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Cf Charles Landesman, «The New Dualism in the Philosophy of Mind» The Review of Metaphysics, 19 (1965).

In document Bernstein, Richard J.: Praxis y Acción (página 140-142)

o jota que mantiene la promesa de una ciencia de la conducta huma-

69 Cf Charles Landesman, «The New Dualism in the Philosophy of Mind» The Review of Metaphysics, 19 (1965).

hace cosas, y que a veces está realmente motivado por razones y no

por causas. No obstante abrigo la esperanza de hacer ver que el aprio-

rismo larvado en el análisis conceptual está tan injustificado como el

implídto en el análisis reductivo.

:11 podemos llevar esta cuestión á un terreno ligeramente diferente.

Fundidas con las afirmaciones y desmentidos sobre la reductibilidad

o irreductibilidad del concepto de acción, han coexistido dos falsas pinturas o modelos que han sido los responsables de gran parte de la

polémica. Del lado de los reduccionistas correosos, ha operado la sos-

pecha de que sus contrincantes maquinaban la resurrección de una especie de oscuro antropomorfismo subjetivista. Pero los antirreduc- cionistas han acusado a sus adversarios de rehuir las cuestiones difíciles y rehusar abrir sus ojos a la luminosidad de las distinciones reales y básicas. Los cultivadores de la psicología filosófica han escrito a veces como si la única alternativa para hacer ver la dicotomía lógica o con- ceptual entre dos estratos del lenguaje o dos esquemas conceptuales

es postular que el hombre debe ser concebido como no siendo más

que un mecanismo físico complejo. Pretendo poner en claro que am- bos --el antropomorfismo subjetivista y el mecanismo reduccionista- están justificados.

He afirmado más atrás que pueden apreciarse dos tendencias (in- elacionadas) principales en las críticas a lo que, la «primera gene-

iición» de cultivadores de la psicología filosófica afirmaban ser las verdades a priori y necesarias producidas por el análisis conceptual. La' primera tendencia ha constituido una seria problematización de las_dicotomías entre explicaciones racionales y explicaciones causales, acción y movimiento, hacer y suceder, y entre explicaciones y leyes mecánicas y teleológicas. Lo definitivo de esta línea de crítica no ha consistido en negar que haya importantes distinciones que sacar a la luz, sino en mostrar que estas distinciones no poseen la fuerza y la dureza tan cacareadas por ellos y, por tanto, gran número de conclu- siones filosóficas en ellas fundamentadas son altamente dudosas. Como las instancias críticas desarrolladas han sido extremadamente diversas y complejas, sería muy farragoso discutir todo este material 70.

Pero quiero echar una ojeada al segundo tipo de crítica más radical.

7°

Lo que sigue es una selección de muchos artículos que han criticado las afirmaciones más ambiciosas de los nuevos teleólogos: C. G. Hempel, «Rational Action», Proceedings and Addresses of the American Philosophical Association, 35 (1962); R. Hancock, «Interpersonal and Phisical Causation», Philosophical

Review, 71 (1962); R. Brandt y J. Kim, «Wants as Explanations of Actions», Journal of Philosophy, 60 (1963); B. Goldberg, «Can Desires be a Cause?», Analysis, 15 (1965); Charles Landesman, «The New Dualism in the Philosophy

of Mind», The Review of Metaphysics, 19 (1965); W. D. Gean, «Reason'and Causes», The Review of Metaphysics, 19 (1966); W.

P.

Alston, «Wants, Actions

284 Richard J. Bernstel':

La hipótesis del desplawimiento

La investigación del concepto de acción en la filosofía analítica estado ligada a un racimo de cuestiones mera filosóficas. En los prime, ros días de la filosofía analítica, las manifestaciones sobre la

naturall

za de la acción humana reflejaban el clima intelectual favorable -sj»

análisis reductivo como el método propio del análisis filosófico. En revuelta contra los excesos del análisis reductivo surgió un intento más renovador y flexible de análisis conceptual, para el cual el centlp de interés lo ocupaba el concepto de acción. Cité la explicación y de. fensa de Strawson del análisis conceptual donde mantiene que «si queremos entender el modo de vida habitual de un animal, debemos observar cuidadosamente su conducta en el entorno natural; no es bueno volver la espalda a su conducta real, construir un modelo mecí nico según el diseño de un ingeniero y estudiarlo» ". El punto de vise¡ de Strawson, compartido por muchos otros filósofos lingüistas, col siste en admitir la existencia de un núcleo básico de conceptos

prescindibles en nuestros hábitos de pensar acerca de nosotros mil y del mundo, y que la tarea de una metafísica descriptiva está , poner al descubierto la estructura de estos conceptos y categorías and Causal Explanation», en Intentionality, Minds and Perception, ed. por H. tañeda; W. P. Alston, «Do Actions have Causes?», y J. J. Thomson, 4c ments», en Proceedings of the Seventh Inter-American Congress of Philósóp

(Quebec, 1967); R. Macklin, «Doing and Happening», physics, 22 The Review of

(1968); Jerry A. Fodor, Psychological Explanation. Para una lite

más completa de material sobre la teoría de la acción ver la «Selected Bi graphy», en Reading: in the Theory of Action, ed. por N. Cate y C. Landes

El artículo de Donald Davidson «Action, Reasons and Causes», The Jour« of Philosophy (1963), que ha sido discutido extensamente, es representativo dé`

lo que he llamado «primera tendencia» crítica. En dicho artículo Davidson de acuerdo con mucho de lo que los analistas conceptuales han dicho acerca de estructura de nuestras «explicaciones racionales». Pero argumenta que dichas plicaciones no son compatibles con explicaciones causales, sino que, por el trario, representan un tipo de explicaciones causales, Su estrategia, sin embargo, consiste en argumentar que el «nuevo dualismo» ha malentendido la naturaleza de los enunciados causales. Cuando se entienden bien los enunciados causales —especialmente enunciados causales singulares-- entonces se puede apreciar arguye Davidson) que las «explicaciones racionales» o lo que él rotula «r lizaciones» son explicaciones causales. Una vez más, podemos darnos cuenta lit lo importante que es un análisis adecuado de los enunciados causales para controversias sobre el status de la acción.

