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4 EL DISCURSO DEL VIH

4.3 Resultados Análisis del Discurso

4.3.1 Categorías conceptuales

En las categorías conceptuales se incluyeron: estigma, discriminación, justicia (también referida como injusticia de la sociedad hacia las personas con VIH, y de las personas con VIH hacia individuos de la sociedad) y factores psicosociales.

En el análisis de las noticias revisadas, se observó un elevado número de expresiones y afirmaciones (oraciones) que denotan estigmatización -frente al VIH-

hacia ciertas poblaciones como son los “homosexuales, prostitutas y drogadictos4”.

Estas expresiones circulan dentro de la mayoría de los discursos, centrando su atención casi exclusivamente en esta población, aun cuando ONUSIDA desde el año

2004 ha venido esclareciendo que la epidemia ha venido “feminizándose” y ha

adquirido otro tipo de rostros distintos al de la población de HSH. Si bien la epidemia se concentra en gran medida en este grupo, el número de casos en mujeres y niños se ha incrementado a gran escala. Parece ser que a pesar de esto, en el discurso sigue circulando con mayor frecuencia la idea de que la epidemia es un asunto netamente

“homosexual, de prostitutas o drogadictos”, tal como se logra identificar en el análisis:

4 Este lenguaje es el empleado en las noticias de prensa. Un lenguaje que no es acorde con las

recomendaciones dadas por las guías para el tratamiento periodístico del VIH-sida (UNICEF, 2010; Ministerio de la Salud - Presidencia de la Nación - Argentina, 2013; Fundación Henry J. Kaiser y Fundación Huésped, 2009; IMLAS, 2009).

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“Cuando la enfermedad comienza a desarrollarse, algunos de los síntomas son:

ganglios inflamados, fiebre persistente inexplicable, sudores nocturnos, diarrea y

pérdida de peso” (Nullvalue, 1991).

“que no deseaba tenerlas por vecinas, por los prejuicios sobre el homosexualismo

y la drogadicción” (Nullvalue 1996).

“Un mes más tarde, se diagnosticó un cáncer de piel en 26 homosexuales

estadounidenses y se comenzó a hablar de un 'cáncer gay'. Al año siguiente, la enfermedad fue bautizada con el nombre de Síndrome de Inmunodeficiencia Humana

(VIH), o sida” (Nullvalue, 2011).

“Nadie conocía con certeza su causa e incluso la prensa, con base en

características del mal (como las manchas rosáceas en la piel y el que afectaba a

homosexuales), la bautizó la Peste Rosa.” (Nullvalue, 2011).

“Poco después se detectó en inmigrantes haitianos, en drogadictos y en personas

heterosexuales (incluidas mujeres) que habían recibido transfusiones de sangre”

(Nullvalue, 2011).

“El desafío es ahora los grupos más vulnerables" como homosexuales

masculinos, trabajadores sexuales y consumidores de drogas, que no acceden a los

tratamientos por miedo a ser discriminados y criminalizados, según Loures” (AFP,

2013).

“... las recomendaciones sobre la adherencia al tratamiento se centran en los

grupos de población en riesgo, como los transexuales, la población carcelaria, los drogadictos y las prostitutas, que representan cerca de la mitad de las nuevas

infecciones anuales” (AFP, 2014)

“Expertos consideran que el Virus de la Inmunodeficiencia Humana se propaga

silenciosamente entre las minorías estigmatizadas y hacia la población en general”

(AFP, 2014).

“El VIH-sida tiene hoy cara de mujer. En 1998, por cada 13 hombres portadores del virus había una sola mujer. Hoy día, por dos hombres portadores del virus, hay una

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En los inicios del VIH, los signos corporales (marcas en la piel, cáncer) eran bastante marcados y pronunciados en las personas que vivían con el virus, sin embargo, ya en la actualidad a partir de la terapia con antirretrovirales, estos estigmas y marcas han tendido a atenuarse y a pasar a un segundo plano. En la actualidad el estigma que presenta una mayor relevancia está asociado a las debilidades del carácter según la clasificación de Goffman (1970).

