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erróneamente en tratar al niño como si éste pudiera responder a una concepción adulta. De hecho, es inútil tratar de razonar con un niño, insiste Rousseau, porque no tiene la capacidad racional de seguir una argumentación abstracta; es igualmente inútil asediarlo con palabras porque no puede comprender los conceptos a los que se refiere el lenguaje adulto. Es mucho más satisfactorio tratar de ver a niño tal y como es. Su atención se centra en los intereses físicos inmediatos; se abandona totalmente a su condición presente y busca las ventajas inmediatas y presentes; sumido en lo que le toca y le interesa directamente, existe en sí mismo, limitado en gran medida al pequeño círculo de sus propios deseos y sentimientos, incapaz de prever o de sentir curiosidad desinteresada.

Puesto que el niño responde a sus propios impulsos espontáneos, cuenta ante todo con sus instintos y recursos físicos y se complace con su fortaleza y energía.

Sin embargo, la principal característica de la vida del niño no se encuentra en la actividad física en cuanto tal, sino en su forma particular de expresión. El niño es feliz porque es libre; goza del bienestar de la libertad.

Rousseau establece la distinción entre dos formas de dependencia: en primer lugar, está la falsa y molesta dependencia que deriva de la subordinación del hombre a sus congéneres y a su voluntad arbitraria. Este es un mal innegable, y la fuente principal del conflicto y frustración humana: el niño, al igual que el adulto, resiente el gobierno de la autoridad arbitraria y la voluntad caprichosa de los hombres. Por otro lado, hay otra forma de dependencia aceptada de inmediato por el niño; en estas condiciones la dependencia no crea frustración porque tiene un carácter objetivo, impersonal, que es igual para todos. En resumen, el individuo aceptará fácilmente las limitaciones relativas a los objetos, pero no las restricciones irracionales e innecesarias que le son impuestas por los seres humanos. Está en la naturaleza del hombre aceptar pacientemente la necesidad de las cosas, pero no la mala voluntad de otros hombres51.

Se deduce, por lo tanto, que la manifestación de la libertad natural no es incompatible con la aceptación del duro yugo de la necesidad y de las leyes de la naturaleza. La presencia de un entorno natural estable puede ser una condición indispensable para la existencia de una libertad bien controlada.

Aunque el desarrollo primitivo del niño consiste sobre todo en la manifestación libre de sus capacidades físicas innatas, el papel del educador es, sin lugar a dudas, de la mayor importancia, ya que él es el principal responsable de armonizar este desarrollo natural con la aceptación de las necesidad física; su tarea consiste en eludir los efectos perniciosos de la voluntad humana arbitraria. Además, el educador comprenderá que la

expansión inicial de la experiencia del niño requiere el desarrollo de nuevas aptitudes mentales y psicológicas. Aunque el niño es capaz de cierta forma de razonamiento rudimentario desde muy temprana edad, solamente en el momento actual comienza a unir a la percepción, la memoria y la razón. Como hemos visto anteriormente, Rousseau no considera la razón como una facultad absoluta y abstracta que existe por su propio derecho, sino como una facultad compuesta que funciona junto con otras capacidades humanas, su actividad depende en gran medida del nivel particular de la existencia en que opere. Puesto que el niño carece de las facultades desarrolladas necesarias para el ejercicio adecuado de la razón, se puede describir la infancia como el sueño de la razón52.

Las simples operaciones racionales de que dispone no van más allá de sus reacciones frente a su entorno inmediato, y no implican más que la experiencia de los sentidos. Se trata de la razón sensitiva, limitada a la relación entre la sensibilidad del niño y los objetos que le rodean. La única razón de la que somos capaces en nuestros primeros años consiste en conocer el empleo de nuestra fuerza, la relación de nuestro cuerpo con los objetos que nos rodean, el empleo de los instrumentos naturales que están a nuestro alcance y que se adecúan a nuestros órganos53.

La razón sensitiva se dirige principalmente al empleo de los pies, las manos y los ojos, que son los instrumentos de nuestra inteligencia. En una etapa posterior se convertirá en la razón intelectual, que comprende una forma de pensamiento más abstracta. La razón sensitiva consiste en la formación de ideas simples por medio de la combinación de sensaciones diversas y la razón intelectual cosiste en la formación de ideas complejas por la combinación de varias ideas simples54.

La percepción adecuada de las relaciones físicas es una preparación necesaria para la percepción de las relaciones de carácter donde interviene más la inteligencia. Sin embargo, puesto que el uso adecuado de la razón es inseparable del ejercicio de otras facultades, aquélla se desarrollará lentamente y sólo encontrará expresión total en una etapa posterior, cuando el individuo necesite establecer relaciones con otros hombre y basar su conducta en la reflexión y la conciencia, en lugar de un simple impulso. Aunque la utilización de la razón por el niño es obviamente muy inferior a la de los adultos, dado que está limitada a las cualidades sensibles y a sus relaciones con el entorno y la auto-preservación, juega un papel importante en su vida, ya que le ayuda a dar una expresión activa y significativa al comportamiento que, aunque animado por la fuerza de la libertad natural,

52 Cfr. Ibid.