II. EL CLERO EN LAS ELECCIONES A CORTES CONSTITUYENTES: LOS CLÉRIGOS DE LA DERECHA ENTRE EL ACCIDENTALISMO Y EL INTEGRISMO
3- El clero integrista
Pierre Eyt233 define el integrismo como “una figura muy especial y extrema del
tradicionalismo”, doctrina que surgió a finales del siglo XVIII y principios del XIX como rechazo a la ruptura de la tradición que suponía el triunfo de las ideas de la Revolución francesa.
Laboa234, por su parte, define el integrismo español como un “catolicismo ultraconservador,
disociado de las preocupaciones contemporáneas, obsesionado por la doctrina liberal, detectada en toda persona o institución que no piense igual que ellos”.
La doctrina integrista se caracterizaba por lo que Pierre Eyt denomina “totalitarismo
sacro”235. Sus seguidores defendían el derecho y el deber de la Iglesia católica de “regirlo y dirigirlo todo”, de mantener una soberanía absoluta sobre la sociedad civil. El integrismo español sostenía que el catolicismo era consubstancial a la personalidad española y, en consecuencia, defendía la unidad católica y el Estado confesional, rechazando de un modo
230
La Región, Orense, 30/06/1931.
231 AMJ, DGAE, expediente 2856/1839.
232
AMJ, DGAE, expediente 5632/164. 233
EYT, P. “Historia, tradición y tradicionalismo”, XX Siglos, año VIII, 31, 1997/1, p. 89.
234
LABOA, J. M. El integrismo, un talante limitado y excluyente, Narcea, Madrid, 1985, p. 99.
absoluto todos los principios liberales -libertad de conciencia, pensamiento, prensa y
asociación- la libertad de cultos y la “crítica a la religión”236.
Así pues, la doctrina integrista trasciende los límites de lo religioso, llegando a convertir
lo político en un elemento fudamental de su ideología, a juicio de Laboa237. Por ello, en su
discurso ideológico es sumamente difícil diferenciar la defensa del ideal político de la del ideal religioso.
Otros rasgos característicos de la ideología integrista son: la nostalgia de un pasado ideal -la Monarquía del Siglo de Oro- en el que todos eran felices y vivían en paz, hasta que la
Revolución francesa destruyó ese mundo idilico238;y una visión maniquea del mundo que cierra
toda posibilidad al diálogo con quienes no comparten sus ideas y conlleva el mantenimiento de
“actitudes y comportamientos de condena y exclusión”239.
En el orden estrictamente religioso, los integristas identifican sus planteamientos con el
bien de la Iglesia, rechazando toda posibilidad de “diversidad y pluralismo” en su seno240.
En cuanto a la problemática social, el integrismo responsabiliza de su aparición a “el
liberalismo, el alejamiento de Dios, personal y social, el abandono de los gremios, la libre competencia y el individualismo”. Los integristas denuncian los abusos del capitalismo, pero abordan el problema desde la óptica de la beneficencia. Como solución al problema social
proponen “la vuelta a Dios” y la unión de los diferentes sectores sociales241.
En resumen, como señala Laboa, el integrismo “pretende explicar, dar respuesta o
solucionar todos los problemas eclesiásticos, sociales y políticos, única y exclusivamente desde una opción religiosa determinada, rechazando como abominable todo acercamiento, búsqueda
o convencimiento que no se identifique con la propia”242.
236 LABOA, J. M. El integrismo…, pp. 35, 40 y 158.
237
LABOA, J. M. El integrismo…, p. 159.
238 EYT, P. “Historia, tradición y tradicionalismo”, p. 90; LABOA, J. M. El integrismo…, p. 160.
239
EYT, P. “Historia, tradición y tradicionalismo”, p. 90; LABOA, J. M. El integrismo…, pp. 34 y 161.
240
EYT, P. “Historia, tradición y tradicionalismo”, p. 90. 241
LABOA, J. M. El integrismo…, pp. 56 y 58-60.
