CAPÍTULO III. “NO HUMANOS CANÍBALES” Y EL MITO DE LOS “AUCAS”:
4. Circulación de alimento y objetos
“Como darte una escopeta, así nosotros antes nos dábamos nuestras bodoqueras. Bodoquera es la escopeta de los waorani. Bodoqueras se da a la familia, a alguien muy querido. A veces uno daba bodoquera, otros daban muchas lanzas. A veces uno daba nomás”(Guieme, Keweiriono, 2009). Una vez revisadas las prácticas productivas que los grupos waorani llevaban a cabo a la época del contacto, es necesario analizar cómo el producto de estas actividades, circulaba alrededor de la sociedad. Para explicar esta situación se trabajará con dos nociones: la “reciprocidad generalizada” y la idea de abundancia.
4.1 Reciprocidad Generalizada e Identidad Étnica
La cacería, recolección y horticultura; fluían en los nanicabos y grupos
huaomoni; entorno a ciertas formas de reciprocidad o intercambio. A nivel interno de los grupos huaomoni, la que más resaltaba en el momento que se está analizando, es la reciprocidad generalizada, entendida en términos de Sahlins (1977).
Este concepto, se refiere a la situación concreta, donde el aspecto material de las transacciones, está reprimido por el social: “el reconocimiento de las deudas no puede ser expresado abiertamente y, por lo general, se lo deja a un lado” (Ibíd.; 212). Esto no quiere decir que entregar cosas a otra persona no haya generado una contraobligación, pero si se refiere a que esta no era estipulada por tiempo, cantidad o calidad, es decir, la expectativa de reciprocidad era indefinida. El hecho de devolver no dependería solamente de lo que el dador entregó, sino también de lo que este puede necesitar y del momento en que lo necesite, y también de la capacidad que el receptor
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tenga para devolver, tanto en el tiempo como en relación a las cosas que pueda ofrecer.
Dentro de la organización social waorani, este factor parece haber sido el predominante. Los nanicabos, estaban unidos por redes de reciprocidad que también se extendían a los grupos huaomoni; de tal forma que, la acción de compartir implicaba una práctica estructurante de la relación social. Los grupos huaomoni se definían en su capacidad de compartir, ya sea tiempo juntos, productos para alimentación, apoyo y/o protección. Si bien la vida cotidiana era una expresión de esta práctica; la reciprocidad resaltaba en el espacio de la fiesta.
La fiesta, para los waorani, implicaba un momento de gran importancia ya que allí se constituían los matrimonios y si había varios invitados, denotaba un tiempo de paz y bienestar (Rival; 1996). En caso de matrimonio, el hombre debía conseguir monos chorongos u otro tipo de carne de cacería, y la mujer debía preparar chicha para los invitados. Para un número amplio de invitados, y dado que muchas veces los matrimonios eran concertados en ese momento, si no había posibilidad de organizarlos con tiempo; era necesario que los integrantes de las familias cercanas colaboraran de una u otra forma.
Se pone de relieve que la reciprocidad generalizada va más allá de un mero hecho de intercambiar objetos o de comer juntos el alimento compartido. Como señala Rival (1996; 223), la reciprocidad no se puede enfocar en la esfera de circulación de bienes, sino que es un sistema total de prácticas sociales que constituyen las bases de una residencia continua.
Ya sea que una madre acompañe a su hija a la chacra y ofrezca su fuerza de trabajo, o que un tío llevé por primera vez a su sobrino de cacería, y comparta su conocimiento; que un cazador ofrezca a todo el nanicabo la carne de muchos monos, proveyendo de proteínas; o que alguien prepare una hamaca y se la ofrezca a un pariente, transmitiendo mano de obra; todas estas actividades permitían y permiten la reproducción del grupo como tal y cuidan de las relaciones entre sus integrantes.
Como señala Calderón (1998), el hecho de compartir no se centra en que los artículos materiales sean consumidos internamente, sino que el centro es que sean compartidos. La autora pone relieve también que a medida que las relaciones se
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tornan más complejas, los bienes materiales circulan más, y el resultado final es una compleja red de espacios sociales (Ibíd.; 19).
A partir de lo anterior se puede precisar algunas de las funciones de la reciprocidad generalizada dentro de los nanicabos y grupos huaomoni:
Promueve ciertos factores estructurantes del grupo al crear una red de espacios sociales.
Ayuda a fomentar la unión del grupo, la amistad interna y la continuidad de las tradiciones waorani.
Tiene profunda relación con la idea de abundancia por parte de los miembros del nanicabo.
Desde el estudio de la identidad, la reciprocidad generalizada marca también una primera frontera en relación al otro, que se resume en la pregunta: ¿con quiénes comparto? Kiwa, habitante de Gareno lo presenta así:
“Principalmente se comparte con la familia, dentro de la familia. En el trabajo comparten entre la familia. Luego, los abuelos cazaban y les mantienen. Yo no conozco la gente de afuera y los vecinos están un poco más lejanos, entonces yo comparto mayormente con la familia” (Kiwa, Gareno, 2009).
