En junio, reservé por Internet un camión de la compañía U-Haul, para llevar algunas pertenencias a nuestra nueva casa en Ohio. Le pedí a mi esposa que me llevara hasta las oficinas de U-Haul para recoger el camión alquilado. Según entramos en el estacionamiento (que tiene cientos de camiones de U-Haul estacionados allí), había un camión específico situado en la misma entrada principal, con un lema que decía: “La Aventura de Mudanza en América: OHIO”.
“¡Ese es nuestro camión!” grité. “¡Ese tiene que ser nuestro camión!” Por supuesto, ¡era nuestro camión! ¡Confirmación #5! Vamos, mi hermano, ¡tú no puedes inventarte esto!
Antes de continuar, permítanme decir unas palabras sobre las “confirmaciones”. Cuando Dios muestra unas confirmaciones sobre su voluntad y dirección, tan claras como lo hizo en este caso de nuestra mudanza a Ohio, muchas veces es porque él sabe que vamos a enfrentar batallas feroces y pruebas muy difíciles de superar en nuestra jornada. En Hechos capítulo 16, leemos el recuento del llamado a Pablo para llevar el evangelio a Macedonia:
Durante la noche Pablo tuvo una visión en la que un hombre de Macedonia, puesto de pie, le rogaba: “Pasa a Macedonia y ayúdanos”. Después de que Pablo tuvo la visión, en seguida nos preparamos para partir hacia Macedonia, convencidos de que Dios nos había llamado a anunciar el evangelio a los macedonios.
En respuesta a esa visión tan clara, ellos zarparon de inmediato, completamente convencidos de que Dios los llamaba. Al llegar a Filipos, conocieron a Lidia, y ella con toda su casa creyeron en el evangelio y fueron bautizados (versos 12-15). Poco tiempo después, Pablo echó fuera un demonio de adivinación de una mujer, y ésta quedó completamente libre (versos 16-18). Hasta ese punto, todo parecía ir de acuerdo a lo planeado. Estaban viendo confirmación tras confirmación de que el Señor estaba con ellos, y de que estaban en el lugar en que Dios los quería.
Pero las cosas cambiaron drásticamente, cuando Pablo y Silas fueron arrastrados ante las autoridades, los golpearon y azotaron, y finalmente los pusieron en prisión con sus pies en el cepo (versos 19-24). Dios llegó y conmovió aquella prisión con un gran terremoto, dejando libres a Pablo y a Silas, causando con esto que el carcelero y toda su casa recibieran a Cristo y fueran bautizados (versos 25-34). ¡Pero no lo hizo antes de que Pablo y Silas hubieran sufrido todo aquello!
Fue a finales de julio del 2005 que nuestra mudanza a Ohio se completó, tan sólo cuatro meses desde que habíamos comenzado a orar sobre dejar a Maryland. ¡Todo había transcurrido tan rápidamente! Ahora, estábamos establecidos en una hermosa residencia, más espaciosa y lujosa que la que nunca habíamos poseído, y todo marchaba a pedir de boca. Sobre todo estábamos muy emocionados y llenos de esperanza por las posibilidades ministeriales y las puertas de oportunidad que nos esperaban. Recuerdo que un día, luego de llegar a Ohio, le dije a mi esposa, “Esto es como un sueño: En un minuto estábamos en Maryland, y al próximo, ya estamos aquí en Ohio”.
Pero ese “momento de gloria” nos duró poco tiempo. A finales de agosto, los remanentes del huracán Katrina vinieron soplando con fuerza a través de Ohio, trayendo lluvias torrenciales e inundaciones— ¡que nos inundaron el sótano de nuestra casa de ensueño! Después de llamadas y súplicas de ayuda al corredor de bienes raíces, al antiguo dueño de la casa, a nuestra compañía de seguros, y aún después de arreglar reuniones con un abogado y el constructor de la casa (¡quien también era nuestro
vecino de al lado!), muy pronto pudimos comprender la famosa frase latina, caveat emptor: “¡El que compre, tenga cuidado!” Nadie quiso ayudarnos— ¡estábamos por nuestra cuenta!
