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Del clasismo a las coordinadoras

In document Revista Lucha Armada (página 107-109)

Desde la epopeya de los sindicatos cordobeses de Fiat, Sitrac-Sitram, que en enero de 1970 emer- gieron afirmando su condición de clase y excluyendo toda política de alianzas con fracciones del gremialis- mo burocrático, el movimiento obrero combativo había recorrido un largo camino en el que se asimiló plenamente la necesidad incesante de buscar térmi- nos de unidad los más amplios posibles. En este sen- tido, los mecánicos cordobeses en 1974, los metalúrgicos de Villa Constitución y, poco después, en 1975, las Coordinadoras de Gremios en Lucha de Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe, redefinieron el clasis- mo y, superándolo, incorporaron el carácter pluralista de la lucha reivindicativa y democrática.

Una vasta avanzada obrera, influida por las organizaciones revo- lucionarias, aprendía junto con ellas que la unidad de los trabajadores, cualquiera fuese su identidad políti- ca, era la condición fundamental para defender salarios y libertades democráticas. Después de todo, el Cordobazo fue fruto también de la alianza entre un socialista, Agustín Tosco, y un astuto vandorista, Elpidio Torres, que por entonces jugaba al recam- bio del dictador Onganía propuesto por otro general, Alejandro Agustín Lanusse. Y a partir de 1973, Tosco se unió al peronista.

En la recuperación del SMATA y de la UOM Villa Constitución, sus conducciones ya no se definen como clasistas aunque sigan siéndolo. Son listas plurales en las que la conducta política y la metodología los define como clasistas. En la Mesa de Gremios en Lucha de Córdoba, que es el antecedente inmediato de las Coordinadoras, también se visualiza una concepción mucho más abierta, más flexible, más política, causada por la necesidad vital de evitar el aislamiento del movi- miento obrero. Hay una continuidad clasismo-sindica- lismo combativo-coordinadoras. Las coordinadoras son las síntesis, ya no plantean sólo cuestiones reivindicati- vas sino que se erigen en conducción obrera y dirigen- cia popular, incorporando en sus propuestas la lucha por las libertades democráticas.

En esos años, el pensamiento político que fue elaborando OCPO tiene esa base, es decir que se ori- gina en una estrecha relación con el propio proceso

político de masas. Fue clasista con el Sitrac-Sitram y luego tuvo una influencia decisiva en las Coordinadoras. Y fue influida por ellas.

Este proceso es palpable en la política de alian- zas. Por ejemplo, en 1974, previo a la intervención del sindicato metalúrgico de Villa Constitución, la UOM llama a todos los partidos políticos a una reunión y los invita a sumarse a la lucha contra la intervención. En el caso de Córdoba, a fines de 1975, la Mesa de Gremios en Lucha, convoca a todos los partidos políti- cos a una reunión en Alta Gracia, en la que estuvieron dirigentes nacionales del radicalismo y del peronismo. La Mesa, en nombre del movimiento obrero cordobés, los invita a luchar juntos para parar el golpe.

Estas iniciativas eran propuestas de OCPO, que concibe al frente de masas como un ins-

trumento dinámico, cambiante, siempre contradictorio, que se define en cada momento político concreto. Esto es un elemento nuevo, porque la tradición de la izquierda socialista y trostkista admite alianzas sólo con quienes se puede acordar un programa de más largo plazo, y no una consigna para un momento concreto en el cual se busca un determinado objetivo que conviene a los intereses inmediatos del proletariado.

El final

En octubre de 1975 se realizó el último Comité Central de OCPO. Para entonces, la lucha política entre militaristas y esponta-

neístas ya se había desatado. El núcleo

fuerte de los primeros estaba en el Comité Militar, con Oscar Salerno, Vampi y Raúl Tissera, y en la secretaría de Organización, a cargo de Eduardo Renedo, un cuadro de una capacidad teórica deslum- brante que elaboró la fundamentación en que se apoyó el militarismo y que luego revisaría totalmente su posición, poco antes de que fuera secuestrado. Los seguían centenares de militantes sumamente jóvenes, incorporados en la última etapa, que a causa de la for- zada clandestinidad no conocían ninguno de los cua- dros históricos de la organización. Casi todos revista- ban en el aparato militar o en áreas burocráticas y carecían de experiencia de masas, al contrario del per- fil tradicional de los militantes de OCPO, formados en las lides sindicales o estudiantiles, donde habían ganado representatividad y reconocimiento.

