• No se han encontrado resultados

Colonia Clunia Sulpicia Peñalba de Castro (Burgos) Introducción:

En este caso concreto observamos cómo se cumple la afirmación expuesta por Jiménez Salvador (1987a, 96), quien resalta la creciente especialización de funciones de los foros occidentales en época altoimperial, que supuso una tendencia al traslado de las actividades comerciales desde las plazas de los foros hasta edificios construidos al efecto, macella, aunque no muy alejados de ellas. Tales premisas, además de la existencia de un anillo de grandes pilastras, que sugiere una cubrición anular que delimita un espacio central a cielo abierto, fueron razones más que suficientes para interpretar como macellum este edificio. Por tanto, en Clunia se ratifica también la tendencia al desplazamiento del comercio y de la venta de alimentos desde la misma plaza del foro, en el que existían numerosas tabernae, hasta el exterior de este espacio, aunque el macellum se construyó paralelo al muro de cierre oriental del foro, ligeramente desviado hacia el sudeste, pues, debido a que su cronología es posterior, hubo de acomodarse a un espacio triangular ya existente.

Topografía de la ciudad:

El yacimiento, que engloba tanto el que parece el primer asentamiento de la misma, de época celtibérica, como la posterior ciudad romana de nueva planta, se halla al sudeste de la provincia de Burgos, dentro del término municipal de Peñalba de Castro. Clunia es el nombre romano de la ciudad, que sin duda procede del celtibérico Kolounioku, atestiguado en los denarios indígenas. El yacimiento se sitúa en la Celtiberia ulterior, ocupada por arévacos y pelendones (Palol 1959, 13), siguiendo a Livio (XL, 39), que denomina a este territorio

Celtiberiae Ulterior ager. Para Plinio (nat. 3.19) Clunia es finis Celtiberiae. En época

romana, la ciudad pertenece al convento cluniense, del que fue su capital administrativa, jurídica y religiosa.

Las coordenadas geográficas actuales del Alto de Castro, donde se asienta el yacimiento romano, son: 41º 46’ N - 3º 21’ W, aunque Ptolomeo (geog. 2.6.55) sitúa la ciudad a 42º N - 11º 30’ W. Por otro lado, el Alto del Cuerno,

que parece albergar las ruinas del anterior asentamiento arévaco, se halla ubicado en el término municipal de Quintanarraya, a 41º 26’ N - 3º 20’ W (Fig. 30).

Fig. 30: plano de situación de Clunia: 1.-ciudad romana. 2.-ciudad arévaca (Sacristán de Lama 1994, fig. 1).

Como acabamos de mencionar, existen dos cerros de superficie plana, uno junto a otro, pero separados por el río Arandilla, confluyente con el río Espeja, que recorre la zona sur de ambos cerros. Uno de ellos, el conocido como Alto del Cuerno, de 1021 m. de altitud sobre el nivel del mar, parece ser el lugar donde se situó el núcleo prerromano de la ciudad, sede principal y plaza fuerte que dominaba los cerros contiguos conocidos como Alto de Salterio y Alto Redondo, formando los tres el conjunto denominado los “Castrillos” (Sacristán de Lama 1994, 142), mientras que el Alto de Castro, al oeste del anterior y con una altura de 1023 m., acogió a la nueva ciudad romana. Este último cerro, a 120 m. sobre el río Arandilla, posee forma de estrella (Fig. 31). Su eje mayor, norte- sur, mide 1350 m., y su eje menor, este-oeste, 1100 m., por lo que se obtiene una superficie de 130 Has. Tal extensión es bastante superior a la de otras ciudades romanas, sin embargo, toda la superficie del cerro se halla sembrada de restos materiales romanos e incluso parece comprobado que el hábitat se extendió por toda su extensión, tal vez dejando zonas sin edificar. Sólo la excavación completa de la ciudad revelará el grado de urbanismo y la dispersión del hábitat que alcanzó la ciudad, una de las más importantes de Hispania a juzgar por el tamaño de su teatro y foro (Palol 1970, 13; Palol et alii 1991, 234-235).

Fig. 31: imagen de satélite que muestra el Alto de Castro (Google Earth).

