• No se han encontrado resultados

- Pues tu primero Me dice impasible.

Estoy más nerviosa de lo que esperaba, lo reconozco. El valor con el que había recargado para llegar hasta allí ha ido esfumándose, poco a poco, escapándose por cada poro de mi piel como si yo fuera un globo pinchado, defectuoso. El símil me viene de perlas porque, la realidad, es que así es como me siento. Defectuosa. Porque todo lo que consigo lo estropeo y porque todo lo que se acerca se acaba marchando. Creí que la edad, la experiencia y la madurez me ayudarían a evolucionar como un pokemon. A mutar en un ser superior con un chaleco anti sufrimiento y el poder de hacer que las malas emocionen me resbalen. Pero no ha sido así. Y ahora aquí estoy, delante de un chico maravilloso que me ha vuelto loca en apenas un mes. Que me ha hecho sentir

como una Diosa y que me ha devuelto toda la ilusión que un día tuve entre mis manos pero que, como todo, había perdió. A punto de rechazarlo, de perderlo para siempre solo porque este no es nuestro momento o porque yo soy una cobarde de mierda. Añadamos esta nueva “virtud” a la lista.

- ¿Por qué yo? Protesto nerviosa.

- Porque es tu casa.

- Ah… buen argumento.

Me siento en los pies de la cama mientras me froto las rodillas. Lo cierto es que no sé por dónde empezar y tenía la esperanza de que si él empezaba primero podría guiar mis pasos. Además, lo último que necesitaba ahora es una nueva declaración de intenciones. Mi decisión era demasiado débil y a penas se sostenía por un escueto hilo invisible que amenazaba con romperse ante la mínima demostración de amor. Mi corazón seguía restregándole a mi cabeza la sospecha de que iba de farol y, esta, como para hacerse la digna se empeñaba en ser firme con su decisión de mierda.

Cojo aire, todo el que soy capaz para perder el tiempo y ver si así decide hablar el primero pero no surte efecto.

- Se me dan fatal estas cosas. No sé por dónde empezar…

- ¿Qué tal por el principio?- propone.

Noto en su mirada algo distinto a días atrás. No sé explicar con certeza qué es pero me doy cuenta en seguida. Es como si la persona que tengo delante fuera otra distinta, desconocida. Solía ver esa expresión bastante cuando algún inversionista, o cliente, cambiaba de parecer ante algún posible negocio. Es como un brillo que aparece en la mirada. Yo había aprendido a distinguir el brillo bueno, el de entusiasmo, del brillo malo, el que está a punto de joderte la vida. Con este no tenía ninguna duda me iba a joder.

- No es fácil…- comienzo a decir con titubeo. Gabriel se ha quedado de pie, apoyado en el

lateral de la puerta guardando una distancia involuntaria que se notaba a la legua- ¿No quieres sentarte?

- Estoy bien gracias.

He intentado romper esa barrera, crear un acercamiento que relaje su expresión, porque lo cierto es que me pone aun más nerviosa. Mi cara comienza a ser un poema. No es lo que me esperaba cuando reproducía esta conversación en mi mente. Sigue mirándome, con los brazos cruzados sobre su pecho, esperando a que sea capaz de decir algo coherente.

- Pues quería hablarte de esto… digo formando un círculo imaginario con los dedos- Lo

que hay …

Sé que me estoy explicando cómo un libro cerrado y que Gabriel no está entendiendo nada porque ni yo misma me entiendo.

- A ver si consigo explicarme con claridad.- suelto una bocanada de aire intentando calmar

mis nervios- Estos días hemos vivido tantos altibajos que no ha sido agradable para mí. Supongo que para ti tampoco… ¿verdad?

- Vale…Pues estamos de acuerdo en algo. El caso es que esto me ha llevado a recapacitar,

mucho además, sobre nosotros y creo que… uf….- me revuelvo el pelo nerviosa como hago cada vez que afronto un problema chungo- Creo que lo que tenemos no funciona.

Espero una respuesta por su parte, más teniendo en cuenta que me ha costado la vida soltarle estas palabras, pero él no se inmuta. Su expresión sigue siendo la misma y lo único que hace es meter las manos en sus bolsillos.

- ¿Lo que tenemos? pregunta lentamente- No sabía que teníamos algo.

