Rasgos del discurso capitalista
49 Cierto, el público solo puede alcanzarse a través
de los medios. La “sociedad global” carece de acti- tud, como tampoco es seguro que los “medios” o “la prensa” estén en condiciones de adoptar una postura. En la actualidad, como el público debe aceptar los nuevos medios electrónicos a fin de sufragar el gasto enorme de los inventores y propietarios, apelar a los legisladores es tan fútil como apelar a la responsabili- dad de periodistas y editores.
Habría que partir, más bien, desde abajo. Se podría intentar:
1)Crear público con medios alternativos que no funcionen con criterios comerciales, y denunciar los intereses de la industria medial.
2)Realizar un trabajo de ilustración en las escuelas, establecer el estudio de los medios como asignatura. 3)Fomentar la competencia comunicativa. No basta
con ser un receptor “crítico”. Hay que ser cons- ciente del papel que uno juega en el proceso de la comunicación de masas y de las posibilidades que tiene para articular, expresar y satisfacer las múlti- ples y variadas necesidades.
La reflexión sobre el futuro del periodismo no debe olvidar su origen ni sus características profesionales: los periodistas investigan, producen y publican bajo las condiciones materiales existentes. Las nuevas tecnologías aumentan la fascinación por lo lúdico cuando se dominan las viejas artes de la investiga- ción, la formulación y la publicación. Uno no se las puede arreglar sin alfabeto, sin el dominio de la confi- guración artesanal y sin la fantasía propia.
Descubrir las contradicciones, analizarlas y comen- tarlas sigue siendo el gran cometido. La receta consiste
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en mantener la debida distancia ante los temas y el compromiso con el público, esto es, con el pueblo.
Si la capacidad diferenciadora de los grandes medios y de la comunicación institucional, académi- ca, no puede o no quiere plantearse preguntas en el sentido ilustrador aquí expuesto, la inteligencia huma- na tiene que utilizar otros medios para hacerlas. La magnitud decisiva es siempre la sociedad polifacética de la población, el mundo multicolor de los movimien- tos populares, de los lectores y no lectores, negros y rojos, hombres y mujeres, etc.
Si la comunicación organizada de los grandes medios periódicos y de las instituciones no indagan los conflictos ni se los cuestionan, éstos estallarán de una manera o de otra. Los medios de comunicación son útiles mientras verbalicen los conflictos latentes antes de que empiecen a volar las piedras y la fuerza bruta desplace a la dialéctica de pregunta y respuesta.
Plantear ahora preguntas incómodas, provocado- ras, significa hallar las respuestas de mañana. Omitir- las equivale a no cumplir debidamente la profesión de comunicador o de formador de comunicadores.
Segunda Parte
La intoxicación lingüística
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1. Concepto
En los vestíbulos de las grandes estaciones, en los aeropuertos, en las plazas y centros urbanos, es fácil encontrar la palabra información o el ícono i. Colocada en letras bien visibles señala el mostrador o la oficina donde se puede averiguar toda clase de cosas que en ese momento tienen importancia práctica: horarios de trenes y autobuses, direcciones y planos urbanos, hote- les, programas de actividades culturales, etc.
Cuando se enciende el televisor o la radio, se abre una página del periódico, oímos o leemos las noticias sobre los últimos acontecimientos nacionales e interna- cionales. Como no los hemos vivido personalmente, hay que creerse, de momento, lo que cuentan. Casi siempre estas noticias van acompañadas de un comentario, una valoración, esto es, una opinión. Todo esto se denomina igualmente información. Por eso se dice que el cometi- do de los periodistas es informar.
Cuando una autoridad política nacional llega a un pueblo, firma en el libro de visitas ilustres del Ayun- tamiento, es saludada por las autoridades locales, por representantes de los gremios, inaugura la última obra pública, etc. Esa autoridad dice que quiere conocer la situación económica del lugar, dónde le aprieta el zapa- to a la gente y cosas por el estilo. En estos casos se dice también que esa autoridad se informa, es decir, se pone al corriente de las cuestiones prácticas que pueden ser significativas para el desempeño de su función pública.
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Lo mismo podría decirse de la información policial, judicial, bancaria, etc.
En estos casos el vocablo información tiene un significado corriente, actual, para quien lo oye. Infor- mación es, pues, una comunicación actual y práctica sobre cosas cuyo conocimiento es relevante, útil.
Pero hoy día se difunde otro concepto de informa- ción. Desde hace unos decenios también hablan de información físicos, fisiólogos, matemáticos y técni- cos. Aunque la persona no iniciada carece de una idea clara de su significado. Solo sabe que tiene algo que ver con la transmisión de noticias en sentido técnico, con el teléfono, la radiodifusión o, recientemente, con el mundo de los ordenadores personales.
Pero este concepto de información se deriva del significado corriente. Solo que a los científicos y técni- cos les gusta definir arbitrariamente palabras para su uso específico. Parece como si el término fuese producto de esta época marcada por la técnica y el negocio lucrativo.
Ahora bien, si consultamos un diccionario de latín clásico, nos llevaremos una gran sorpresa. Los anti- guos romanos conocían bien el sustantivo informatio. Derivado del verbo informare, la palabra se compone de in y forma, y significa formar, dar forma a algo. Así que información significa ni más ni menos que forma- ción, configuración.
Este es su sentido literal. En sentido figurado signi- fica educación, esto es, formación como proceso de enseñanza, de explicación y aclaración, y como resulta- do (formación adquirida).
Este es el sentido cotidiano más frecuente de infor- mación si tenemos en cuenta que comunicado y noticia tienen un significado próximo a exposición, explicación.
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