, 2008, pág. 3)
En el mundo moderno el papel del derecho es una pieza central de la mitología pues su lugar es el de ofrecer la fuerza que se requiere para defender aquello que es sagrado. Así pues, cuando se está en defensa de algo sagrado la violencia será expresión de la ley, en otras palabras, está justificada por la ley. De la misma forma, existe una violencia que es ilegítima, que no es expresión de la ley, que es transgresión de la ley. (Asad, 2003, pág. 61) En esta dinámica de justificación de la violencia aparece también el concepto de redención pues la necesidad de la violencia para proteger lo sagrado y realizar el mito es el último recurso, el rescate de la humanidad del mal, la garantía de salvación. No sólo está justificada la violencia sino que es urgente su utilización pues de ella depende la vida en gracia con lo sagrado. (Asad, 2003, pág. 61)
Aunque estas categorías que permiten comprender en qué sentido el mundo moderno está encantado son propias de la religión no por ello se puede afirmar que la época de movilización o la modernidad es religiosa (y no secular). Es una época secular sólo que a diferencia de lo que piensa Taylor sigue estando, en ciertos aspectos, encantada. No se podría simplemente pasar por alto diferencias con las épocas religiosas ya que en términos políticos y éticos se pueden identificar evidentes transformaciones como la preponderancia de la democracia o de las éticas individualistas.
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Una cuestión fundamental de la mitología que hace del mundo moderno uno encantado y en que Asad profundiza es la forma como se concibe el sufrimiento. (Asad, 2003, pág. 61) El sufrimiento en el mundo secular es accidental y debe ser remediado como cuando alguien sufre un daño que puede ser curado por la medicina o cuando alguien recibe un castigo como correctivo por actuar de forma inadecuada. Para alcanzar la redención en el mundo secular no se concibe la idea de someterse al sufrimiento para alcanzar la salvación como si es completamente posible en el Cristianismo y en otras religiones. Por el contrario, lo que existe es la disposición/necesidad para causar sufrimiento a aquellos que deben ser salvados.
Así es como el mito secular es diferente de aquel que predica el sacrificio de Cristo pues en ese caso Él murió para salvarnos a todos, se sometió al sufrimiento para la redención de la humanidad. Mientras que la redención moderna implica que otros sufran pues deben ser salvados, no hay una noción de auto sacrificio redentor. (Asad, 2003)
De esta forma podemos apreciar que la utilización de la violencia y su justificación dependen de la mitología que esté operando. Existen unas mitologías donde se justifica el auto sacrificio y la violencia se ejerce contra sí mismo (Cristianismo) y otras donde la violencia debe ser ejercida contra los demás que deben ser salvados (Secularismo). Ahora bien, Asad aclara que en el mismo Cristianismo también existen doctrinas que predican la posibilidad de ejercer violencia contra los otros en vez de hacerlo contra sí mismo. Debido a esto no es un concepto meramente secular sólo que se expone la forma en que el proyecto secular, producto de su encantamiento, ha adoptado unos mitos que privilegian esta relación con la violencia. (Asad, 2003, pág. 62)
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“And yet Christianity´s missionary history managed to fuse the two – to fold the spiritual promise (“Christ died to save us all”) into de political project (“the world must be changed for Christ”) –making the modern concept of redemption possible”. (Asad, 2003, pág. 62)
Así entonces, Talal Asad propone dos oposiciones a la explicación que da Charles Taylor sobre la época de movilización, por una parte, el Estado secular no ha cumplido con el mismo propósito de pacto de paz que cumplió en las sociedades europeas en el mundo moderno, por el contrario, por los pocos consensos que ofrece ha sido una herramienta de exterminio que se hace visible en las guerras coloniales y en los diversos proyectos de consolidación de los Estados Nacionales y, por otra parte, esta capacidad de desplegar legítimamente grandes cantidades de violencia es precisamente señal del encantamiento del mundo y su característica mitológica.