CAPITULO SEIS
CAPITULO OCHO
LA ESCALERA
Hemos considerado detenidamente al Árbol de la Vida como un alfabeto filosófico. Ahora se hace necesario el contemplarlo con una visión totalmente nueva. En las diferentes partes de esta estructura hallamos previamente una cualidad que se corresponde con una cualidad similar innata en el hombre, que debe ser desvelada, desarrollada y perfeccionada. Este proceso de apertura se llama, gráficamente, “trepar al árbol”. En un capítulo anterior se decía brevemente que los métodos de la Cábala eran dos: Meditación y Magia. Es necesario aclarar ahora esta idea.
Ya que se ha dicho que la “Ruach”, a causa de sus propias limitaciones, no puede ayudarnos en la Búsqueda de la Verdad, y ya que la Fe, como se entiende ordinariamente, resulta incluso más inútil, es de desear un método nuevo de investigación filosófica. De hecho, es deseable no sólo un nuevo método, sino una línea totalmente nueva en la cual dirigir la investigación.
En el positivismo los hombres han negado una región trascendental de conciencia casi por completo porque, no admitiendo más posibilidades de relaciones que las formuladas por la lógica, negaban la misma existencia de las cosas que parecían ser ilógicas desde el punto de vista de dichas fórmulas. El “espiritualismo” moderno, por ejemplo, intentó construir un mundo noumenal sobre el modelo del mundo de los fenómenos; pero quiso demostrar a toda costa que el “otro mundo” es lógico desde nuestro punto de vista; que las mismas leyes operaban allí de la misma forma que lo hacen aquí, y que el “otro mundo” no es nada más ni nada menos que una copia y ampliación del nuestro. En resumen,
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se trata de una formulación cruda y bárbara de lo desconocido.
La filosofía positivista se dio cuenta de lo absurdo de estas tesis dualísticas pero, al no tener poder para ampliar o extender el campo de su actividad, limitada por la lógica, no pudo hacer nada mejor que negar.
Únicamente la Filosofía Mística ha sentido la posibilidad de otras relaciones distintas de las del mundo de los fenómenos, y formuló una lógica aplicable a la conciencia sobrenatural y trascendental. Pero fue detenida en su progreso por ideas confusas y vagas de investigación organizada y escéptica, siéndole imposible el definir y clasificar su material de forma científica. Esto podría corregirse e instituir un sistema totalmente escéptico usando el Árbol Cabalístico como medio de clasificación.
La ciencia debe llegar a la Cábala porque únicamente ella suministra un método coherente y una nueva dirección para la investigación. Los métodos místicos y mágicos nos abren no solamente un nuevo tipo de experiencia –acompañada por fenómenos psicológicos realmente dignos de investigación científica- sino, lo que es más importante y válido, amplían el conocimiento añadido de una región trascendental de la conciencia. En su “Tertium Organum”, P. D. Ouspensky escribe:
“Todo el conjunto de enseñanzas de movimientos religioso- filosóficos tienen como propósito reconocido u oculto ‘la expansión de la conciencia’. Éste es también el objetivo del ‘misticismo’ de todas las épocas y de todas las doctrinas, el objetivo del ocultismo y del Yoga oriental.”
Los métodos de la Cábala particularmente –ya que, únicamente ella entre todas las demás, parece poseer la única base adecuada para la síntesis- amplía nuestra visión del
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universo mediante una experiencia llamada de formas muy diversas, religiosa, mística, o suprarracional. Y por ésta se entiende una experiencia, mejor dicho, una intuición inmediata, una perspicacia espontánea sobre el significado, la naturaleza y el valor del universo, dando una visión beatífica de cómo se corresponden todas las cosas, una pista para llegar a la naturaleza de la Realidad Última. Tratamos aquí con un hecho esencial en el conocimiento místico; la sustitución de las actividades ordinarias de la conciencia racional por una intuición directa, donde la “Neschamah” contempla directamente las ideas. Y la experiencia, secular o mística, ha de ser siempre la “Ultima Thule”, más allá de la cual nadie se atreve a ir ni nadie se atreve a negarla. Estableciendo la Experiencia Mística como la fuente de inspiración y de conocimiento, únicamente recurrimos al principio científico verdadero, pues, como Julián Huxley expresó en “¿Qué me atrevo a pensar?”: “la característica más importante del método científico es su constante referencia a la experiencia de la búsqueda de conocimiento”.
