GRAMÁTICA SUSTANTIVO
CIUDADES DE HISPANIA
En la ciudad hispana de Tarraco, hoy Tarragona, fundada por Publio Cornelio Escipión, en el año 218 a. C., durante la Segunda Guerra Púnica, se pueden ver todos los elementos esenciales de una ciudad romana: murallas guarnecidas de torres, acueducto, foro, teatro, anfiteatro, circo, etc. Todo ello en una configuración urbana regular, en la que las calles y plazas actuales corresponden a las principales vías romanas. Tarraco recibió de César el título de colonia y fue confirmada por Augusto como la capital de la provincia Tarraconense y del conventus iuridicus de su nombre. Su proximidad a la desembocadura del Ebro y su emplazamiento sobre la ruta natural desde el Mediterráneo al centro de la Península convirtieron a Tarraco en una ciudad de gran valor estratégico.
La que más tarde fue Colonia Aelia Augusta Italica, había sido fundada, en el año 206 a. C., por Escipión el Africano, tras su victoria sobre los cartagineses en Ilipa, que puso en manos de Roma toda la actual Baja Andalucía. Fue, pues, una de las más antiguas ciudades romanas de la Península. En un principio fue un oppidum civium Romanorum. Varios siglos después y, a petición de sus paisanos, Adriano concedió al municipio el estatuto de colonia y amplió considerablemente su recinto urbano. Sin embargo, la
importancia de esta ciudad fue decayendo, a medida que aumentaba la de la vecina
Hispalis (Sevilla), que ya en tiempos de César la superaba en categoría comercial y
económica. El año 45 a. C. Hispalis gozaba ya de la condición de colonia y era capital de conventus iuridicus, mientras Itálica seguía siendo una simple ciudad comercial.
Sagunto, ciudad costera ibérica, situada, en territorio edetano, sobre un abrupto cerro, a orillas del río Palantia, se había convertido, gracias al tráfico comercial de fenicios y griegos, en un importante emporio y constituía un serio obstáculo para los ambiciosos planes de expansión de Aníbal, ya que dominaba la ruta de la costa y la penetración al interior, por el curso del Palantia. Aníbal interviene en las discordias de Sagunto con sus vecinos, asedia la ciudad y, tras ocho meses de resistencia, la conquista y vende como esclavos a los escasos supervivientes. Los saguntinos ingresan en la Historia como modelo y prototipo de pueblo leal e irreductible.
Los romanos, conscientes de la gran importancia estratégica de Hispania, desembarcan el año 218 a. C. en Emporiae (Ampurias) y, a partir del 214 a. C., comienza a desarrollarse la guerra en la costa levantina. Conquistan Sagunto, que devuelven a sus escasos supervivientes, pero sus jefes, los Escipiones, son derrotados y muertos el año 211 a. C. Al año siguiente, Publio Cornelio Escipión conquista Carthago Nova y libera a los rehenes ibéricos que los cartagineses retenían en esta ciudad. Su generoso gesto le granjea la amistad y el apoyo de los pueblos ibéricos. Tras sus decisivas victorias en Baecula e Ilipa, los cartagineses pierden el dominio sobre Hispania. Cuando, el año 206 a. C., sale Escipión de la Península, Roma controlaba los valles del bajo Ebro y del Guadalquivir, dos extensos territorios unidos por un estrecha franja costera del Mediterráneo, jalonada por ciudades como Carthago Nova, Lucentum, Dianium y Saguntum. La penetración romana en esta zona apenas alcanzaba unas cuantas millas tierra adentro. La región levantina fue inicialmente siempre zona de paso entre Tarraco y Carthago Nova. Por ella discurría la Via Heraclea, llamada después Via Herculea y Augusta.
