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Las candidaturas afines a Acción Nacional

II. EL CLERO EN LAS ELECCIONES A CORTES CONSTITUYENTES: LOS CLÉRIGOS DE LA DERECHA ENTRE EL ACCIDENTALISMO Y EL INTEGRISMO

2- Las candidaturas afines a Acción Nacional

2.1 El independiente Robustiano Pérez Arroyo: Ávila

Algunos de los sacerdotes que se presentaron como independientes defendieron un programa muy similar al de Acción Nacional. Este es el caso de Robustiano Pérez Arroyo, quien posteriormente se integrará en dicha organización.

En Ávila la formación de las candidaturas de la derecha fue bastante tardía. Aunque la presentación a las elecciones del sacerdote Pérez Arroyo se hizo pública el día 11 de junio, la candidatura de Acción Nacional no apareció en la prensa hasta el día 20. Hasta esta fecha,El Diario de Ávila hizo continuos llamamientos a la unión de las fuerzas católicas. Este periódico, que se inscribía en la línea política de El Debate, sirvió de apoyo y difusión a la candidatura de Acción Nacional, pero también recomendó y acogió en sus páginas la de Robustiano Pérez Arroyo y otros candidatos independientes que defendían planteamientos muy similares a los de la organización política católica.

Desde los primeros días de junio, los editoriales y artículos de opinión de El Diario de

Ávila174 reflejaron preocupación por la pasividad y desorganización de los sectores católicos ante el proceso electoral, como consecuencia -según el periódico- de “una casi nula percepción de lo que ocurre y una incomprensión absoluta de lo que puede ocurrir”. Desde sus páginas se instó a los católicos a unirse “para la defensa de los principios morales y materiales en peligro”,

afirmando que se contaba con un electorado superior al del “enemigo” y que, por tanto,

“donde haya fuerzas organizadas y con ello entusiásmo y propaganda, habrá votos”. A pesar de los llamamientos a la unión de los católicos, el mismo diario señalaba que, faltando menos

de veinte días para las elecciones, “no se observan aún indicios de verdadera unión de los

elementos derechistas”, en una provincia donde “existen tantos y tan valiosos elementos de orden”.

La campaña de El Diario de Ávila en pro de la unión electoral de la derecha católica

abulense dió sus primeros frutos el 11 de junio, fecha en que aparece la noticia de la

formación de una candidatura de Acción Nacional integrada por “prestigiosas figuras de la ciencia, de las leyes y de la política”, sin especificar sus nombres175.

Este mismo día, el periódico dió la primera noticia sobre la concurrencia a las elecciones del sacerdote Robustiano Pérez Arroyo, quien acudía con la significación de independiente. El diario católico abulense sugería la conveniencia de que el sacerdote y los candidatos de Acción Nacional llegasen a un acuerdo con el fin de presentarse unidos a la contienda electoral y organizar conjuntamente la propaganda, para evitar “confusiones y desorientaciones en la gran masa católica”.

La sugerencia debió ser aceptada, puesto que durante el resto del periodo electoral el diario dió publicidad tanto a los candidatos de Acción Nacional como a otros tres independientes, entre ellos el sacerdote Pérez Arroyo, integrándolos en una única Candidatura

de Derechas176.

En la circunscripción de Ávila estaban en litigio cinco escaños y, puesto que Acción

Nacional sólo presentaba dos candidatos, El Diario de Ávila decidió prestar apoyo a los tres

candidatos independientes que consideró más afines con los postulados defendidos por la

organización electoral católica177, haciendo hincapié en las semejanzas que había entre ellos,

pero dejando también claro que son los candidatos de Acción Nacional los que “en manera alguna han de faltar” en las papeletas de votación de los electores católicos. Tras los hombres de la organización católica, las preferencias del diario abulense se inclinaban por el sacerdote Pérez Arroyo, quien “tanto por su carácter sacerdotal como por sus dotes personales, será un elemento valiosísimo en el Parlamento para la defensa de los intereses de la Iglesia y de la sociología cristiana”. Para el cuarto puesto -en las papeletas sólo se podían incluir cuatro

candidatos- El Diario de Ávila aconsejaba votar a alguno de los otros dos candidatos

independientes incluidos en la Candidatura de Derechas, sin mostrar preferencia por

ninguno178. 175 El Diario de Ávila, 11/06/1931. 176 El Diario de Ávila, 24, 25, 26 y 27/06/1931. 177

Además de Robustiano Pérez Arroyo, los otros dos candidatos que El Diario de Ávila incluyó en su

Candidatura de Derechas fueron: José Palmerino y José Picón, de Derecha Liberal Republicana. 178 El Diario de Ávila, 24, 25 y 27/06/1931.

