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LA ESCRITURA DEL POBRE O LA HETEROGENEIDAD

VI. MALA ESCRITURA

VI.4. CAMBIO DE POSTURA

VI.4.1. LA ESCRITURA DEL POBRE O LA HETEROGENEIDAD

Después de que lo señalo Juárez (2010), ya es una percepción común que en los textos arltianos posteriores reconozcamos una hipercorrección y un estilo exageradamente formal que se evidencian en el empleo de las variantes pretendidamente literarias y cultas. Se trata de algunas variedades léxicas (―somnolencia‖, ―apoltronarse‖), gramaticales y sintácticas, entre las cuales podemos destacar el uso arcaico de pronombres enclíticos (―pensóse‖, ―sentóse‖), adjetivos sustantivados (―lo sombroso‖), participios en ―-ente‖ (―cayente‖), tiempos verbales arcaicos (como, por ejemplo, el pretérito anterior), construcciones absolutas con participios o cláusulas absolutas con atributivos predicativos (―fijos los ojos‖). Algunos ejemplos del estilo

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culto y elevado arltiano serían: ―El hombre cogió la carta donde me recomendaban, la leyó; después, entregándola a su esposa, quedóse examinándome50‖ (El juguete rabioso 2011: 131);

―Así, no bien hubo recibido la carta, se dirigió a la casa de Barsut‖ (Los siete locos 1995: 111); ―Erdosain entraba y salía de las sombras celestes que oblicuamente cortaban las fachadas. El olor a mojado comunicaba a la soledad matutina cierta desolación marítima‖ (1995: 237), etc.51

No obstante, para tal hipercorrección no hay que esperar hasta sus textos más tardíos. Ya en sus aguafuertes52 y primeras novelas encontramos construcciones rebuscadas y detalladamente elaboradas, particulares del discurso escrito, que coexisten con los elementos de la oralidad, tan típicamente relacionada con Arlt. El voseo como forma de tratamiento, el léxico especial del lunfardo, los errores ortográficos, el acento representado de manera gráfica (sobre todo el ―ceceo‖), la espontaneidad e incoherencia narrativa, la obscenidad como característica de la oralidad, la defensa arltiana del uso de las variantes coloquiales e incluso las explicaciones de su etimología aparecen junto con las opciones rebuscadas enumeradas arriba en una superposición perpetua y siempre abierta de niveles de discurso53

.

A diferencia de la percepción común, Schäffauer advierte que hay pocos pasajes en los que la oralidad predomine sobre la escritura, convirtiéndose en la dominante estética. Incluso el ―ceceo‖ lo encontramos en personajes ―letrados‖, como el zapatero andaluz de El juguete

rabioso, o ―científicos‖, como el sordo Eustaquio de Los lanzallamas, explica el crítico. ―Su

acento oral tiende a ‗contradecir‘ en lo escrito lo que ellos dicen en lo oral al presentarse como letrados. Por lo tanto, es la tensión híbrida la que predomina en general y no una supuesta oralidad que se expresa en forma pura como voluntad de mimetismo‖ (2001: 93-94). Dicho de otro modo, hay que tener siempre en mente la tensión no resuelta de lo oral en lo escrito y viceversa, para no caer en la trampa reconocida por Schäffauer en su propia tesis

50 La versión ortográficamente correcta, ―examinándome‖, que aparece en la edición citada de Cátedra (2011, 6a

edición) representa uno de los numerosos ejemplos de las ya mencionadas correcciones que se hacen a los textos arltianos a la hora de prepararlos para la publicación, i.e. de socializarlos, introducirlos en los sistemas normativos actuales. En la primera edición de la novela, publicada por la Editorial Latina en 1926, aparece la versión ―esaminándome‖ (p. 77).

51 Véanse más ejemplos, junto con los casos del habla común y coloquial, en Ulla (1990), capítulo ―El juguete

rabioso‖, pp. 61-106.

52 Lindstrom (1980) es la primera en señalar la yuxtaposición y el entramado de términos cultos y populares en el

discurso ―contracultural‖ arltiano de sus aguafuertes.

53 Ulla atribuye esta característica a la inseguridad arltiana entre el uso de la norma y la transgresión de la misma

(1990: 78), con lo que no estamos completamente de acuerdo dado que resulta posible establecer un claro límite entre la norma empleada por el narrador y la transgresión reservada para los diálogos de los personajes. Este esquema –y el mero hecho de que exista un esquema– no remite a una inseguridad o mera casualidad, sino más bien revelan una estrategia deliberada, una estructuración que tiene sus razones y funciones; una locura que tiene su metodología. Es por eso que preferimos pensar la literatura arltiana en términos de heterogeneidad e hibridez, como se explica a continuación.

