CAPÍTULO 5: ASPECTOS GENERALES DEL ÁREA DE ESTUDIO EN RELACIÓN
5.3 Chile
Los vinos chilenos son respetados y consumidos en todo el mundo. En todo el país es posible percibir la cultura de la vid y del vino. Los parrales se distribuyen entre la Cordillera de los Andes y el Océano Pacífico, límites naturales que delimitan el paisaje del país. Chile constituye un polo de atracción para la actividad turística por contener, a lo largo de su geografía, áreas naturales de gran importancia como por ejemplo el desierto de Atacama, al norte y la Patagonia Chilena, al sur. Nahrwold (2014 p.15) sostiene que: “Estas potentes barreras geográficas, que marcan de manera natural los límites del Chile actual, han sido claves para preservar las condiciones naturales de su territorio, considerado como un verdadero paraíso para el cultivo de la vid y la elaboración de vinos de alta calidad.”
Los autores Zamora y Bravo, 2005 (en: Zamora y Barril, 2007) afirman que “el vino es un producto emblemático que concita cada vez mayor interés y, sin duda los medios de comunicación han contribuido a ello, aunque paradójicamente, su consumo ha disminuido tanto en Chile como en los países que son los mayores productores.” Así mismo es la bebida de mayor importancia para el país.
127 La producción vitivinícola de Chile se inicia en el siglo XVI, a partir de la implantación de las primeras vides procedentes de España. Nahrwold (2014, p. 15) en relación con esta etapa inicial de la producción de vides en Chile dice lo siguiente: “Sus albores se ubican en el siglo XVI, cuando de la mano de los conquistadores españoles, llegaron a su territorio las primeras parras, las que encontraron aquí un benigno clima mediterráneo, de estaciones bien marcadas y con una buena amplitud térmica entre el día y la noche.” Más adelante en su relato la misma autora, en la página 21 de su obra, afirma que: “Lo que se sabe con certeza es que, en 1548, el Sacerdote Francisco de Carabantes introdujo en los alrededores da la ciudad de Concepción una variedad tinta, algo rústica y productiva, posiblemente originaria de las islas Canarias y que acá se conocería como cepa país o criolla”.
A finales del siglo XVI el país contaba con una significativa cantidad de viñedos y los productores chilenos exportaban su producción al resto de las colonias españolas, a Perú y además, atendían la demanda del mercado interno. Los alrededores de Santiago y las regiones de Concepción y Calquenes eran las regiones con cultivo de viñas y viñedos (Nahrwold, 2014). Con la emancipación del país frente a la corona española en 1818 el desarrollo de la vitivinicultura fue notable. Fueron realizadas inversiones en otras áreas del país para aumentar el territorio vitivinícola, principalmente relacionados con la captación y distribución del agua para regadío. “Hacia mediados del siglo XIX los viñedos se multiplican en la zona central…” “…importan finas cepas francesas y alemanas, como cabernet sauvignon, merlot, cot, pinot noir, sauvignonaise, semillon, riesling y gewurztraminer, para sustituir las variedades que habían plantado los conquistadores españoles.” (Nahrwold, 2014 p.23). Otro factor destacado en esta época fue el inicio de la construcción de ramales ferroviarios que más tarde serían un importante elemento dinamizador del desarrollo de la vitivinicultura del país. Son contratados, por algunos empresarios, enólogos europeos y equipos modernos con la finalidad de producir vinos de calidad superior. Estos factores fueron significativos y constituyen una estrategia importante hasta la actualidad para garantizar la calidad del vino chileno y su reconocimiento mundial. A fines del siglo XIX una enfermedad devastó los viñedos europeos, las castas principales de los mejores vinos del mundo. En Chile, por sus características físicas, los viñedos no fueron contaminados preservando así la producción de vinos del mundo, ante la extinción de algunas especies. “Para los nuevos empresarios vitivinícolas el país a imitar era naturalmente Francia. En sus propiedades agrícolas construyeron mansiones al estilo de los Chateaux franceses, rodeadas de hermosos parques, y edificaron grandes bodegas de cal y canto y ladrillo que todavía son utilizadas para la guarda de vinos en algunas bodegas de gran tradición.” (Nahrwold, 2014 p.24). Las construcciones datan de una época de gran bonanza económica en el país en función de la actividad minera. “Este auge hizo posible que algunos sectores de la burguesía mejoraran su
128 situación económica y asimilaran al grupo social dominante y más tradicional, en cuyo estilo de vida el vino, como parte de la gastronomía, siempre tuvo un rol importante” (Nahrwold, 2014 p.24). En la actualidad estos espacios son adecuados, en algunas bodegas, a actividades para turistas y visitantes.