Algunos de los sacerdotes que concurrieron a las elecciones para Cortes Constituyentes defendieron programas de corte integrista. Este fue el caso de Ricardo Gómez Rojí y Antonio Pildain, aunque hay que reconocer que este último se alejaba considerablemente de los postulados integristas en el ámbito social. Otros, como Roca y Ponsa o Segura, han sido incluídos en este apartado por su trayectoria anterior, ya que su programa electoral nos es desconocido. Sin embargo, no hay que olvidar que en los programas de algunos sacerdote que concurrieron a las elecciones dentro de candidaturas de Acción Nacional, o de otras que afirmaban su afinidad con los postulados de dicha organización, se pueden percibir también, con mayor o menor claridad según los casos, planteamientos integristas.
3.1 Ricardo Gómez Rojí y el Bloque Católico-Agrario: Burgos
En la circunscripción de Burgos, el canónigo Ricardo Gómez Rojí y Francisco Estévanez, director del diario católico local El Castellano, iniciaron gestiones con el fin de lograr la unión de las derechas burgalesas en una única candidatura. El 9 de junio ambos se desplazaron a
Madrid con el objeto de ultimar la unión electoral243. Estévanez mantenía contactos con los
dirigentes de Acción Nacional y es muy posible que dicha organización haya participado en las negociaciones tendentes a lograr una candidatura derechista de coalición, por lo que el viaje a la capital probablemente tuvo la finalidad de entrevistarse con aquéllos. Se logró un pacto, “en forma transitoria y circunstancial”, destinado a elaborar una candidatura que representase a la
“clase agropecuaria”, pero no contó con el concurso de todas las derechas burgalesas244.
Estévanez y Gómez Rojí, convencidos de que aún era posible alcanzar un acuerdo, diseñaron una candidatura para las mayorías con sólo cuatro nombres -los puestos de las mayorías en la circunscripción de Burgos eran seis-, dejando abierta la posibilidad de que se incorporasen dos candidatos del Partido Agrario. La candidatura inicial surgida del pacto de una parte de las derecha burgalesas tomó el nombre de Bloque Católico-Agrario, y estaba
integrada por: Gómez Rojí, Estévanez, Crespo de Lara y Antonio Monedero245. Frente a ella, los
243 El Castellano, Burgos, 9/06/1931. 244 El Castellano, Burgos, 12/06/1931. 245 El Castellano, Burgos, 13/06/1931.
agrarios presentaron otra compuesta también de cuatro nombres: Alonso de Armiño, Ramón
de la Cuesta, Aurelio Gómez y Martínez de Velasco246.
El mayor problema para conseguir la fusión de estas dos candidaturas fue la discrepancia sobre el número de puestos que en ella reclamaban cada una de las formaciones. En un nuevo intento de llegar a un acuerdo con los agrarios, el Bloque Católio-Agrario redujo sus candidatos
a tres: Gómez Rojí, Estévanez y González Quevedo247. El sacerdote burgalés se entrevistó con
el dirigente agrario Ramón de la Cuesta para negociar la fusión de las dos candidaturas sobra la base de la asignación de tres puestos a cada una de las formaciones. Esta nueva gestión
también fracasó, debido a la negativa de los agrarios a eliminar a ninguno de sus candidatos248.
La desunión de las derechas burgalesas quedó patente tras la proclamación de los candidatos. Se proclamaron cuatro candidaturas que se intitulaban agrarias: el Bloque Católico-Agrario; los Independientes Agrarios de Ramón de la Cuesta; una candidatura uninominal denominada Independiente Agraria integrada por Felipe Crespo de Lara, que había formado parte del bloque inicialmente; y otra de tres nombres denominada también Independientes Agrarios, de la que formaba parte otro de los candidatos que inicialmente
había designado el bloque: Monedero249.
Tras la proclamación, el Bloque Católico-Agrario dió un nuevo paso para facilitar la unión con los Independientes Agrarios de Ramón de la Cuesta, reduciendo a dos el número de sus candidatos. Estévanez manifestó a la prensa que la decisión había sido tomada “tras consultar y oir altos asesoramientos”, referencia probable a los dirigentes de Acción Nacional, y con el
objeto de impedir que se les pudiese acusar de ser “causa siquiera remota ni indirecta de
entorpecimientos en la lucha contra el enemigo”250.
