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La caza de brujas

En los cincuenta, no obstante, el ambiente de caza de brujas del macartis­ mo, con el trasfondo de la Guerra Fría, generó una gran crisis del pacifismo en Estados Unidos que, al contrario de lo sucedido tras la Primera Guerra Mundial, no veía disminuir el fervor patriótico sagrado despertado por la Segunda. Salvo por unos pocos radicales, como Dellinger, no hubo apenas protestas contra la Guerra de Corea. De esta manera, poco a poco se fue apagando la mecha encendida por los objetores, aquejada además por otros problemas internos del propio pacifismo radical, como la falta de cuestio­ namiento durante este periodo de los roles de género. El movimiento era liderado por objetores de conciencia varones, con estrechos lazos de cama­ radería forjados en cuatro años de convivencia en la cárcel. La entrada en el movimiento de feministas radicales como Barbara Deming, acaecida en esos años, permitiría llamar la atención sobre estos asuntos, posibilitando una autocrítica imprescindible.

Por otro lado, el desempeño de sus funciones trabajando para organizacio­ nes como el FOR o la WRL favoreció, pero a la vez limitó su capacidad revo­ lucionaria. Muchos de ellos eran activistas profesionales a sueldo directa o indirectamente de A. J. Muste, secretario general de FOR entre 1940 y 1953; y la capacidad de financiación de esta organización declinó enormemente en los cincuenta, con el auge del macartismo y la Guerra Fría. Este ambiente hostil hizo que algunos, como Dellinger, decidieran vivir en comunidades rurales al estilo ashram de Gandhi. Dellinger junto con otros renombrados objetores y activistas, como Ralph DiGia, Bill Lovett o Igal Roodenko, fundó una imprenta llamada Libertarian Press en las afueras de Nueva Jersey, que les permitió ganarse la vida a la par que abrir medios de comunicación alternativos.

Además, el FOR era una organización con ideales pacifistas, pero con valores tradicionales cristianos, lo que chocaba con las ideas y posturas de muchos pacifistas radicales. En 1952, Bayard Rustin, hasta entonces estrecho colaborador de A. J. Muste en FOR, al compartir ambos un pasado trotskis­ ta, fue detenido por la policía al ser sorprendido manteniendo relaciones ho­ mosexuales en un coche. A consecuencia de ello perdió su trabajo en FOR, aunque se pudo recolocar en la WRL, mucho más liberal, donde había otros reconocidos gays trabajando abiertamente, como Igal Roodenko. Hay que recordar que la WRL se había creado como una organización alternativa al cristiano FOR, y que en ella además de cristianos y cristianas había mucha presencia de personas judías y ateas, con ideas más liberales en general. Ade­ más, la postura de estos jóvenes provenientes del pacifismo radical pronto se hizo la preponderante en el seno de la WRL, entrando activistas como De­ llinger en su comité ejecutivo. De esta manera, la WRL desde finales de los cuarenta empezó a convertirse en una organización clave no sólo en el uso de la acción directa noviolenta como estrategia política, sino en la difusión de los métodos de acción noviolenta entre el resto de movimientos sociales. Esta nueva generación, curtida en las cárceles durante los años cuarenta, hizo esta labor a través de entrenamientos, talleres y publicaciones, como la revista Li- beration, fundada en 1956 por Muste y Dellinger, y que fue un foro de la iz­ quierda no marxista norteamericana. La filosofía de este nuevo movimiento era que la acción noviolenta podía ser la herramienta para que un pequeño grupo de activistas bien organizado y disciplinado en las técnicas de la acción

19. La acción directa noviolenta en EE.UU. tras la II Guerra Mundial

Jesús Castañar Pérez · Teoría e historia de la revolución noviolenta directa noviolenta pudiera conseguir influir en la opinión pública lo suficien­ te como para conseguir un cambio social o político.