Debió de ser el mayor aprovechamiento del entorno geográfico y no del lugar concreto del asentamiento la causa del cambio de ubicación de la ciudad de

Clunia (Fernández Ochoa y Roldán Gómez 1991, 211), que, sin embargo,

conserva su nombre indígena. De otro modo no podría explicarse la fundación de la nueva ciudad en un cerro contiguo al Alto del Cuerno, que poseía la misma altura y condiciones estratégicas y defensivas, en lugar de aprovechar las estructuras preexistentes, que, por otro lado, hubieran obligado a los edificios públicos romanos necesarios para el gobierno de la ciudad y de su territorio dependiente a una acomodación al urbanismo indígena, como sucedió en Termes y

Vxama. Sin duda, la enorme superficie plana del Alto de Castro ofrecía una gran

ventaja para la creación de una ciudad ex novo, llamada a ser la capital del conventus

cluniensis. Otra ventaja es la existencia de un karst, conocido como “Cueva

Román”, en el que, tras su exploración a conciencia en 1976-1977 y 1981, se descubrió un sistema de lagunas en capas freáticas entre las rocas calizas que conforman el cerro, que quedaron comunicadas mediante canalizaciones abiertas por los romanos en la roca caliza o sólo en las arcillas del fondo, y a las que se podía acceder desde la superficie del cerro por lucernarios troncocónicos o pozos de planta cuadrada (Palol 1994, 101).

La abundancia de piedra para la construcción de los edificios de la ciudad en lugares próximos era una ventaja más con la que la ciudad contaba. En el área de “Los Pedregales” (junto al Arandilla) se ha deducido la existencia de canteras por el gran número de lajas de piedra halladas in situ, procedentes de la talla de bloques para la construcción de los edificios del s.I. El propio teatro tiberiano fue construido en la ladera este del cerro, a la manera de los teatros griegos,

aprovechando la cantera caliza del mismo para tallar la summa cavea y la media

cavea (Palol et alii 1991, 89). El abastecimiento de materiales suntuarios para la

decoración de los edificios de la ciudad no debió de suponer ningún problema para Clunia, dada la relativa cercanía de importantes canteras como Espeja, Espejón y Cantalucía, todas en la provincia de Soria. De Espejón se extrajo, por ejemplo, el mármol rojo que se utilizó para las jambas de las puertas meridionales de la basílica, que permitían el acceso a la gran plaza del foro, y el mármol rojo que revestía los muros interiores del templo tripartito, situado entre las tabernae del foro, a modo de zócalo, en su segunda fase.

Clunia, como capital del convento que lleva su nombre, debió de hallarse

muy bien comunicada con las poblaciones de su territorio, así como con otras ciudades importantes de la Tarraconense. Hoy en día se conocen algunas de las muchas vías que existirían en época romana, estudiadas por autores diversos (Palol 1959, 39-45; id. 1970, 13-18; Abásolo 1975, 149-150; id. 1978), entre las que señalamos las siguientes:

-Vía XXVII del Itinerario de Antonino. Sin duda, la más importante y transitada, como arteria que unía dos capitales de conventos de la Tarraconense,

Caesaraugusta y Asturica Augusta, recorriendo toda la Meseta Norte. Por el este, Clunia quedaba, de este modo, enlazada con otra ciudad próspera e importante, Vxama Argaela y, a su vez, con Voluce (Calatañazor?), Numantia, más al este, y Augustobriga (Muro de Ágreda), Turiasso (Tarazona), Caravis (Magallón?) y Caesaraugusta. Por el oeste, la vía recorría las ciudades de Rauda (Roa), Pintia

(Cabezón de Pisuerga ?), Tela (Tudela de Duero), Intercatia (Aguilar de Campos?) y Brigaecium (Dehesa de Morales de Fuentes de Ropel). En Coruña del Conde se conservan dos puentes sobre el Espeja, que debieron de formar parte de la vía XXVII, aunque han sufrido numerosas remodelaciones hasta hoy en día;

-Clunia-Tela, pasando por Quemada, Aranda de Duero, Castrillo de la Vega, Fuentecén, Peñafiel. Este camino es paralelo a la vía XXVII, pero sigue la margen opuesta del Duero, es decir, la izquierda;

-Desde Rauda (Roa) la vía enlazaría a través de un camino secundario con el tramo común de las vías XXIV y XXVI, en Septimanca (Simancas);

-Vía directa entre Clunia y Termes. No es seguro tal enlace entre ambas ciudades, pero, en caso afirmativo, el camino cruzaría el Duero por San Esteban de Gormaz, al oeste de la vía Vxama-Termes. Frente a la información anterior, Abásolo (1975, 150) señala que los dos puentes romanos aún visibles en Coruña del Conde podrían corresponder a sendos caminos que se dirigirían a Termes y a