Robustiano Pérez Arroyo era natural de Segovia. Por estas fechas tenía a su cargo la

parroquia de Santiago, en la capital, y era catedrático del seminario. El Diario de Ávila179 lo

definía como hombre culto y prestigioso que había logrado fama como orador sagrado. El párroco abulense presentó su candidatura a las elecciones por iniciativa del clero de la diócesis y contó con la aprobación del prelado. Sin embargo, algunos sectores católicos no veían con buenos ojos que un sacerdote participase en la lucha electoral, convencidos de que

perturbaría “la paz de la Iglesia” al atraer sobre sí la enemistad de los sectores políticos

opuestos y de la existencia de católicos laicos capaces de defender los derechos de la Iglesia en las Cortes Constituyentes. Este sector católico consideraba que el clero debía mantenerse “neutral”, alejado de las luchas políticas180.

El hecho de que Robustiano Pérez Arroyo se presentase como independiente fue

interpretado por el diario monárquico liberal abulense La Voz del Pueblo181 como consecuencia

de su rechazo del “contubernio político” con los elementos de Acción Nacional. Esta

interpretación fue negada rotundamente por El Diario de Ávila, basándose en las propias

palabras del sacerdote, quien en su manifiesto electoral había señalado las razones que le habían llevado a adoptar la significación de independiente:

“para no perjudicar en lo más mínimo a los elementos afines, ni dar pretexto a los indecisos y perezosos a diferir o a condicionar su voluntad electiva, y para no motivar quejas de ninguna especie, ni aparentar oposiciones de ninguna naturaleza”.

En cuanto al programa electoral de este sacerdote, quedaba claro en el manifiesto182 que

su elemento fundamental era la defensa de “los derechos de los cristianos y creyentes y en

especial de la Iglesia”. Frente a las propuestas tendentes a implantar un Estado laico -libertad

de cultos, separación Iglesia-Estado, escuela laica, etc.- “en contra de nuestras creéncias

arraigadas y españolas”, proponía una España que fuese “lo que debe ser: creyente y fiel a su Dios y a su Iglesia, amante de sus tradiciones y defensora de los «derechos de Dios en la 179 El Diario de Ávila, 11 y 24/06/1931. 180 El Diario de Ávila, 9/06/1931. 181

Citado por El Diario de Ávila, 25/06/1931.

Sociedad, en la Familia y en los individuos»”, una sociedad en la que la religión católica esté presente “desde la cuna al sepulcro”.

En segundo lugar, su programa planteaba la defensa de una patria “grande y gloriosa, no contrahecha y cercenada” en la que imperase el orden frente a “la revuelta” y “el desorden”. En el plano social, defensa de la propiedad privada y del “derecho de todos a lo suyo” frente a “las falsas teorías” y “los peligros comunistas”, junto a la promesa de ocuparse del problema obrero “defendiendo los derechos de esta sufrida clase”. En el manifiesto electoral se ocupó también de los problemas de la agricultura castellana, para cuya solución proponía la

realización de una campaña con el fin de conseguir que fuese “eficazmente atendida y

aligerada de sus cargas contributivas por el Gobierno”, lo que, en su opinión, permitiría que “el labriego castellano se desenvuelva con la relativa holgura a que tiene derecho”.

En resumen, su programa incluía, según sus propias palabras, “todo lo bueno que los

elementos de orden defienden”, y más concretamente: “la defensa de intereses sacratísimos y primordiales de la «Religión», de la «Sociedad» y de la «Familia»”.

