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Caso David

In document Psicoanálisis y Perversión (página 190-193)

Para adentrarnos en la clínica de identificación del discurso de las diferentes estructuras, y en especial, la perversa, pre- sentamos a continuación algunos ejemplos. Un colega, que pidió mantener su nombre en reserva, presentó un caso muy interesante que podría ilustrar algo de esto. Se trata de Da- vid, un paciente, bisexual, como se define a sí mismo, quien dice padecer la siguiente obsesión: ... Necesita crearse situa- ciones, y casi siempre lo logra, en las que algunos hombres, en general médicos o enfermeros, lo maltratan, de hecho o de palabra, y luego uno o varios lo penetran analmente. Unas veces el acento recae sobre el maltrato y otras sobre la relación anal. Tiene miedo de que su esposa y su hija puedan descubrir estas relaciones y quiere librarse de ellas. Dice que desea verse libre de esta compulsión, que es más fuerte que él y que le pasa una cosa extraña, muy extraña, y que no la entiende.

Lo que consigue que se realice no le gusta para nada, no siente placer alguno, ni en la escenificación del maltrato ni en la penetración anal y al mismo tiempo siente placer...

¿No estaré loco Dr.?" [Es lo que repite cada vez] Porque me gusta y no me gusta. No sé cómo explicarle. Si le digo que no me gusta físicamente y que sí me gusta mentalmente, le miento. Y también si le digo lo contrario. Quizás el placer sea la forma como armo los encuentros, al modo de un director de escena y también como director de un casting. ¿Sabe qué es un director de un casting? El que encuentra los actores adecuados para cada personaje.

David trabajaba en el área del espectáculo, producía estas acciones cada vez que en sus asociaciones el tema del acto perverso llegaba a la sesión. Como si el hablar de ello fuera el

detonador que disparara su actividad. El inicio del descubri- miento de los determinantes de esta actividad compulsiva fue cuando en una sesión el analizante agrega a sus comentarios siempre iguales y repetidos la siguiente afirmación:

[Quizás usted no me entienda, pero yo siento que cuando lo hago estoy creando vida. No al modo de un embarazo, como si fuera una mujer, sino como una resurrección, de algo que resu- cita en mí. Algo vive en mí y eso me hace feliz.]

Luego vinieron sueños, en los que a las distintas varia- ciones de sus prácticas sexuales, se le agregaban crímenes, accidentes, enfermedades mortales. El significante penicilina en uno de ellos, abrió paso a un recuerdo infantil, construido al modo de una fantasía. Recuerdos visuales a los que se agre- gaban palabras escuchadas de los adultos.

David tenía un hermanito, dos años menor. En 1964, cuando él tenía 5 años, el hermanito enfermó de algo que no sabe qué es y al cerrar los ojos rememora. Ve muchas perso- nas alrededor del hermanito, cree que eran médicos, son dos o tres, el hermanito llora con violencia, lo levantan entre los tres. Lo voltean boca abajo y le ponen inyecciones. A David lo retiran varias veces de la habitación y otras tantas él vuel- ve a entrar. Luego el hermanito desaparece de la casa y no lo vuelve a ver nunca más. Sabe o cree saber oscuramente que murió, o que lo supo después. Recuerda una especie de letanía cuyo texto era el siguiente: "Si hubiéramos consegui- do penicilina..." En su casa nunca más se volvió a hablar de este hermanito. Al parecer la escena perversa es la puesta en escena de un suceso infantil en donde el sujeto se ha identificado con su hermano muerto, marcando su historia para siempre.

Así como los niños juegan al médico, no solamente como forma de manejar el dolor y el miedo de estos encuentros,

sino principalmente como una forma socialmente permitida de investigación sexual, así David juega una escena sexual sadomasoquista homosexual, como una manera inaceptable de investigar un suceso desplegado en escenas de enferme- dad, de médicos, de inyecciones, de una droga mágica inase- quible, de la desaparición y de la muerte.

Con esta escena se produce en el paciente una ganan- cia de placer en el displacer (goce). Así esta práctica que es la realización disfrazada de un acontecimiento que se transformó en trauma infantil, la muerte de un hermano, también adquiere el significado de una actualización y de una resignificación en sí misma. De alguna manera trans- forma la realidad. Desmiente el acontecimiento y lo da por no sucedido pues el tiempo lineal y sucesivo no existe, todo ocurre como si fuera hoy. David era, en su nueva versión, el hermanito desaparecido pero vivo, que le daba vida en su propio cuerpo y en sus acciones escondidas. He aquí a uno de los avatares de Eros.

Este tipo de conducta despuntó extraordinariamente, cuando su segundo hijo tenía más de 2 años de edad (más o menos la edad del hermano). Tras un largo período de tiem- po, el paciente inició el análisis cuando este hijo murió en un accidente en el que murieron varios niños. No volvió a tener más hijos y sólo se queda con la hija mayor, ahora única. Evidentemente la muerte del hijo removió la del hermanito, como si no hubiera pasado el tiempo. Lo que no deja de sor- prender es que el complejo comportamiento develado por la tarea de análisis mostraba un recuerdo en acto, más allá del principio del placer.

Una fuente pulsional seguramente alimentaba esto, una fuente conservadora. La escena misma articula trauma, sexo, muerte y castración. Esta pulsión de muerte es la que hace que David, a pesar de él mismo, no quiera su bienestar.

Podemos darnos cuenta con esto, lo que comentábamos al inicio del caso, los síntomas y fantasmas perversos muchas veces no nos dan la certeza de encontrarnos con un perver- so, aquí se trata de una especie de recuerdo encubridor (con abundantes rasgos perversos) de un trauma infantil en un neurótico.

In document Psicoanálisis y Perversión (página 190-193)