En tercer lugar, consideramos pertinente señalar ahora en dirección de otra manera de concebir las relaciones entre el cine y lo político; se trata de una concepción de lo
político que parte de la división, propia del sentido común y reproducida por la industria del entretenimiento, en particular la norteamericana, según la cual existirían unas películas de características y temática «políticas» y otras que no tendrían tintes políticos. En esta perspectiva, lo político se concibe principalmente como un tema y estaría así circunscrito al terreno del guion. Desde esta mirada se suelen mencionar, como ejemplos de cine político principalmente aquellos que tienen por protagonistas a personajes que pertenecerían a la imagen popular de «los políticos» entendiendo por esto personas ligadas a la estructura estatal, en especial los elegidos para cargos públicos vinculados a procesos electorales. En este sentido es sintomática la lista de las «mejores películas políticas» aparecida en el periódico The Washington Post en abril de 20137. Se trata de un conjunto de películas cuyo guion gira en torno a los procesos electorales o a la toma de decisiones gubernamentales y el manejo de la información en los medios de comunicación. De acuerdo con esta manera de concebir lo político, serían ejemplos de cine político películas como Citizen Kane (1941), All the
King’s Men (1949), The Manchurian Candidate (1962), The Best Man (1964), Seven
Days in May (1964), The Candidate (1972), Dr. Strangelove (1964), True Colors (1991),
The War Room (1993), Nixon (1995), Thirteen Days (2000), Thank You for Smoking
(2005), Frost/Nixon (2008). Estos títulos (u otros similares) son bastante comunes en listados de «cine político» y revelan una cierta concepción de lo político como un ámbito social específico ligado a un tipo particular de ejercicio del poder (poder electoral, militar o mediático).
De manera más significativa, esta concepción de lo político pretende fundar un ámbito (compuesto por un largo «todo lo demás») que no tendría carácter político. Al proponer esta delimitación de lo político se afirma la apoliticidad de los títulos que no figuran en estas enumeraciones. Se pretende señalar el lugar de lo político, indicando así, en ese mismo gesto, la pretensión de que los guiones de «todo lo demás» estarían excluidos de connotaciones políticas. «Político» sería un adjetivo con una estructura de denotación bien delimitada y restringida. Encontramos así que se propone en esta mirada la instauración de la apoliticidad del cine. Para acceder al ámbito de lo político !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
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!La!lista!completa!puede!consultarse!en!http://www.washingtonpost.com/blogs/the`fix/wp/2013/04/05/the`best` political`movies`ever/!(Consultado!el!20!de!agosto!de!2013)!
se requeriría la adopción de un lenguaje determinado, de unos temas particulares, cuya ausencia sería indicador de la «pureza» de la película en lo que atañe a su carácter político, de manera que se anuncia así que, ante una película como Rambo (1982) se tendría la tranquilidad de que no se trata de una película «política».
Ante esta manera de concebir lo político, lo que se engloba bajo el nombre de «teoría crítica»8 ha intentado señalar el carácter político de aquellas obras que, de prestar atención a la mirada que indicamos arriba, no tendrían carácter político. Así, la teoría crítica concibe la producción del cine que pretende pasar por no político como una práctica que es plenamente política. Ahora bien, ¿qué se quiere decir cuando se afirma que el cine producido por la industria del entretenimiento, que el cine que pretende ser no político, tiene carácter político?, ¿qué se entiende allí por «carácter político»? Hay variaciones que dependen de cada propuesta teórica dentro del gran marco de la «teoría crítica», pero puede señalarse, como común denominador, la tendencia a concebir los productos culturales como prácticas insertas dentro de estructuras dentro de las cuales llegan a tener significación. Así, no se concibe la obra como una sustancia aislada, sino como un suceso que emerge en medio de un conjunto de fuerzas que son las que determinan su función y el régimen de su aparición. Por función se entiende aquí el sentido que tiene una práctica desde una perspectiva estratégica; es decir, la dirección que una práctica favorece o aquellas a las que se opone. De esta manera, el sentido de una práctica puede coincidir o diferir completamente de lo que se presenta como su sentido particular (Cf. Foucault, 1980). Así, por ejemplo, muchas prácticas que anuncian promover la defensa de la diversidad tienen el sentido de repetir miradas coloniales.
Por ejemplo, Nöel Burch pretende mostrar cómo la tendencia a naturalizar el modo de representación «hollywoodense» tendría un carácter ideológico. Estaríamos ante la constitución de un Modo de Representación Institucional que depende de la naturalización para ser efectivo (Cf. Foucault, 1980)
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!Usamos!este!término!en!un!sentido!amplio,!que!incluye!tanto!las!obras!de!la!escuela!de!Frankfurt!como!las!obras! de! Foucault,! por! ejemplo.! Lo! que! emparentaría! a! las! muy! diversas! posturas! cobijadas! por! el! término! «teoría! crítica»!sería!su!derivación!común!del!impulso!kantiano!y!su!parentesco,!como!herederos,!de!las!llamadas!teorías!
Ahora bien, para la teoría crítica el sentido político de una práctica derivaría de la manera como esa práctica se juega en el campo de fuerzas donde lo que está en disputa es siempre un tipo de poder. La «teoría crítica» redefine los límites de lo político en términos más generales a partir de la noción de poder y fuerza y reencuentra su parentesco fundamental con instituciones y prácticas que hasta el momento parecían ser de naturaleza diferente. En ese sentido, es significativo el análisis que hace Nietzsche de los sentimientos morales, en la medida en que los inscribe en la lógica del dominio y muestra así su unidad fundamental con los fenómenos tradicionalmente ligados a la noción de dominación. A esto se suma que, en la perspectiva crítica, se pone de manifiesto como estos fenómenos y prácticas que parecían ajenos a la disputa política, aquellos fenómenos que, en palabras de Nietzsche, «tienen paso de paloma», resultan siendo más definitivos en la creación y administración de poderes que las decisiones gubernamentales o militares. Esto explica, por ejemplo, la predilección de Foucault por el estudio de prácticas e instituciones que producen subjetividades (tecnologías de dominio y tecnologías del yo) (Foucault, 1990, pág. 49), como la escuela, el hospital, la ascesis; en el entendido de que en la constitución de estas subjetividades se está, por una parte, ante el ejercicio de un poder que, con pleno derecho cabría llamar político y, por otra, la constitución de subjetividades determina el horizonte de ejercicio y la lógica de todo lo que se llama político.
Así, lo político ya no constituye un ámbito específico y cerrado, situado al lado de otros ámbitos sociales, sino que se trata de un ejercicio que presenta cierta homogeneidad desde la perspectiva de creación y ejercicio de poderes. Ahora bien, la propuesta de instauración de un ámbito específico y reducido para lo político, y la correlativa instauración de un ámbito no político, será objeto, ella misma, del análisis crítico que descubre su sentido estratégico. De esa manera, no sólo resulta que las películas que se pretenden no políticas tiene una dimensión política que es posible dilucidar, sino que, además, su misma pretensión de apoliticidad tiene un sentido político determinado, relacionado con la delimitación del ámbito de ejercicio público del poder a ciertos canales bien normados, uniformizados, lo que a su vez implica la descalificación de cualquier otro medio de ejercicio de lo político.
De esta manera, lo político se ubica allí donde no parecía encontrarse, en las instituciones de formación, en las prácticas dietéticas, en el manejo de los enfermos y de los delincuentes, en las radionovelas y las caricaturas. Ha variado así el lugar donde se ubica lo político, pero su naturaleza misma sigue respondiendo a la lógica de la dominación y la administración.