Una niña pequeña, encantadora e «inocente», devorada por un lobo es una imagen que se graba en la mente de manera indeleble. En «Hansel y Gretel», la bruja planeaba comerse a los niños; pero en «Caperucita Roja», el lobo engulle realmente a la abuela y a la niña. Como ocurre con la mayoría de los cuentos de hadas, existen múltiples versiones de «Caperucita Roja». La más famosa es la de los Hermanos Grimm, en la que la abuela y Caperucita resucitan y el lobo recibe el castigo que se merece.
Pero la historia del origen de este relato comienza con Perrault.* En inglés,
el título más popular es «Little Red Riding Hood», aunque el que le dieron los Hermanos Grimm, «Little Red Cap»,† es más apropiado. Sin embargo, Andrew
Lang, uno de los estudiosos de cuentos más erudito, señala que, si todas las variantes de «Caperucita Roja» terminaran como la de Perrault, deberíamos haber
* Charles Perrault, Histoires ou Contes du temps passé, avec des Moralitez, París,
1697. La primera traducción inglesa que se imprimió fue la de Robert Samber,
Histories or Tales of Past Times, Londres, 1729. El cuento más conocido se volvió a
editar en Iona y Peter Opie, op. cit. Pueden también encontrarse en los libros de hadas de Andrew Lang; «Caperucita Roja» se halla entre los cuentos de The Blue
Fairy Book, op. cit.
† Ambos títulos tienen la misma traducción en español: «Caperucita Roja». Pero la palabra inglesa
relegado este relato al olvido.*† Este hubiese sido, probablemente, su destino si la
versión de los Hermanos Grimm no se hubiese convertido en uno de los cuentos de hadas más populares. Pero, puesto que la historia de este cuento empieza con Perrault, consideraremos primero —y olvidaremos después— su contribución.
El relato de Perrault comienza como todas las otras versiones, contando que la abuela había hecho una caperucita roja para su nieta y por eso se la conocía con ese nombre. Un día, su madre mandó a Caperucita a llevar comida para la abuela, que estaba enferma. La niña tenía que atravesar el bosque, donde se encontró con el lobo. Éste no se atrevió a comérsela entonces porque el bosque estaba lleno de leñadores, así que preguntó a Caperucita a dónde iba y ella se lo contó. El lobo quiso saber dónde vivía exactamente la abuelita y la niña le proporcionó toda la información que deseaba. Entonces el lobo dijo que él también quería visitar a la abuelita y se marchó a toda prisa, mientras Caperucita se entretenía por el camino.
El lobo llegó a casa de la abuela fingiendo ser Caperucita y se comió inmediatamente a la anciana. En la historia de Perrault, el lobo no se disfraza de abuela, sino que simplemente se acuesta en su cama. Cuando llegó Caperucita, el lobo le pidió que se metiera en la cama con él. Ella se desnudó, se introdujo en el lecho y, entonces, sorprendida al ver a su abuela sin ropas, exclamó, «¡abuelita,
* Es muy interesante la versión de Perrault que Andrew Lang incluyó en su Blue Fairy Book. El relato de Perrault termina con la victoria del lobo; así pues, carece de la huida, la superación y el alivio de otras historias, no es —y Perrault no pretendió que lo fuera—un cuento de hadas, sino una historia admonitoria que atemoriza, deliberadamente, al niño con el final ansiógeno. Es curioso que incluso Lang, a pesar de sus duras críticas, prefiriera reproducir la versión de Perrault. Parece que muchos adultos creen que es mejor atemorizar a los niños para que se porten bien que liberar sus ansiedades, como hace un verdadero cuento de hadas.
† Existe una extensa bibliografía sobre Perrault y sus cuentos de hadas. La obra
más interesante —comparable a lo que Bolte y Polivka hicieron con los cuentos de los Hermanos Grimm— es la de Marc Soriano, Les Contes de Perrault, Gallimard, París, 1968.