Ante la segmentación de la población que se señala como predominante que vive

con el VIH “homosexuales, prostitutas y drogadictos”, es necesario realizar un análisis

a mayor profundidad en los contextos sociales e históricos; ya que la epidemia del VIH desde su primer aparición en 1981, se relacionó con estos grupos vulnerables. Se

observa claramente cómo la “etiquetación” y “rotulación” de estos grupos de personas,

han llevado la marca (el estigma) sobre sus cuerpos y comportamientos durante muchos años, aun cuando organizaciones como ONUSIDA señalan algo diferente en sus informes anuales. Parece mucho más fácil continuar alimentando una idea que ya tiene un asidero en la mente de los individuos a cambiar el foco de atención.

Por otra parte, al examinar los comportamientos que están ligados con el estigma de las personas con VIH, se aprecia la discriminación, la cual se manifiesta en muchas ocasiones con acciones sutiles, mientras que en otros casos se presenta con vulneración a gran escala de derechos y libertades fundamentales. La discriminación, si bien en Colombia, está vetada incluso por decretos y leyes, como es el caso del Decreto Ley 1543 de 1997 y la Ley 100 de 1993, se sigue presentando en muchos casos; son numerosos los reportes que se dan a conocer en los diarios, en los cuales se observa que la discriminación se ejerce desde instituciones educativas, entornos familiares, sector salud y entornos laborales:

“La situación de discriminación a los homosexuales (que la sociedad produce,

mantiene y refuerza) y sus repercusiones concretas sobre las formas de relación y prácticas entre ellos, las diversas formas de prostitución (fuera de control para

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cualquier Gobierno) así como las exigencias de los clientes de los prostíbulos, la aparición de prácticas anticonceptivas adolescentes que son las más aptas para la

difusión del virus” (Mantilla, 1991).

“La Personería Delegada para los Derechos Humanos a través de su programa de

Salud e Igualdad ante la ley, recibe un promedio mensual de 20 quejas referentes a la prestación de servicios de salud, de ellas cuatro se refieren a discriminación, mal trato y situaciones consideradas como violaciones a los derechos humanos de los enfermos

de sida” (Nullvalue, 1996).

“Un escándalo estalló hace un año, cuando a cinco niños de la Fundación Eudes

les impidieron entrar a clase, en un colegio distrital del barrio La Castellana, por ser

víctimas del sida” (Nullvalue, 2001)

“Los enfermos de SIDA son víctimas de indiscriminación [sic], el desprecio y a

veces hasta de atropellos. Muchos son desafiliados de las entidades de seguridad

social, despedidos de sus trabajos y amenazados con revelar su problema” (Nullvalue,

1991).

“Las bacteriólogas no quieren trabajar con sangre. Prefieren materiales fecales. No se quieren exponer, dice la jefe de epidemiología” (Pérez, 1991).

“El trato humano de quienes me atienden en infectología es bueno, pero sí he

sentido discriminación en otros servicios como medicina general y odontología”

(Gómez, 1998).

“Niegan matrícula en colegio militar a niña con VIH” (Redacción Bogotá, 2013). “Apenas se enteraron en el colegio de su condición médica por una llamada anónima, una de las primeras medidas fue separarla de la campaña de entrenamiento

militar, que es obligatoria para todos los estudiantes de noveno, décimo y once grado”

(Redacción Bogotá, 2013).

Los comportamientos ligados con la discriminación -y sus tipos-, son en efecto una respuesta ante una situación que los individuos perciben como atemorizante,

desconocida, amenazante o que “invade” su privacidad, su intimidad y su estatus. La

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En algunas ocasiones se manifiesta de manera sutil, en otras lo hace de manera intempestiva. Aquí, es importante resaltar que en muchas ocasiones la discriminación hacia las personas que viven con VIH, no ocurre solamente por su condición médica,

sino por los adjetivos que despiertan en los “observadores” la palabra VIH-sida, los cuales están ligados a comportamientos inmorales, inadecuados e impuros (Goffman, 1970; Sontag, 2003).