Por lo tanto, los jóvenes objetores de la Segunda Guerra Mundial jugaron un papel importantísimo en la conformación de las técnicas de acción de los nuevos movimientos sociales en los Estados Unidos durante los años cuaren­ ta, cincuenta y sesenta. A estos objetores habría que añadir a algunos activis­ tas de la generación de la Primera Guerra Mundial, como A. J. Muste o Do­ rothy Day, proveniente del sindicalismo cristiano y promotora de acciones anuales de desobediencia civil contra simulacros nucleares en Nueva York. Ambos sirvieron de eslabón intermedio entre las visiones, a veces enfrentadas, de las dos generaciones de pacifistas. Muste, siempre tratando de unir fuerzas, supo además conectar con la siguiente generación de objetores, los que recha­ zaron servir en la Guerra de Corea, entre los que destacó Brad Lyttle. A finales de los años cincuenta, los ya no tan jóvenes objetores de la Segunda Guerra Mundial empezaban a salir de la crisis del activismo con espectacula­ res acciones de desobediencia civil en el marco de la lucha contra el desarrollo de armamento nuclear. Una nueva organización, el Comittee for Nonviolent Action (CNVA), que sustituyó a Peacemakers, logró sacar el asunto a debate público con acciones como la del barco Golden Rule en el Pacífico, que trató de entrar en zona de pruebas nucleares en 1958. Sin embargo, los jóvenes acti­ vistas, como Brad Lyttle, empezaban a proponer dentro de la lucha contra las armas nucleares un tipo de acción directa noviolenta con coerción física ade­ más de moral, con el consiguiente aumento de la confrontación. La primera de estas acciones se realizó en 1958 en un silo de misiles en Cheyenne, conoci­ do como Cheyenne Project. El objetivo era obstruir noviolentamente el funcio­ namiento de algunos centros militares, por lo que este tipo de acción directa fue denominada «obstruccionismo». Al año siguiente el propio Muste, ya li­ bre de su cargo como secretario general de FOR, participaría junto a Lyttle en otro bloqueo similar en Omaha, en el curso del cual quince personas, algunas de ellas de avanzada edad, realizaron diversos actos de desobediencia civil. En 1960 la acción volvió a los mares, en una acción contra los submarinos nu­ cleares Polarisen la que también participó la feminista Barbara Deming. Se trataba de un modelo heroico de acción directa que exigía gran compromiso

por parte de los activistas que participaban en ella y que luego evolucionó hacia la acción de grupos de afinidad que bloquean algún tipo de instalación que se pretende denunciar. También organizaron grandes marchas (como la marcha San Francisco­Moscú o Quebec­Washington­Guantánamo) contra la Guerra Fría y su continua amenaza nuclear, que posteriormente confluirían con las marchas del Movimiento por los Derechos Civiles en el sur. Parale­ lamente, en Gran Bretaña, Bertrand Russell renunciaba a la presidencia de la Campaña por el Desarme Nuclear (CND), porque no apoyaba la desobe­ diencia civil, y fundaba el Comité de los 100 para implementar este tipo de tácticas. En 1961, con casi noventa años, Russell ingresó de nuevo en prisión acusado de incitar a la desobediencia civil.

Poco a poco, las formas de acción noviolenta se extendieron a otros movi­ mientos en Estados Unidos, principalmente de minorías marginadas, como los nativos norteamericanos que, entre otras acciones noviolentas, declararon la independencia de la Nación Oglala ante la ONU, ocuparon las oficinas de la Bureau of Indian Affairs (BIA)o que, un tiempo después, ya en 1969,ocu­ paron la abandonada isla­prisión de Alcatraz durante diecinueve meses.3Es­

tados Unidos también vivió la campaña por las mejoras sociales para colecti­ vos marginados de Saul Alinsky en los cincuenta y sesenta, la revolución democrática de Hawái en 1954 o la campaña por la mejora de las condiciones laborales de los latinos liderada por Cesar Chávez entre 1965 y 1970.

