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La “Cholita” y el “Niño Ernesto”: pobreza y asma

Se observa en estas “incursiones” por el tratamiento que tiene la prensa gráfica acerca de la vida que tuvieron de niños Eva y El Che. Por un lado la niñez de ella que es re-velada a su público lector re-marcando su condición de “hija natural”. En los textos se aclara que Eva fue la hermana menor de los cinco hijos que su madre, que su madre Juana Ibarguren había tenido con Juan Duarte, un hombre que estaba casado y tenía otra familia, considerada “legítima” para la época, (año 1919), en Chivilcoy un pueblo en el interior de la provincia de Buenos Aires. Se cuenta que ella a diferencia de sus otros hermanos, no fue reconocida legalmente por su padre, y algunos escritores afirman que “Duarte rompió con Doña Juana, antes del nacimiento de Eva, por lo que Eva no será reconocida por su padre como lo fueron sus hermanos; parece que Duarte duda de su paternidad (Enkvist, I., 2009: 22).

La narración remarca la historia del nacimiento de Eva Duarte signado por características de pobreza, sufrimiento y desigualdad social.

Figura 14. Artista en ciernes.

Eva, con dos años (a la derecha), posa junto a sus hermanos para el carnaval. Los Toldos. Circa 1921. Archivo Familia Duarte Álvarez Rodríguez.

Diario Clarín. Suplemento Especial. 22-07-2012:06. Impreso.

En un tono melodramático el narrador resalta con letras en negritas la cuestión, para hacer “ver” la vida de Evita, para hacer “sentir” esas emociones vividas actuando casi como un intermediario entre “esa” vida narrada y las propias sensibilidades de los lectores. Y hablar de lo que dicen los diarios es hablar también de géneros y es hablar también de enunciación, porque los géneros son herramientas fundamentales tanto en la relación entre medios, como en el proceso de construcción de sentido de las noticias.

Nos interesaremos en este punto, en esta cuestión del género, ya que el mismo, está re-presentando una forma básica para que los lectores desarrollen expectativas, sentimientos y posturas frente a esta serie de narraciones acerca de la “vida de” -en este caso referidas a la “in-feliz” infancia de Evita. Notamos una propuesta textual

de los propios medios que relacionan y re-fuerzan de manera inminente y especial - por ejemplo a Eva Duarte- como esa “pobre” niña, no reconocida por su padre, con una infancia “menesterosa”, viendo a su madre trabajar “incansablemente”, etc. a través de frases de que formulan excesivas emociones, escandalosas verosimilitudes, pasiones exorbitantes y profundas añoranzas. Al respecto García señala:

“Las formas del enunciado median nuestro pensamiento y comprensión, y la forma tipificada de la totalidad (de la obra) es el género: “La conciencia humana posee todo un repertorio de géneros interiores para la visión y la comprensión de la realidad. Así, una conciencia puede ser más rica en géneros, otra más pobre, de acuerdo con el medio ideológico en que una conciencia determinada se desenvuelve. El tipo de la totalidad del género está determinado por las particularidades de la doble orientación del género: hacia los sujetos y condiciones de la comunicación (los receptores, las condiciones de percepción y ejecución); y hacia la vida, mediante su contenido temático.” (García, 2004: 92)

Diario Clarín. Suplemento Especial. 22/07/2012-06. Impreso.

EVITA NIÑA Y ADOLESCENTE La marca de la pobreza…

Y de rebeldía

Nacida en Los Toldos como hija natural de un hacendado, Eva creció viendo a su madre trabajar como costurera. Inquieta, le gustaba disfrazarse y actuar. Y muy pronto la conmovió descubrir las desigualdades sociales.

Una máquina de coser, pero mucho más el esfuerzo de su madre en pedalearla hasta la madrugada para sostener sola el hogar, son las imágenes de su infancia que le quedaron grabadas a fuego.

En La Razón de mi vida, (…) Evita evoca ese tiempo en que todo comenzó: “De cada edad guardo el recuerdo de alguna injusticia que me sublevó desgarrándome

íntimamente”.

“Recuerdo muy bien que estuve muchos días triste cuando me enteré de que en el mundo había pobres y había ricos”.

Fue anotada como María Eva Ibarguren, en una partida de nacimiento donde figuraba como “hija natural” de Juana Ibarguren, sin mención al papá.

