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CAPÍTULO XX EL EMBARQUE DE LOS MERCENARIOS

In document Crónicas desde una jaula sin barrotes. (página 160-166)

CAPÍTULO XIX LAS AGENCIAS DE EMBARQUE Y LAS NAVIERAS

CAPÍTULO XX EL EMBARQUE DE LOS MERCENARIOS

Entramos a bordo como si fuéramos un ejército de mercenarios que toma posesión de una aldea en Cáfrica. A bordo nos encontramos a Sabanillas, un segundo oficial de máquinas de la Cia, que realizaba las funciones de inspector.

El tal Sabanillas se había pegado dos años viviendo como conde en la suite de lujo del barco, persiguiendo cualquier cosa con faldas que se le pusiera por delante, nunca entendí como no avisó antes a la Cía., a la vista del destrozo que se estaba produciendo.

Subí al camarote del capitán, allí encontré a un hombre destrozado y atemorizado por la tripulación, estaba con el tercer oficial, que le debía ayudar dándole algo más que consuelo. Me dijo que llevaba una semana sin comer porque la tripulación le quería envenenar y que tenía una hemorragia interna que se manifestaba cuando iba al cuarto de baño. No sabía si creerme lo que veía; el camarote del capitán era bastante lujoso, pero lo tenía todo por los suelos, con cajones fuera de su sitio, puertas de

armarios abiertas como si hubiera entrado un grupo mafioso a registrarlo todo.

Le hice el “handover”, para que me pasara el mando del barco, lo firmó al instante; le dije que en uno de los salones se estaba pagando el finiquito a la tripulación, me dijo que no quería dinero, lo cual me extrañó, lo único que quería era volver a casa pero que no podía hacerlo con el resto de la tripulación, porque le culpaban a él de toda la tragedia. Le pregunté, a qué tragedia se refería, me dijo que el barco había tenido un incendio en el generador de emergencia y parte de la toldilla del puente alto pegada a la chimenea estaba totalmente abrasada.

Fui con Alejandro, el segundo oficial, a reconocer el incendio y efectivamente, todo el cuarto de generadores de emergencia estaba quemado e inservible, la cosa era seria porque ahora tenía mis dudas si íbamos a poder salir de Pari y si salíamos hasta donde podríamos llegar.

Me fui a hablar con Sabanillas, le pregunté por el incendio y me dijo, que sí, que se le había olvidado mencionarlo, le pregunté también por el estado de la máquina, me respondió lo que ya me imaginaba, destrozada, aunque aseguraba totalmente convencido de que podíamos llegar a Guarralona si metíamos 800 toneladas de agua dulce, porque las camisas de los cilindros estaban casi todas rajadas y perdían muchísima agua.

La máquina del J.J. Brother, se compone de cuatro motores principales de unos cuantos CV cada uno con una potencia total de más de...CV, no me gusta dar datos técnicos sin el permiso de la naviera. Los auxiliares también estaban de aquella manera y el generador de emergencia quemado, pero Sabanillas prometía poner el barco en marcha; también había un jefe de máquinas jalejo que venía de una agencia diferente, pero también de Silbao.

Sabanillas lo trataba muy mal pero ese jefe sabía mucho de él. Sabanillas le trataba mal delante de nosotros, sin embargo eran buenos amigos cuando estaban solos.

Nos pusimos en el portalón cuando los trucos empezaron a desembarcar; antes de desembarcar les registrábamos la maleta, se llevaban de todo, hasta los altavoces de la discoteca, platos, cubiertos, manteles, ropa de cama, mantas, se quería llevar medio barco.

Cuando desembarcaron hicimos una inspección total del barco, camarote por camarote. La parte de los camarotes de subalternos en la cubierta inferior estaba destrozada, habían arrancado todas las puertas de entrada y de los armarios, lo habían destrozado todo; la cocina estaba sucia y prácticamente inservible, el barco estaba en muy malas condiciones pero el ingenioso de la Cía., estaba contento porque había trincado parte del botín que se supone era para pagar a los trucos.

Años más tarde me topé con él en una planta del Directorio Comandante de la M.M., su cara me sonaba, le pregunté a un fusionario, que se suponía estaba trabajando en esa planta, el nombre de ese individuo, que me era tan familiar, me contestó que era ingenioso naval. ¡Trabajaba allí!.... en la CASA! y venía de Trashmediterrané, no había duda era él y por allí iba, “más ligero que un purgao, con todo lo que se había llevado”.

Cómo puede ser que personas así siempre tienen buenos trabajos, trabajos en los que nunca hacen nada y tienen siempre buenas nóminas e incentivos que les incentiva para seguir sin hacer nada.

Gente camaleónica que cambia de color dependiendo del ambiente en que se encuentren, combinan bien en cualquier lugar, nunca aportan nada pero saben hablar mal de todo aquel que les puede hacer sombra y por si fuera poco consiguen esa afinidad o empatía de los demás amparándose en la

envidia que cada uno de nosotros llevamos dentro, saben hablar a esa masa que lo tiene todo perdido a nivel de superación, a los que solamente les atrae el cotilleo desmesurado y destructivo.

Su cerebro suele ser una gran red, todo calculado y pensado y como decía mi madre “No dan puntada sin hilo”, cualquier comentario o gesto va encaminado a desprestigiar a alguien del que se quieren deshacer.

Me avisó el agente que el barco estaba listo para ser despachado y por favor zarpáramos cuanto antes, había dos embargos más en el Juzgado pero como era sábado no llegaría hasta el lunes.