La protección de Roma permitió un gran desarrollo de Sagunto, cuyos habitantes fueron los primeros que, en la Península, recibieron la ciudadanía romana. Bajo Augusto, la ciudad pasó de ser foederata a municipium optimo iure, es decir, ‘de pleno derecho’. Sus primeras edificaciones romanas datan de comienzos del siglo II a. C. y consisten en un complejo religioso dominado por un pequeño templo. Su urbanización se organiza
siguiendo el eje norte-sur, paralelo a la Via Herculea: un sector de la ciudad, presidido por el foro, ocupa la altura; en la ladera se excava el teatro; en el llano, se instala el circo. Con la llegada de la Pax Romana llegó la prosperidad a Levante. Se fundaron ex novo algunas ciudades, como Valentia y se instalaron en la llanura, descolgándose de sus abruptos emplazamientos ibéricos, otras como Liria, Elche, Játiva, etc. La fundación de Valentia se atribuye al cónsul romano Decio Junio Bruto, para establecer allí a los veteranos de las guerras lusitanas. Fue la única ciudad fundada por Roma en Levante, en el siglo II a. C., con categoría de colonia latina. Se fundó ex novo, mientras las demás se asentaron sobre primitivos núcleos indígenas. Es también posible que Valentia se asentara sobre el poblado ibérico de Tyris. A partir de la fundación de Valentia (138 a. C.) se inicia la verdadera romanización del territorio, siendo la época de Augusto la más brillante de la vida romana valenciana. La agricultura cobró un desarrollo extraordinario. Los íberos habían rehuido el cultivo de las tierras bajas y pantanosas próximas a la costa. La dominación romana favoreció el cultivo de la vid y el olivo y se crearon extensos regadíos, origen remoto de la huerta levantina actual.
En el siglo VI a. C. los griegos focenses fundaron, cerca del cabo de la Nao, una factoría, Hemeroskopeion, que Estrabón identifica con Artemision o Dianium, magnífico puerto, probable antecedente de la actual Denia, cuyo nombre deriva de un templo de Diana. La población, asentada antes en un altozano, descendió al llano en época de Augusto; a su alrededor fueron surgiendo numerosas villae y, en la costa, factorías comerciales, pesqueras y de salazones.
La Saetabis (Játiva) prerromana, conquistada en la Segunda Guerra Púnica, dada su antigua importancia, acuñó moneda con leyenda ibérica. Situada en la concurrencia de la Via Tarraco-Gades con que unía Dianium con Lisibona, los romanos le concedieron la categoría de municipio, con el título de Saetabis Augustanorum. Esta ciudad era famosa por sus tejidos de lino. Sus habitantes fundaron Saetabicula, que algunos identifican con la Javea y otros con Alcira, poblaciones en las que abundan restos romanos.
La llegada de los romanos al Levante hispánico no supuso una invasión propiamente dicha, ya que sólo dos ciudades fueron fundadas para el asentamiento de colonos romanos: Valentia e Ilici. La población autóctona, ya un tanto helenizada, mostró pronto gran interés por la nueva cultura y asimiló los usos y costumbres de los romanos. Este
proceso se inició antes en las ciudades que en el campo; primero en las clases dirigentes y después en el resto de la población. En la costa floreció la industria de salazón de pescado. Se han hallado en Javea numerosos depósitos y una “piscina”, todo tallado en la roca, con canal de comunicación con el mar. La “piscina” era probablemente un vivero, para la conservación de la pesca antes de su salazón.
Emerita Augusta (Mérida) fue fundada, el año 25 a. C., por el propio Augusto, tras la
toma de Lancia en la guerra contra los astures y los cántabros (29-19 a. C.). Sus primeros habitantes fueron los emeri (veteranos licenciados) de las legiones V Alaudae y X Gemina, a los que se asignaron solares para construir sus casas y lotes de tierras que excedían lo acostumbrado. Nació, pues, como un puesto avanzado militar, destinado no sólo a colonizar las llanuras del Guadiana, sino también a controlar a las poblaciones indígenas de aquella parte de la Lusitania cuya romanización apenas había sido iniciada por César. Augusto confirió a Emérita el fuero de colonia, lo cual suponía el gobernarse con las mismas leyes que Roma. La ciudad se convirtió pronto en la capital de Lusitania, tercera de las provincias de Hispania instituidas por Augusto. Como ciudad romana de nueva planta, había sido trazada de acuerdo con un plan de conjunto, con calles rectas, paralelas y que se cortaban en ángulo recto. Debió su embellecimiento a Marco Agripa, Trajano y Adriano. De ella partían numerosas calzadas romanas.