Según aquella pesadilla se desenvolvía (te evitaré todos los aburridos detalles), el fundamento completo de nuestra propiedad tuvo que ser excavado para hacerlo a prueba de agua. Nuestro patio estuvo lleno de retroexcavadoras y grúas por meses, ¡y nuestra propiedad lucía como una excavación arqueológica! Y hasta aparecimos en la primera plana del periódico local el día que comenzaron las excavaciones. Un banco de tierra se derrumbó sobre uno de los trabajadores y por poco lo entierra vivo, ¡ese día desfilaron nueve camiones de bomberos y vehículos de rescate por nuestra tranquila calle respondiendo a la llamada al 911! ¡No había un sólo momento aburrido!
Justo cuando piensas que las cosas no pueden ponerse peor, ¡a veces sí se ponen! Según excavaban, el ingeniero descubrió que nuestro garaje entero se estaba hundiendo y separándose de la casa, así que tuvieron que levantar el garaje con maquinarias y poner debajo de él enormes muelles de acero en la tierra para sostenerlo.
Costo total de las reparaciones: ¡Sólo $50,000 dólares!
Déjame volver a lo que dije sobre las confirmaciones. Es en tiempos como éstos, que tú necesitas saber, que sabes, que sabes, que sabes que Dios te llamó, y que te encuentras en el lugar donde él quiere que estés. Hubo muchos días en los cuales queríamos “tirar la toalla” y renunciar a todo, pero Dios seguía susurrándonos, “Yo te traje aquí... Yo estaré contigo”.
Terminamos quedándonos en Ohio por cinco años. Allí tuvimos tiempos maravillosos de ministerio, y le tomamos cariño a la gente local. Pero, también pasamos por algunos oscuros valles de prueba y desilusión, en particular con nuestra hija.
Mientras vivíamos en Maryland, nuestra hija siempre había estudiado en escuelas cristianas privadas, desde sus grados primarios hasta la escuela intermedia. Pero cuando nos mudamos a Ohio, nos vimos obligados a ponerla en una escuela superior pública. Allí, ella
se envolvió con compañeros de clases equivocados, y esto terminó alejándola del Señor.
Una cosa puedo decir confiadamente: ¡Aprendimos como orar con intensidad en Ohio! Allí pasamos semanas, no días, ayunando y orando y agonizando por la liberación de nuestra hija. Y fue allí donde escribí mi primer libro, My Confession of Faith (Mi Confesión de Fe). Nunca pretendí que fuera publicado—era nuestro “manual de guerra”. Lo usábamos cada día para que nos ayudara a ponernos toda la armadura de Dios, y batallar los poderes de las tinieblas con la “espada del Espíritu”, confesando en voz alta la Palabra de Dios.
Un día, estábamos orando parte de una confesión tomada de Deuteronomio 28:7 (rvc) que dice:
El Señor derrotará a tus enemigos que se levanten contra ti. Por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de ti.
De repente detuve la oración, y le dije a mi esposa que esperara un minuto. Salté, y comencé a correr de habitación a habitación, a través de toda la casa, y luego regresé a donde habíamos estado orando.
Creo que mi esposa pensó que finalmente me había vuelto loco (lo cual no era tan improbable, porque ¡hubo días en los cuales sólo el Señor nos guardó de perder nuestras mentes!), y cuando regresé, ella me preguntó, “¿Qué rayos estás haciendo? ¿Has perdido la mente?”
“No”, le contesté. Yo sólo fui por toda la casa y conté las puertas... Esta casa tiene un total de siete puertas. El Señor dijo que nuestros enemigos vendrían a nosotros por un camino, pero que saldrían huyendo por siete. Así que vamos a decirle al diablo ahora mismo, “Satanás, te resistimos en el nombre de Jesús. Tú y todos tus demonios se tienen que ir ahora. Esta casa tiene siete puertas; así que escoge por cuál de ellas van a salir, ¡pero se tienen que ir ahora mismo!” ¡Gracias a Dios que nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús!
Estábamos determinados a quedarnos en Ohio hasta que Dios dijera que nuestra asignación había concluido. No íbamos a salir de allí corriendo en derrota o en desánimo. Dios nos trajo con señales increíbles y confirmaciones milagrosas, y él tendría que decirnos cuando era tiempo de marcharnos.