3. l a a rquitEctura P rivada
3.2. LA CASA DE LOS MÁRMOLES
3.2.1. Introducción
La “Casa de los Mármoles” es el nombre que recibe la casa número V del área arqueo- lógica de Morerías, en Mérida, se trata de una de las domus romanas mejor documentadas. Se encuentra en uno de los yacimiento urba- nos más importantes de la Península Ibérica. Ha aportado una gran cuantidad de datos para el avance en el estudio arqueológico de la to- pografía urbana; tanto por su extensión como por el amplio horizonte cronológico que va desde la fundación tardo-republicana hasta la actualidad. El solar está situado en el antiguo barrio de Morerías en la margen derecha del río Guadiana. Los restos arqueológicos fueron puestos al descubierto, como muchos otros en España, como consecuencia del auge cons- tructivo que se vivió a partir de los años 1990. En concreto fue el inicio de las obras de cons- trucción de un nuevo edificio de la Junta de Extremadura en Mérida. La gran área arqueo- lógica de una extensión de 12000 m2 se exca- vó a lo largo de los años 1990. Los resultados de estas excavaciones, dirigidas por M. Alba, han sido publicados parcialmente en diversos artículos a lo largo de estos años.
El área de Morerías ha supuesto una gran fuente de información, ya que en esta área, dentro de época romana, se han documentado hasta cinco calles, seis manzanas de casas y un tramo de muralla de 200 m (Alba 1997). Esto ha permitido estudiar las particularidades de la evolución urbana de Emerita y las principa- les características de la arquitectura doméstica en su distintas fases.
La importancia de esta domus deriva de los abundantes datos disponibles, se trata de uno de los pocos ejemplos en Hispania conserva- dos casi en toda su extensión. Esto permite tener una imagen completa de la casa y facili- ta el análisis arquitectónico del conjunto. De-
cíamos que el yacimiento tiene un horizonte cronológico amplio. Nuestro interés se centra en analizar la casa entre las fases alto-impe- rial y tardo-romana. Recientemente hemos publicado un artículo junto con el Dr. Arnau Perich dedicado al análisis arquitectónico de las transformaciones de la casa entre las fases tardo-romana y visigoda (Gris y Perich 2015).
A lo largo de estos dos períodos la casa está sujeta a una serie de transformaciones impor- tantes que modificaron significativamente la configuración del interior. Estas transforma- ciones sucedidas sobre todo en época tardo-ro- mana han sido consideradas, en los principa- les trabajos sobre la arquitectura doméstica de
Emerita, como un dato cuantitativo muy im-
portante para el estudio de la sociedad eme- ritense en general y del dominus de esta casa en particular. Los datos que se han tenido en cuenta por estos trabajos son, entre otros, la ca- lidad de los materiales “preciosos” utilizados o las grandes dimensiones de la nueva estancia principal. Destacan el uso de aplacados de már- mol y la incorporación de nuevos elementos arquitectónicos ornamentales. Estos cambios se han interpretado de manera conjunta como un indicador del enriquecimiento o incremento de poder político y/o económico del propietario. A su vez, esto estaría ligado al gran momento de dinamismo que vive la ciudad a inicios del siglo IV d.C. como se constata por ejemplo con las obras de pavimentación del viario. La activi- dad constructiva que se llevaría a cabo tanto en obras públicas como en privadas sería una de las consecuencias de que Emerita hubiera sido designada como la capital de toda la Diocesis His-
paniarum (Mateos 1999; Arce 2003).
Si embargo, hay otro punto de vista que no se ha analizado con tanta profundidad. Se trata de los aspectos cualitativos de las obras de remodelación que se llevaron a cabo en la casa. Tales modificaciones en la estructu- ra compositiva de la vivienda responden a las necesidades y usos del propietario, tanto
Fig. 94: Vista de la Casa de los Mármoles desde la puerta de entrada principal. En primer término el pavimento de baldosas de mármol, la exedra central y al fondo la gran aula absidal. (Foto A. Perich).
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a nivel privado como de su proyección públi- ca. A simple vista ya se puede intuir que estas reformas acentúan la representatividad de la casa. También se hace evidente una mayor je- rarquización de los espacios siguiendo el reco- rrido desde la calle hacia el interior, que no es otro que el principal eje compositivo. Se trata, como veremos, de una domus que se corres- ponde a la tipología de casa de peristilo.