El primero de estos métodos es la Meditación. Los judíos estuvieron durante mucho tiempo en contacto con diversos métodos técnicos de meditación. Sus escrituras brillan con muchos ejemplos sublimes de hombres cuyas experiencias, resultado indiscutible de meditaciones, fueron convicciones de contacto indudable con la Realidad; experiencias más allá del más ligero reparo. Por alguna razón, la visión de Jehová por Moisés, la larga línea de Profetas –la visión de dios por parte de Isaías cuyo séquito llenó el universo, el éxtasis de Ezequiel, elevado por encima de sus pies por el Espíritu y llevado de un sitio a otro, la inspiración de Baal Shem Tov y la fundación del movimiento jasídico; el hecho de la misma profecía-, todos éstos permanecen como un testimonio viviente y esencial de esta afirmación. También en el Talmud hay pistas oscuras de la existencia de una tradición desarrollada del “Mercavah”, o
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el Carro Divino contemplado por Ezequiel. Ya que el mundo es un proceso de Emanación, un surgir de la Realidad en su Sin Otro (para usar una expresión hegeliana), debe haber una correspondiente ascensión del hombre mediante “su carro” – el vehículo o medio por el cual podría ser conducido a los reinos de lo secreto. Y el Zohar habla del “beso divino”, con el cual el hombre se une a su Raíz. Se explica extensamente en los Cánticos: “Bésame con los besos de su boca”, haciendo referencia a la unión de las letras del Tetragrammaton. Debo citar, además, lo siguiente:
“En la parte más misteriosa y elevada del cielo hay un palacio llamado el Palacio del Amor, donde se esconden profundos misterios, y los Besos de Amor del Rey están allí... Allí el Espíritu Santo, por siempre alabado, se reúne con el Alma Santa (Neschamah). Avanza e inmediatamente la besa y la acaricia...Como acostumbra a hacer el padre con su hija amada, besarla, abrazarla, y darle sus regalos, así el Espíritu Santo, por siempre sea alabado, hace con el alma pura diariamente” (ii, 97 a).
(Para evitar impresiones equivocadas hay que prevenir al lector, cuando examine los textos cabalísticos, contra arcaísmos y forma eróticas de expresión. Con la capacidad de razonar más ampliada no tendrá ninguna dificultad para leer las formas convencionales de escritura y lograr una buena comprensión).
En este punto vamos a referirnos a la Meditación en su forma hindú, el Yoga, ya que este sistema ha sido cuidadosamente detallado; y consideramos a la Meditación como una fórmula general, dejando sus divisiones particulares para discutir cuando hablemos de los grados atribuidos a los diez Sephiroth.
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Pantajali, en la primera frase de sus “Aforismos”, define a la meditación como “el impedir las modificaciones del principio pensante”. Es sorprendente que una afirmación tan simple haya sido mal interpretada durante siglos, y haya sido oscurecida por la doctrina religiosa y el sentimentalismo ético. La Ética no tiene nada que decir respecto a esta cuestión más que lo siguiente: que el practicante, mientras se está entrenando, debe vivir de tal forma que ni la emoción ni la pasión molesten a la “Ruach” a la que se esfuerza en controlar. La Ruach, el principio cuyas modificaciones de pensamiento van a controlarse, permitiendo a la Neschamah pasar por la tranquilidad así producida, no es, como ya hemos señalado, el poder supremo del hombre. Es únicamente una función particular, un instrumento de la Yechidah con el cual piensa, trabaja y experimenta. Como Blavatsky escribió en “La Voz del Silencio”: “La mente es el gran asesino de lo real.
Dejemos que el discípulo mate al asesino.” La teoría es que la mente no es más que un mecanismo para relacionarse simbólicamente con las impresiones, aunque su interpretación nos haga tomar estas impresiones como la Realidad. Por consiguiente, el pensamiento consciente, es fundamentalmente falso y no permite percibir la realidad.
Sólo existe un simple factor fundamental para la meditación, más allá de todo dogma y moralidad, y es: “dejar de pensar”. Esta explicación del paso principal que conduce a la Experiencia Mística es altamente significativa. Explica la oración y su propósito; y todas las diversas prácticas sin considerarlas como “simples trucos”, por decirlo de alguna manera, para adquirir la facultad de poder atenuar la corriente de pensamiento y, en último extremo, detenerla por completo “a voluntad”. Una imagen hindú expresa esta teoría perfectamente. Hay un lago en el cual se mueven cinco glaciares –los cinco sentidos-; el lago sería la mente. Mientras el hielo, las múltiples impresiones, se está rompiendo
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constantemente en el lago, las aguas están inquietas. Una vez los glaciares se detienen, la superficie se calma, y entonces y sólo entonces, puede reflejar el disco del Hijo intacto –el Augoeides-, el que brilla con Luz Propia.
Aunque es cierto que, cuando el pensamiento se duerme, está inmóvil, la función perceptiva está inmovilizada también; y ya que deseamos lograr una vigilancia y una atención perfectas, no interrumpidas por el surgir de pensamientos, seguimos este procedimiento.
Un preliminar necesario consiste en inmovilizar la conciencia del cuerpo mediante una práctica llamada Asana, una postura por la cual, cuando ya se tiene un poco de habilidad, ningún mensaje de molestia corporal es enviado al cerebro.
