La próxima semana Burt me invitó a una iglesia que él dijo que era “carismática”.
Yo le pregunté, “¿y qué cosa es una iglesia carismática?” “Nunca antes he oído hablar de eso”.
Burt me dijo, “Bueno, ellos tienen mucho gozo... cantan y saltan alrededor… Yo creo que te va a gustar”.
“OK. Vamos”. Yo quiero todo el gozo que pueda conseguir, pensé. Cuando llegamos a la iglesia, que en esos días era conocida como el Templo Calvario del Evangelio (Calvary Gospel Temple), ya el servicio estaba en plena marcha. Yo nunca había visto esta clase de emoción en un servicio de iglesia. Había gente alegre, danzando, cantado con todo el corazón—y su gozo era genuino y palpable.
Para esta etapa de mi corta experiencia cristiana, ya había unas cuantas cosas de las que estaba seguro: yo sabía que era un creyente nacido de nuevo, salvo, y que Jesús había transformado mi vida; ya no maldecía como antes, y hasta había perdido el deseo por el alcohol y las drogas. Pero, mirando alrededor a la gente de esa iglesia esa noche, me di cuenta que ellos tenían algo que yo desconocía, pero anhelaba. Sólo que yo no sabía lo que aquello era.
El pastor que ministró esa noche en la iglesia se llamaba el Reverendo Emanuele Cannistraci. Él enseñó sobre “El don del Espíritu Santo” y sobre la experiencia de ser bautizado en el Espíritu. Al final de su mensaje, el pastor Cannistraci invitó a todos los que quisieran recibir el Espíritu Santo que pasaran al frente. ¡Yo corrí hacia el altar! Si Dios tenía más de su amor y de su poder para mí, yo quería eso. Yo esperaba que los bancos de la iglesia se vaciaran y que docenas de personas fueran a responder a aquella invitación.
Pero para mi sorpresa, cuando llegué al frente, ¡me di cuenta que estaba allí solo! Si, allí estaba yo, un hippie recién salvado, con mi pelo largo, (¡y aun probablemente oliendo a marihuana!), de pie ante
toda aquella iglesia. Nunca olvidaré lo próximo que sucedió. El pastor Cannistraci sacó un conjunto de llaves de su bolsillo y me las entregó. Instintivamente, yo extendí mi mano y las tomé. Él entonces nos explicó que “recibir el espíritu Santo era así de sencillo. Dios ya nos ha concedido ese regalo. Y ahora, todo lo que tenemos que hacer es creerlo, alcanzarlo y recibirlo por fe”.
Luego el pastor puso sus manos sobre mí, ¡y en segundos estaba hablando en nuevas lenguas, en un lenguaje que nunca había aprendido! Encontré luego que la Biblia llama a esta experiencia el “hablar en lenguas” (Hechos 2:1-4). ¡Fui lleno de tanto amor y de tanto gozo esa noche, que después del servicio no podía parar de abrazar a las personas de la iglesia!
Revisando algunos de los detalles de esta historia, encontré que el pastor Cannistraci (ahora mejor conocido como el apóstol Cannistraci), todavía está muy activo en el ministerio, ¡habiendo servido por más de 60 años! Y aquel Templo Calvario del Evangelio ha crecido, y ahora es conocido como la Iglesia de Gateway City (GateWay City Church) en San José, California.
¡Burt Fong literalmente salvó mi vida! Por supuesto, sé que fue
el Señor Jesús quien lo hizo, pero usó a Burt como su instrumento
para hacer esto una realidad. Le estaré eternamente agradecido por su gentileza y por su amor cristiano. A veces me pregunto dónde estaría yo hoy si Burt no hubiera obedecido el impulso del Espíritu Santo para ir a aquel puente en aquel día tan crucial para mí, y hablarme de Jesús. Yo estaba totalmente sin esperanza y no me quedaban fuerzas para vivir, pero Dios, justo a tiempo, me envió su ayuda, y ahora puedo decir con valentía, “¡El Señor es mi Ayudador!
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dios nunCa Pagará tu alquiler
Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas? Así que no se preocupen diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿Qué beberemos?” o “¿Con qué nos vestiremos?” Porque los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.
—Mateo 6:26, 31-33 (nvi)
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QUELLOS QUE PUEDEN AYUDARSE A SI MISMOS no necesitan ayuda alguna. Pero Dios ayuda a los que no pueden ayudarse. El alimenta a los pájaros, viste a los lirios del campo y ama el tomar cuidado de sus hijos. Jesús enseñó a sus discípulos que los paganos son los que andan preocupados por estas cosas naturales. Pero Pedro, Santiago, Juan y los demás necesitaban aprender el gran secreto de seguir primero a Dios y Su reino, y de que Él se encargaría de añadirles todo lo que necesitaran para vivir.Después de haber pasado un mes con Burt Fong en California, tenía que regresar a Maryland. Mi viaje hacia el este, a través de toda la nación, fue muy interesante. Como iba manejando solo en mi Volkswagen, tuve horas y horas para meditar. Y siendo un “bebé recién
nacido” en Cristo (1 Pedro 2:2), sentía un hambre insaciable por la Palabra de Dios. Llevaba conmigo uno de esos Nuevos Testamentos de bolsillo que Burt me había regalado. Así que, manejando desde California hasta Maryland, sostenía el volante con mi mano derecha y el Nuevo Testamento con mi mano izquierda, ¡e iba leyendo de él por todo el camino! Yo no sé si un ángel me iba conduciendo el auto, pero ahora, cuando lo pienso bien, me da cierto temor lo que hice. ¡No le recomiendo a ninguno de mis lectores que hagan esto!
Al llegar, asumí que ya era tiempo de buscar un trabajo fijo y volver a una vida “normal”. Así que, solicité volver a trabajar en el Centro de Naturaleza de Gulf Branch, pero toda puerta parecía estar cerrada. Y es que los planes de Dios son muy diferentes a los nuestros…
“Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor —, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza”.
—Jeremías 29:11 (nvi)
“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos”, dijo Jehová. “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”.
—Isaías 55:8-9 (rvr60)
Poco después de haber llegado a Maryland, asistí a un Retiro Cristiano de fin de semana en Pensilvania, en donde conocí a un hermano llamado Tom Dant. Tom y yo compartimos la misma cabaña, y un vínculo muy especial se formó inmediatamente entre nosotros. Esto fue realmente una cita divina, pero en ese tiempo no teníamos forma de saber lo que el Señor tenía en Sus planes.
Él y yo éramos las personas más improbables para llegar a ser los mejores amigos. Tom había sido un sargento en el Cuerpo de Marines de los EE.UU. (U.S. Marine Corps), reclutando soldados para ir a pelear en la guerra de Vietnam; y yo era un hippie con pelo largo, y con mi filosofía de “¡protestar en contra de toda guerra!”
Según escribo esto, pasados ya 41 años, puedo decirte con gran gozo que ¡Tom y yo seguimos siendo los mejores amigos! Él ha sido un fiel pastor y misionero por cuatro décadas, y juntos hemos tenido algunas de las aventuras más asombrosas en el Señor. ¡Dios es bueno!