El candidato saliente, González Quevedo, se lamentó de la desunión de los católicos
burgaleses, advirtiendo que “puede dar el triunfo a los mayores enemigos de lo que
representamos”251. Crespo de Lara, que se había presentado como único integrante de la
246
Diario de Burgos, Burgos, 12/06/1931. 247 El Castellano, Burgos, 19/06/1931. 248 El Castellano, Burgos, 20/06/1931. 249 El Castellano, Burgos, 22/06/1931. 250 El Castellano, Burgos, 23/06/1931. 251 El Castellano, Burgos, 24/06/1931.
candidatura Independiente Agraria, optó también por retirarse de la lucha electoral, convencido de que el excesivo número de candidatos que concurrían a las elecciones con el título de agrarios provocaría la dispersión del voto de los labradores “favoreciendo el triunfo de otros no titulados agrarios”252.
A pesar de los esfuerzos realizados por el bloque, la deseada unión de las derechas burgalesas no llegó a hacerse realidad, concurriendo a las elecciones tres candidaturas de derechas. El diario burgalés El Castellano, dirigido por Estévanez, apoyó incondicionalmente a los dos candidatos del bloque, pero no recomendó explicitamente ningún nombre para completar los cuatro puestos que quedaban libres.
El candidato del Bloque Católico-Agrario Ricardo Gómez Rojí era, en opinión de Victor
Manuel Arbeloa, “de antecedentes y mentalidad más bien integrista”253. Había nacido en la
localidad abulense de Pedro Bernardo en 1881. En 1894 consiguió una beca para estudiar en la Universidad Pontificia de Comillas (Santander), donde se doctoró en Filosofía y Teología. En 1906 fue ordenado sacerdote y en 1910 se convirtió en canónigo de la catedral de Burgos, cargo que aún ocupaba en 1931, junto con el de catedrático de Filosofía de la Universidad
Pontificia de esta misma ciudad254.
Durante los tres primeros años de sacerdocio había trabajado en el ámbito del periodismo católico, primero como redactor jefe y después como director del diario burgalés El
Castellano. Había publicado también varios libros y opúsculos255. Adquirió fama como orador
sagrado, llegando a publicarse los sermones cuaresmales que dió en la iglesia de San Ginés de
Madrid256. Se distinguió asimismo como organizador de catequesis y peregrinaciones. Gómez
252
El Castellano, Burgos, 25/06/1931. 253
ARBELOA, V.M. La semana trágica de la Iglesia en España (octubre de 1931). Galbe, Barcelona, 1976.
p. 48.
254 Los datos biográficos, salvo que se especifique lo contrario, proceden de: CÁRCEL ORTÍ, V. (ed.) La II
República y la Guerra Civil en el Archivo Secreto Vaticano [I-2] Documentos del año 1931 (Agosto- diciembre), BAC, Madrid, 2011, pp. 66-67; GONZÁLEZ CAMINERO, N. La Pontificia Universidad de Comillas…,pp. 76, 85, 96 y 120.
255
GÓMEZ ROJÍ, R. Historia y preces del Santísimo Cristo de Burgos, Imp. del Centro Católico, Burgos,
1914; y Panegírico de San Agustín. Madrid, 1918.
256 GÓMEZ ROJÍ, R. Las realidades divinas en el cristianismo: conferencias pronunciadas en San Ginés de
Rojí se había sentido atraido por el caso de Teresa Neuman y había viajado a Alemania para estudiarlo. El Castellano definía a su antiguo director como un hombre bondadoso de “criterio decidido y benigno”. A sus actividades como periodista, escritor, orador e investigador, hay
que añadir la de director de diversas asociaciones257, entre ellas del sindicaro agrario burgalés.
Fue también uno de los organizadores del Ateneo de Burgos. Había desarrollado una actividad política de cierta relevancia en los años finales de la Dictadura de Primo de Rivera y en 1929 organizó en Burgos un acto de afirmación patriótica
El Bloque Católico-Agrario esperaba conseguir los votos de los agricultores y ganaderos católicos burgaleses. En consecuencia, su programa dió prioridad a dos puntos: la defensa del
catolicísmo y de los intereses agropecuarios castellanos258.
