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centrarme al cien por cien en mi trabajo pero, al final, ha conseguido liarme y me ha hecho hablar. Me ha tirado tanto de la lengua que no he sido capaz de mantener la boca cerrada. Me ha dicho que no deja de pensar en mí… que no sabe lo que siente…pero yo no pienso volver a creerme nada de lo que él me diga. ¡Joder! ¿Entonces por qué no dejo de darle vueltas al tema? Solo pienso en él y en todo lo que he escuchado. Me prometí que Gabriel era historia que nunca más me dejaría engatusar y aquí estoy… comiéndome la cabeza. Me siento una mierda de persona. No tengo fuerza de voluntad, no tengo dignidad ni orgullo no tengo nada… Bueno sí, tengo un problemón porque me esperan tres magnates australianos y yo no dejo de pensar en mi becario y en sus tonterías.

Nos dirigen a la sala de reuniones donde ya nos están esperando. Siempre he oido hablar de la puntualidad australiana y puedo confirmar que es cierto. Tres hombres de mediana edad aguardan sentados a un lado de la gigantesca mesa. Ya estoy acostumbrada a reunirme en lugares así pero me siento especialmente nerviosa. Por un lado está el hecho de que es una oportunidad muy buena para mí. Único fruto de mi trabajo y esfuerzo. Por otro lado está el tema de que no tengo la cabeza donde la tengo que tener porque todos mis pensamientos están puestos en el chico rubio que se está peleando con la silla para graduar la altura. Dios mío te lo pido por favor… haz que Gabriel se comporte y prometo comerme todas mis verduras. Menos las berzas que me dan mucho asco. - Buenos días señores soy Laura Sorda- digo tendiendo la mano a cada uno de ellos.

Son muy educados y se presentan uno a uno. Después, el que parece el cabecilla del grupo, me cuenta un poco sobre el por qué les interesa mi trabajo. Intento explicarme lo mejor posible. Pongo todos los pros y los contra de nuestra unificación sobre la mesa pero me resulta muy complicado concentrarme con Gabriel jugando con unas bolitas que hacen la vez de pisapapeles. - He traído un dossier con todos los beneficios que nos podríamos aportar mutuamente. Mi becario os pasará una copia a cada uno. Gabriel…- Gabriel está absorto formando una torre de clips sin sentido- ¡Gabriel!

- Dime- contesta sobresaltado

- Entrega los dossier a estos señores por favor.

Tengo la continua sensación de que debo tratarlo como a un niño pequeño. De hecho, a veces me siento más como su madre. Sin embargo no puedo evitar que me haga sentir calor cuando está cerca. En el coche me ha tapado la boca. Lo he sentido tan próximo que podía oler su perfume y sentir su aliento. Ya sabéis como me pone de tonta su perfume. He estado a punto de besarle… ni yo me lo explico porque le odio de verdad, con todo mí ser, pero he tenido que morderle para evitar el amago de un beso. Ha sido un momento muy jodido.

- Como verán la asociación nos podría beneficiar a ambos porque disminuiríamos los costes para cubrir las noticias internacionales que más nos interesen. Como sabrán en Estados Unidos se genera el sesenta por cierto de las noticias más relevantes para revistas como las nuestras. Prensa, corazón, salud, belleza… actualidad… todo son ventajas.

- Parece muy interesante- dice el cabecilla- Pero no sabemos hasta qué punto nos interesaría cubrir parte de esas noticias porque el ochenta por ciento de nuestras publicaciones son de índole nacional. A los australianos les interesan más las noticias generadas dentro de nuestras fronteras.

Sabía que podía pasar algo así. En parte TWT se beneficiaria mucho más que ellos porque nosotros sí estamos deseando expandirnos.

- Creo que se olvidan de un detalle

Cuando fui consciente de que era Gabriel quién hablaba quise morirme. Estaba a punto de echar a perder todo mi trabajo, lo sabía, pero qué podía hacer para pararle.

- Gabriel por favor…

- Un segundo- dice mientras me manda callar. Mi becario me acaba de mandar callar…- Creo que se olvidan del handicap de que gracias a una alianza internacional podrían comenzar a vender en Estados Unidos. Sería un salto enorme para una revista tan joven y entonces si que les vendría muy bien tener a corresponsales aquí para cubrir sus trabajos porque a los americanos también les interesan más las noticias nacionales.

Los australianos parecen un poco confundidos seguramente porque no entendían que hacia un adolescente con granos diciéndoles lo que era bueno y lo que no para su revista.

- ¿Y tu quién eras?

- Es mi becario señor…- digo a modo de disculpa.

- Pues si que mandan preparados a los becarios hoy día. Has dado en el clavo chaval. Creo que, después de todo, ha valido la pena esperar tanto tiempo. Nos apetece mucho llevar a cabo este acuerdo con vosotros Laura.

