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CASTILLA Y LA FRONTERA DE GRANADA EN EL REINADO DE ENRIQUE

In document Cuadernos de Estudios Medievales (página 34-36)

El Prof. Mitre ha venido publi- cando una serie de trabajos dedica- dos a la época de EnriqueIIIde Cas- tilla (1). Fruto de su labor investiga- dora son dos nuevas aportaciones sobre el tema, concretándolo en las relaciones castellano-granadinas des- de fines del siglo XIVacomienzos del XV (2).

En el primer trabajo el autor co- mienza diciendo que la frontera... "n'a pas été —vu le peu d'importance des operations militaires— un champ de bataille sanglant; au contraire, elle a pu etre considérée (...) comme une ligne d'interpénétration de deux mondes" (3). En efecto, la frontera entre Castilla y Granada, como en casi en todos los momentos de la Reconquista, fue una zona de intercambio comercial, cultural y hu- mano. Las regiones próximasalreino nazarí viven, en muchos casos,

(1) Entre otros podemos citar: Evo- lución de la nobleza en C astilla bajo Enrique III. Valladolid, Universidad, 1968; La emigración de nobles portugueses a Castilla a fines del siglo XIV, en "Hispania" XXVI, núm. 104 (1966) pp. 513-525; En- rique III, Granad a y las Cor tes de Toledo de

1406 en "Homenaje al Profesor Alar-cos", vol. II, Valladolid, 1966, pp. 733-739;

Córdoba y su campiña. Una comarca fron- teriza al comenzar el siglo XV. (Apuntes sobre una problemátic a municipal y regional),

en "Cuadernos de Estudios Medievales"

(Granada), I (1973), pp. 9-32.

(2) MITRE FERNÁNDEZ, Emilio: La

frontière de Grenade aux environs de 1400, en "Le Moyen Age", núm. 3-4 (1972), pp. 489-522 y De la toma de Algeciras a la campaña de Antequera (Un capítulo de los contac tos diplomáticos. y militares entre Castilla y Granada), en "Hispania", XXXII (1972), pp. 77-122.

(3) MITRE,Lafrontière de Grenade,p. 489.

por y para estas relaciones. Su si- tuación de fronteras las condiciona de manera singular en sus formas de vida y se ven afectadas por la situa- ción en que se hallen las relaciones entre los dos reinos.

Las periódicas treguas entre na- zaríes y castellanos, renovadas casi constantemente en esta época, dan una cierta tranquilidad a las zonas fronterizas, dejando a un lado los inevitables incidentes sin importan- cia. Esto, necesariamente, contribui- ría a fortalecer el intercambio entre estos dos mundos de los que habla Mitre, menos distantes de lo que se ha querido siempre ver. Precisamente cuando en el comienzo de su artículo lo señala, cabía esperar del autor un estudio más o menos pormenorizado de estas relaciones. No es así, al menos en el sentido que hubiésemos deseado (intercambios económicos y culturales). El Dr. Mitre habla de las asociaciones —"hermandades"— que a grupan a mudéjares y cristianos, pero insiste más en los "organismos para la mediación y cambio de prisioneros" (alcaldes entre moros y cristianos, fieles del rastro, al- faqueques), recogiendo las opiniones de Torres Fontes y Carriazo (4). No queremos decir que sea po-

(4) Vid. TORR ES F ONT ES ,J.:E l alc al- de en tr e mor os y cr istiano s del r eino d e Mur c ia, en "Hispania", XXVIII (1960), pp. 55-80; y No tas sobr e los f ieles del r astr o y los alf aqueques mar c ianos, en "Miscelánea de Estudios Arabes y Hebraicos", X, núm. 10, (1961), pp. 89-105; CA R RIAZO, J. de Mata: U n alc ald e entr e los cr istianos y los mor os, en la fr onter a de Gr an ad a, en "Al- Andalus", v ol. XIII (1948), fasc. 1, pp. 35- 96.

co interesante el estudio de estas instituciones, ya que en muchos casos cumplían una misión no sólo de tipo político y militar sino también económica.

