Nivel 3 del actor: contextual (cultural): campo de la expresividad Cuerpo re-territorializado (cuerpo poético).
6. Disposición (inteligencia) kinestésica
3.7. Características y condiciones de organización y estructura de la interrelación (bios) del sistema cuerpo-mente cotidiano en el sistema
3.7.1. Nivel fisiológico: modo de funcionamiento del sistema cuerpo-mente
3.7.1.1. Capacidad de adaptación: flexibilidad y plasticidad
En el funcionamiento del sistema cuerpo-mente, en tanto sistema vivo, es decir, constantemente abierto y productor de sí (autopoiético), los procesos de adaptación y de cambio constituyen su base dinámica.
El dinamismo se manifiesta en la «capacidad de adaptación» del individuo humano. Esta capacidad es un factor clave de existencia de los sistemas vivos, así como de los procesos de aprendizaje.
El desarrollo de los sistemas de control (desde la ingeniería) y la posibilidad de considerar al ser humano (en su totalidad física, fisiológica, psíquica, emocional) como uno de los sistemas más complejos de «control adaptativo con
aprendizaje»109, son dos factores que determinan el interés creciente por el tema
de la adaptación. No solo desde la ciencia sino también desde disciplinas como la sociología, la antropología, la psicología y la pedagogía. Interés que incide de manera directa en disciplinas que tienen al cuerpo y el movimiento como objeto de estudio: deporte, danza, mimo, actuación, etc.
En el siglo xx los avances técnicos, especialmente a partir de los años cincuenta con el desarrollo en la ingeniería de los sistemas de control de ciclo múltiple110, la introducción de los ordenadores –con sus sistemas de control cada
vez más complejos–, y en general todos los cambios en las relaciones del hombre con su medio ambiente, hacen que el concepto general de adaptación, entendido como la capacidad que tienen los seres vivos de acostumbrarse a las condiciones
109 El doctor José Antonio García, en su estudio sobre la teoría del control, aplicada a la sicología,
aborda los conceptos de control desde la ingeniería y sus aplicaciones en otras áreas del conocimiento humano: «[En] los sistemas avanzados el sistema de control se incluye como una parte del propio sistema y se dice entonces que es un sistema con control adaptativo. La adaptación es la capacidad del sistema para modificar su propia operación, para alcanzar su mejor forma de comportarse.
»Las funciones que implica un sistema adaptativo son las siguientes:
»1. Obtener información constante acerca del estado actual del sistema. 2. Comparar el rendimiento actual con el deseado u óptimo y en su caso decidir si es preciso cambiar el comportamiento del sistema. 3. Cambiar el comportamiento del sistema para alcanzar el comportamiento óptimo. »Estos tres principios de identificación, decisión y modificación son inherentes a cualquier sistema adaptativo.
»Los sistemas de control adaptativos han tenido un desarrollo importante y así se han desarrollado sistemas adaptativos con optimización dinámica que pretenden alcanzar el objetivo con el mínimo coste. Y los sistemas de control con aprendizaje que pueden desarrollar representaciones del modelo matemático del sistema que controlan y pueden modificar su propia operación para sacar ventaja de este nuevo conocimiento.
»El hombre es un sistema de control adaptativo con aprendizaje y como tal ha sido considerado en el campo de la psicología, bien de forma explícita o bien de forma implícita…» (García Higuera, 1993).
110 «Existen dos tipos de sistemas de control, los proactivos y los reactivos o de retroalimentación
(feedforward y feedback). En los primeros se dan órdenes al sistema para alcanzar el objetivo, ejemplo de ello es los modelos en las máquinas de cortar, el sistema sigue el patrón que se le pone o a través del modelo que se le da. En los segundos la información sobre la marcha del proceso se utiliza para corregir la operación del sistema, es el caso de los termostatos de calefacción.
»Los sistemas de control tienen una larga historia que se remonta hasta los acueductos romanos; pero en general eran sistemas de un solo ciclo, es decir, se tomaba la información y se corregía el comportamiento del sistema en un solo punto. A partir de 1950 se introducen los sistemas de ciclo múltiple en los que la retroalimentación se inicia en varios puntos. La introducción de los ordenadores lleva a un nuevo nivel de sofisticación los sistemas de control» (ibíd.).
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del medio ambiente, deje de ser solo un concepto biológico y médico para constituirse en tema de interés de sociólogos, ingenieros, pedagogos, psicólogos, etc.
La capacidad de adaptación es un factor clave en los procesos de enseñanza-aprendizaje en el ser humano, bien que impliquen procesos de adiestramiento, reeducación o entrenamiento propiamente dicho.
En el caso del deporte, por ejemplo, el concepto de capacidad de adaptación del cuerpo es el fundamento del entrenamiento deportivo contemporáneo, determinante en la teoría y metodología del entrenamiento deportivo, entendido como proceso y como resultado: designa el proceso durante el cual el organismo se adapta a factores de los medios internos y externos, y designa el resultado del proceso de adaptación (Platonov, 1991: 11-12).
El entrenamiento o training, como concepto substancialmente técnico, ha tenido en el deporte un amplio desarrollo, sobre todo por las exigencias de las
performances deportivas de alto nivel, que desde mediados de los años sesenta se
han multiplicado, con aumento de los récords y el énfasis en la competencia.
En el deporte el entrenamiento es la preparación sistemática del individuo, contemplando sus leyes de adaptación con miras a obtener un alto rendimiento. Esto implica que en la progresión del entrenamiento se deben considerar las condiciones fisiológicas particulares de cada deportista (Hegedüs, 1977: 59).
