A nivel de iniciativas de apoyo al desarrollo, existe desde hace unos 15 años un interés creciente por el apoyo a la creación y fortalecimiento de redes. El Banco Mundial ejemplifica dicha tendencia con su Programa de Asociación Global y Regional, apoyando actualmente unos 175 programas de este tipo, y habiendo hecho erogaciones del orden de los U$D 3.500 millones en el año 2006 solamente.1 Otras organizaciones de peso y relevantes son The Climate Works Foundation (la que ha organizado una docena de asociaciones como parte de una campaña de mil millones de dólares para luchar contra el cambio climático 2; Global AIDS Alliance (generó
una red de promoción en seis países africanos en su Campaign to End Pediatric HIV/AIDS3; y
muchas otras como la Ford Foundation, Anne E. Casey Foundation, MacArthur Foundation, etc. han hecho de la financiación de redes una parte clave de su cartera y estrategia de concesión de subvenciones. A nivel nacional, y vinculadas directamente con el área de desarrollo rural, es posible identificar una docena de redes,4 las que vienen trabajando desde hace al menos una
década en el país.
A la par de ello, las iniciativas públicas y privadas de cambio social en su conjunto vienen experimentando una creciente demanda por la rendición de cuentas de sus resultados e impactos, asociada a una exigencia de mayor y mejor control de sus acciones. Los gobiernos, los donantes y los profesionales experimentan la presión de demostrar e informar sobre el impacto de sus trabajos.
Juntas, estas dos tendencias configuran un escenario de creciente interés por el monitoreo y la evaluación de impacto de las redes. Si bien un número importante de métodos, herramientas e indicadores han sido propuestos y desarrollados en respuesta a esta demanda, el número de expertos o profesionales que trabajan sobre este tema ha conformado una comunidad relativamente pequeña (Creech, 2001; Creech y Ramji, 2004), y la mayoría de los estudios de redes se han centrado más en el diagnóstico de redes que en su evaluación (Bender-‐demoll, 2008).
A nivel macro, son pocos los marcos generales para el desarrollo de monitoreo y evaluación que incluyan la evaluación periódica, el monitoreo y la retroalimentación explícita para promover la utilización, el aprendizaje, la adaptación y la mejora. Los enfoques
que animan el desarrollo de un sistema de evaluación más amplio (como por ejemplo el Mapeo de Alcances, o el método PIPA) proporcionan orientaciones más centradas en las etapas de planeamiento estratégico de las redes y menos en el monitoreo continuo y la evaluación periódica.
Por el lado de la medición, hay un número cada vez mayor de métricas o indicadores para redes, pero estos no son de utilización regular en la práctica. Cuando se trata de herramientas, la mayoría de los enfoques actuales de red abordan sólo uno o como máximo algunos de los problemas específicos de las redes. Además, un enfoque explícito en revisar y refinar la Teoría de Cambio de una red está ausente en muchas de las herramientas y enfoques. Resulta notable la falta de textos y ejemplos prácticos de cómo realizar la evaluación de redes, ya que socializar las lecciones aprendidas en dicho campo no ha sido una práctica extendida. Esta situación configura un escenario donde el de seguimiento y evaluación de las redes sigue estando en su infancia, tanto en la teoría como en la práctica.
La mayor parte de los trabajos que han empezando a desarrollar enfoques y herramientas para la evaluación de redes se basan en los aportes de la ciencia de la complejidad y el pensamiento sistémico, presentados anteriormente en el capítulo 1 de este informe. El carácter complejo de las redes acentúa que las herramientas y enfoques tradicionales no están diseñados para capturar los impactos tangibles e intangibles asociados con las redes. Si bien existe una tendencia a centrarse en los impactos tangibles, las redes son tanto un medio para alcanzar los fines, así como un fin en sí mismo. Esto implica que la existencia de la red es valioso por sí mismo, ya que sin ella no habría interacción de sus partes. Muchos cambios positivos no planificados y no deseados ocurren por la existencia de una red, dinámica que no habría ocurrido de otro modo.