Continúa su trabajo con un estu- dio detallado y minucioso de la po- lítica de privilegios de Enrique III, tendente a favorecer el poblamiento de las comarcas fronterizas. Se cen- tran estos documentos reales en la exención de tributos e impuestos so- bre las ventas y compras, moneda forera, etc. Este resumen que ofrece el autor es interesante, puesto que nos permite valorar la importancia que tenía para la Corona el asenta- miento en estas tierras. El monarca desea la existencia de una población que sirva de enlace entre los dos reinos, más que una zona desierta en la que se muevan las fuerzas gra- nadinas. Ahora bien, ¿por qué estaba esta tierra despoblada —o, más bien, poco habitada—? ¿Era realmente por un temor a las razzias musulmanas? Puede ser, pero deben tenerse en cuenta otros factores, Granada vive más de cara al mar que en relación con la Meseta. ¿Quería el rey Trastámara crear unas relaciones más fuertes con los nazaríes?, o bien, ¿necesitaba Castilla una fuerza que amortiguase un posible golpe musulmán? Aunque esta última posi- bilidad no la hace notar al principio de su trabajo, el autor insiste en el estudio de los sistemas defensivos de las ciudades andaluzas del valle del Guadalquivir, pormenorizando en las cartas regias que hacen referencia a reparaciones y arreglos en las forta- lezas, y estudiando los efectivos dis- ponibles en la zona.

Lo cierto es que, como dice el propio Prof. Mitre, las continuas tre- guas hacen pensar en una paz rela

tiva y en que la frontera era más propicia para el intercambio de mer- cancías, hombres e ideas. Prueba de ello es que los hombres más dispues- tos a la lucha son arrinconados por el rey y se encargan de los efectivos fronterizos a personajes más transi- gentes. Este hecho puede deberse a la situación de crisis en que se ha- llaban los Adelantamientos y las Or- denes militares. Pero de cualquier forma es muy significativo.

Lo más interesante de este estu- dio, desde nuestro punto de vista, es

la influencia de la proximidad del reino nazari en las estructuras no- biliarias. El sistema señorial va a facilitar a la monarquía la defensa de la zona. Si a esto unimos, como señala Mitre, el deseo de los señores de conseguir una gloria individual, tendremos como lógica la prolifera- ción de señoríos. De igual manera, con este sistema se favorece la re- población de las comarcas fronteras.

Se incluye en el trabajo un mapa que trata de delimitar la frontera. Aunque con ciertos errores, es válido para hacerse una idea aproximada de las tierras granadinas y caste- llanas.

En su segundo trabajo, el autor insiste ante todo en los hechos polí- ticos, dejando a un lado, de forma deliberada, los aspectos socioeconó- micos e institucionales, de los que trata en el anterior estudio.

Aunque el título hace referencia a

los reinados de Enrique II, Juan I y Enrique III, estudia, sobre todo, la política de este último. Examina bre- vemente las relaciones de Granada con Castilla en la época de Enrique II, haciendo hincapié en el papel que ocupa el reino nazarí en el cerco internacional al primer Trastámara Con Juan I, más interesado en la po-

lítica portuguesa que en la granadi- na, los hechos acaecidos en la fron- tera son aun menos interesantes que los vividos en el reinado de su padre.

Mitre centra sus reflexiones en la etapa de Enrique III. Profundo co- nocedor de este reinado, va descri- biendo la política del monarca con respecto a Granada. Desde la difícil minoridad del tercer Trastámara, pasando por los años centrales (1395- 1402), hasta el último período de su gobierno, en el que la crisis entre los dos reinos se va acentuando, van apareciendo los hechos encadenados y su significación dentro de una es- tructura más general.

Quizá lo más llamativo de este trabajo sean las referencias que ha- ce el autor a la actuación de ciertos nobles con respecto a la lucha fron- teriza. Dispuestos a acabar con los infieles, se lanzan contra Granada, animados por un espíritu de cruza- da, como en el caso que nos cuenta del portugués Martín Yáñez de la Barbuda, maestre de Alcántara (5). Hechos aislados que nos valen para entender la época y la situación en la frontera.

( 5 ) M I TR E, E.: D e l a to ma d e Al geciras , pp. 89-92.

El intento de ofrecernos una visión de la política anti-islámica global de Enrique III, ambicioso e interesante, no llega a cuajar en unas conclusiones, aunque abra caminos para una investigación en este sen- tido. En efecto, la penetración caste- llana en el Mediterráneo, las relacio- nes con las fuerzas que estaban a es- paldas de los turcos —la máxima po- tencia del Islam— y el asunto de las Canarias, pueden conectarse en cierto modo entre sí, pero la relación con una política global anti-islámica es prematura para esta época, como el propio autor reconoce.

Aunque en la última etapa del reinado se está al borde de la rup- tura, al final se renuevan las tre- guas, en parte porque los nazaríes demostraron sus fuerzas con la toma de Ayamonte (6); pero además porque el rey estaba gravemente en- fermo (1406 es el año en que se fir- man las treguas y de la muerte de Enrique III).

Esta crisis contenida y retardada afloró en la regencia de D. Fernando, hermano del monarca, con la campaña de Antequera.

ANTONIO MALPICA

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