En relación con lo primero, las declaraciones programáticas contenidas en su manifiesto
electoral fueron bastante escuetas y vagas. Los candidatos se definían “ante todo” como
católicos y seguidores de las normas dadas por el papa y el episcopado a los fieles españoles. Siendo, en su opinión, “absurdo pretender ordenar las acciones humanas fuera del temor santo de Dios” y convencidos de que la situación por la que atravesaba el país era fruto del olvido de “la fé y la moral evangélicas”,que exigían“justicia *…+, amor, docilidad y trabajo”, consideraban prioritario atender al orden moral, relegando a un segundo plano el económico.
En el programa del bloque, la defensa de la religión católica aparecía indisolublemente ligada a la de una serie de principios no religiosos, como la unidad de la patria, el orden, la propiedad privada, el trabajo y la “libertad verdadera”.
La vaguedad de las declaraciones directas de los candidatos se vió compensada por un editorial de El Castellano, donde la defensa del catolicísmo y la restauración del órden moral propugnados por el bloque se concretaba en los siguientes puntos: defensa de “la santidad del hogar y la dignidad de la familia cristiana”, basada en la indisolubilidad del vínculo matrimonial, “cuya continuidad inalterable es absolutamente precisa para el sostenimiento de la sociedad”; frente a los que abogaban por el establecimiento de la escuela única, “laica y sin
Dios”, con la que el Estado pretendía monopolizar “la formación de las almas infantiles”,
257
El Castellano, Burgos, 9 y 12/06/1931. 258
Todo lo referente al programa electoral del Bloque Católico-Agrario procede de El Castellano, Burgos,
orientándolas “por los derroteros del materialismo grosero con todas sus funestas consecuencias”, defensa de la enseñanza católica y del derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos; y oposición a la libertad de cultos, a la separación Iglesia-Estado y al matrimonio civil, “unión ilícita del hombre y de la mujer”.
Se propugnaba, en resumen, un orden social en el que “los derechos de Dios” ocupasen
un lugar primordial, “por encima de todos los sentimientos y de todos los afectos”; y un
régimen político en el que se gobierne ateniéndose a “los principios eternos derivados de la
doctrina católica”.
Estévanez y el canónigo Gómez Rojí presentaron la campaña electoral como un enfrentamiento entre dos modelos, de los que sólo uno respondía a “la verdadera España”, el que ellos propugnaban:
“La España grande; la España de la fe católica firme y sincera y abonada con buenas obras; la España en la cual se ejercitaba la justicia y se buscaba el bien común por los gobernantes y políticos; la España dominadora del mundo entero para ponerle a los pies de Dios; la España rica, feliz y venturosa; la España temida y respetada; la España admirada de propios y extraños, esa es nuestra España”
Esa España idílica, que los candidatos del bloque proponían como modelo a seguir, se identificaba claramente con la de la Monarquía imperial y la uniformidad católica. Frente a ella, los republicanos defendían un falso modelo de España:
“La España descuartizada por las propagandas infames, por el libertinaje y el desenfreno; la España sin la fe que la hizo grande y muy una; la España en la cual se persigue y expulsa a los Prelados santos, sabios y prudentes, y se molesta a los creyentes, y se castiga y persigue a los religiosos; la España en la cual se permiten periódicos blasfemos llenos de errores de herejías, y de ataques a la fe heredada de nuestros padres; la España sin cruz en las escuelas y sin doctrinario; la España de la libertad de cultos; la España en la cual se dictan leyes muy dañosas para los labradores; la España en que parece que nada importa el bien común y la justicia, es la España contraria a la verdadera España.”
Aquí estaba ya presente, implícitamente, el concepto de España y anti-España utilizado por la jerarquía eclesiástica y los medios franquistas para definir a los dos bandos que lucharon en la guerra civil.
En cuanto a su actitud hacia el régimen republicano, afirmaban que acataban el poder constituido, siguiendo las normas dadas por la jerarquía a los católicos. Sin embargo, en la parte final de su manifiesto electoral quedaba clara su repulsión hacia los regímenes parlamentarios:
“¡Electores! Abominasteis de los partidos que usufructuaron el Poder, triturando España con los bandos que nos han esclavizado durante más de un siglo. Sed consecuentes y derrumbemos el sistema parlamentario, volviendo al régimen secular que engrandeció a España.”