Las iniciativas estandarizadas o bien los aspectos simples de las iniciativas de cambio pueden ser adecuadamente abordados con los enfoques tradicionales del monitoreo y la evaluación; pero estos son insuficientes para capturar con precisión la dinámica de las iniciativas complicadas y / o complejas, como las redes. Éstas operan en múltiples niveles (local, regional, global) y a través de múltiples dimensiones con la participación de una amplia gama de actores, cada uno con sus propias estrategias y teorías del cambio, por lo que las redes son particularmente propensas a manifestar resultados emergentes.
Esta caracterización de las redes conlleva que el seguimiento y evaluación de su desempeño requiere atención a tres categorías amplias, en ocasiones superpuestas, cuyos componentes aportan a su efectividad:
• Vitalidad de la red : Apunta a identificar qué tan activa es la red a lo largo de múltiples dimensiones (participación, estructura, liderazgo, capacidad de acción, etc.). Las características esenciales que debe alcanzar una red para que sus esfuerzos tengan éxito y sean sostenibles, comprende al menos las siguientes: confianza, estructura y forma de gestión, apropiación de parte de los miembros,
generación de conocimiento, vinculación del centro de la red con su periferia, presencia de diversidad, sustentabilidad, resiliencia, y desarrollo.
• Conectividad de la red : ¿Cuál es la naturaleza de las relaciones dentro de la red? ¿Están todos conectados? ¿Cuál es la calidad de estas conexiones? ¿Tiene la red alguna manera efectiva de salvar las diferencias que se presenten? ¿Está la red cada vez más interconectada? ¿Cuál es el alcance de la red? ¿Quiénes son las personas que están conectando a gente que de otra forma no estarían conectadas? ¿Qué tan probable es que los participantes en la red sepan lo que está sucediendo en otras partes de ella? ¿Quiénes son los miembros activos? ¿Qué estilo de gobierno se utiliza? ¿Cuál es el nivel de colaboración dentro de la red?
• Impactos de la red: ¿Qué progreso está teniendo la red en identificar y alcanzar sus productos, resultados e impactos? ¿Qué productos está logrando la red -‐ ¿y a qué costo-‐ y qué resultados o impactos alcanza la red mediante dichos productos? ¿Las metas y objetivos generales de las redes se están logrando? ¿Son estos claros? ¿Aprovecha la red a pleno las ventajas de trabajar juntos? ¿El conocimiento que se produce es pertinente a las necesidades de los tomadores de decisiones? ¿Cuán central5 es la red? ¿Quiénes son los individuos más influyentes?
Los aportes hacia el seguimiento y la evaluación de redes han tendido a centrarse en alguna de estas categorías, pero no en todas ellas. Capturar los resultados del trabajo de la redes es importante, pero una comprensión de cómo y por qué se produjeron los cambios observados es igual (o más) importante para la mejora continua y el aprendizaje. Esto se vincula también con el desafío para las redes, sobre todo aquellas que no tienen nodos centrales claros, en cuanto propiciar que los aprendizajes de la evaluación sean difundidos y utilizados a lo largo de la red.
Muchos de los enfoques y herramientas actuales del análisis de red pueden apoyar con eficacia aspectos específicos de su monitoreo y evaluación. Sin embargo, la utilización de dichos enfoques de forma independiente y sin integrarlos en un marco coherente, no resulta suficiente para respaldar un sistema de seguimiento y evaluación de toda la red. A su vez, la mayoría de las herramientas de evaluación de redes -‐desarrolladas en la teoría o utilizadas en la práctica-‐ focalizan en el examen de un aspecto específico de la red, como la participación, la estructura o las conexiones. En gran medida, funcionan como aportes hacia el diagnóstico y análisis de las redes, antes que aportes más explícitamente evaluativos.
A partir de la comprensión señalada en este capítulo, el aporte elaborada para la conformación de un marco para el monitoreo y evaluación de redes de desarrollo rural ha tomado como eje dos enfoques innovadores: la teoría del cambio, y la sistematización de