Les dije que mandaran al práctico el Domingo por la tarde, que estaríamos listos para zarpar; se lo comuniqué a Sabanillas, me dijo que íbamos cortos de agua, pero que a Calma llegaríamos seguro.

Al día siguiente y con provisión de boca suficiente para 7 días, zarpamos para Guarralona; yo no había tocado nunca ese barco y le pregunté al inspector varias preguntas técnicas acerca de la maniobra, como, cuántos puntos de Kamewa tenía que poner avante y cuantos atrás para que el barco estuviera en el sitio sin moverse, pero no se acordaba. La maniobra se podía complicar al no haber más de 10mts a proa y otros 10 a popa, ya no había tiempo para hacer experimentos y tampoco había pedido remolcador.

Cuando llegó el práctico, había una pequeña brisa del muelle, mandé largar todo y me quedé con un spring a proa para evitar que el barco se fuera avante; me fijaba en una marca que estaba hecha en el muelle; sentí que el barco empezaba abrir del muelle e ir un poco avante, con ángulo cero en la Kamewa, pero ya habíamos librado el barco de nuestra proa y también el popa.

Mandé largar el spring de proa y dejé que el barco se alejara lo suficiente del muelle, puse media lateral hacia babor y atrás babor 2 puntos, esperé un rato viendo como el barco empezaba la ciaboga alegremente, metí un punto avante estribor y me di cuenta que el barco avanteaba muy alegramente con un solo punto, mande tres puntos atrás babor y el barco casi se paró pero seguía un poco avante, metí cuatro atrás y uno solo avante, el barco se paró y empezó la ciaboga sobre su mismo centro quizá yendo un poco atrás, entonces le dije al inspector, - Creo que con uno avante y cuatro a tras el barco ciaboga sobre el mismo sitio.- -No me acuerdo Tomás, pero la maniobra está bien hecha.-

Emboqué hacia la bocana del puerto que dejaba ver su luz roja de entrada, le dije al práctico que cuando quisiera podía desembarcar. Llevaba dos puntos avante las dos y el barco hacia casi 10 nudos, puse a cero las dos para reducir un poco la velocidad y así el práctico podría desembarcar más cómodamente.

Al librar la bocana, todo estribor hasta el primer rumbo marcado en la carta; ya libre de puntas, le pasé el mando a Alejandro, que estaba de guardia.

En el puente funcionaban todos los aparatos, de lastres no íbamos muy bien pero ya iríamos rectificando por el camino. Hablé con el cocinero para que preparara una buena cena, había que celebrar la salida de Pari.

Sabanillas se lamentaba y la máquina perdía agua por toneladas, sólo podíamos utilizar dos motores, así no haríamos más de 13 nudos pero perderíamos menos agua dulce. El viaje se ponía en tres días y medio.

Le pedí al radio un buen parte del tiempo, para ver si podíamos trazar la derrota por el norte de Temporca; el Golfo de Neón daba fuerza 2/3 marejada, le dije a Alejandro que tirara el rumbo por el norte de Temporca. Cada noche hacíamos unas cenas especiales que duraban más de tres horas, regadas con buen vino tintaliano regalo del provisionista, que se había forrado vendiendo la provisión al barco.

El inspector estaba contento y disfrutaba mucho durante las cenas; éramos gente nueva para él todo el mundo le apreciaba y nadie le hacia la pelota como es habitual en los barcos de su empresa, éramos la primera savia nueva que había entrado en Trashmediterrané.

Allí no existía esa “seriedad del burro”, que decía mi madre, cuando alguien no sabe hacer algo, en vez de decir que no sabe se pone muy serio, muy serio y no hace nada; todos colaborábamos, nos reíamos y aprendíamos cosas nuevas del barco todos los días.

Sabanillas nos amenizaba las cenas contándonos todas sus aventuras de cuando navegaba en ese barco de segundo de máquinas y todo el contrabando de tabaco que había hecho en el angosto, supongo que la mitad mentira y la otra mitad lo pongo en duda pero era muy agradable oírle sus historias.

Una noche que el inspector estaba en el camarote, Sabanillas nos llegó a contar que había estado con una monja en la travesía de Cáliz-Solarias, Javier , se empezó a reír, no podía parar, a mí me contagio la risa y tuve que dejar la mesa, esas cosas, delante del inspector no se podían contar. Las mentiras de Sabanillas no dejaban de serlo aunque él se las crea.

CAPÍTULO XXI EL GRAN DESPILFARRO

Después de casi cuatro días de navegación, llegamos a la bocana del puerto de Guarralona con las primeras luces del día. De la caseta de prácticos nos indicaron que debíamos parar en la bocana, hasta que hubiera práctico disponible. Paré el barco entre puntas, con una pequeña inercia avante que nos iba metiendo dentro del puerto.

Entró el inspector en el puente y me preguntó qué hacía allí parado, le dije que no había práctico de momento y que tenía que esperar, él me contestó muy ofendido: -Tomás, nunca un correo de Trashmediterrané ha esperado por nadie, dale avante y vamos para muy dentro-.

Así lo hice, metí un punto avante las dos y nos empezamos a meter dentro del puerto a unos seis nudos; no sabía dónde ir, todavía no me habían asignado atraque, pero seguía hacia dentro. Pregunté al inspector, con mucho cuidado y respeto, si sabía dónde íbamos a atracar, me contestó que gobernara hacia las Atarazanas y en el primer tacón que viera, atracara. Gracias a Dios a la altura del silo Condeminas, subió el práctico y me indicó donde estaba el atraque.

La maniobra fue fácil, dejé que la popa pasara el tacón y con la lateral de proa orienté la popa hacia la rampa del muelle, paré el barco y empecé a dar

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