“A comienzos de 1900, en Chile había unas 40.000 hectáreas de viñedos. De las plantaciones que se extendían entre Aconcagua y Talca, dos tercios contaban con riego.” (Nahrwold, 2014 p.24). La llegada de inmigrantes europeos proporcionó un conocimiento de técnicas de producción que favorecieron a la calidad de los vinos y los procesos productivos. Surgen, en este contexto, bodegas con más tecnología para los viñedos y para la producción. Al mismo tiempo, la intervención estatal se hace presente creando la Viña Escuela de la Quinta Normal de Santiago como estrategia para la cualificación del personal involucrado en la producción.
El vertiginoso crecimiento es puesto a prueba cuando el gobierno lanza la primera Ley de Alcoholes que limita el consumo y también la producción de vinos. Empieza entonces el declive de la producción. En 1939, es promulgada una nueva ley de alcoholes que imponía mayores restricciones prohibiendo las inversiones en nuevos viñedos, limitando aún más la producción e incentivando la creación de cooperativas vitivinícolas. Esta ley fue anterior a la primera Guerra mundial y derivó en una crisis de la vitivinicultura chilena.
El gobierno, pasadas las crisis mundiales, promueve la reforma agraria chilena. Son consideradas en este proceso la sociedad de la vid y del vino y sus dimensiones sociales y económicas. En la década de los 80’ dos aspectos son fundamentales para la actividad de la producción de vides y vinos en Chile. La crisis económica que asola el país hace con que los empresarios, con la finalidad de obtener más lucro, cambian parte de los viñedos del país y los remplazan por vides de mesa. Estas parras tienen un valor comercial mayor dado que pueden ser vendidas también para ser consumidas como fruta. Otro aspecto importante son las inversiones extranjeras orientadas a la producción de vinos de calidad. Los extranjeros llegan acompañados de técnicas y estructuras modernas que potencializan la producción y cambian la manera tradicional de producción. La orientación del capital externo genera los mismos impactos que en Argentina y en Brasil.
Este proceso fomenta el surgimiento de las bodegas Boutique, un nuevo modelo de vitivinicultura asociado al territorio donde el vino es producido. Para Zamora y Barril (2007), las bodegas Boutique mantienen una relación más cercana con las localidades, los procesos productivos y con el desarrollo del “terroir” que mantiene la estrategia de denominaciones de origen para sostener la cultura de la vid y del vino y además, propiciar la comercialización directa de estos. Las
129 bodegas Boutique surgen en la década de 90. El turismo de vinos en estos momentos tiene gran importancia y surge tanto en las bodegas boutique como en las bodegas tradicionales. Surgen las rutas del vino en el país como una estrategia de fomento al turismo de vinos de forma planificada y con acuerdos productivos que involucran a los gobiernos, a los empresarios y productores y a la sociedad civil organizada. Kunc, en el año 2008, expone sobre el enoturismo en Chile y afirma que: “The Chilean wineries are doing strong efforts supported by the government to establish more direct marketing channels like wine routes, tasting rooms and restaurants. However, the environment is still difficult for developing wine tourism because there is not a local culture valuing wine regions in their purchasing behavior and international promotion activities do not promote wine regions or even the country.60”(Kunc, 2008 p.10). El enoturismo en Chile es una actividad importante y necesita aportes, intervenciones e inversiones para su pleno desarrollo. La figura 10 muestra la delimitación de las áreas de estudio consideradas en Chile y también la localización de las bodegas involucradas en la investigación.
Figura 10: Mapa de las regiones de estudio consideradas en Chile y localización de las bodegas relevadas.
Para acceder a las dos regiones de estudio en Chile existe una red federal de carreteras y diversas estructuras aeroportuarias tal como se presenta en la figura 11. El mapa expone una densa red de carreteras y aeropuertos. Solamente el aeropuerto de Santiago, en el Valle Maipo, recibe vuelos
60 Las bodegas chilenas están haciendo grandes esfuerzos con el apoyo del gobierno para establecer
canales de comercialización más directos, como rutas del vino, salas de degustación y restaurantes. Sin embargo, el ambiente sigue siendo complejo para el desarrollo del enoturismo porque no existe una cultura local que valore las regiones vinícolas y además, las actividades de promoción a nivel nacional e internacional no promueven las regiones vinícolas del país.
130 internacionales y nacionales con ingreso de aviones de gran porte. El resto de las aeroestaciones reciben vuelos domésticos efectuados con pequeñas aeronaves.
Figura 11: Mapa de la red de vial y localización de aeropuertos en las regiones de estudio consideradas en Chile.
En relación con la disponibilidad de agua, la figura Nº12 muestra la existencia de un gran potencial hídrico en ambas áreas de estudio. Esta densidad de drenaje constituye un factor que beneficia y favorece la producción vitivinícola y, al mismo tiempo, sugiere la posibilidad de complementar el enoturismo con otras actividades turísticas.
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