Los actos de discriminación siguen siendo evidentes a pesar de muchos de los esfuerzos que se han realizado para que este tipo de comportamientos no se presenten. Aproximadamente desde el año 1993, la Secretaría Distrital de Salud ha venido realizando campañas de educación sexual, información sobre Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) y VIH en instituciones educativas. Estas campañas, han sido implementadas con el fin de poder informar, educar, y no generar temor ni pánico dentro de la población. No obstante, la discriminación hoy luego de más de 20 años se sigue presentando como desde el inicio de la epidemia en 1981 en el mundo y en 1983 cuando se reportó el primer caso en Colombia.

Los actos de discriminación que se realizan de forma deliberada, incluso en contra de las leyes y decretos que existen en el país, pueden ser tomados como actos de injusticia o como una vulneración a la justicia. Estos actos de injusticia, en diversas ocasiones pueden ser emitidos por entes gubernamentales. Es paradójico observar que el Estado es quien legisla la protección de derechos y libertades fundamentales, sin embargo son las mismas instituciones del gobierno las que no velan o garantizan el cumplimiento de las leyes y decretos. Son pocos los casos que se reportan en la prensa, donde se pueda observar que un ente gubernamental ha procedido para resarcir la vulneración de derechos. Este tipo de irregularidades o fallas en el sistema político del país, es el resultado de otro tipo de fuerzas, barreras y limitantes que no permiten una adecuada aplicación de las leyes; estoy haciendo referencia a condiciones de corrupción, pobreza, intereses económicos, falta de recursos, fallas en la asignación de recursos, sistemas políticos mal estructurados, retrasos en los

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procesos judiciales, etc. Probablemente muchos de estos problemas no puedan solucionarse de manera eficaz y profunda sin intervenciones en los sistemas políticos y en la ciudadanía; una ciudadanía que pueda ejercer un rol activo de participación e interés en los asuntos públicos y privados que atañen no sólo la salud sino otros sectores de la vida social.

Al interior del AD se pueden evidenciar varios ejemplos de esto:

“Los pacientes sufren permanentemente la violación de sus derechos por parte de

profesionales de la salud, de sus amigos, familiares, de los medios masivos de comunicación e incluso de la iglesia que se niega a aceptar el condón como una de las alternativas ante la infección y que se niega a proporcionar una pastoral adecuada a los

enfermos” (Velandia, 1990).

“... los enfermos enfrentan una completa persecución en sus empleos, en las mismas instituciones de salud y a veces hasta en sus familias” (Nullvalue, 1991).

“El sida explicó, además de retar a la comunidad científica también ha desafiado a

los sistemas sociales y políticos del mundo y existe una impostergable necesidad de

garantizar el respeto a los derechos humanos de las personas con este padecimiento”

(Nullvalue, 1993).

“Uno de los trabajos presentados puso de presente que existen muchas

dificultades para este tipo de pacientes, pues no tiene facilidad de acceso a los

servicios de diagnóstico” (Céspedes, 1993).

“La Defensoría estudia actualmente la posibilidad de interponer una acción de

tutela para proteger el derecho fundamental a la salud y, por esa vía, poner fin a la indiferencia que hasta ahora han mostrado las autoridades locales y nacionales frente

al tema” (Nullvalue, 1993).

“La Empresa Promotora de Salud a la que estaba afiliado no quiso al principio

cubrir los exámenes de laboratorio que necesitaba y le propuso que se trasladara al Seguro Social, que, según ellos, sí estaba obligada a cubrir la atención del sida. Sin

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embargo, él no lo hizo así porque no quería que siguieran excluyéndolo y

discriminándolo” (Gómez, 1998).

“A mí me hicieron la prueba del sida sin consultarme. Me habían internado en la clínica solamente porque tenía fiebre y dolor de estómago, pero me cogieron de

conejillo de indias y empezaron a hacerme exámenes de laboratorio” (Gómez, 1998). “Dos tutelas ha tenido que instaurar contra el Seguro Social del Atlántico un enfermo de sida para que la institución le suministre en forma puntual y completa la

droga que alivie su mal” (Nullvalue, 1998).