En el plano de la actual Mérida todavía se vislumbrar el de la antigua colonia romana. El llamado “Arco de Trajano” enfilaba uno de sus ejes principales, el cardo maximus; el cardo decumanus corresponde a la calle de Santa Eulalia, que prolonga la dirección del puente sobre el Guadiana. De sus antiguos monumentos quedan restos muy importantes. En su subsuelo se han hallado abundantes esculturas y documentos epigráficos. Entre los monumentos arquitectónicos destacan el puente sobre el río Guadiana, el teatro, el anfiteatro y el circo. En su teatro, muy bien conservado, se celebra cada año el “Festival de Teatro Clásico de Mérida”. De los tres acueductos que abastecían de agua a la ciudad quedan restos de dos, el de “Los Milagros” y el de “San Lázaro”. Dentro de la ciudad quedan restos de templos y monumentos importantes como el “Arco de Trajano”.
Hubo en la Hispania romana otras muchas ciudades cuya enumeración resultaría prolija. Nos limitaremos a citar, por su especial significación cultural, Corduba, capital de la provincia Bética, patria de los dos Sénecas y del poeta Lucano. Los árabes edificaron algunos de sus más notables monumentos aprovechando materiales romanos. El puente
romano sobre el Guadalquivir sigue permitiendo el tráfico entre ambas orillas del río. Además de Córdoba siguen atestiguando la influencia de Roma Caesaraugusta (Zaragoza), Lucus Augusti (Lugo), Brigantium (Betanzos, en sus proximidades, la Torre de Hércules, faro construido por los romanos, sigue desafiando, en plena actividad, el paso de los siglos), Calagurris (Calahorra, patria de Quintiliano), Salmantica (Salamanca), etc. A continuación se dan los nombres de ciudades de la Hispania romana con su nombre actual y el gentilicio que derivaron:
Abdera: Adra, abderitanos. Astigi: Écija, astigitanos. Asturica Augusta: Astorga, asturicenses. Barcino: Barcelona.
Basti: Baza, bastitanos. Bilbilis: Calatayud, bilbilitanos. Bracara Augusta: Braga, bracarenses. Brigantium: Betanzos.
Caesar Augusta: Zaragoza, cesaraugustanos. Carthago Nova: Cartagena. Calpe: Gibraltar, calpenses, calpetanos. Conimbriga: Coimbra.
Calagurris: Calahorra, calagurritanos. Corduba: Córdoba, cordubenses. Complutum: Alcalá de Henares, complutenses. Ebusus: Ibiza.
Emerita Augusta: Mérida, emeritenses. Emporiae: Ampurias, emporitanos. Gades: Cádiz, gaditanos. Gerunda: Girona, gerundenses. Hispalis: Sevilla, hispalenses. Ilerda: Lleida, ilerdenses.
Ilici: Elche, ilicenses. Legio VII Gemina: León.
Lucentum: Alicante, lucentinos. Lucus Augusti: Lugo, lucenses.
Maiorica: Mallorca. Malaca: Málaga, malacitanos.
Minorica: Menorca. Numantia: Numancia, numantinos.
Olisipo: Lisboa. Onuba: Huelva, onubenses.
Osca: Huesca, oscenses. Palantia: Palencia, palentinos.
Pompaelo: Pamplona. Portus Cale: Oporto.
Salmantica: Salamanca, salmanticenses, salmantinos.
Toletum: Toledo. Valentia: Valencia.