El Diario de Ávila había dado su apoyo a la candidatura del sacerdote antes que hiciese público su programa electoral, dando por descontado que, al presentarse como representante

del clero, sus planteamientos no podían ser ajenos a los defendidos por Acción Nacional183.

Tras la publicación de su manifiesto electoral, el diario abulense reiteró su apoyo a la

candidatura de Robustiano Pérez Arroyo, con cuyo programa se identificaba184. Sin embargo,

no aparece en este diario ninguna noticia sobre los actos propagandísticos realizados por el sacerdote durante la campaña.

El manifiesto electoral de los candidatos de Acción Nacional por Ávila185, mucho más

concreto que el del sacerdote, presenta grandes similitudes en las cuestiones fundamentales con lo planteado por éste. Ambas candidaturas presentaban como objetivos primordiales la defensa de la Iglesia católica, de la unidad nacional, de la familia tradicional basada en la indisolubilidad del vínculo matrimonial, de la propiedad, del orden, y el recurso a la doctrina social de la Iglesia para dar solución a los problemas sociales. Pero, tanto por el lenguaje 183 El Diario de Ávila, 11/06/1931. 184 El Diario de Ávila, 16/06/1931. 185 El Diario de Ávila, 23/06/1931.

utilizado como por el contenido de su manifiesto, Pérez Arroyo parece situarse en una línea política bastante cercana al integrismo.

El Diario de Ávila, al igual que otros periódicos católicos, desarrolló una intensa campaña en contra de la abstención, pero, más que de la obligación de votar, se preocupó por convencer a los católicos de que la Candidatura de Derechas era la única merecedora de sus votos. Esto parece responder a que en Ávila la derecha católica consideraba que la competencia de otros candidatos que concurrían a las elecciones como republicanos de derechas podía ser un mayor obstáculo para el triunfo electoral que la abstención. En consecuencia, durante los últimos días de la campaña electoral, el diario católico abulense insistió a sus lectores sobre la necesidad de diferenciar bien entre los candidatos, ya que determinados calificativos podían dar lugar a confusiones. Dado que, en opinión de este diario, “todo el que está socialmente fuera de la religión está positivamente lejos de la derecha”, aquellos candidatos que se titulaban de derechas, pero no habían manifestado explícitamente su voluntad de defender la religión, no eran tales y, por tanto, era tan ilícito votarles, como

abstenerse o votar a los manifiestamente no católicos186.

Los candidatos de derechas a que se refería El Diario de Ávila debieron ser los de la

Agrupación Republicana Provincial, pero hasta el día anterior a las elecciones no desacreditó explicitamente esta candidatura. El día 27 éste diario advirtió a los ciudadanos de derechas que no votasen a los candidatos de esta organización porque no ofrecían “garantías suficientes

para que el elemento católico deposite en ellos su confianza”, como consecuencia de “su

actuación pública hasta el momento presente”, de “sus conocimientos sociológicos” en relación

con los “principios de la sociología cristiana” y de sus ideas políticas187.

En Ávila la participación en los comicios fue elevada, un 85,61%, y la jornada electoral

transcurrió sin complicaciones. El Diario de Ávila188 afirmó que se habían mantenido los

procedimientos caciquiles, pero los resultados no fueron impugnados.

Los cinco escaños se repartieron del siguiente modo: dos para la Agrupación Republicana Provincial y tres para la conjunción republicano-socialista. Acción Nacional obtuvo un rotundo 186 El Diario de Ávila, 23, 24 y 26/06/1931. 187 El Diario de Ávila, 27/06/1931. 188 El Diario de Ávila, 30/06/1931.

fracaso al obtener sólo el apoyo del 5,3% del electorado. Los resultados del sacerdote Robustiano Pérez Arroyo fueron considerablemente mejores, pero no suficientemente buenos como para conseguir un acta, ya que obtuvo 15.049 votos de un total de 49.827 electores, casi la mitad de los alcanzados por el candidato que se hizo con el último escaño, superando a los

candidatos de Acción Nacional en unos 12.500 votos189. El fracaso electoral de las derechas

abulenses fue consecuencia, a juicio de El Diario de Ávila, de su “lamentable desunión”.