El análisis arquitectónico de estos nuevos espacios de la “Casa de los Mármoles” nos per- mitirá profundizar en el carácter representati- vo de dicha arquitectura. A su vez, tendremos en cuenta la evolución del comportamiento social en el sistema cultural romano y de qué manera podría haber influido en las reformas introducidas. También tendremos en cuánta la posible influencia de los modelos arquitec- tónicos y programas decorativos provenientes de Roma o incluso de otras regiones del impe- rio. Sin duda, la construcción de los sucesivos palacios imperiales en el Palatino en Roma de- bió convertirse en un referente para las elites en todo el imperio.
3.2.2. Descripción de las fases altoimperial y tardo- rromana
Uno de los puntos de interés de la llamada “Casa de los Mármoles”, es el amplio horizon-
te cronológico de sus restos arqueológicos, lo que ha permitido entre otros abordar estudios diacrónicos de la arquitectura doméstica eme- ritense (Alba 2004, 2006). Las dos fases que trataremos en profundidad corresponden a la casa alto-imperial y a las posteriores transfor- maciones en época tardo-romana. Los indicios arqueológicos de la fase de fundación son muy escasos y no permiten ningún tipo de análisis arquitectónicos en profundidad. Por otro lado, la fase visigoda, cuando la casa es ocupada por distintas unidades familiares, se aleja de nues- tro interés por la arquitectura doméstica como instrumento de demostración o reflejo del es- tatus del propietario.
La casa se encuentra en una zona periférica de la ciudad, dentro de una parcela de forma trapezoidal que ocupa una superficie de unos 1.000m2. La forma responde a la adaptación de la trama ortogonal, trazada para la repar- tición de lotes en la fundación de la ciudad de época augustea, con los límites irregulares de la muralla impuestos por la topografía del terreno y el río Anas (Guadiana). La vaguada del río en esta zona propició la elección de este lugar donde asentar la ciudad, en la pen- diente que desciende desde cinco promonto- rios hacia el río en la margen derecha (Her- nández Ramírez 1998, 65). En esta situación de vaguada, la muralla se fue construyendo sobre el terreno más favorable lo que se ob- serva en los distintos giros que hace el traza- do de la muralla junto al río (Alba 2004, 69). La trama ortogonal de la ciudad se orienta prácticamente a 45º respecto a la orientación N–S, tomando como referencia el curso NO– SE del río Guadiana. Dos calles perpendicu- lares delimitan la parcela por el lado E, un
kardo de orientación NO–SE y un decumanus
de orientación NE–SO. El trazado del kardo, al seguir paralelo al trazado del río, es prácti- camente horizontal sin pendiente. En cambio el decumanus desciende de forma pronuncia- da hacia una de las poternas de la ciudad. Un callejón estrecho de circunvalación (interva-
llum) debía separar la parcela de la muralla,
pero este fue rápidamente absorbido por la
Fig. 95: Planta general de la ciudad de Emerita Augusta (a partir de Mateos 2004).
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primera gran reforma de expansión de la casa de época alto-imperial que corresponde a la segunda fase identificada.
De esta primera construcción apenas te- nemos datos que nos permitan suponer sus características o distribución (Alba 1997, 290- 291, fig. 4). La ciudad fue fundada hacia el año 24 a.C. (Mateos 2011) con veteranos de las legiones V y X licenciados. La colonia se construyó en base a un trazado regular de ca- lles delimitando insulae rectangulares de pro- porciones aproximadas de 1:2. Las medidas de estas parcelas 35 x 80 m corresponden apro- ximadamente a los 1 x 2 actus (120 x 240 pies romanos). Estas son las medidas habituales en el trazado urbano de manzanas en áreas ur- banas de nueva fundación como observamos también en Tarraco (Mar, Ruiz de Arbulo, Vivó y Beltrán-Caballero 2012, 120, 149) o en la ciudad republicana de Ampurias (Mar y Ruiz de Arbulo 1993, 329). Las calles tienen un an- cho medio de 5 m, y tendrían en ambos lados un porticado de 3m de ancho con columnas de granito.