“En la acción judicial la tutelante asegura que su pareja sentimental murió

esperando que se le reconociera la pensión por invalidez debido a su enfermedad”

(Redacción Judicial, 2014).

“El derecho a la salud resulta fundamental para las personas en estado de

vulnerabilidad, como es el caso de los portadores del VIH. Así, una vez se haya iniciado el tratamiento médico éste no puede ser interrumpido y, por lo tanto, dicha obligación perdura hasta cuando cese la amenaza o cuando otra entidad asuma la

prestación del servicio” (Derecho Justo, 2015).

La acción de tutela se ha convertido en el instrumento más usado por los individuos para hacer valer sus derechos y presentar sus inconformidades ante las instituciones prestadoras de salud, que son los organismos donde mayor problema se presenta al momento de hacer efectivo el derecho a la salud. Claro está, que la restricción o un servicio inadecuado en instituciones de salud no es sólo el resultado de un mal funcionamiento administrativo de las organizaciones. Detrás de todo esto, existen factores económicos muy fuertes que no permiten una atención sanitaria justa, que se adapte por ejemplo a los postulados que Beauchamp y Childress plantean en su principio de justicia, entendiendo ésta como distribución adecuada e igual de bienes, derechos y responsabilidades que buscan la maximización del bienestar de la población a un bajo costo (Beauchamp y Childress, 1999).

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El mecanismo de tutela ha sido una de las herramientas que más se han usado para reclamar derechos, sin embargo, no es el único medio que se emplean para hacer escuchar su voz; otra forma que se pudo identificar-en muy pocos casos- en el AD son

los actos de “venganza” o retaliación contra personas de la población civil o entes del

Estado:

“... algunos habitantes que fueron infectados por una venta oficial de sangre y,

tras ser su tragedia silenciada por el gobierno, se vengaron transmitiendo el virus

mediante jeringuillas” (Redacción El Tiempo, 2008).

“Una médico que dijo estar “harta” de que asaltaran su casa adoptó una polémica

medida de seguridad y colocó en una cerca que rodea su residencia en Brasilia decenas de jeringas que, según ella, contienen agua y sangre infectada con el virus del

VIH” esta mujer ha escrito “Muro con sangre. VIH positivo. No pase”5 (Nullvalue, 2011).

El caso mencionado anteriormente, surge por la ineficiente acción y negligencia de la policía de atender a una solicitud de emergencia y protección de su vivienda. La policía ha actuado de manera negligente ante su constante insistencia, haciendo que la mujer adopte una medida para poder proteger su vivienda. De ninguna manera esta acción se justifica, pero deja ver su desesperación ante el llamado sin respuesta que emite frente a las autoridades.

Finalmente dentro de las categorías conceptuales se encuentran los factores psicosociales, los cuales hacen alusión como se mencionó con anterioridad a problemáticas de carácter externo al estigma, discriminación y justicia, pero que influyen sobre estas y guardan una estrecha relación con la problemática. Este tipo de factores dentro de este documento, girarán en torno a: pobreza, racismo, sexismo, maltrato, defensa de intereses económicos, violencia, desempleo y desplazamiento:

5 Si bien esta noticia no es de Colombia, ilustra con claridad la manera en la cual una persona -

desesperada- puede llegar a tomar acciones de “justicia” por mano propia, al observar que su llamado en

busca de ayuda ha sido ignorado por parte de la policía. Este panorama, es común dentro del contexto colombiano.

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“... numerosos son los factores que intervienen en la vida de las jóvenes que las

hacen vulnerables al contagio del VIH; la violación, el incesto, y el hostigamiento

sexual.” (Moanack, 1990).

“La cuota de violencia inherente al SIDA se observa igualmente entre los niños.

Unicef calcula que más de 40 millones de jóvenes viven en las calles. Muchos de ellos dejaron el hogar como consecuencia de la pobreza y la persecución sexual” (Moanack,

1990).

“El Ministro de Salud, Juan Luis Londoño de la Cuesta, dice que el VIH, es una

amenaza económica ya que cada persona que fallece víctima del sida le cuesta al país

cerca de 35 millones de pesos” (Hernández, 1993).