Se ha observado que la respiración de las personas en éxtasis sufre un trastorno de forma señalada y curiosa; por alguna razón el proceso se vuelve muy lento y rítmico. El Yoga, en su forma científica, invirtió el proceso, y sus devotos intentaron reproducir ciertos aspectos de los estados místicos, a base de respirar lentamente, profundamente y enérgicamente.
Se puede confirmar esta teoría en los escritos de San Ignacio de Loyola. Con este ejercicio se consigue impedir que algunos pensamientos puedan forzar su entrada en al conciencia, y aquellos que llegan a la mente lo hacen, de esa forma, más lentamente, dando tiempo suficiente al practicante para percibir su falsedad y, en consecuencia, destruirlos. En resumen, hay indudablemente una conexión real entre la proporción de respiración y la condición del cerebro o el estado de la mente, como demuestra la experimentación.
Las emociones son, entonces, inmovilizadas para evitar que aparezcan y exciten a la mente que estamos intentando mantener tranquila. En el Pratyahara analizamos la mente con más profundidad. Es un tipo de examen general de los
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contenidos de la mente, y se dice que en la introspección pratyahárica se perciben directamente los argumentos subyacentes en el idealismo de Berkeley.
De acuerdo con esto empezamos a controlar y restringir el pensamiento, sea del tipo que sea, y a suprimir todos los pensamientos mediante una concentración directa sobre un único pensamiento, que, finalmente, se desvanece. La filosofía de Fichte nos ha enseñado que los contenidos de la mente consistían en todo momento en dos cosas: el Objeto o No-Ego, que es variable, y el Sujeto o Ego, aparentemente invariable. El éxito en la meditación logra hacer al objeto tan invariable como el sujeto, esto produce un shock terrible pues tiene lugar una unión y “los dos se convierten en uno”. Rabbi Baer, el sucesor jasídico de Israel Baal Shem Tov, afirmaba que cuando nos absorbemos tanto en la contemplación de un objeto, todo el poder del pensamiento se concentra sobre un único punto, entonces el Self se mezcla y se unifica con este punto. Ésta es la Boda Mística, tan a menudo citada en la literatura del ocultismo, y respecto a la cual se han usado tantos símbolos extravagantes.
Esta unión tiene el efecto de un derrumbamiento completo de todo el normal equilibrio de la mente, lanzando todas las facultades poéticas, emocionales y espirituales a un éxtasis sublime y haciendo que, al mismo tiempo, el resto de la vida parezca absolutamente banal. Llega como una experiencia del todo indescriptible, incluso para los que son maestros en el lenguaje y, permanece únicamente como un recuerdo maravilloso, perfecto en todos sus detalles.
Durante este estado, todas las condiciones de limitación tales como tiempo, espacio y pensamiento, son totalmente abolidas. Es imposible tratar de explicar la implicación real de este hecho, únicamente la experiencia repetida nos puede permitir entenderlo. Pues se trata de una experiencia más allá de
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cualquier descripción; una pura ilimitación donde el sujeto no habla de nada por más tiempo; donde ambos, sujeto y objetos, se trascienden y solamente permanece una comprensión espiritual sublime, una experiencia sin nombre.
Es la más vívida de todas las experiencias ya que representa un absoluto aturdimiento para la mente; todos los demás acontecimientos de la vida cotidiana están envueltos en la más completa oscuridad en comparación con ella. El hombre que ha experimentado las formas más intensas de este estado de conciencia está completamente liberado. El universo con sus vínculos está destruido para él y él para el universo y, de esa manera, su voluntad puede actuar libremente.
Ahora, la Magia o la Cábala Práctica tiene como objetivo el alcanzar un estado similar de conciencia, aunque el aproximarse a ella tiene lugar desde un ángulo distinto. De la misma manera que existen varios métodos técnicos de Yoga, también los hay de Magia. En ese estado de exégesis, desconozco totalmente los hechizos y amuletos que comprenden la mayor parte de trabajos cabalísticos como “Sepher Ratsiel haMoloch” y “La Llave del Rey Salomón”. Mis referencias se basan principalmente en los orientados a la taumaturgia espiritual manifestada, por ejemplo, en “La Magia Sagrada de Abramelin el Mago”, e invocaciones como “El No-Nacido”, “Liber Israfel”; siendo este último una adaptación de “El Libro de los Muertos”, y los profundos fragmentos de ritual lírico hallados en los manuscritos de Dee. Cuando un hombre se esfuerza por perfeccionar su meditación, la rebelión de la voluntad humana y la Ruach se hace violenta, y únicamente mediante una experiencia se puede descubrir la ingenuidad casi diabólica de la menta para intentar escapar al control. Hay métodos para entrenar a esa voluntad, con los cuales es más o menos fácil revisar el progreso. El ritual mágico es un proceso mnemónico dirigido a
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este fin. Digo mnemónico deliberadamente, para responder a las objeciones que se hacen al “aparato” usado por el cabalista práctico.