Por otro lado, el ala política se sostenía en los cuadros históricos de El Obrero, como Fessia, Camilión y Castro, a esa altura debilitada porque Iturburu y Rubio, de Lucha Socialista, estaban en pri-

sión, y Espeche había renunciado a la dirección para proletarizarse.

Luego de un largo análisis de la inminencia y, acaso, la inevitabilidad del golpe militar, expuesto por Fessia, la política que se adoptaría hacia delante des- ató el conflicto. Por una parte, el ala política propuso profundizar las tareas de masas, redoblar los esfuer- zos de unidad con PRT y Montoneros, no solo para actuar conjuntamente en el plano militar sino, funda- mentalmente, para trabajar una táctica común en el movimiento obrero y para lanzar una ofensiva política conjunta destinada a incidir en los partidos tradicio- nales, a esa altura divididos entre entusiastas y resig- nados frente al futuro golpe.

En el fondo de esta propuesta estaba la convic- ción de que las condiciones habían cambiado irrever- siblemente, y que la posibilidad de parar el golpe estaban ya prácticamente fuera de las posi- bilidades de las organizaciones revolucionarias, lo cual debi- litaba enormemente esta posi- ción en el debate.

Aunque formalmente coincidían con la propuesta polí- tica, los integrantes del Comité Militar respondieron que la vía fundamental para revertir el retro- ceso era profundizar el enfrenta- miento militar. Propusieron un plan de operaciones de extrema ofensiva que, explicaron, fortalecería la organi- zación y sería un aliciente para las luchas del movimiento obrero, que se hallaba desvalido por las vacilaciones de las organizaciones revolucionarias que, prácticamente, lo habían abandonado a sus fuerzas en medio de la represión des- atada por la derecha. Contribuía a esa lec- tura la ofensiva que el PRT redoblaba pese a los reveses de la Compañía de Monte en Tucumán y de las tomas de los cuarteles de Sanidad y Monte Chingolo, y al cambio de rumbo de Montoneros, que había lanzado un ambicioso plan militar visto el ocaso de las Coordinadoras.

En rigor, el planteo militarista reformulaba una vieja discusión sobre el papel del partido, su metabo- lismo con la clase obrera, es decir lo que el leninismo define como la relación vanguardia-masa o, mejor aún, entre espontaneidad y conciencia. Frente a una coyuntura en la que las tareas de masas se volvían cada vez más difíciles por la crisis política y la repre- sión, la propuesta de una resolución militar sonaba atractiva para muchos compañeros que se habían incorporado a la militancia prácticamente con un fusil en la mano.

Las dos posiciones estaban en paridad de fuer- zas en el máximo organismo de conducción, de ahí

que la resolución final haya sido una mezcla de ambas posiciones. Así, puede leerse lo siguiente en el Informe Político del Comité Central, fechado el 1º de Octubre de 1975:

“El enfrentamiento al gobierno y a las fuerzas represivas y golpistas a fin de promover una apertura democrática para el campo obrero y popular debe ser el objetivo fundamental de la lucha armada. Para ello, la Organización debe multiplicar en forma acelerada su capacidad de combate a través de las Brigadas Rojas, a la vez que debe jugar un rol decisivo en el impulso de los piquetes obreros armados y de todos los niveles de autodefensa de masas.”. Y más adelan- te decide:“Promover una línea de unidad de acción con todas las fuerzas políticas obreras, populares y democráticas en defensa de las libertades democráti- cas y contra el golpismo. El eje central de la política de unidad de acción debe consistir en impulsar todo tipo de manifestación, acto, denuncia u otros hechos con- cretos, que contribuyan a ampliar el espectro de fuer- zas para enfrentar al golpismo y las maniobras autori- tarias y antidemocráticas de la burguesía. A este nivel debe convocarse el conjunto de fuerzas que tienen contradicciones políticas con las maniobras golpistas, dando a la vez con ellas una lucha consecuente sobre la necesidad de levantar la renuncia del gobierno y la convocatoria a elecciones, pero sin romper la unidad de acción política.”

Era un documento de compromiso; de hecho, reabrió la lucha política con más fuerza. En la reunión, Fessia terminó aceptando el plan militar para evitar la profundización del conflicto. Nunca pasó de unas pocas operaciones. La represión destrozó el aparato militar y OCPO fue descabezada en pocos meses.

In document Revista Lucha Armada (página 107-109)

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