Los datos disponibles sobre la casa alto-im- perial son mucho más amplios y nos permi- ten reconocer su estructura general. Entre los restos visibles se puede identificar el esquema tipológico de domus de peristilo (Meyer 1999; Gros 2006b). La extensión de esta casa ocu- pa los límites de la parcela sin dejar ningún porticado exterior que sirva de paso peato- nal que separe la calle del edificio. Tampoco deja ningún espacio de circunvalación entre la casa y la muralla de la ciudad; diversos mu- ros de la casa se entregan directamente con- tra ella cortando el paso del intervallum en esta parcela. Un dato importante para el aná- lisis del proyecto de esta casa es que se desa- rrolla prácticamente toda en la misma cota. Teniendo en cuenta la fuerte pendiente del terreno hacia el río, en dirección NE–SO, fue necesario llevar a cabo unos movimientos de tierra formando una terraza para resolver el desnivel que se producía. Un desnivel de más de 1m separa la cota del interior de la parce- la con el kardo que se encuentra por encima.
Este desnivel queda resuelto con un muro de contención que es a la vez el muro de facha- da de la casa.
Una serie de fustes con basa de granito se encuentran insertos en el muro de conten- ción. Estos elementos arquitectónicos han sido interpretados por su posición y elabora- ción sencilla como elementos del porticado público que rodearía la parcela y flanquea- ría la calle según la configuración de la fase fundacional. Es importante destacar en esta interpretación que estos elementos arquitec- tónicos en ningún caso pueden encontrarse en su posición original sino que fueron reu- tilizados. El porticado que rodearía la parcela en este tramo, se encontraba a la misma cota que la calle. Por lo tanto, debemos tener en cuenta que cuando se propone que el porti- cado fue incorporado a la construcción de la casa, no se trata simplemente de una apro- piación del espacio que ocupaba. En realidad, la diferencia de cota entre la calle y la terra- za donde se construye la casa nos permiten entender la complejidad constructiva de este proceso. En realidad fue necesario desmon- tar el pórtico completamente y rebajar la cota de circulación hasta el nivel del interior de la parcela. En estas obras, los fustes fueron recuperados del pórtico y posteriormente reaprovechados como material constructivo para reforzar el muro de contención a modo de cadenas verticales.
El acceso principal de la casa se encuen- tra en el lado S–E de la parcela, en el decu-
manus que desciende hasta la poterna en la
muralla. Se trata de un acceso amplio con dos aberturas de diferente anchura. El acceso se encuentra justo en el punto en el que la ca- lle está a la misma cota que el interior de la parcela, por lo que la entrada se realiza sin ningún tipo de desnivel. La abertura de ma- yor anchura mide unos 3,20m y se encuen- tra alineada con el eje principal de la casa, que se orienta en dirección NO–SE paralelo al kardo. La abertura menor tiene una luz en- torno a 1,10m y se encuentra a la derecha de la principal separada por una pilastra. Estas
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dos puertas dan acceso a una gran sala rec- tangular, un vestíbulo amplio que separaría el exterior del peristilo.
En el vestíbulo, entrando desde la calle a mano derecha, hay una estrecha estancia que tiene la misma profundidad que el vestíbu- lo. El muro que la separa del vestíbulo fue arrasado en alguna reforma posterior de la casa y sólo queda a nivel de cimientos. En el otro lado del vestíbulo, encontramos el bal-
neum de la casa organizado en tres salas co-
nectadas en batería. La primera sala haría las veces de apodyterium, con un banco corrido adosado a las paredes, y de frigidarium, con una pequeña piscina de agua fría con tres nichos semicirculares. Esta piscina está meti- da en un cuerpo que sobresale de la fachada ocupando parte de la calzada de la calle. Esto constituye un elemento importante desde el punto de vista del análisis urbanístico de la
Emerita tardo-antigua (Alba 2001). Las dos
salas siguientes tienen los restos visibles del hipocausto lo que indica que se trataba de dos salas calientes, o caldarium. Ambas están cerradas con un ábside en uno de sus lados cortos, de manera simétrica. La tercera sala tendría dos alvei en los lados cortos. El prae-
furnium estaría en el espacio entre la terce-
ra sala y la muralla. Un corredor paralelo a las tres salas conecta el peristilo con la zona de servicio del praefurnium y del sistema de mantenimiento de la caldera. Estos baños fueron construidos en torno al siglo IV d.C., aunque no podemos saber cómo era este es- pacio antes de su construcción.