No me lo podía creer.

- Si quieren podría enviarles hoy mismo el acuerdo.

- Perfecto, el departamento laboral lo revisará y lo reenviará firmado sin falta. Muchas gracias por todo- añade ofreciéndome su mano- ha sido un placer hacer negocios con vuestra revista. Por cierto, tienen el desayuno pagado en cafetería.

- Oh, no se moleste, no es necesario, gracias. - Insisto.

Sonrío como única respuesta y me despido de mis futuros socios con la certeza de que nos espera un camino lleno de gloria de su mano. Cuando me quedo a solas con Gabriel este me mira y me dedica una sonrisa idiota que me crispa los nervios.

- Bueno pues habrá que desayunar…

Maldita sea solo pienso en perderlo de vista de una vez. Ha sido difícil recuperar la calma después de nuestra conversación. El parece que no se altera con nada. Nos dirigimos a cafetería, donde ya nos están esperando, y una camarera muy amable nos acompaña hasta nuestra mesa. - Esta cadena de hoteles tiene muy buena repostería. Te gustará.

Lo miro con cara de pocos amigos. Qué sabrá el lo que me gusta a mí. No quiero admitirlo, pero lo cierto es que se me van los ojos hacía los dulces que hay en las vitrinas aunque no pienso

ponerme a comer aquí como una cerda.

- Me alegro de que hayamos aclarado lo nuestro.- me dice. - No hemos aclarado nada.

- Bueno, un poco si…

Le miro sin pestañear. Es increíble como este chico puede acabar con mi paciencia en tiempo récord. ¿En serio?

- Tienes mejor cara que esta mañana. Yo también me he quitado un peso de encima ¿eh? - Pero… ¿por qué demonios eres tan pretensioso? Me da igual lo que haya pasado contigo- miento- Tengo más problemas en la vida como para amargarme porque seas un cínico. - Au… duele… ¿Es por Tom?

Le miro sorprendida. - A ti te lo voy a contar…

- Hasta yo me doy cuenta de que, una relación que te hace pasar más tiempo agobiado que feliz, es tóxica.

- Claro, porque tú entiendes mucho de relaciones… ¿verdad?

- Que no lo haya vivido no significa que no tenga capacidad suficiente para darme cuenta de que no eres feliz. Te vi discutir en el parque y sé, por experiencia, que no estallas si no es por algo extremo.

Quiero decirle que yo también le vi en el parque, con su amiguita Ginebra, pero creo que es mejor callar y no parecer celosa. Me incorporo, apoyo los codos sobre la mesa y le desafío con la mirada.

- El problema de la gente como tu es que creéis saber demasiado.

- Vaya… Ya estamos otra vez con las distinciones. “La gente como tu”…- repite.- Pues las personas como tú no sabéis escuchar.

- ¿Qué yo no….?

La camarera viene en el mejor momento. Nos trae una degustación de dulces y una jarra de zumo de naranja. A continuación nos sirve un par de tazas de café con leche, aunque no hemos pedido nada de esto, y una bandeja de tostadas. En la mesa tenemos mantequilla, toda clases de

mermeladas, miel y embutido. Aquí el pan con aceite no se estila pero, como tampoco me gusta, no lo hecho de menos.

- Menudo festín nos vamos a pegar- exclama Gabriel sirviéndose un dulce, un par de tostadas y algo de zumo.

- A ti nada te quita el apetito por lo visto…

Lástima que su abuela no le aconsejara sobre otros aspectos de la vida.

Me sirvo un par de tostadas y decido pasar del dulce, aunque muy a mi pesar, me niego de

atiborrarme delante de mi becario. No suelo beber demasiado café pero me vendrá bien para estar alerta con Gabriel.

Pasamos los siguientes cinco minutos en silencio mientras damos buena cuneta de nuestros desayunos. Noto que me mira de vez en cuando disimuladamente. Se nota que busca tema de conversación pero yo agradecería que se mantuviese callado.

-Ya mismo es la boda de tu mejor amiga, ¿verdad?

Mierda… ¿en serio? Pero cómo hace este tío para acordarse de todo lo que digo. Hace muy difícil odiarlo la verdad.

- Si.- Contesto secamente. - ¿Y cuándo os vais?

Me quedo pensativa, ¿Debería mentir? ¿Debería hacerle creer que viajo con Tom para no parecer una idiota? ¿O debería ser sincera porque mentir no está bien?

- ¿Qué pasa?- ha notado que dudo. - Nada… me voy el jueves.

- ¿Pasado mañana?- asiento- Pero os vais los dos ¿no? Que insistente es este chico.

- Me voy yo que soy la que tiene que ir. Tom está muy ocupado.