Me deja cortada la verdad. No solo por su contestación sino también por el tono que está utilizando. Iba a decir chulesco pero creo que más bien es indiferencia.

- Bueno Gabriel, nos hemos acostado… eso es algo.

- Algo esporádico. Lo planteas como una relación.

Levanto el labio superior mientras arrugo mi frente en un gesto que es algo así como una cara de estreñida. A priori pienso que me está vacilando, se quiere reír de mí, es eso, pero su gesto sigue siendo tan serio que no me cuadra en absoluto.

- ¿Entonces qué es según tú?

- No creo que haya que ponerle nombre contesta encogiéndose de hombros- Lo que ha

pasado, ha pasado y ya está. No tienes que darle tanta importancia a las cosas.

- Tú estás de broma, ¿verdad?

- No

- ¿Entonces es que eres imbécil de nacimiento?

- ¿Hace falta que me insultes?

- Te insultas tú solo diciéndome esas gilipolleces… Si hasta hace media hora parecías un

corderito descarrilado.

- ¿Entonces es eso?

- Disfrutas teniendo a las personas detrás de ti. ¿Te hace sentir especial o algo así? ¿O es

que viene con el cargo?

- Pero qué hijo de… Sabía que no me equivocaba contigo… - admito con un sentimiento

fallido en el estómago.

Me he puesto de pie mientras le daba la espalda. Observo por la ventana como la brisa menea las copas de los árboles. Intento calmarme por encima de todo porque perder la compostura no me hará si no sentir más desgraciada aun.

- Yo contigo sí. Yo contigo sí me equivoqué. – por su voz se que se ha acercado un poco

más a mi pero no quiero verle el careto Creí que eras más valiente… más… Laura. Pero ya ves, todos nos equivocamos al final. Por eso tienes razón en algo. Todo esto que nunca llegó a ser debe terminar.

Me vuelvo rabiosa, con las aletas de la nariz completamente hinchadas. Es cierto que el resultado ha sido el mismo pero su actitud me revienta. Una cosa es que yo ponga punto y final a nuestros escarceos y otra muy distinta es que lo haga él. Al final es como si me estuviese dejando y no podía soportar que un becario niñato y mal criado me dejase a mí en mi casa, en mi habitación... Solo faltaba eso.

- Pues muy bien. Suerte que no tenemos nada contesto poniendo énfasis de más en las

últimas tres palabras- Si no fíjate que mala suerte para ti. Qué bien que no cayera en tus… insinuaciones absurdas si no ahora tendríamos mucho más que lamentar.

- Si… qué suerte.

- ¿Y ahora qué? ¿Vamos a ignorarnos hasta que pase la boda?

- No sé si sigue siendo buena idea que me quede par la boda.

- ¿Qué? pregunto en un chillido – No se te ocurra hacer eso. No quiero montar un drama

- No creo que sea un drama, hay cosas peores créeme, pero me da igual. Si quieres que me

quede, me quedo.

El cabrón lo plantea todo de manera que parece que yo soy quien suplica su insignificante compañía y, lo cierto, es que así es. Pero no porque deseara tenerlo cerca, ni mucho menos, sino porque los dos nos hemos metido en la mierda hasta el cuello y ahora no iba a irse de rositas y dejarme a mí con todo este tinglado que él, no yo, había montado al seguirme hasta España como un puto acosador.

- Te recuerdo que tú fuiste quién me siguió hasta aquí como un loco. Por tu culpa mis

padres se pensaron que eras Tom y por tu culpa se espera que vaya a esa boda acompañada. No me vas a dejar tirada. Ahora apechuga con lo que has hecho.

Me voy de la habitación para dejarlo con la palabra en la boca y así poder realizar una salida triunfal. Sin embargo, cuando llego al piso de abajo, me siento de todo menos triunfal. Se supone que esto es lo que quería, acabar con todo lo que no estaba bien, normalizar la situación, pero lejos de estar satisfecha me sentía traicionada. ¿Esperaba quizás un poco de drama por su parte? ¿Quería, en el fondo, que me pidiera cambiar de opinión? La mente humana es tan caprichosa que sorprende. También puede ser que la caprichosa sea yo. En cualquier caso, al mirar a Gabriel a los ojos, me quedaba clara una cosa Gabriel se había marchado para siempre.