El Movimiento por los Derechos Civiles

Sin embargo, fueron sin duda las campañas impulsadas por Martin Luther King desde el Movimiento por los Derechos Civiles las más conocidas, dada su gran transcendencia, ya que articularon una verdadera revolución noviolenta que cambió la sociedad norteamericana. En medio de la represión del macartis­ mo, la población negra de los estados del sur ya no estaba dispuesta a aguantar la pesada carga de la segregación, sobre todo tras haber pagado un alto precio en sangre durante la Segunda Guerra Mundial. En Montgomery, capital del

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Jesús Castañar Pérez · Teoría e historia de la revolución noviolenta estado sureño de Alabama, los líderes de la comunidad negra estaban ya planifi­ cando un boicot contra la segregación en los autobuses, cuando Rosa Park hizo su famoso gesto de sentarse en la parte reservada a blancos el 1 de diciembre de 1955. Este acto individual, similar al que Bayar Rustin había realizado años atrás en el norte, fue el detonante de la campaña de boicot en Montgomery, cuyos líderes eligieron como portavoz a un joven predicador recién llegado a la ciudad, Martin Luther King junior, que tenía tan sólo veintiséis años en aquel momento. En un principio iba a ser sólo el portavoz, pero, poco a poco, puede que por lo apasionado de sus discursos y su determinación en la defensa de la noviolencia, asumió el liderazgo del movimiento y se convirtió en la principal figura de la lucha por los derechos civiles tras esta campaña.

Ante la magnitud de la tarea y las manifestaciones a favor de la noviolencia que estaba haciendo Luther King, tanto FOR como la WRL enviaron conse­ jeros para ayudar al movimiento en Montgomery. FOR envió a Glenn Smiley, un sacerdote protestante blanco, encarcelado por objetor de conciencia du­ rante la Segunda Guerra Mundial, que además de asesorar a King pudo hace de mediador con la iglesias blancas locales. La WRL envió a Bayard Rustin, negro, como hemos visto también encarcelado por objetor, y que llegó unos días antes a Montgomery que Smiley, ambos en febrero de 1956. En esa épo­ ca King apoyaba la acción pacífica pero había sufrido ataques violentos, por lo que tenía una pistola en el coche y guardaespaldas armados, a la par que su entorno se orientaba más hacia la acción violenta. Smiley y Rustin trabajaron separadamente pero compartiendo apuntes al respecto, no en vano habían trabajado juntos en FOR durante mucho tiempo. Aunque las propias convic­ ciones fueron la principal inspiración para el acercamiento a la noviolencia por parte de King, Smiley y Rustin le convencieron de las posibilidades de éxito de los métodos noviolentos, le asesoraron estratégicamente y afianzaron su confianza en la misma. También le pusieron en contacto telefónico ocasio­ nal con Muste y Dellinger, que fueron escuchados con atención a pesar de ser blancos y norteños. Después fue la arrolladora personalidad de King la que logró llevar al movimiento de Montgomery hacia la noviolencia, convirtién­ dose en líder indiscutible del mismo.

Sin embargo, Rustin tuvo que dimitir al poco ante la amenaza por parte de un periodista de utilizar su condición de homosexual para denigrar a King,

al que el FBI siempre trató de desprestigiar con acusaciones de infidelidades conyugales. No obstante, sin aparecer antes en público, Rustin siguió aconse­ jándole, vinculándose personalmente al Movimiento por los Derechos Civiles y distanciándose de los pacifistas radicales, tal vez como consecuencia de su anterior expulsión de FOR. Uno de los logros que consiguió fue convencer a los jóvenes de Montgomery de que arrojaran las armas que poseían al río, con la idea de que serían un obstáculo para su liberación, no una ayuda.