Pérez Arroyo no se desanimó por su fracaso electoral. Se integró en la CEDA y concurrió

en las listas de este partido a las elecciones de 1933, consiguiendo un acta190.

2.2 Lauro Fernández y la Agrupación Regional Independiente: Santander

En Santander, a los pocos días de la proclamación de la República, se había fundado una organización de derechas que tomó el nombre de Agrupación Regional Independiente. En ella participaban antiguos políticos liberales y conservadores, mauristas, integristas, tradicionalistas, elementos del Centro Católico Montañés y otras personas sin militancia

política anterior191.

Fruto de esta unión de las derechas santanderinas fue la Candidatura Regional Independiente, integrada por el catedrático Pedro Sainz Rodríguez y el canónigo Lauro Fernández, que concurrió a las elecciones con un programa y una consigna electoral muy

similar a la de Acción Nacional: “Religión, Patria, Orden, Familia, Propiedad y Cultura”.

Compartían también el principio de accidentalidad ante las formas de gobierno propugnado

por la organización electoral católica192.

189

TUSELL GÓMEZ, J. Las constituyentes de 1931..., pp. 79 y 163.

190

MONTERO, J. R.La CEDA…, pp. 105-106.

191

MONGE Y BERNAL, J. Acción Popular, pp. 1067-1068.

Lauro Fernández193 había nacido en un pueblo de la provincia montañesa, en el seno de una familia humilde. Realizó sus estudios sacerdotales en el Seminario Conciliar de Santander, alcanzando en 1901 el grado de licenciado en Filosofía y Sagrada Teología por la Universidad Pontificia de Burgos. Un año antes había sido ordenado presbítero y nombrado profesor de Filosofía en el seminario de Santander, donde desempeñó diversos cargos: secretario de estudios -entre 1901 y 1902-, vicerrector y director espiritual -entre 1902 y 1916- y, por fin, rector -entre 1916 y 1924-. Simuntaneó la dirección del seminario con la labor docente, impartiendo clases en diversas disciplinas: Sagrada Liturgia; Filosofía escolástica, dogmática, moral y pastoral; Aritmética y Álgebra; Derecho canónico; y Sagrada Escritura. Al abandonar el rectorado, permaneció en el seminario como catedrático de Teología dogmática y Sagrada Escritura.

En 1905 consiguió, mediante oposición, el cargo de canónigo y prefecto de ceremonias de la catedral santanderina y en 1926 fue nombrado censor de oficio diócesano. Durante estos años, Lauro Fernández formó parte también de la comisión de vigilancia sobre la predicación sagrada y malas lecturas, del consejo directivo del Montepío del Clero Diocesano y de la junta diócesana de la Liga de Defensa del Clero, de la que llegó a ser presidente en 1928. Este mismo año fue elegido vocal del Consejo Provincial de Fomento.

Trabajó también en el campo social. Inició su labor en este terreno como consiliario del Centro Católico Montañés, y tras su desaparición, en 1923, el prelado lo nombró consiliario de la Federación Montañesa Católico-Agraria. Participó en congresos y Semanas Sociales, y se ocupó también de divulgar la doctrina social de la Iglesia por medio de conferencias, libros -Lo

que es la Caja Central de Ahorros; Quienes somos y qué buscamos; La Cooperativa Lechera;

Actuación del Clero en las relaciones sociales; etc.- y artículos.

La actividad periodística atrajo asimismo su atención. Durante quince años colaboró en un semanario, fundado por el obispo santanderino, explicando la doctrina cristiana. También publicó articulos en la Revista Social Agrariay en Oratoria Sagrada.

193

Todos los datos biográficos de Lauro Fernández proceden de Diario Montañés, Santander, 17 y

La presentación de la Candidatura Regional Independiente tuvo lugar el 14 de junio en la

primera página de Diario Montañés194. Este periódico apoyó incondicionalmente la

candidatura de Lauro Fernández y Pedro Sainz Rodríguez, difundiendo su programa, haciéndo apología de los candidatos e incitando a los católicos montañeses a darle sus votos. El canónigo santanderino, que rondaba por estas fechas los 55 años, nunca había pensado dedicarse a la política. Al igual que otros sacerdotes vinculados o cercanos a Acción Nacional, explicó su concurrencia a las elecciones como consecuencia de un mandato de sus superiores

que creyó su obligación obedecer195.