Andrew Lang, Perrault's Popular Tales, Clarendon Press, Oxford, 1888. En esta obra, el autor escribe: «Si todas las versiones de "Caperucita Roja" terminaran allí donde termina el cuento de Perrault deberíamos relegarla al olvido, incluso teniendo en cuenta que la trama de la historia procede de "la época en que los animales hablaban", o se creía que podían hacerlo. Pero es de todos sabido que en la versión alemana, «Caperucita Roja» (Hermanos Grimm, 26), el cuento no termina, de ningún modo, con el triunfo del lobo. Caperucita y su abuela resucitan y "el que murió fue el lobo". Este puede haber sido el desenlace original del cuento, omitido por Perrault porque era totalmente inaceptable para los niños de la época de Luis XIV, o es posible que fueran los propios niños los que insistieran en que la historia "acabara bien". En cualquier caso, el Märchen alemán conserva uno de los sucesos míticos más ampliamente extendidos: las personas vuelven a la vida tras ser devoradas por un monstruo».
qué brazos más grandes tienes!» a lo que el lobo respondió, «¡para abrazarte mejor!». A continuación dijo Caperucita, «¡abuelita, qué piernas más largas tienes!» y el lobo contestó, «¡para correr mejor!». Este breve diálogo, que no encontramos en la versión de los Hermanos Grimm, va seguido de la famosa serie de preguntas acerca de las orejas, los ojos y los dientes de la abuela, hasta llegar a la última respuesta del lobo, «¡para comerte mejor!», «y, al pronunciar estas palabras, el lobo malvado se arrojó sobre Caperucita Roja y se la comió».
Muchas versiones terminan al llegar a este punto, entre ellas la de Lang. Pero la versión original de Perrault continúa con un breve poema en el que se plantea la moraleja que debe extraerse de la historia: que las muchachas no deben hacer caso del primero que se les acerque. Si lo hacen, no es de extrañar que el lobo las atrape y se las coma. En cuanto a los lobos, podemos encontrarlos de diversas especies: entre ellos, los más amables son los más peligrosos, especialmente los que siguen a las jovencitas por la calle, incluso hasta su casa. Perrault pretendía hacer algo más que entretener a los que leyeran sus relatos, quería enseñarles una lección moral muy concreta en cada uno de ellos. Por eso es comprensible que los modificara para conseguir su objetivo.*† Por desgracia, con
estas variaciones despojó a los cuentos de hadas de gran parte de su significado. Tal como él cuenta la historia, nadie advirtió a Caperucita del peligro que corría si se entretenía por el camino o si se apartaba del sendero adecuado. También, en la versión de Perrault resulta absurdo que el lobo se coma a la abuela que no había hecho daño a nadie.
* Cuando Perrault publicó su colección de cuentos de hadas en 1697, «Caperucita Roja» ya era una
historia antigua, algunos de cuyos elementos se remontaban incluso a tiempos lejanos. Tenemos el mito de Cronos que devora a sus propios hijos, quienes, sin embargo, salen sanos y salvos del vientre de su padre, siendo sustituidos por una piedra. Encontramos asimismo una historia en latín de 1023 (de Egberto de Lieja, llamada Fecunda ratis) en la que aparece una niña en compañía de los lobos vistiendo ropas de color rojo muy importantes para ella; los eruditos aseguran que estas ropas debían ser una caperuza roja. Así pues, seis siglos o más antes de la historia de Perrault, encontramos ya algunos elementos básicos de «Caperucita Roja»: una niña con una caperuza roja, la compañía de los lobos, un niño que sobrevive tras ser tragado vivo, y una piedra que se coloca en su lugar.
Hay otras versiones francesas de «Caperucita Roja», pero no se sabe cuál de ellas pudo influir a Perrault al publicar su cuento. En algunas de ellas, el lobo obliga a Caperucita a comer carne y a beber sangre de la abuela, a pesar de unas voces que le advierten de que no lo haga. Si Perrault se basó en una de estas historias, se comprende que eliminara estos detalles de mal gusto, puesto que su libro iba destinado a la corte de Versalles. Perrault no sólo embellecía sus relatos, sino que además usaba ficciones, tales como la pretensión de que estos cuentos habían sido escritos por su hijo de diez años, que había dedicado el libro a una princesa. En las moralejas que Perrault añade a las historias, habla como si viera a los adultos desde el punto de vista de los niños.
† Dos de estas versiones francesas de la «Caperucita Roja» se han publicado en