San Esteban de Gormaz, existiendo, de este modo, no una, sino dos rutas diferentes que alcanzarían estas poblaciones;

-Clunia-Segouia. Partiría la vía de uno de los dos caminos señalados anteriormente que enlazarían la capital del convento con Termes y San Esteban de Gormaz, respectivamente;

-Vía Segontia-Clunia, pasando por Termes. En Segontia enlaza con la vía

Emerita Augusta-Caesaraugusta, que, en este tramo, comparten las vías XXIV, XXV

y XXVI. Coincide con la denominada Ruta VII de Gutiérrez Dohijo (1993 y 1995);

-Camino que parte de Caesaraugusta y, siguiendo el Ebro hacia el norte, poco antes de llegar a Cascantum (Cascante) tuerce hacia el oeste, llegando a

Turiasso (Tarazona), Augustobriga (Muro de Ágreda), Numantia, Voluce

(Calatañazor ?), Vxama y, desde allí se alcanza Clunia a través de Alcubilla de Avellaneda;

-Camino de Santo Domingo. Desde el Alto de Castro llega a Arauzo de Torre, Caleruega, Valdeande, Pinilla Trasmonte y Tordómar;

-Clunia-Tritium Magallum, siguiendo el Najerilla, aunque esta vía es aún dudosa;

-La ruta directa entre Clunia y Numantia pudo haber existido, pero aún no se poseen evidencias al respecto;

-Se ha constatado que Clunia se hallaba, igualmente, muy bien comunicada con el resto de las poblaciones de su convento situadas más al norte, gracias a una tupida red de caminos secundarios, que enlazaban la ciudad con diversos tramos de la vía Caesaraugusta-Asturica Augusta por Vareira, Tritium (Nájera), Birovesca (Briviesca), Deobrigula (Rabé de las Calzadas), Segisama (Sasamón), etc.;

-Camino secundario de Clunia a Cantabria, en dirección sureste-nordeste, pasando por Segisama (Sasamón) y Amaia (Peña Amaya, Amaya);

-Camino de Clunia hasta Canales de la Sierra, pasando por Salas y Castrovido. Desde aquí partiría otro camino hacia Silos y Carazo, bifurcándose, a su vez, en otros dos caminos, uno de ellos seguiría el curso del Arlanza y el otro se dirigiría hacia el valle del Arlanzón, pasando por Lara;

-Camino que parte de Clunia por el Hoyal del Molino hasta Hinojar del Rey y tierras sorianas, desde donde un ramal se dirige hacia Hontoria del Pinar y, siguiendo el curso del río Ucero, llega al valle del Arlanza.

Historia de la ciudad:

El conocimiento de la historia de la ciudad, primeramente celtibérica, posteriormente romana, se ha ido completando a lo largo de los años de excavaciones, ininterrumpidas desde 1958, aunque todavía existen numerosas lagunas, especialmente en lo referido al hábitat indígena, aún por excavar, a los primeros años de la ciudad romana y a su continuidad en el Bajo Imperio. Esta precaria visión del pasado de la ciudad puede ser parcialmente completada mediante los datos que nos ofrecen las fuentes escritas, en este caso latinas.

Aunque se ha sostenido, usualmente con débiles pruebas, una ocupación prerromana del Alto de Castro, donde tendría lugar la fundación de la ciudad romana de Clunia, las excavaciones de los últimos años parecen rebatir tal hipótesis (Sacristán de Lama 1994, 141). Sin embargo, no puede negarse la posibilidad de asentamientos, posiblemente estacionales, de poblaciones a lo largo de la historia del lugar, donde su condición como lugar de paso y la existencia de ríos permite sugerir tal posibilidad. De hecho, en la población de Coruña del Conde, al pie del Alto de Castro y junto al río Arandilla, aparecieron dos hachas planas de bronce con aleta, expuestas en el M.A.N. (Osaba 1962, nº 6: p. 239). Hasta el momento se ha venido considerando el llamado conjunto de los “Castrillos”, en el que el Alto del Cuerno sería el núcleo principal, como el asentamiento originario de la ciudad, caracterizado por un hábitat disperso y polinuclear (Sacristán de Lama 1994, 142). Es bastante probable que el lugar se hallase ya ocupado en la Primera Edad del Hierro, tal y como parecen sugerir las cerámicas a mano, decoradas con ungulaciones aquí aparecidas (Abásolo y García Rozas 1980, 80). Los restos materiales consisten principalmente en cerámica indígena, terra sigillata, molinos y restos arquitectónicos en la zona más elevada del Alto de Castro. Las pocas estructuras arquitectónicas visibles se resumen en un tramo de muro de adobe, al que se adosan estructuras de habitación, parcialmente talladas en la roca, tal vez un núcleo fortificado, que pudo haber seguido en uso durante los primeros años de ocupación romana, cuando ya se había fundado la ciudad nueva en el vecino cerro del Alto de Castro (Palol et alii 1991, 233 y 284). De este modo, Clunia corresponde a un doble asentamiento durante un periodo de tiempo indeterminado, aunque no debió de ser largo, pues el nuevo centro fundado por Roma se halla próximo al anterior y aprovecha directamente el propio lugar, hasta que Clunia acaba convirtiéndose en una sola ciudad, siguiendo la definición expuesta por M. Bendala (1990, 34), aunque