La Candidatura Regional Independiente196 se definía clara e inequivocamente como

católica:

“Queremos en toda nuestra actuación conducirnos conforme a las enseñanzas de la Iglesia Católica y concretamente en lo que se refiere a la escuela, al matrimonio, a la propiedad y a las relaciones de la Iglesia con el Estado”

La defensa de la religión católica, “el más alto valor de la civilización”, ocupaba en su

programa una posición preeminente, afirmando que sólo ella podía aportar una solución definitiva a los “problemas sociales” e “inquietudes morales” de una humanidad “cegada por apetitos de bienestar material”.

La prioridad de la cuestón religiosa adquiere un mayor relieve aún en las declaraciones que realiza el sacerdote Lauro Fernández a lo largo de su campaña. El canónigo santanderino presentaba un porvenir catastrófico para la Iglesia si los católicos no daban su apoyo a aquellos candidatos que se habían comprometido explícitamente a defenderla:

“Os habéis percatado perfectamente del momento trascendental por que atraviesa la vida nacional; se quiere arrancar la fe de vuestros corazones, la de vuestros hijos y la de toda la sociedad española, y es preciso que todos los que sentimos vibrar en nuestras almas el espíritu secular de la tradición nos aprestemos a la defensa de estos ideales tan

194

Este diario se fundó en 1902 con una orientación integrista. Durante estos años se inscribía en una

línea tradicionalista y posteriormente se vinculará a la CEDA. CHECA GODOY, A.Prensa…, p. 289.

195

Diario Montañés, Santander, 17/06/1931.

196

Todo lo referente al programa de la Candidatura Regional Independiente y a las ideas políticas de

Lauro Fernández que se citan a continuación procede de Diario Montañés, Santander, 14, 17, 21 y

queridos para nosotros. Se quiere postergar a la Iglesia de Cristo *…+; se quiere que desaparezca el vínculo sagrado del Matrimonio y se propone el amor libre; se quiere que nuestras cenizas no reposen en lugar sagrado *…+; se quiere suprimir la doctrina de Cristo de los corazones de los niños; se quiere la expulsión de las Órdenes religiosas”.

Ante la situación “crítica”que atravesaba la religión católica, combatida “con furia

infernal”, Lauro Fernández señalaba a los católicos su obligación de defender los “intereses

sacratísimos” de la Iglesia y les advertía de la “enorme responsabilidad” que contraían con su

voto, porque, si en las Cortes Constituyentes no se sentaban diputados dispuestos a defender los intereses religiosos, “el daño será irreparable”. La Candidatura Regional Independiente se

oponía a la libertad de conciencia, en cuyo nombre se quería privar a los españoles “de la

libertad de creer y enseñar la religión de sus mayores” y a la separación Iglesia-Estado, exigiendo que se respetase lo establecido en el Concordato. Frente a los partidarios de la instauración del divorcio y el matrimonio civil, representaban la defensa de la “familia cristiana tradicional”, concebida como “nucleo formativo de la sociedad”.

En cuanto a la organización del Estado, defendían “la unidad intangible de la gran Patria española”, declarándose opuestos a la implantación del modelo federal, porque, en su

opinión, “creará artificialmente gravísimos problemas en la mayoría de las regiones

españolas”. Pero admitían la necesidad de que la Constitución estableciese un cauce jurídico para el reconocimiento de los hechos diferenciales, concediéndo la autonomía administrativa a aquéllas regiones que lo solicitasen. La titulación regionalista de la candidatura derivaba de su apoyo a la redacción de un estatuto de autonomía para la provincia montañesa, independiente

de Castilla, puesto que “presenta una fisonomía propia en la organización de su propiedad

rural y de su industria ganadera”. Lauro Fernández concedió escasa importancia a la cuestión