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6. DISCUSIÓN DE RESULTADOS ESTUDIO DE CASO: INFLUENCIA

6.2 CLAUDIA Y LA LLEGADA DE LAS HERMANAS GEMELAS A

Daniela y Paula nacieron a fines del mes de julio, cuando Claudia tenía 2 años y medio. Las bebés pudieron salir del hospital después de pasar Daniela, una semana, y Paula, dos semanas, respectivamente, en cuidados especiales en Neonatología. Al llegar Daniela a casa, en brazos de mamá, Claudia no quiso acercársele y peor aun cuando se le pidió tomarse una foto con ella. Claudia estuvo de mal genio y fastidiada. El encuentro con Paula, la semana siguiente, fue casi igual, aunque un poco menos tenso.

Es indudable que Claudia sintió celos cuando vio por primera vez a cada una de sus hermanas. Como dicen los autores Volling et al. (2014), los niños perciben a su hermano recién nacido como una amenaza a la relación que tienen con sus padres. En este caso, Claudia se dio cuenta de que papá y mamá estaban

emocionados, sosteniendo en brazos a sus hermanitas, e incluso los abuelitos estaban listos para cargarlas y tomarles fotos. Así, Claudia experimentó la llegada de estas dos bebés, como dos rivales, que le estaban quitando la atención de sus padres y sus abuelitos.

Para ese momento, Claudia había terminado su año escolar en la guardería y estaba todo el tiempo en casa. No obstante, en su propio hogar, tuvo que pasar a un segundo plano porque faltaban manos para atenderla. Papá estaba en el trabajo, y aunque llegaba a casa en la noche, se dedicaba primeramente a ayudar a mamá con los baños de Daniela y Paula, para luego atender a Claudia.

Por su parte, mamá estaba sumamente atareada durante el día con las dos bebés. Pasaba dándoles de lactar y cambiándoles el pañal todo el tiempo, porque si bien terminaba de atender a una, le tocaba a la otra y así sucesivamente. De este modo, solamente en escasos momentos, mamá podía atender a Claudia para darle de comer y cambiarle de pañal, pero nada más aparte de eso.

Aquí cabe recordar los estudios de Dunn (1980), en donde se vio que las madres, durante el post-parto, se sentían fatigadas e incluso agobiadas, por lo que dedicaban menos tiempo al primogénito, en juegos y muestras de afecto, comparado con lo que hacían antes de la llegada del segundo niño. En este caso, Andrea no tenía que atender a un único segundo hijo, sino a dos bebés prematuras, lo cual la tenía doblemente agotada y además angustiada porque sabía que tenía a Claudia “abandonada”.

Evidentemente, Claudia se sintió desplazada. En ese tiempo, a sus 2 años 7 meses, estaba en capacidad de percibir que no se le prestaba atención. Además, sabía que era por “culpa” de Daniela y Paula, que lloraban todo el tiempo y mamá tenía que cuidarlas. Al respecto, Volling y et al. (2014), afirma que en estos momentos los niños pueden sentir que los padres son inaccesibles, lo que les puede llevar a experimentar sentimientos de tristeza, o también pueden mostrarse ansiosos e interferir en la relación de los padres con su hermano.

En este caso, Claudia no se mostraba triste, pero sí ansiosa por buscar atención, especialmente de mamá. De hecho, tenía comportamientos específicos para llamar su atención, como hacer ruido exagerado con sus juguetes, a propósito, y coger las cosas de las bebés. Igualmente, Claudia comenzó a hacerse “popó” justo delante de mamá cuando ella estaba atendiendo a las gemelas, diciendo aireadamente “ya me hice popó”, en vez de avisar para llevarla al baño como ya lo hacía antes.

Esta situación fue difícil de manejar para Andrea, quien ya se sentía abrumada y exhausta por el cuidado de las bebés. Al principio hablaba con Claudia y la atendía de buen modo, pero después de repetidas ocasiones en que sucedía exactamente lo mismo, mamá no pudo actuar igual. Así, comenzó a levantarle la voz a Claudia hasta llegar a gritarle enfadada, ordenándole que salga de la habitación.

En este sentido, se puede ver en estudios citados por Kojima y et al. (2005), que uno de los sentimientos predominantes en las mujeres que eran madres por segunda vez, era la irritabilidad. Así, seguramente esta irritabilidad podía estar mayormente exacerbada en Andrea, por tener la tensión del cuidado de dos recién nacidas y no una sola. Igualmente, las autoras explican que las confrontaciones entre madres y primogénitos, por sus malos comportamientos durante las interacciones de las madres con los hermanos recién nacidos son frecuentes y se deben a que los niños están experimentando celos.

Por su parte, Claudia, con sus comportamientos de hermana celosa, estaba “reclamando” la atención de su madre y no comprendía los gritos. Sólo se asustaba y lloraba, lo que acentuaba más el sentimiento de culpabilidad de mamá y su impotencia en su nuevo rol como madre de tres hijas. A veces mamá le pedía perdón, pero el daño estaba hecho, porque Claudia ya había entrado en el círculo de los gritos.

Esos gritos, que empezaron entre papá y mamá por no saber cómo calmar los llantos de las gemelas recién nacidas, ahora estaban dirigidos a Claudia. Se

producían en esos mismos momentos difíciles, para reprocharle por algún mal comportamiento o simplemente para hacerla callar para que no despertase a sus hermanas. En este sentido, algunos autores, citados por Volling (2012) sugieren que el nacimiento de un hijo, y la posterior llegada de más hijos, pueden generar conflictos entre los padres, los cuales promueven un declive en la calidad del ambiente familiar.

En este caso, las voces altas y enojadas, lo único que lograban era asustar a Claudia, que lloraba angustiada. Claudia se estaba convirtiendo en una niña temerosa de los gritos y la irritabilidad de sus padres, al punto que empezó a tener dificultades para hablar. Claudia se trababa al expresarse, como tartamudeando, lo cual persistió por aproximadamente tres meses desde la llegada de sus hermanas.

Aquí se puede apreciar que la dificultad en el habla de Claudia, se debió, como sugieren algunos psicólogos, a tensiones emocionales, que afectan especialmente a niños pequeños, que todavía no pueden controlar sus emociones (Burneo, s.f.). En el caso de Claudia, se trataba de una manifestación de sus sentimientos de tristeza y angustia, por sentirse desplazada o por pensar que perdía el cariño de mamá y papá.

Ciertamente, el caos en el hogar, estaba influyendo negativamente en Claudia. Además de haber perdido casi totalmente la atención de sus padres, estaba sufriendo de sus gritos y enojos, debidos a no saber aún cómo manejarse en su nuevo rol al cuidado de dos bebés y Claudia. En definitiva, Claudia estaba siendo afectada por las tensiones en el ambiente familiar, a raíz de la llegada de Daniela y Paula. Esta fue una de las épocas más duras para la familia, por el acoplamiento a las nuevas integrantes en el hogar.