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La Comisión de fosfatos británica y la violación de los derechos humanos del pueblo de la isla

La Isla Banaba es un pequeño punto de 6 km2 ubicado en el Océano

Pacífico, muy cerca de la línea del Ecuador entre las Islas Gilbert de Kiribati y el Estado de Nauru. Fue descubierta en los albores del siglo

XIX por europeos y anexada al Reino Unido en el 1900.30 Hasta ese

momento cerca de 2.000 banabeños habitaban pacíficamente esta isla, subsistiendo básicamente de la pesca y los frutos de su vege- tación. Sin embargo, es en esa época cuando Albert Ellis, empleado para una compañía británica, descubre que el suelo de Banaba alber- gaba riquísimos depósitos de fosfato de calcio. Ello determinó que fueran llevadas a cabo negociaciones entre la Pacific Island Company Limited, y los líderes del pueblo de Banaba que resultaron en un con- trato de dudosa legalidad por el cual la isla cedía a esta compañía británica la explotación del fosfato por 999 años por la ínfima cifra de

50 libras por año.31

Esta lucrativa industria de fertilizantes motivó al Gobierno británico a sancionar leyes para la adquisición de tierras de los banabeños, siendo estos obligados a aceptar contratos desventajosos que con el tiempo redundarían en el empobrecimiento y posterior aniquilamiento de la

30 En 1892, Gran Bretaña establece el Protectorado de las Islas Gilbert y Ellice, administrado desde la Western Pacific High Commission con base en Fiji, colonia británica en ese momento. En 1916, transforma este protec- torado, que previamente había incluido a la Isla Ocean (llamada localmente Banaba), en una colonia. 31 Stacey King and Ken Raobeia Sigrah. Islands of the World VIII International Conference. Changing Islands – Chan-

ging Worlds. 1-7 Kinmen Island (Quemoy), Taiwan, Legacy of a Miner’s Daughter and Assessment of the Social Changes of the Banabans after Phosphate Mining on Banaba. 2004, pág. 938.

flora y fauna de la isla.32 Esta situación no era desconocida por las au- toridades británicas; puede citarse un informe preparado en 1909 por la Pacific Island Company Limited, dirigido al Parlamento británico en el cual se afirma:

Los banabeños no tenían idea de que la extracción mi- nera destruiría toda su isla [...]. Si fuera todo el fosfato extraído, no es exagerado decir que la isla devendría perfectamente inhabitable para el hombre y un mero desierto de rocas corales.33

A medida que iban desapareciendo los árboles frutales de la isla, la candidez y generosidad de los pobladores, que habían recibido a la Pacific Island Company Limited con los brazos abiertos, se fue contras- tando con la realidad colonial. A pesar de que en los contratos para la extracción minera estos lograron que se incluyeran cláusulas que obligaban a la compañía a replantar los árboles aniquilados, las tierras fueron adquiridas contra la voluntad de sus dueños. Las mujeres isle- ñas se aferraban a los cocoteros en franca protesta, tratando de evitar

que fueran derribados por las máquinas mineras.34

En 1920, la inicial británica Pacific Island Phosphate Company Limited fue vendida a un joint venture (o empresa conjunta) formado por los Gobiernos británico, australiano y neozelandés. Esta nueva compañía se llamó Comisión Británica de Fosfatos.

32 Ibídem, pág. 944. Ver también: Hindmarch, Gerard. One Minority People, a Report on The Banabans, Formerly of Banaba (Ocean Island) Who were relocated to Rabi Island in Fiji. UNESCO (Apia), Matautu PO Apia, Samoa. 2002, pág. 9.

33 K. Sigrah & King. Banaban Historical Overview. Disponible en: <http//www.banaban.com/contents/en-us/ d17_Banaban-historical-overview>. 2001, pág. 2. Jane Resture, Banaba, Republic of Kiribati. 2013, pág. 5. 34 Hindmarch, Gerard, One Minority People, a Report on The Banabans, op. cit., pág. 9.

La extracción del fosfato de calcio fue llevada a cabo brutalmente por este consorcio. Los banabeños fueron prácticamente gobernados por esta corporación durante varios años, en los que el bienestar de esta población, derechos y serias preocupaciones ambientales fueron suje- tos a las prioridades comerciales británicas.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la isla Banaba fue ocupada por los japoneses. Estos continuaron con la extracción minera y fueron muy crueles con la población, asesinando a una quinta parte de la mis- ma y confinando al resto a otras islas del Pacífico donde fueron some- tidos a trabajo forzado. Al término de la guerra, el Gobierno británico compró con el producido de los fosfatos la isla Rabi, en Fiji, a 3.200 kilómetros de Banaba, con el objetivo de relocalizar allí a los banabe- ños y continuar con la explotación comercial de los fosfatos de la isla. Engañados y apremiados, los banabeños debieron someterse a un pe- noso exilio en la isla Rabi. Su traslado había involucrado por parte del Gobierno británico, provisión de víveres por apenas dos meses y carpas militares precarias por todo hogar. El clima adverso de Rabi (frío y húme- do con un período ciclónico de lluvias), la falta de experiencia para cazar animales fuera de la pesca y la existencia de aguas contaminadas diez- mó la población por causa de neumonías, entre otras enfermedades