Recuperando el recorrido inicial, desde el vestíbulo principal se accede al peristilo cen- tral de la casa por el lado corto. El patio res- ponde a la proporción 2:3, igual que el por- ticado aunque este tiene una distribución de columnas de 4x5 lo que da intercolumnios distintos entre el lado corto y el largo. Estos intercolumnios fueron cerrados con una ba- randilla en una segunda fase, como parece indicar la manera en que se adosa a los ele- mentos constructivos. Los ambulacros están pavimentados con opus signinum (Alba 1999)
y en la esquina S–E el arranque de la escalera daría acceso al piso superior. El espacio abier- to del peristilo tiene un pavimento de enlo- sado en cuadrícula ajedrezada con pizarra y mármol blanco. En el pavimento se conser- van las canalizaciones de recogida de aguas pluviales y un alcorque donde se situaría un pequeño árbol aunque por simetría se pue- de interpretar la posición de otro justamente en una zona del pavimento completamente arrasada. También hay un pozo que tiene continuidad de uso durante las distintas fa- ses de la casa. El ambulacro norte destaca por una mayor presencia de elementos arquitec- tónicos. Se trata de diferentes elementos que fueron añadidos en el momento de transfor- mación o monumentalización de la casa en torno al siglo IV d.C. Por un lado la construc- ción de dos exedras semicirculares con tres pequeños nichos en su interior se sitúan en los dos extremos de este ambulacro. Y tam- bién la construcción de un frente ornamen- tado con columnas dispuestas de forma simé- trica en el muro que separa los ámbitos en el lado norte, como veremos la sala principal de la casa y sus espacios anexos.
En el centro del peristilo destaca sobre todo una gran exedra a la que se accede des- de el ambulacro norte construida también en la fase tardo-romana. La mayor anchura de acceso a la exedra rompe el ritmo de interco- lumnios que se observa en el otro lado cor- to del peristilo. La exedra está formada por un primer cuerpo rectangular y un ábside situado un escalón por encima. El acceso al cuerpo rectangular está flanqueado por dos pares de columnas, el espacio está pavimen- tado por grandes losas de mármol dejando en el centro un orificio octogonal donde se situaría una pequeña fuente ornamental. El ábside está pavimentado también con una cuadrícula ajedrezada pero dispuesta a 45º. Los alzados de esta construcción estarían re- vestidos con un aplacado de grandes losas de mármol: el cuerpo rectangular se levantaría en dos muros y el ábside se abriría al peristilo separado con columnas de mármol.
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Fig. 96: Análisis de los restos arqueológicos correspondientes a las fases altoimperial y tardorromana (a partir de Alba 1997, 1999).
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En ambos lados largos del peristilo se sitúa una batería de habitaciones cuyas funcionali- dades son inciertas. Las habitaciones del lado este tienen dimensiones muy similares entre ellas. En cambio las habitaciones del otro ala del peristilo, el lado oeste, son mucho más irregulares. Este ala tiene forma trapezoidal debido a que une la forma ortogonal del peris- tilo con la dirección oblicua de la muralla en este tramo. También en esta zona quedan los restos de los primeros baños de la casa, aun- que fueron desmantelados al construir unos nuevos en el siglo IV d.C. y que ya hemos des- crito al principio.
Finalmente, en el ala norte encontramos restos que corresponden a las dos fases princi- pales. De la primera fase alto-imperial quedan los restos de una pavimentación en cuadrícula y un muro de cierre que correspondería a los límites iniciales de la parcela dentro de esta in-
sulae. De la fase tardo-romana son los restos
que se identifican como un gran salón cerrado con un gran ábside semicircular flanqueado por dos grandes columnas. Para la construc- ción de este gran salón se invadió la parcela contigua que debe entenderse dentro de la lógica habitual de compra-venta de terrenos entre propietarios. Esta sala central estaría flanqueada por otros ámbitos que han sido in- terpretados como zona de servicio y almace- naje de alimentos (Alba 1999).
Volviendo al exterior de la parcela, hay otra puerta que comunica el decumanus con una estancia situada en la esquina S–E y ais- lada del resto de la casa. Este acceso se en- cuentra más próximo al cruce con el kardo que el acceso principal de la casa. En este punto, la calle ya se encuentra por encima del nivel de la terraza donde se inserta la construcción, por lo que son necesarios unos escalones que desciendan hasta el interior de la estancia. Esta habitación no tiene ninguna puerta que conecte con el resto de la domus por lo que es probable que su uso fuera inde- pendiente al de la vivienda principal. Se tra- taría seguramente de una taberna, un peque- ño local comercial o taller artesanal en el que
Fig. 97: Arriba. Vistas del peristilo y de la exedra central con el revestimiento y pavimentos de mármol. Abajo. Muro de contención del cardo con elementos arqui- tectónicos del pórtico de la calle reutilizados (Fotos A. Perich).
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el propietario incluso podría vivir ocupando