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VI. MALA ESCRITURA

VI.1. PRIMERAS REACCIONES

VI.1.2. COMILLAS ―ASÍ NOMÁS‖

Los apartados citados son largos, pero los consideramos necesarios porque, además de la incorporación del lunfardo, permiten observar otro rasgo que ha provocado controversias a lo largo de la recepción de las obras de Arlt. Se trata del sistema no organizado del entrecomillado, que ha ofrecido posibilidades más variadas de interpretación. Los primeros críticos supusieron que las comillas representaban intervenciones de los editores, sobre todo del director de El Mundo (Larra 1950), o que de esta manera el autor, queriendo pasar por pequeñoburgués, se distanciaba de las expresiones (Viñas 1967) que en aquel tiempo se consideraban indecentes e ilícitas y, por lo tanto, antiliterarias (Schäffauer 1998). Piglia concluye al respecto: ―No es casual que en esta apropiación degradada las palabras lunfardas se citen en comillas: idioma del delito, debe ser señalado al ingresar en la literatura‖ (2004: 69). Similarmente, Di Tullio explica que las comillas marcan un extrañamiento (2009: 593); Jitrik y Ulla suponen que ―hubo en Arlt una voluntad de exhibir esas palabras por medio de comillas, como si fueran un cartel‖ (Ulla 1990: 89-90).

aunque la enunciación aparece dentro de un discurso supuestamente religioso y espiritualmente elevado, el referente es el mismo que en el resto de los casos y remite a un submundo transgresivo.

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De esta manera, de nuevo –y esto se convertirá en la praxis acostumbrada en la recepción arltiana– sobre su escritura se forman y aceptan ciertas explicaciones, a la vez apoyadas por algunas afirmaciones del mismo autor, que luego se dan por sentadas, permaneciendo así en la crítica sin ser cuestionadas e imposibilitando otros puntos de vista. Luego, incluso cuando se producen interpretaciones y explicaciones innovadoras, estas tardan mucho tiempo en imponerse por encima de las imágenes ya establecidas y generalmente aceptadas.

No ha sido hasta los últimos años cuando se ha empezado a ofrecer una lectura alternativa de lo que resultará una ―anarquía pertinaz‖ del entrecomillado (Verdevoye 1980: 142-143). Antes que nada, cabe destacar que la práctica de marcar las expresiones lunfardas –es más, la práctica de incorporar el lunfardo en la literatura– no la encontramos por primera vez ni exclusivamente en el caso de Roberto Arlt, que es una de las impresiones equivocadas que a veces se obtienen al aproximarse a los análisis y críticas de su literatura. Como explica Conde, el entrecomillado de los términos lunfardos aparece también en novelas de otros autores, tanto reconocidos y consagrados (por ejemplo, Historia de arrabal (1922), de Manuel Gálvez) como populares (los poetas Dante A. Linyera y Carlos de la Púa, el letrista de tango Enrique Santos Discépolo y los prosistas Félix Lima y Luis C. Villamayor). Se trata de una práctica generalmente aceptada en el periodismo y la literatura de la época. ―La explicación es sencilla: cada autor quiere dejar en claro que él sabe que aquello que está poniendo entre comillas pertenece a otro registro, a otro nivel de lengua‖ (Conde 2015: 206-207).

Además, no son únicamente expresiones lunfardas las que aparecen marcadas, tanto en la literatura de Arlt como en la del resto de sus contemporáneos, sino cualquier término o locución que desean destacar. Analizando la primera edición de El juguete rabioso, de la editorial Latina, Conde explica que también encontramos entrecomillados varios extranjerismos (el anglicismo ―trolley‖ (―trolebús‖), los galicismos ―couplet‖ (―cuplé‖) y ―surmenage‖ (―agotamiento‖), los italianismos ―bagazza‖ (por confusión del autor con ―bagascia‖, ―mujer de mala vida‖) y ―strunsso‖ (―excremento‖)); expresiones figurativas o retóricas (como la palabra ―entregas‖, que se refiere a los libros que Silvio toma prestados del zapatero andaluz); la variante ―reló‖ (por ―reloj‖); la construcción nominal ―la caja‖, que en español estándar significa, igual que en el Río de la Plata, ―espacio destinado a guardar el dinero en un comercio‖, etc. Es particularmente interesante el ejemplo de la siguiente frase en la que una voz española aparece entrecomillada (―bombarda‖) y otra no (―culebrina‖), demostrando claramente la inexistencia de un criterio unificado: ―A ciertos peones de una

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compañía de electricidad les compré un tubo de hierro y varias libras de plomo. Con esos elementos fabriqué lo que yo llamaba una culebrina o 'bombarda'‖ (2015: 207).

Por otra parte, no todos los lunfardismos vienen entrecomillados. Conde ofrece dos listas detalladas; una de lunfardismos que aparecen entre comillas y otra en los que se prescinde de ellas, entre los cuales los casos más curiosos son los ejemplos de una misma expresión que unas veces viene marcada y otras nos, como por ejemplo ―leonera‖, en el significado de ―cárcel‖, en El juguete rabioso. La única conclusión que se puede extraer de estos hechos, insiste Conde, es la despreocupación, tanto de Arlt como de sus corregidores y editores posteriores, de unificar los criterios: ―Eso nos deja una sola respuesta posible: el joven Arlt es el responsable único del entrecomillado de los lunfardismos y, en la incoherencia [...], es decir, en la cantidad de voces lunfardas no entrecomilladas revela –además de cierta despreocupación– sus dificultades para determinar, como lo hacen otros autores, cuándo un vocablo o una locución corresponden al habla general o al lunfardo― (2015: 208), hecho que comprueba, en nuestra opinión, más que cualquier otro, su inmersión en la vida cotidiana y callejera argentina que él mismo no dejaba de subrayar.

La explicación que sobre su manera de escribir ofrece el mismo Arlt al final parece ser cierta. En varias aguafuertes, aprovechando el medio periodístico en el que puede mantener el contacto regular con los lectores, Arlt cuenta lo siguiente, con una pequeña dosis de falsa modestia:

Lo curioso es que toda la semana han estado llegando cartas con opiniones encontradas, y nuevamente me pregunto: ¿de qué modo debo dirigirme a mis lectores? Seriamente, no creía que le dieran tanta importancia a estas notas. Yo las escribo así nomás, es decir, converso así con ustedes, que es la forma más cómoda de dirigirse a la gente (1998: 370, énfasis agregado).

Aunque la explicación se refiere a las aguafuertes, resulta evidente que el mismo método lo aplica en las novelas. En ―Como se escribe una novela‖, Arlt se describe como ―novelista instintivo‖; ―que trabaja desordenadamente‖; ―novelista ‗pur sang‘‖ que ―aborrece cordialmente el método (aunque lo acepte), los planes y todo aquello que signifique sujeción a una determinada conducta‖; que ―escribe de cualquier manera lo que lleva adentro‖ (1981: 142-143).

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