He intentado no sonar rencorosa pero no sé si lo he conseguido. Gabriel sonríe con malicia y eso me pone furiosa.

- En fin…

- ¿Qué pasa? Déjate de indirectas y habla claro.

- Pues es obvio, ¿no? Te deja sola un día an importante como ese. Con la ilusión que debía de hacerte volver a casa con tu pareja.

Este chico se debe de dedicar a las artes oscuras en sus ratos libres porque yo no entiendo cómo lo sabe todo. Ha dicho lo mismo que pienso yo. Empiezo a recordar porque me engatusó tan rápidamente.

- Te he dicho que tiene trabajo.

- El trabajo no es más importante que tu pareja. Además, no tendrá que trabajar el fin de semana. Podría haber retrasado la ida pero no cancelarla.

Pues también es verdad pero es una idea que no se me ocurrió. - Me da igual- digo mientras bebo unos sorbos de zumo.

- Mientes. Te lo veo en la cara.

- ¿Y tú qué sabrás? Ni si quiera me conoces y odio que te las des de que sí.

- Yo no te hubiera dejado ir sola.- No contesto pero nota en mi cara que quiero cambiar de tema y lo hace- ¿Y cómo es el vestido?

Pongo los ojos en blanco porque lo mío parece una cámara oculta. Gabriel hace justo las preguntas que no quiero responder pero eso sería inútil porque es demasiado insistente. - Ha habido problemas con el vestido.

- ¿¡QUÉ?! ¡El vestido es lo más importante! Una mujer se compra el vestido incluso antes que los billetes.

- Vale perdona Don Entendido en lo que hacen las mujeres…”Il Vistidi is muy impirtinti” Si, lo admito, cuando consiguen hacerme rabiar me torno un tanto… infantil. Pero es uno de mis mejores encantos. Me levanto, dando por zanjado el desayuno, y me dirijo hacía la salida. Cuando llego al coche me doy cuenta de que Gabriel me sigue, obvio, así que nos montamos en silencio para volver a la oficina. Me espera mucho trabajo por delante con el tema de los australianos y estoy impaciente por tenerlo todo listo.

- Te ayudaré con el papeleo- me dice Gabriel. - No hace falta, gracias.

- Insisto… Además, si no hago nada no cuenta cómo aprendizaje.

Mierda, en eso tiene razón, debo dejarlo participar para que le cuente cómo practicas lectivas. - Redactarás el acuerdo pero lo harás en tu mesa.

- Hecho.

Cuando llegamos a la revista me meto directa en mi despacho. Hago un gesto a Susan, de

satisfacción, para que sepa que todo ha ido según lo previsto. Aun no me puedo creer que Gabriel no la liara. Y no solo eso sino que además fue quién aportó la información definitiva para

convencerlos. Se puede decir que hasta me he sentido orgullosa de él pero me ha durado poco. Paso el resto de la tarde inmersa en mi pc. Son más de las seis cuando Gabriel me envía el

archivo con su parte hecha y se despide desde el otro lado del cristal. Mientras lo veo irse pienso en si esto ha sido una reconciliación o en si mañana querré seguir odiándolo. Pasa una hora más hasta que me levanto, cansada y con la cabeza embotada, para irme a casa. Es la primera vez en todo el día que pienso en Tom y en la pelea de anoche. Me fui temprano para evitarle y he conseguido olvidarme del tema durante todo el día. Pensándolo bien ni si quiera me ha escrito para interesarse por mi o para preguntar cómo me fui tan temprano. Pues muy bien. Así como el actúe, actuaré yo.

Llego a casa media hora más tarde y me lo encuentro sentado en el salón viendo la tele. - Hola.

- Hola cariño- dice cómo si no pasara nada- En el cuarto tienes el vestido que esperabas. - ¿Cómo dices?

- Que ya te ha llegado el vestido que encargaste. Te lo he dejado sobre la cama. - Yo no…- no termino la frase. Tampoco tendría sentido.

Me dirijo al dormitorio y veo la caja gigante, color marfil, sobre la cama. Reconozco el logo de la tienda porque he estado allí antes. Destapó la caja. Me siento nerviosa pero la verdad es que no se por qué razón. Saco de dentro un vestido color champán increíble. Es de seda, pero de la buena, con corte de princesa y escote en uve. El cuerpo entero es de lentejuelas paillette y la espalda va totalmente al descubierto.

Me lo pruebo. No puedo esperar más. Puesto es aun más bonito si cabe y, no es por presumir, pero parezco una princesa de cuento. Es el color perfecto. En realidad es el vestido perfecto. Es lo que estaba buscando pero no conseguía encontrar.

Aun estoy con él puesto cuando veo que hay una nota dentro de la caja vacía. La sostengo con delicadeza, como si pudiese romperse, y la leo detenidamente.

Perdón por el retraso… G