“Guillermo Prada, infectólogo, experto en el tema del sida, para quien es

lamentable que se haya bajado la guardia, primero porque el Ministerio de Salud no

tiene plata y segundo porque no le interesa el tema” (Ortega y González, 1998).

“Marina, una mujer (seropositiva) sin ningún recurso económico, que cada día se levanta pensando cómo hacer para alimentar a sus hijos y proporcionarles al menos lo

mínimo para su subsistencia” (Nullvalue, 2004).

“Aunque en las últimas décadas las mujeres han tenido mayor acceso a la educación, están más afectadas por el desempleo y cuando consiguen trabajo, la

discriminación puede darse en términos de remuneración salarial” (Nullvalue, 2004). “... dentro de los factores de vulnerabilidad, se observa el desplazamiento que genera desarraigo, desprotección y marginalidad, son muchas las mujeres, en particular las menores de edad, que pueden verse expuestas a situaciones de abuso,

violencia y en ocasiones incluso al trabajo sexual” (Nullvalue, 2004).

“Los precios de los medicamentos en los países pobres bajaron alrededor de un 30 y un 64 por ciento entre 2004 y 2007; sin embargo, es evidente el desequilibrio entre la necesidad de atender a millones de enfermos sin medios y la restricción de las patentes de las farmacéuticas, que dificultan la existencia de los genéricos”

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En otras palabras, los países pobres, con el 95 por ciento de los afectados, no

cuentan con los 20.000 dólares anuales que cuesta un tratamiento individual.”

(Fernández, 2008).

“El 65% de infectados por VIH de países en desarrollo no recibe tratamiento”

(EFE, 2010).

Muchos de los factores psicosociales que se analizan en el AD obedecen a elementos que dificultan la tarea de erradicar la epidemia, controlar el número de nuevos casos, administrar los medicamentos de manera oportuna, garantizar la seguridad e integridad de las personas en condiciones de pobreza y desplazamiento, disminuir y eliminar el estigma, la discriminación y la injusticia en las personas que viven con VIH. La mayoría de factores que se encuentran en esta categoría no son problemáticas exclusivas del VIH, si se analizan de cerca, se puede observar que son asuntos que afectan a mucho individuos sin la necesidad de especificar si estos viven o no con el virus; sólo que en el caso de aquellas personas que viven con la enfermedad, estos factores generan consecuencias mucho más devastadoras que en otros segmentos de la población por su condición médica.

Los factores psicosociales ligados a la pobreza, sexismo, violencia, intereses económicos de las industrias farmacéuticas y desplazamiento son en efecto algunas de las barreras que limitan la acción de las ONGs y del Estado que intentan implementar medidas para modificar el panorama del VIH-sida. Muchas de las intervenciones que se desarrollan, chocan contra las barreras no sólo físicas, sino también culturales, históricas y estructurales de los sistemas de salud, lo cual genera un grado de mayor dificultad en las acciones correctivas que se deseen implementar.

Una manera de observar cómo las diferentes categorías conceptuales interactúan entre ellas y guardan relación con la problemática del VIH y el sida se muestra en la figura 2.

85 Figura 2. Redcategorías conceptuales.

La figura 2 muestra los tipos de relaciones que se establecen entre las diferentes categorías conceptuales. De acuerdo con la información recopilada y analizada en el AD, se puede determinar que una de las categorías que en mayor grado está vinculada con el mantenimiento del estigma y la discriminación de las personas con VIH es la injusticia, la cual es influenciada por los factores psicosociales. Podría decirse que la injusticia es uno de los pilares más fuertes al analizar la epidemia; tomar acciones en este nivel, no resulta fácil, lo cual será tema de análisis en apartados posteriores.

Por otra parte, el estigma y la discriminación son categorías asociadas, en donde se observa que ante la presencia de la primera, la segunda aparece de manera casi inevitable, lo que a su vez conduce a la vulneración de derechos y libertades fundamentales, poniendo la categoría de la justicia nuevamente en el centro de la

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