Smiley se mantuvo muy activo en Montgomery durante 1956, realizando numerosos talleres y mediaciones entre la comunidad blanca y la negra hasta que finalmente se logró, a finales de ese año, que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos eliminara la segregación en los autobuses. Se sentó al lado de King en el primer viaje en autobús sin segregación, después, volvió al nor­ te. Rustin, en cambio, permaneció en el sur y fue el promotor de la Southern Chris tian Leadership Conference (SCLC, Conferencia del Liderazgo Cristiano del Sur), organización que logró articular un movimiento de masas contra la segregación en torno a Martin Luther King. La SCLC realizó numero sas campañas de boicot y acción directa contra la segregación, como las lleva­ das a cabo en Albany o Birmingham, bajo estrictos principios de noviolencia, gracias al liderazgo de King. Es importante recordar que hubo otras organi­ zaciones en la lucha noviolenta por los derechos civiles, principalmente aso­ ciaciones de estudiantes negros que realizaron junto a otras organizaciones y por todo el país campañas de sentadas en espacios públicos, similares a las que habían hecho los activistas de CORE años atrás en el norte. En la ciudad de Nashville, el reverendo James Lawson realizó talleres de capacitación en ac­ ción noviolenta para estudiantes afroamericanos y, a principios de 1960, puso en marcha una campaña de sentadas y ocupaciones de tiendas y restaurantes que segregaban a la población negra. Ante la violencia con la que se les trató, la gente respondió con un boicot a dichos establecimientos. Las pérdidas co­ merciales acabaron propiciando el final de la segregación en los espacios pú­ blicos de esa ciudad. La misma CORE volvió a organizar en los años sesenta el Journey of Reconcilation que hicieran en 1947 con el nombre de Freedom Ride, pero tuvo que suspenderlo ante los varios intentos de linchamiento (Jim Peck sufrió golpes que casi le causan la muerte). No obstante, la acción fue finalizada y repetida en numerosas ocasiones por las asociaciones de estudian­

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Jesús Castañar Pérez · Teoría e historia de la revolución noviolenta tes negros del sur y fue una forma de exportar el Movimiento por los Dere­ chos Civiles a otras localidades.

El enfrentamiento final tenía que ser contra el Gobierno federal en Wash­ ington, y en principio se planificó una campaña de desobediencia civil y ac­ ción noviolenta masiva como las de Albany o Birmingham. Sin embargo, Luther King logró pactar con Kennedy el cambio de las leyes a cambio de cancelar la campaña de desobediencia y convertirla en la marcha legal que finalmente fue, así como eliminar críticas al Gobierno en los discursos que se pronunciaran. Esta acción, organizada finalmente por Bayard Rustin, fue co­ nocida como la Marcha sobre Washington por el Trabajo y la Libertad (1963), en la cual King pronunció el famoso discurso «I have a dream» (en el que a pesar de su fama no había un contenido político revolucionario, sino más bien emocional, vinculando los símbolos norteamericanos con la idea de igual­ dad). El March On Washington Movement (MOWM) del sindicalista Philip Randolph, la otra pata de la organización, pudo por fin realizar su sueño y llevar cientos de miles de personas a la capital del país.

Toda esta eclosión revolucionaria culminó con la promulgación de la Ley de los Derechos Civiles y Ley del Derecho al Voto en 1964. No obstante, la lucha de King contra la persistente segregación continuó, radicalizándose cada vez más y alzando, tras un tiempo de indecisión, su voz también contra la Guerra de Vietnam y la pobreza, convirtiéndose en un figura revoluciona­ ria sumamente incómoda el poder establecido. Tras su asesinato, en Mem­ phis, en 1968, la indignación de la comunidad negra fue tal que a partir de entonces no se mantuvo cohesionada en torno a los parámetros de la novio­ lencia. Paradójicamente, la comunidad negra interpretó el asesinato de King como una muestra de que la noviolencia no funcionaba, en vez de lo contra­ rio, una muestra del éxito revolucionario que estaba teniendo.

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