15 Al incrementar los beneficios que corresponden al ejercicio del sacerdocio, la presencia
nutre rivalidades preexistentes y exacerba las dinámicas de conflictos entre sacerdotes sin modificarlas a profundidad.
16 El hecho de tener ahijados extranjeros se convierte, en efecto, en un argumento de doble
filo en los discursos de santeros y babalaos. Por una parte, les brinda prestigio; pero, por otra, les somete a posibles acusaciones de “explotación” de la religión, entonces considerada como vergonsozamente mercantilizada. Al evacuar todo beneficio simbólico, los iniciados efectivamente presentan como motivo de la competencia entre potenciales iniciadores un interés material, reductible a la ambición desmedida y condenable por sacar un provecho financiero de la práctica religiosa. Los santeros y babalaos deploran a coro este fenómeno que definen como una situación de “explotación” o de “comercialización” de la religión, sostenida por un proceso de “dolarización”, de “metalización” de sus iguales.18 En el marco de las iniciaciones de extranjeros, todo ello
constituye en la actualidad un verdadero cargo de acusación entre iniciadores, designado por Argyriadis bajo la denominación general de “acusación de mercantilismo”.19 Ésta en
realidad no es nueva, deviene en este marco central en las tentativas de deslegitimación de la práctica de los pares (o de los demás iniciadores). Otra acusación íntimamente ligada a esta última es la de corrupción y degeneración de la práctica religiosa. Aspectos particularmente sujetos a chismes son las posibles modificaciones, adaptaciones y acomodaciones del sistema ritual en ocasiones observadas en el caso de iniciaciones para extranjeros, sean adoptadas por necesidades logísticas o a partir de peticiones del néofito. Ejemplos de ellas se encuentran en la posible reducción del tiempo de los ciclos rituales, en el hecho de raspar sólo una coronita de pelo en el centro de la cabeza en vez de raspar, como se hace usualmente, el cráneo íntegro del neófito, o en el hecho de otorgar al recién iniciado cierta libertad respecto de las obligaciones rituales que le corresponden, a veces a cambio del pago de “multas rituales”.20 Estas acomodaciones también se practican a
veces –algunas de ellas a menudo– en el caso de iniciaciones de cubanos de la isla. Cuando se trata de iniciaciones de extranjeros son, no obstante, asimiladas por los rivales a un afán de lucro que conduce a los oficiantes implicados a ser poco cuidadosos o respetuosos de la autenticidad y tradicionalidad de las prácticas rituales.
17 Del mismo modo, varios ejemplos de discrepancias y conflictos abiertos entre iniciados
observados en el marco de iniciaciones de extranjeros revelan que revisten formas usuales en este medio. Subrayan que lo que releva de lógicas bastante comunes cuando la iniciación implica nada más cubanos de la isla, está sistemáticamente atribuido a la presencia de extranjeros cuando ellos son el centro de la actividad ri-mal. Muy frecuentes son las rupturas debidas a una redistribución juzgada desigual del dinero entre los oficiantes del rito. En realidad, ésta siempre lo es y representa en sí una fuente posible de conflicto, pero en el caso de la iniciación de un extranjero, es juzgada como prueba de la “metalización” del redistribuidor, es decir del padrino. Tan habituales son las rupturas entre dos sacerdotes acostumbrados a trabajar juntos, incluso un padrino y uno de sus ahijados que se convirtió en sacerdote, por el motivo de que uno supuestamente trató de “quitarle” al otro un ahijado extranjero (o a veces un ahijado potencial), lo cual también es moneda corriente con ahijados cubanos. Los ejemplos se podrían multiplicar y, lo vemos, evidencian finalmente lógicas vigentes en este mundo.
18 Sin embargo, habría que mencionar, en los casos más extremos, la irrupción de una
práctica bastante nueva: las denuncias de los rivales en instancias oficiales, tales como la Oficina de Inmigración y Extranjería. Allí, el cargo de acusación sale con claridad del marco ritual para desplazarse a un nivel propiamente civil, y casi político, el motivo
invocado es el alojamiento ilegal de un extranjero, lo cual expone al ciudadano cubano a una multa de alrededor de los mil CUC. Esta última alternativa ilustra así de forma
magistral el incremento paroxístico de las lógicas de vigilancia que organizan la práctica cultual y de las dinámicas de conflicto propias a este mundo.
19 A modo de resumen, podemos afirmar que, en el nivel de estas redes rituales que se
desenvuelven en una escena microlocal e implican actores “eje” o “base” tienen una proyección esencialmente local, las alianzas rituales transnacionales que los iniciadores contraen con ahijados extranjeros contribuyen a asentar, a reforzar su posición de poder, su estatus, su prestigio, en el barrio y en la ciudad, al mismo tiempo que, por ello mismo, atizan rivalidades subterráneas preexistentes y desencadenan lógicas agonísticas exacerbadas por la presencia de beneficios materiales presentes en la mente de todos
20 Sin embargo, la presencia de extranjeros candidatos a la iniciación no sólo alimenta las
rivalidades entre sacerdotes que se desarrollan en un escenario microlocal. También influye, y esto es un fenómeno más reciente, a otra escala. Esta vez, implica grupos constituidos de sacerdotes cuyos discursos y prácticas aspiran, ya no sólo a asentar una legitimidad propiamente local, sino que tienden a un reconocimiento a escala propiamente nacional y hasta transnacional.