de las cuales fueron principales víctimas los niños y adultos mayores.35

La mayoría de los banabeños permaneció en Rabi pero algunos de ellos decidieron retornar a Banaba, donde debieron ajustarse a vivir en campamentos improvisados por los británicos sin que se les permitie- se acceder a sus propias tierras. Para ejercer el control sobre esta po- blación –evitando de esa forma que pudieran interferir en los objetivos comerciales de la Comisión de Fosfatos– se creó la figura del consejero banaba (Banaban Advisor).

La constante adquisición compulsiva de tierras para ser devastadas por la Comisión de Fosfatos, sumado al maltrato y presiones que de- bían soportar los banabeños de parte de las autoridades británicas y la mencionada comisión, determinaron que, durante la década del 70, estos pobladores llevaran el caso a la corte de justicia británica y emprendieran a su vez acciones de rebelión en la isla.

En 1974, los isleños iniciaron una petición al Gobierno británico para que Banaba se independizase de la Colonia de las Islas Gilbert y Ellice. Esta petición fue, sin embargo, desoída, dejando en claro las autori-

dades británicas que se opondrían a ello en ese entonces y a futuro.36

En 1977, aproximadamente 100 banabeños partieron de Rabi hacia Banaba con el objetivo de retomar sus tierras. Allí debieron enfren- tarse con la policía local bajo el control de la Oficina Colonial con sede en Tarawa y fuerzas contratadas por la Comisión de Fosfatos para re- pelerlos. Luego de varios días de lucha, en los que muchos resultaron heridos, muertos y encarcelados, los banabeños –en franca minoría y debilidad– decidieron cesar sus acciones de protesta en la isla, con- centrarse en una acción legal en Londres y peticionar por su indepen- dencia en las Naciones Unidas.

La acción ante la Corte de Justicia del Reino Unido fue llevada contra el Gobierno británico y la Comisión Británica de Fosfatos. El caso finalizó en 1979. La sentencia dejó en claro que esta última había devastado la isla sin ocuparse de proteger y replantar el medio ambiente como había sido acordado. Sin embargo, la Corte condenó a la Comisión al pago de una indemnización irrisoria a los banabeños de apenas 9.000 libras esterlinas, debiendo estos pagar costos de justicia por 300.000 de la misma moneda.

Como resultado de presiones políticas, la Comisión de Fosfatos ofreció pagar un plus de 780.000, monto todavía insuficiente para devolver la fertilidad y replantación de la isla devastada.

En la acción emprendida contra el Gobierno británico, los banabeños no obtuvieron ningún derecho a una compensación por las pérdidas sufridas. Sin embargo, la Corte dejó en claro que se habían cometido graves infracciones a la “confianza gubernamental” que ella misma ca- recía de poder para remediar. Convocó entonces al Gobierno para que accionase acorde a ello.

Luego de fuertes presiones mediáticas y parlamentarias, el Gobierno británico estableció un fondo con un capital de 6,5 millones de libras esterlinas tomado de las reservas de la Comisión de Fosfatos, indicando que solamente de sus intereses se pagase a los banabeños bajo la con-

dición de que estos no apelaran en su acción jurídica contra la Corona.37

La Isla Banaba actualmente pertenece al Estado de Kiribati, surgido con posterioridad a la independencia de la colonia del Reino Unido. Luego de tantos años de extracción de fosfatos la isla permanece am-

bientalmente devastada.38 De sus originales 595 hectáreas, otrora exu-

berante tierra tropical, únicamente 61 han escapado a la acción mine- ra. En el centro de la isla todavía se conservan las torres de extracción de fosfatos y máquinas oxidadas de hierro, vestigios de la cruel mine- ría yacen bajo el sol ecuatorial. Fueron abandonadas en 1980 cuando

cesó la explotación minera.39

De los 6.000 banabeños que existen, solo unos 300 han retornado a su isla de origen donde los barcos no llegan, a excepción de uno que

37 Ibídem, pág . 951.

38 Ibídem, pág. 934. Hindmarch, Gerard, One Minority People, a Report on The Banabans, op. cit., pág. 5. 39 Stacey King and Ken Raobeia Sigrah, Islands of the World VIII International Conference, op. cit., pág. 951.

transporta provisiones algunas pocas veces al año, donde permane- cen olvidados del mundo exterior tratando de recuperar y preservar su identidad cultural perdida, y aún a pesar de la diáspora tratando de

olvidar la crueldad del colonialismo.40