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2.2. Bases teóricas 1 Atención

2.2.1.4. Características generales de la atención a) Como proceso psicológico

La atención, como proceso psicológico, comparte sus características generales. Su desarrollo no supone una simple maduración de rasgos innato: surge de la relación con los objetos externos y con el papel mediador de los adultos.

El desarrollo psicológico de los niños está ligado de manera inseparable del desarrollo del sistema nervioso. Como el tejido cerebral no ha alcanzado aún su madurez plena al momento del nacimiento, los procesos psicológicos no pueden surgir y

evolucionar súbitamente. A medida que el cerebro va alcanzando niveles madurativos cada vez más altos, los procesos psicológicos van alcanzando una mayor complejidad.

Cuando hablamos de la maduración cerebral como un proceso que ocurre en la ontogenia nos referimos a los cambios antomofisiológicos genéticamente predeterminados que se despliegan principalmente en la infancia y que, en conjunto, modifican el

funcionamiento total de las células nerviosas. Estos cambios sustentan en buena medida la plasticidad cerebral.

Uno de estos cambios es la mielinización de las neuronas. La mielina es una sustancia de naturaleza lípida que va cubriendo las fibras nerviosas, a manera de aislante. La mielina posibilita una conducción más rápida del impulso nervioso a través de las neuronas; pero no sólo se ve favorecida la velocidad de la conducción, sino que también se

alcanza una mayor especificad en las vías de conducción con los que se puede alcanzar una mayor diferenciación de los impulsos nerviosos relacionados con la actividad psicológica.

El cerebro es un órgano cuya función general principal es lograr la adaptabilidad del individuo al entorno. No nos referimos al entorno físico única –mente sino al entrono sociofísico y psicológico, con toda su complejidad. Nuestro cerebro es un sistema programado para el aprendizaje de la información que se le proporciona. Pero este sistema requiere, en principio, in-formación básica proporcionada en forma gradual. De este modo, la evolución de la atención como actividad psicológica se sustenta en las experiencias del individuo. Esta actividad muestra un desarrollo en la ontogenia, regido principalmente por la influencia de la interacción social.

La atención se caracteriza por la transformación de su naturaleza inicial –mente refleja, mediante la adquisición de un carácter voluntario a partir de la interacción directa con el ambiente, y la interacción guiada y facilitada por un mediador.

La atención se integra en una estructural al resto de los procesos Psicológicos organizados en una actividad psicológica, y éstos permiten al hombre interactuar con el ambiente natural y social mediante su representación y transformación.

La atención, ya formada, no es un proceso pasivo, sino más bien activo, que guía y simplifica toda acción que realiza el ser humano.

Una característica importante de la actividad psicológica es que, con la práctica, la actividad se va automatizando y el proceso sufre dos transformaciones:

- Pasa de un nivel voluntario a un nivel menos consciente que re-quiere menos supervisión.

- La actividad se condensa; es decir, se reduce en cuanto a operaciones y

significados; ya no es necesario realizar tantos pasos uno por uno, sino que la actividad se realiza en forma directa y directa y breve. En esta reducción resulta importante la atención.

b) Bases fisiológicas de la atención

Durante mucho tiempo psicólogos y fisiólogos han intentado describir los

mecanismos que determinan el flujo selectivo de los procesos y excitación que sirven de base a la atención. Algunos psicólogos estimaban que el sentido y el volumen de la

atención eran determinados totalmente por las leyes de la percepción estructural, en virtud de lo cual consideran superfluo constituir el estudio investigativo de la atención como algo especial de la psicología, creían que el conocimiento de las leyes de la “nitidez” y de la “estructuralidad” de la percepción, entre otras, era suficiente para enjuiciar de modo exhaustivo el flujo de la atención. Esa era la posición ocupada por los representantes de la Psicología, de la Gestalt, uno de los cuales dedicó incluso un artículo especial a este problema, tratando de probar de tesis de que la atención no existe como categoría singular de los procesos psíquicos al margen de la percepción.

El segundo grupo de psicólogos mantenían las concepciones de la teoría “afectiva” de la atención. Suponían que el sentido de la atención viene enteramente determinado por las inclinaciones, necesidades y emociones, no rebasa los marcos de sus leyes, y que la atención no debe diferenciarse como proceso psíquico.

Muchos psicólogos conductistas norteamericanos prácticamente ocupaban dicha posición.

Por último, un tercer grupo de psicólogos, que enfocan el problema desde las posiciones de la “teoría motora de la atención”, ve en ésta una expresión de las

disposiciones motoras que subyacen a todo acto volitivo, y estiman que el mecanismo de la atención está constituido por las señales de los esfuerzos musculares que caracterizan cualquier tensión suscitada por una actividad concreta al logro de cierta finalidad.

El fácil advertir que cada una de estas teorías destaca algún elemento componente de la atención, pero de hecho ninguna intenta abortar el problema de los mecanismos fisiológicos generales que subyacen a la atención.

c) Bases neuroanatómica y neurofisiológica de la atención

La atención es bilateralizada, cada hemisferio estaría funcionalmente especializado. El hemisferio izquierdo ejerce un control unilateral (contra lateral) y el hemisferioderecho un control bilateral, además de regular el sistema de “arousal” y mantener es estado en alerta. A esto se suma el importante papel regulador del córtex frontal y sus conexiones con el estriado. Se ha llegado a afirmar que la regulación principal de la atención descansa sobre el sistema frontoestriado del hemisferio derecho, a través de vías

noradrenérgicas y, en menor medida, serotoninérgicas, mientras el hemisferio izquierdo utilizaría vías dopaminérgicas, y en menor medida el otro.