En su programa de defensa de los intereses agropecuarios castellanos, se atenían a la doctrina social de la Iglesia. La agricultura y la ganadería eran, a juicio de los candidatos del
bloque, la riqueza “más natural, primera y casi única” del país, por lo que, defendiendo los
intereses agropecuarios de Castilla, defendían en realidad los de toda España. Los agricultores y ganaderos castellanos, “clase creyente, honesta y poseedora de la virtud del trabajo”, había sido hasta ese momento “maltratada, engañada y esquilmada”.
El objetivo del programa agrario del bloque era conseguir “un precio remunerador para sus productos, con el fin de subvenir a sus necesidades personales y de sus familias y ahorrar”, con el propósito de sacarles de su postración “para que lleguen a la perfección religioso-moral posible y adquieran posición de vida digna”. Las medidas que proponían, en orden a la
consecución de dicho objetivo, eran: “ordenar la producción cerealista en favor de nuestra
Castilla”; establecer una relación “armónica y de convivencia económica” con las demás
regiones, y en especial con Cataluña, “para el intercambio de productos naturales e
industriales”; prohibición de las importaciones de productos agrícolas y ganaderos “que dañan la producción nacional”; derogación de las leyes que perjudican a este sector; realización de obras públicas tendentes a mejorar las comunicaciones y aumentar las tierras de regadío; mayor atención del Estado a la agricultura. Frente a la “radical reforma agraria” que defendían
determinadas organizaciones políticas, que “puede encerrar serios peligros” para los
agricultores y ganaderos castellanos, proponían “una organización social agraria que, sin
atentar a la propiedad legítima, proporcione los bienes posibles y razonables a colonos y braceros”.
En resumen, Estévanez y Gómez Rojí defendieron un programa electoral de corte antidemocrático y reaccionario, basado en el absoluto dominio de los principios y los intereses
de la Iglesia católica sobre el Estado y la sociedad civil y de los intereses castellanos sobre los del resto del país, identificados ambos con la auténtica España. Su defensa de un modelo de Estado teocrático, su manifiesta repulsa por el sistema parlamentario y su concepción de la lucha electoral como un radical enfrentamiento entre la católica España y la anticlerical anti- España, convierten el programa del bloque en el más reaccionario de los defendidos por un sacerdote durante la campaña electoral a Cortes Constituyentes.
El Bloque Católico-Agrario contó desde su gestación con el apoyo incondicional del diario
dirigido por Estévanez, El Castellano. Quizá por esta razón los candidatos centraron su
campaña en la propaganda escrita y no organizaron actos de propaganda oral, limitándose a establecer en diversos pueblos centros de distribución de manifiestos y candidaturas del
bloque259.
El Castellano dió cuenta de todo el proceso de formación de la candidatura y difundió su manifiesto, pero, sobre todo, sirvió al Bloque como medio para ampliar algunos de los aspectos de su programa. Para este fin se utilizaron los artículos editoriales de la primera página, que parecen redactados por uno de los candidatos, posiblemente Estévanez.
Desde las páginas de El Castellano260 se reforzó la funcionalidad defensiva de la
candidatura de Estévanez y Gómez Rojí, presentándola como un “dique de contención” del
comunismo, “cada día más poderoso y amenazador”, y de la reforma agraria, que ponía en peligro las propiedades de los agricultores burgaleses. A juicio del diario burgalés, los
candidatos católico-agrarios, por su defensa de los principios católicos y “su historia de
constantes sacrificios por la clase agraria”, eran los únicos capaces de proteger “todo lo que
constituye nuestro bienestar y nuestra tranquilidad”, impidiendo que se hiciese realidad el negro futuro que pronosticaba a los católicos agricultores castellanos. Para el diario católico, “los campos están perfectamente deslindados” y, por tanto, negaba a los católicos el derecho a votar a ningún partido repúblicano, aunque sus candidatos fuesen creyentes: “no pueden tener derecho a opción los que quieran llevar dignamente el nombre de católicos”. Votar a los
259
El Castellano, Burgos, 23/06/1931. Los centros de distribución se situaron en las siguientes localidades: Villadiego, Castrojeriz, Miranda de Ebro, Villarcayo, Aranda de Duero, Pradoluengo, Belorado y Briviesca.
candidatos del bloque era “un altísimo deber de conciencia”; no hacerlo una defección “incalificable”.
Al igual que la mayor parte de los diarios, El Castellano insertó en sus páginas pequeños