Para una discusión crítica del artículo de Davidson, ver Robert J. Richmal, «Reasons and Causes», Australasian Journal o/ Philosophy, 47 (1969); Charles

Landesman, «Actions as Universal: An Inquiry into the Metaphysics of Action.,

American Philosophical Quarterly, 6 (1969); Joseph Margolis, «Reasons and

Causes», Dialogue, 8 (1969); Ruth Maklin, «Norm and Law in the Theory of

Action», Inquiry, 11 (1968).

71 «Construction and Analysis», en

The Revolution in Philosophy, p. 103..)

praxis y acción 285

sitos. Respecto al grado de éxito alcanzado en esa metafísica des- criptiva, apenas tiene sentido la pregunta de si las cosas son así en realidad, pues lo esencial de la metafísica descriptiva está en «acuñar los conceptos y categorías que en su aspecto más fundamental no cam- bian en absoluto» 72. -La defensa de Strawson parece altamente plau- sible. Cualesquiera que hayan sido los excesos de algunos de los expo- nentes del análisis conceptual, han tenido éxito en hacernos mucho más conscientes del carácter peculiar del modo habitual de pensar acerca de nosotros mismos y del mundo.

Recientemente, el programa global del análisis conceptual, en la medida en que presupone haber establecido verdades conceptuales y necesarias, ha sido puesto en cuestión de la manera más radical. Se ha desarrollado una crítica que conlleva consecuencias significativas para evaluar el programa del análisis conceptual y, más en general, para entender la tarea filosófica.

Dicho breve y tajantemente, los paladines de la hipótesis del des- plazamiento no problematizan la posibilidad de que mediante el aná- lisis conceptual seamos capaces de aislar «categorías y conceptos que, en sus aspectos básicos», sean centrales en nuestro modo habitual de describirnos, explicarnos y entendernos a nosotros mismos y al mun- do. Tampoco cuestionan el que este esquema conceptual pueda ser incompatible y por lo mismo irreductible a esquemas científicos. A pesar de ello sostienen que el esquema conceptual según el- que refle- xionamos actualmente sobre nosotros mismos y sobre los demás como agentes puede ser desplazado por un esquema científico radicalmente diferente: En consecuencia, la imagen del hombre que surge del aná- lisis conceptual de nuestro modo ordinario de hablar y pensar es una imagen falsa. No nos revela cómo son las cosas en realidad o qué clase de criatura es verdaderamente el hombre. Si estos críticos están en lo cierto, lo de menos es el grado de éxito o de refinamiento con que se haya llevado a cabo el análisis conceptual, pues en el mejor de los casos lo que muestra son nuestras (humanas) creencias acerca de cómo son las cosas. La metafísica descriptiva mediante el análisis concep- tual —en la medida en que intenta una descripción de cómo son las cosas— es una empresa trivial. Para usar una vieja terminología, el análisis conceptual es una lógica de la apariencia, no de la realidad. El más pugnaz y polémico de los defensores de la hipótesis del desplaza- miento es Paul Feyerabend, quien reconoce apoyarse en ideas sugeri- das por Karl Popper. Wilfrid Sellars y Richard Rorty han desarrollado explicaciones y defensas más refinadas de la hipótesis en cuestión y J. J. C. Smart es un reciente converso a estos puntos de vista. Algu-

.

72 Individuals, p. 10.

fi

286 Richard J. Bemstein

nas observaciones de Charles Taylor permiten clasificarle a él también en este grupo de filósofos, aunque difiere en determinados aspectos esenciales 73

.

Hice más atrás la observación de que el análisis conceptual con todos sus tonos revolucionarios mantiene una semejanza profunda con',

algunas de las aportaciones tradicionales de la filosofía. Un rasgo per- sistente en filosofía, representado muy notablemente por Aristóteles y Kant, ha sido la búsqueda y explicación de nuestros conceptos y 1 categorías básicos. Salvando las diferencias de método, estilo y conte- nido entre el análisis conceptual anglo-sajón y la fenomenología con- tinental, ambos movimientos comparten la aspiración de poner al - desnudo los hábitos básicos según los que el hombre piensa acerca de sí mismo y del mundo. Todos estos intentos se han centrado en lo que Sellars denomina la «imagen común» del hombre en el mundo. Pero 4. ellos van más lejos al aceptar dicha imagen como la verdadera imagen de lo que el hombre es realmente, o (en el caso de Kant) de lo que el hombre puede legítimamente esperar conocer sobre sí mismo ". Sin embargo, los teóricos del desplazamiento se están preguntando si esta aproximación puede revelarnos las cosas como son. Según ellos la imagen común del hombre es una imagen falsa del hombre en el mun- do. Con ello están cuestionando lo que ha sido uno de los rasgos más perennes en la historia de la filosofía, un rasgo acusado también en las diversas variantes de la filosofía contemporánea. Pero su crítica va aún más allá. Se trata de su supuesto común a los analistas reduc- tivos, a los analistas conceptuales, y a críticos tales como Davidson. Todos estos filósofos han admitido la presuposición de que gran parte04 de los enunciados que hacemos ordinariamente acerca de nosotros

In document Bernstein, Richard J.: Praxis y Acción (página 140-142)

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