Este testimonio contemporáneo, muestra la prioridad de la familia más cercana o nanicabo, y también pone de manifiesto el sustento de los abuelos para las familias. La figura del anciano, en relación a sus hijos y nietos, da la idea del grupo huaomoni. Sin embargo, para la época anterior al contacto, la visión sobre los agentes externos, podría haber variado. El “yo no conozco a la gente de afuera”, habría variado por el “yo combato y les huyo a la gente de afuera”. El “están un poco alejados” del testimonio, hubiera cambiado por el “yo me mantengo alejado y los mantengo alejados”. Se vislumbra que compartir alimentos se circunscribía exclusivamente al nanicabo o grupo huaomoni.
A partir de las prácticas de reciprocidad generalizada en el grupo waorani , se observa una dinámica que Cardoso de Oliveira(2007) conceptualiza como “identidad contrastante”. Este concepto, implica principalmente la afirmación del nosotros frente a los otros. A pesar del alto grado de hostilidad de los grupos huaomoni con actores externos, no se puede pensar su construcción identitaria sin estos últimos. Como sigue el autor, “cuando un grupo o persona se definen como tales, lo hacen
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como medio de diferenciación en relación con algún grupo o persona a los cuales se enfrentan” (Ibíd.; 54).
La identidad waorani, hasta la época del contacto se definía como “gente real”, concepto que se opone al de “kowore” o “no humano caníbal”, con el que se referían a todo aquel que no hablase el idioma waoterero. Con los “kowore”, estaba imposibilitada cualquier forma de reciprocidad y eran considerados depredadores de los waorani. Sin embargo, desde la época del caucho, muchos waorani robaban instrumentos como machetes y hachas, durante incursiones a comunidades kichwas, haciendas caucheras y posteriormente empresas petroleras.
“Las incursiones a territorios kowore se daban principalmente para robar mujeres, machetes entre otras herramientas que ayuden al trabajo agrícola, que tradicionalmente se hacía con piedra” (Diario de campo, Keweiriono, 2009). “Había muchas luchas entre los waorani y los kowore para conseguir machetes y para repeler ataques de gente que llegaba a matar” (Beba y Dabo, Keweiriono, 2009).
“Nuestros papás no sabían cómo usar las escopetas, entonces las robaban y luego las fundían para hacer machetes” (Eweme, Keweiriono, 2009).
Los anteriores testimonios e información recogida en el trabajo de campo, ponen de manifiesto que no existía una forma de intercambio, por lo tanto no había prácticas de reciprocidad entre waorani y actores externos, y que la provisión y abastecimiento de productos y artefactos externos se hacían bajo formas de robo y violencia. En este sentido, los waorani construían su identidad frente a la oposición clara, que incluía la imposibilidad de negociación con los kowore. De los testimonios de los ancianos en la comunidad de Keweiriono (2009), los waorani que abandonaban el grupo huaomoni, eran considerados muertos.
Una vez más, el rol de los hombres como guerreros es un elemento de fundamental importancia en la construcción identitaria de los hombres waorani, ya que permite el aprovisionamiento de objetos que no son fabricados por los waorani y es el agente activo del cuidado del territorio donde se produce la reciprocidad generalizada y se repele el peligro. Ser un buen cazador y guerrero era una característica que un hombre waorani por lo general tenía, aunque no estaba obligado. Rival (2000), da pistas de la crianza de los niños waorani para que puedan adquirir las destrezas mencionadas:
“A los niños pequeños se les alienta para que les guste pasar tiempo solos, separados del cuerpo de su protector/a, y para que exploren su entorno…Nada es
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más halagador para un padre huaorani que la decisión de un niño o niña de tres años de unirse a una expedición de recolección de alimentos. El infante, cuyos pasos por los senderos son cuidadosamente orientados de manera que evite las espinas y los insectos reptantes, es elogiado por cargar su propio oto (canasta hecha de una sola hoja de palmera y tejida rápidamente en el camino), y por traerlo de regreso a la maloca repleto de comida para ‘regalar’; es decir, para compartir lo suyo con los demás residentes… Los padres no ‘enseñan’ sino que alientan a los niños para que crezcan, maduren y participen en las actividades productivas. Y es, justamente, por medio de la plena participación en las relaciones sociales que implican compartir, que los niños aprenden destrezas para la subsistencia, al mismo tiempo que incrementan su conocimiento sobre las plantas y los animales” (Ibíd.; 327, 328).
En este punto, se pone de manifiesto la socialización de los niños waorani, en un contexto de libertad de aprendizaje, fenómeno que ya ha sido tratado. Resalta también, la relevancia que dan los padres al hecho de que un niño pueda compartir con los demás residentes del nanicabo, siendo este celebrado por padres y personas afines. Es así que la identidad en los hombres y las mujeres, se iba formando en función de la idea de reciprocidad generalizada para con el grupo. En consecuencia, la reciprocidad generalizada, cobra uno de los lugares centrales en el sistema de relaciones intergrupales, culturalmente definidas por los waorani.
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CAPÍTULO IV. LAS MISIONES Y LA COMUNIDAD DE DIOS: Primer contacto pacífico e