Evita de niña se divertía. Pero a los 11 años algo le sucedió. O mejor dicho, abrió sus ojos a lo que le ocurría a los demás: “Oí por primera vez de labios de un

hombre de trabajo que había pobres porque los ricos eran demasiado ricos; y

En el tratamiento periodístico acerca de la infancia del Che, sucede algo similar, la acentuación narrativa apela a sensibilizar al lector con la estrategia de puntualizar en la descripción de la enfermedad respiratoria que padecía el Che, se hace hincapié de manera melodramática y trágica en cómo el asma y las sucesivas mudanzas, lo convierten en un hombre que no tuvo “raíces”, en una persona de mirada “helada”, en un futuro médico, que elige esta profesión, “ …quizás para encontrar la píldora mágica contra el asma”. El relato se encarga de exponer una historia de vida de alguien que tiene tal o cual patología, pero que es narrada como una tragedia y como el sello o “marca” de un destino, al decir de los periodistas: “indómito”.

Diario Clarín. Suplemento Especial. 07 de octubre de 2012 -04. Impreso.

SUS PRIMEROS AÑOS.

Infancia nómada, juventud inquieta y el oxígeno escaso.

Nació en Rosario, se refugió del asma en las sierras de Córdoba y quiso se médico para curar los avatares de su indómita respiración.

El nacimiento de Ernesto Guevara en 1928 marca el comienzo de una vida

abrupta, movediza, viajera, fotogénica, sin oxígeno, violenta, implacable, mitológica, cruel.

A los dos años sus bronquios se obstruyen, la respiración se hace brava, y la

búsqueda de una cura para el asma obliga a su familia a trasladarse a Córdoba,

en busca de aire puro. Once mudanzas se acumulan, no hay raíces, el paisaje es movimiento y él corre, juega, monta un burrito en Alta Gracia… (…).

Empieza tarde la escuela, (…) por sus problemas de salud. Lleva lápices, cuadernos y un broncodilatador (…)

La agitación de su pecho tiene un costado bueno: los días postrados lo convierten en incesante lector, en ajedrecista de mirada helada, (…) un escurridizo escapista

Figura 15. Dedos de chupete.

Aquí comienza una vida de 39 años con destino de leyenda. De bebé, en Rosario, en 1928.

Diario Clarín. Suplemento Especial. 07-10-2012:04. Impreso.

El asma -narra el texto-: marcó de una u otra manera su infancia, sus juegos de niño, las relaciones con su entorno, las mudanzas, la elección de su carrera universitaria y la de su especialización como médico precisamente en la patología que lo afectaba: alergias: “El joven Doctor Guevara se especializa en alergias, como esas que lo tienen a mal traer. ¿Cuánto aire juntará sus pulmones? ¿Cuánta nafta tendrá su tanque para sus deseos de salir al mundo?” (Diario Clarín. Suplemento Especial 2012 –04).

Se observa cierta similitud en la descripción que se realiza de Eva Duarte y Ernesto Guevara, cuando los periodistas refieren a que, ya en la infancia -de ambos- se generaron sentimientos de compasión hacia los más desposeídos y experiencias sensibilizadoras ante el padecimiento, sufrimiento y desigualdades entre pobres y ricos. Y en un “disimulado” ó “escondido” deseo (no lo sabemos) de que ambas

figuras se “parezcan” entre sí, los autores del suplemento relatan: “En su casa donde los chicos toman la merienda, después del fútbol, Ernesto se conmueve al escuchar historias de supervivencia de sus amigos más pobres, que a veces no tienen para comer” (Suplemento Especial Diario Clarín, 07/10/12 –04). No es exclusividad de este suplemento “alimentar” la idea de similitudes entre Evita y el Che, artistas, cineastas, guionista y escritores lo han hecho, Juan Pablo Feinmann73, por ejemplo, escribe que aun cuando provienen de clases opuestas, o de que son un hombre y una mujer, Eva y el Che se asemejan, entre otras cosas porque: ambos unen sus destinos a la causa de los oprimidos, y los caracteriza como: “dos destinos sudamericanos”:

Diario Página 12. Radar.12/121999. Impreso.

El destino es el momento de unión entre el mundo de la civilización y el de la barbarie. Eva y el Che Guevara son elementos bárbaros del país: las clases altas nunca los pudieron integrar. El Che era la barbarie de izquierda y Evita era, para la oligarquía, la barbarie fascista. En verdad, Eva actuaba desde una barbarie populista, el sexo entendido como el componente de la mujer que irrumpía en la política. Y el Che, como una barbarie que surge desde el seno de la civilización y se vuelve contra ella. Por eso los veo como dos destinos sudamericanos.74

Eva Duarte y Ernesto Guevara, desde sus intensas vidas, trágicos finales, en cada aniversario de la conmemoración de sus muertes y quien sabe cuánto tiempo más, tienen por lo que se puede observar un extenso, variado y prolífico “destino literario” en las “plumas” de la prensa gráfica argentina.