siempre con las debidas reservas, porque el asentamiento prerromano del Alto del Cuerno no ha sido excavado todavía y se desconoce tanto la fecha de su inicio como la de su abandono, que consideramos fundamental para esclarecer la situación económica, política y territorial establecida entre los dos asentamientos durante el tiempo en que convivieron. El abandono definitivo del asentamiento celtibérico puede atribuirse, quizás, a razones estratégicas o a la existencia de una balsa acuífera subterránea (Abásolo 1993, 195). No parece descabellada la idea sostenida por Sacristán de Lama (1994, 144) sobre la ocupación del Alto de Castro por la población del Alto del Cuerno, aunque es más probable que se tratara de sólo una parte de la misma, según los datos aquí aportados, en algún momento tras las guerras sertorianas, avanzado el s. I a.C.

Además de los materiales arqueológicos anteriormente citados, se conoce una serie de denarios con jinete y letrero ibérico, acuñados en la ceca celtibérica de la ciudad, adscribibles cronológicamente al periodo prerromano y primeros momentos del Imperio (Palol 1959, 92; id. 1970, 74; id. 1994, 127).

La ciudad se vio envuelta en las guerras sertorianas, puesto que el territorio celtibérico no aprobaba el gobierno y administración romanos, de modo que aceptaron la jefatura de Sertorio buscando un cambio en la organización administrativa (Santos y Montero 1983, 65). Plutarco (Sert. 6, 7-8) señala como incentivos a la hora del apoyo indígena a la causa de Sertorio las cualidades personales del mismo y su capacidad para crear una amplia clientela entre celtíberos y lusitanos, mediante el ofrecimiento de dinero, la retirada de los tributos y el alojamiento a las tropas, favoreciendo mediante estas relaciones la romanización entre los indígenas. Livio (perioch. 92) nos relata el asedio que sufrieron por parte de Pompeyo en el invierno del año 75 a.C., durante sus enfrentamientos con Sertorio, que se hallaba en la ciudad, pero tuvo que abandonar su empresa cuando los habitantes de Clunia se decantaron por éste último. Sin embargo, Salustio (Hist. 2, 93) añade un dato más que supone un punto de inflexión en las hostilidades entre ambos bandos, pues documenta un intento de entendimiento por parte de los habitantes de la ciudad con Pompeyo. Exuperancio (8) también cita a Clunia en virtud de su ocupación y destrucción por parte de Pompeyo una vez muerto Sertorio en el año 72 y derrotado Perpenna. Floro (2, 10, 9) relata el triunfo de Pompeyo sobre este caudillo (Palol 1959, 15-16; id. 1970, 20).

El hilo histórico se ve forzosamente interrumpido hasta el año 56 a.C., cuando las fuentes clásicas vuelven de nuevo la vista sobre la ciudad. Sabemos por Dión Casio (Hist. Rom., 39, 54, 2) que Clunia participa en nuevos levantamientos contra Roma, esta vez aliada de los vacceos, pero fue derrotada por el cónsul Q.

Metelo Nepote, quien sitió a continuación la ciudad, que, a su vez, le rechazó. En el año 55, Afranio, legado de Pompeyo, derrotó finalmente a arévacos y vacceos (Palol 1959, 16-17; id. 1970, 20).