El propósito del entrenamiento deportivo es muy claro: mejorar el rendimiento competitivo del deportista, propósito que en nada tiene que ver con el entrenamiento del actor. Pero, a pesar de las obvias diferencias que existen entre el entrenamiento del deportista y del actor, podemos encontrar que existen elementos comunes a ambos, relacionados con el funcionamiento del cuerpo-mente del individuo humano, en particular con las leyes de adaptación.
Términos como calentamiento, ejercicio (entendido como la unidad elemental del proceso de entrenamiento), resistencia, elasticidad, flexibilidad, estiramiento, adaptación, coordinación, etc., son parte del lenguaje común del entrenamiento en las disciplinas que vinculan el cuerpo y el movimiento.
En el caso particular del teatro, tanto en la praxis como en la teoría de los principales maestros del teatro del siglo xx, podemos rastrear este concepto como un fundamento importante del entrenamiento del actor. Si bien no encontramos en sus teorizaciones una mención directa del término, salvo en el caso de Barba, podemos encontrar que sus métodos y ejercicios se apoyan en esta capacidad de adaptación y cambio del ser humano, condición fundamental en los procesos de aprendizaje.
En las denominadas técnicas de inculturación y de aculturación, que propone Eugenio Barba para explicar los dos caminos que tiene el actor en su proceso de aprendizaje –reelaboración de la espontaneidad–, está implícito el proceso de adaptación111.
Adaptación que, en el caso del actor, es un proceso consciente y sistemático para la incorporación de una técnica extracotidiana de comportamiento y uso de su cuerpo-mente en las condiciones de la escena.
En ambas vías –inculturación, aculturación– se da un proceso de adaptación (incorporación) de un otro cuerpo-mente extracotidiano, diferente al cuerpo-mente cotidiano. En el caso de la vía de aculturación112, se parte de la codificación-
estilización del comportamiento natural. Con el entrenamiento el actor se «impone» un nuevo modelo de comportamiento, un comportamiento escénico extracotidiano, «estilizado».
111 Barba parte del concepto empleado por los antropólogos de «inculturación», que implica
necesariamente un proceso de adaptación: «Los antropólogos llaman “inculturación” a este proceso de pasiva impregnación sensorio-motriz de comportamientos cotidianos, propios de una cultura. La adaptación orgánica de un niño a las conductas y normas de vida de su cultura, el condicionamiento a una “naturaleza” permite una transformación gradual y orgánica que también es crecimiento» (Barba, 1997: 239).
112 «La primera vía para “reelaborar la espontaneidad” procede desde la simplificación hacia la
creación de una complejidad diversa y artificial. Es el camino de las tradiciones artísticas “codificadas”: los teatros clásicos de Asia, el ballet, la pantomima, el mimo y, para la voz, la tradición del “bel canto”. Entre las amplísimas posibilidades de acción de los seres humanos, algunos aspectos del comportamiento cotidiano “natural” son aislados, reelaborados, rediseñados y potenciados hasta hacerlos frecuentemente irreconocibles (a tal punto que a menudo se habla de estilización y “no realismo”)» (Barba, 2000c).
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En la denominada técnica de inculturación113, se parte del comportamiento
natural, absorbido por el actor desde su nacimiento dentro de la cultura y el medio
social en los cuales ha crecido. Este comportamiento natural («primera naturaleza») es el resultado de un proceso de adaptación cultural que se inicia en la niñez. Con el entrenamiento el actor modela –modifica– su comportamiento natural y cotidiano en un comportamiento escénico extracotidiano, con evidencias y subtextos sociales. Las variaciones de esta técnica son denominadas por Barba como transculturales, lo que da las diferencias entre los actores de diferentes contextos geográficos (Barba, 1997: 238).
Es vital poder llegar a una presencia que, respetando los principios transculturales que se encuentran en toda técnica de aculturación, permita la construcción de una técnica personal, de una presencia con codificación
personal. Es tarea del entrenamiento: dejar de lado la psicología y la
preocupación por dar vida a un personaje, para concentrarse en la construcción de una presencia con codificación personal, en la aculturación hacia un comportamiento pre-expresivo. El aprendizaje puede recorrer el camino de la inculturación o de la aculturación. Para ambos el objetivo es la totalidad, el encuentro y la integración con el otro polo complementario que al comienzo no estaba incluido: quien comienza con un «sí mágico» o con cualquier otro procedimiento mental debe materializarlo en una presencia sensorialmente perceptible para el espectador. Y quien ha adquirido un comportamiento aculturado debe integrar su universo mental-emotivo. Un camino no es mejor que otro (ibíd.: 240-41).
113 «El otro camino para “reelaborar la espontaneidad” no selecciona sino que utiliza como base el
entero abanico del comportamiento cotidiano “natural”. El procedimiento consiste en crear condiciones que modifican las reacciones inculturadas en comportamiento escénico, o en acciones orgánicas y eficaces para los sentidos del espectador. Los actores que, recorriendo este camino, asumen la tarea de dar vida a los múltiples y diversos personajes de las historias representadas, están obligados a conocer los “secretos del oficio” o a inventárselos. Deben hallar el equivalente de aquella codificación evidente, formalizada y compartida, que es el punto de partida de la otra vía. Aquí está escondida, es personal e informal. Pero sin este saber informal, personal y por tanto escondido que guía el uso de la propia presencia escénica, los actores no podrán hacer visibles y creíbles sus intenciones interpretativas, sus creativas y personales visiones de los personajes que encarnan. Es importante que los personajes que representan sean muchos y diversos. La necesidad del actor de detallarlos uno por uno y distinguir uno del otro desarrollará la variedad y complejidad de su propia técnica personal (ibíd.).
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