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doctoral: no hay que intentar descubrir la oralidad en Arlt a base de esa ―terrible fuerza de escribir mal‖ (2001: 94), sino que hay que subrayar siempre la hibridez y heterogeneidad54

. Es precisamente esta mezcla como principio de composición (oralidad, escritura, lunfardismos, habla popular, criollismos, italianismos, españolismos, cultismos, rasgos de la poética modernista, términos técnicos, etc.), esta copresencia e interpenetración de los niveles más variados del discurso, lo que define a Arlt (Viñas 1973, 1996). Es una de sus riquezas principales, su ―galaxia de significantes‖ (Ulla 1990: 37), que le posibilita una amplia gama de lecturas e interpretaciones. En términos de Jauss (1987: 71), podríamos decir que esta mezcla y heterogeneidad despojan a Arlt de la marca de su época –al contrario de la percepción común que lo ve como portavoz de la misma–, comprobando la polivalencia de sus textos y posibilitándoles una plurivalente resignificación a través de la adaptación a los distintos horizontes de expectativa, es decir, una constante permutación y reorganización en la mente de los lectores de diferentes generaciones que, a su vez, le asegura un largo período de la recepción. Según Piglia, la lengua arltiana es una ―lengua artificial‖, una ―lengua privada‖: ―No lo podés fechar, tiene como capas geológicas‖ (2013: 33-34).

―Ahora que salgo de su relectura como de una máquina del tiempo que me hubiera devuelto a mi Buenos Aires de los años cuarenta, me doy cuenta de cómo muchos escritores argentinos que en ese entonces me parecían a la altura de Arlt, Güiraldes, Girondo, Borges y Macedonio Fernández […] se me habían ido esfumando en la memoria como otros tantos cigarrillos,‖ afirma Cortázar (1991: IV), uno de los reivindicadores más conocidos de la ―mala escritura‖ arltiana posterior a Contorno55. No obstante, esta esfumación no se interrumpe aquí. En la opinión de Piglia, también Cortázar, en comparación con Arlt, se demuestra ―mucho más marcado por su época‖ (2013: 34), es decir, menos plurivalente, a pesar de su experimentación más deliberada con el lenguaje y el estilo.

La mezcla formal en cuestión proviene de la heterogeneidad del conocimiento arltiano y de la diversidad del contenido de sus obras. Como se explica en el capítulo sobre los saberes del pobre, en los años veinte y treinta los escritores argentinos eligen de todas partes, operando

54 Schäffauer relaciona la estrategia discursiva arltiana con la inversión de la moral tradicional cristiana. Sostiene

que en Arlt nada tiene únicamente sentido sexual; de la misma manera que Masotta decía que todo en Arlt tiene sentido sexual, ahora se añade que nada en él tiene únicamente sentido sexual: ―El sexo es por decirlo así un

síntoma, disfraza y revela a la vez a algo que no es sexo; y todo lo que no es sexo es simultáneamente síntoma

con respecto a lo sexual‖ (Masotta 2008: 83-84). La tensión entre la oralidad y la escritura, según Schäffauer que la interpreta a través de la cercanía del discurso sexual arltiano al discurso del otro bajtiniano, se manifiesta también en las alusiones a la sexualidad en las que el voseo siempre aparece como signo del poder sexual.

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No obstante, cabe señalar que, más que a Arlt, en el citado prólogo Cortázar más bien promociona su propia literatura, sobre lo que profundizamos en el capítulo sobre la historia de la recepción arltiana.

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con los materiales más variados que encuentran a mano: traducciones (buenas o malas)56

, folletines, ciencias técnicas, química, física, matemáticas, geometría, política, teosofía, etc. Las destrezas del inventor, impuesto como profesión por antonomasia en la época, su experimentación en el laboratorio, se trasladan, como vemos, al nivel del lenguaje donde se produce una articulación o maquinación análoga del código lingüístico. La ―mala escritura‖, es decir, una ―escritura del pobre‖, percibida frecuentemente como una ―pobre escritura‖, no es otra cosa que una manifestación lingüística y estilística de los ―saberes del pobre‖. De la misma manera que con respecto a los saberes no se trata de una falta de conocimientos sino de una exuberancia de los conocimientos del pobre, en el nivel formal tampoco se trata de un vocabulario o una sintaxis rota, incorrecta o ―macaneada‖, sino más bien de un léxico y una sintaxis de manual de instrucciones o plan (Pauls 2006: 257-260) que organiza los tipos más variados de los saberes; de ―una sintaxis moderna, la del mensaje telegráfico que, en los límites del sueño y la locura, organiza algunos de los delirios‖ (Sarlo 2003: 60, énfasis agregado). De esta manera se subraya una vez más la ya señalada existencia de la ―locura organizada‖ o ―locura con metodología‖. Es precisamente de esta incoherencia, de supuestas debilidades, de donde nace siempre la interminable, indestructible fuerza de la gran literatura, puntualiza Cortázar (1991: XI).