Mediante cada acto, palabra y pensamiento, el único objetivo de la ceremonia –la Invocación del Santo Ángel Guardián- está siendo indicado constantemente. Cada fumigación, invocación, proscripción y circunvalación son simplemente evocadores del único propósito –añadidos símbolo tras símbolo, emoción tras emoción- hasta que llega el momento supremo, y cada nervio del cuerpo, cada canal de fuerza de Nephesch y de la Ruach se ponen en tensión en un orgasmo arrollador, una corriente de éxtasis de la Voluntad y del Alma en la dirección indicada.
Todas las cosas están tan dispuestas en la operación que recordarán al mago su único Objetivo, su único Objeto Verdadero. Decide que todas las armas e instrumentos usados en su ceremonia servirán para recordarle su fin escogido, haciendo de cada impresión (mediante el alfabeto cabalístico de asociación de ideas) el punto de partida de una serie relacionada de pensamientos que acaban en esa cosa. Toda su energía se vuelca en que cada acto será ventajoso para sus invocaciones.
En un Templo que tipifica al universo, ya que es consciente de él, dibuja un círculo para anunciar la naturaleza de su operación. El círculo es, ante todo, un glifo universal del Infinito (Ain) con el cual afirma su identidad, y afirma además que se limita al alcance de un cierto objetivo, el de llegar a su Ángel, y que no vagará por mas tiempo sin objetivo en el mundo de la materia, la ilusión y la inpermanencia. Este círculo está protegido por varios nombres divinos, las influencias en las que confía para guardarse de los viciosos demonios del exterior, los pensamientos hostiles de su propio
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ego empírico que va a ser exorcizado y trascendido. En esta figura está el fundamento de todo su trabajo, un Altar, el símbolo de su Voluntad determinada. Todo se guarda en el sagrario del Altar, ya que todo está sujeto a la ley; excepto la Lámpara que cuelga sobre su cabeza, la Luz de su Self Verdadero, iluminándolo todo.
Sobre este altar están ordenados su Vara, Espada, Copa y Pantáculo. La Vara es el símbolo terrestre de su Voluntad Divina, Sabiduría y Mundo Creativo, su fuerza divina –así como la Espada es su fuerza humana, la facultad analítica aguzada de la Ruach. Es la mente que es su mecanismo para relacionarse simbólicamente con las impresiones, y su capacidad para la crítica. La Copa es su Entendimiento, el aspecto pasivo de su Voluntad; le une con Eso que está más allá, en el lado negativo; está hueco y es receptivo de la influencia que desciende de lo Alto. El Pantáculo es plano, el templo de su Espíritu Santo; de la tierra y terrenal, es su naturaleza inferior, es su cuerpo. Sobre el altar hay un frasco de Aceite, su aspiración a un Self más noble, a una realidad más elevada, consagrándose a él y a todo lo que toca a la realización de la Gran Obra.
Otras tres armas rodean el aceite, el Látigo que le azota, la Daga que le hiere, y la Cadena que le ata a un único fin. Es esta autodisciplina lo que mantiene pura su aspiración. En la cabeza lleva una Corona dorada, mostrando su señorío y divinidad; y una túnica que simboliza la gloria y el silencio en que se consuma la boda celestial. En su pecho, sobre el corazón, lleva un Lamen que resume su concepto de la Gran Obra, y declara la naturaleza del trabajo particular que está realizando.
Así pues, haciendo de cada instrumento un símbolo que le recuerda su único propósito, alcanza finalmente en su trabajo
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el mismo objetivo que el místico. El último trabaja para socavar su conciencia racional, por decirlo de alguna manera, para destruir la dualidad; mientras que el conductor del carro mágico actúa añadiendo idea tras idea, éxtasis al éxtasis, hasta que la mente, incapaz de contenerse a sí misma, sobrepasa sus limitaciones y en un orgasmo arrollador de dicha se une a Eso que no tiene nombre.
Los cabalistas sugieren una reflexión sobre la naturaleza del simbolismo de las armas mágicas. Tenemos, por supuesto, la simbología freudiana, y de tal interpretación pueden derivarse cosas muy valiosas. Tengo poca simpatía, sin embargo, por aquellos intelectos poco profundos que desacreditarían a la religión y particularmente a la magia, pretextando que es una interpretación únicamente sexual.
La única respuesta en tal caso puede ser exigir una definición de lo que se pretende decir con tamaño absurdo. Es verdad, por ejemplo, que la Voluntad Creativa está simbolizada por la Vara, y que esa misma Vara puede ser representada por el falo. Pero tal asignación de símbolos eleva el significado del signo terrestre a un plano espiritual de alta categoría.