Es probable que la historia de la ciudad celtibérica no finalice en estos momentos, siendo paralela durante algún tiempo al desarrollo del asentamiento romano, iniciado, según parece indicar la arqueología, en tiempos del emperador Tiberio (Palol 1959, 20; id. 1989/90, 37; Palol et alii 1991, 153, 234, 286, 303- 304 y 359; Galsterer 1971, 35 y 70; Espinosa 1984, 310 y 315; García Merino 1987, 104-105), aunque hasta hace pocos años se apuntaba a la posibilidad de que la ciudad hubiese sido tal vez fundada por el mismo Augusto durante las guerras cántabras (Palol et alii 1991, 234, 286 y 305), si bien es cierto que Tiberio llevaría a cabo el programa de ordenación territorial elaborado por Augusto tras las guerras cántabras y astúricas, que favorecería la posterior integración jurídica de las ciudades de la Meseta Oriental (Espinosa 1984, 307-308; Palol 1989/90, 37; Palol et alii 1991, 153). La ciudad romana fue fundada en el Alto de Castro, cuya gran superficie era muy adecuada para un asentamiento de nueva planta que seguía prototipos que parecían a priori de carácter militar o legionario (Palol et

alii 1991, 231; Palol 1994, 43), como así lo indica la primera fase constructiva de

la ciudad, estudiada sobre todo en el área del foro, que, junto con los edificios contemporáneos a él, originaría una planta en forma de retícula. De este periodo son los materiales exhumados de los estratos más profundos de la casa nº 1 y de la casa del gran peristilo o nº 3, al sur de la ermita de Nuestra Señora de Castro. El equipamiento de la ciudad se completa con la edificación del teatro, al este de la ciudad, que sigue la ordenación urbanística de este periodo julio-claudio. Desde los inicios de la ciudad, Clunia desarrolló sus espacios públicos en virtud del fin para el que fue creada: cubrir todas las necesidades que eran imprescindibles para hacer efectivo el gobierno administrativo y religioso que Roma extendía por todo su Imperio, y su implantación en el territorio del que Clunia iba ser cabeza y foco romanizador30. La ciudad muestra en estos momentos un decidido deseo de

integración en el prototipo de ciudad que Roma sembraba a su imagen y semejanza por todo el territorio, como modelo de romanidad. Estaba predestinada a ser la capital del convento jurídico cluniense, según la división administrativa que realizó Augusto en la Península Ibérica, aunque es posible que no fuera designada como tal hasta época de Claudio (García Merino 1975, 18; Palol 1959, 18; id. 1970, 21; Palol et alii 1991, 305 y 358; Palol 1994, 17).

30 El convento cluniense ocupaba una superficie muy extensa, desde la costa cantábrica en su franja de

Villaviciosa (Asturias) a la desembocadura del río Bidasoa, a Varela (Logroño), Augustobriga y Ocilis (Medinaceli) por el este, siguiendo la línea del Sistema Central por Somosierra y Guadarrama, al norte

Actualmente no se conserva el perímetro defensivo de la ciudad, pero se ha localizado, mediante el análisis y la fotointerpretación de imágenes procedentes de los satélites Lansat y Spot y de fotografías aéreas verticales, una alineación en el sudoeste del Alto de Castro, en dirección a Coruña del Conde, identificada con las murallas de la ciudad. Posteriormente, sobre el terreno se localizaron dichas estructuras, que resultaron ser cimentaciones talladas en la roca, formando ángulos rectos, e incluso se reconoció una cimentación de forma cuadrada que sobresalía, tal vez un torreón de la muralla. Igualmente, existen otros elementos semejantes en otros lugares del cerro (Gillani 1995).

La situación estratégica de la ciudad es innegable, sobre un cerro escarpado fácilmente defendible y en una zona muy bien comunicada, rodeada por ríos. La prosperidad económica de la ciudad se explica, en parte, por su ubicación en las rutas que llegan hasta las zonas mineras del noroeste, donde se explota el oro y la plata, sobre todo durante el Alto Imperio (Gurt Esparraguera 1991, 318) y en la transitada vía que unía Caesaraugusta con Emerita Augusta, la vía XXVII del Itinerario de Antonino.

Las primeras acuñaciones monetarias romanas son tiberianas y no augusteas, como en la mayor parte de las ciudades hispanorromanas. De este Emperador se conocen bronces, ases y semises, que nos informan acerca de los cargos públicos de la ciudad, quattuorvirii en los ases y aediles en los semises (Gurt Esparraguera 1991, 316-317; Palol 1959, 94-95; id. 1970, 74; id. 1994, 127). La terra sigillata más antigua se fecha también en el reinado de Tiberio. Estos datos han servido para la defensa de la promoción jurídica de la ciudad, que sería un municipium ya en época de Tiberio (Palol 1959, 20; id. 1987, 153; id.