Los métodos para determinar el precio de un mineral varían enormemente según su forma física y su composición química. Lo que si es bien cierto es que determinados patrones han conseguido establecerse como estándares a lo largo de los años de comercialización de estos minerales. También es igualmente cierto que han sido literalmente cientos los tipos de materias primas las que se han comercializado y es en la práctica imposible describir todas y cada una de las valoraciones que han sido objeto hasta llegar a determinar el valor de una mercancía una vez producida.
Sin embargo, existe un método general mediante el cual llegar a estimar el valor de una sustancia minera.
Por lo general, los minerales son vendidos y por tanto pueden ser valorados sobre la base de un peso, el cual puede referirse a quilates en el caso de las piedras preciosas, onzas para los metales preciosos, libras o kilogramos para los metales más valiosos o bien toneladas (cortas o métricas) para los metales menos valiosos, minerales en bruto y la mayoría de los minerales industriales.
En la mayoría de los casos, el precio se establece sobre la base del metal u oxido contenido más que sobre el propio peso bruto en si mismo. Pongamos por ejemplo el Wolframio cuyo valor se establece en realidad por el verdadero contenido en WO3 en la wolframita o en los
concentrados de scheelita. Igual ocurre con el Uranio (UO3) y el fósforo (P2O5) cuyas
unidades de referencia son sus formas oxidadas más que el contenido propiamente del elemento base.
Para un determinado mineral, la transacción comercial puede ocurrir en varias etapas de la producción del mismo. Por ejemplo, existe un mercado para la Bauxita (fuente de suministro más común del aluminio), al mismo tiempo que existe un mercado para la Alúmina (producto intermedio) y otro para el Aluminio metal. Los precios se cotizan para cada uno de estos productos independientemente y sus tendencias no tienen porqué ser
necesariamente coincidentes. En ocasiones, el suministro de metal puede ser escaso pero podría existir abundancia de bauxita en el mercado.
Algo similar ocurre por ejemplo con el Cobre. Una cosa es el mercado de concentrados de cobre cuya posición está determinada por la relación entre oferta (minas) y demanda (fundiciones), pero por otra parte existe otro mercado del llamado cobre blister (producto intermedio) que se establece entre algunos fundidores y los refinadores.
Por último existe el mercado para fabricación de los llamados semielaborados cuya oferta hacen los refinadores y la demanda viene generadas por los fabricantes de tubos de cobre, hilo de cobre, etc. Estos últimos forman el penúltimo eslabón de la cadena en contacto con el mercado consumidor final.
El precio general y más popular del L.M.E. (London Metal Exchange) debería estar en consonancia con los ratios de oferta / demanda entre los refinadores y los productores de semielaborados.
Existe, por supuesto, el efecto de los cobres recuperados en forma de chatarras, con una importante repercusión en la oferta general disponible por el mercado y las producciones directas desde los centros mineros a través de procesos de extracción con solventes y electrolisis para producir cátodos.
6000 8000 10000 12000 kt de Cobre 1970 1972 1974 1976 1978 1980 1982 1984 1986 1988 1990 1992 1994 P.Metal AÑO
MERCADO MUNDIAL DE COBRE
P.Metal Consumo
Todos estos factores y sobre todo las fluctuaciones en cualquiera de ellos pueden generar situaciones difícilmente comprensibles de escasez de metal en el mercado y excedentes de concentrados, chatarras, etc. que afectan de forma diferente a según que punto de la cadena estemos valorando.
Imaginemos una situación de escasez de cobre metal en el mercado con unos stocks muy bajos en los almacenes oficiales. El primer efecto de esta situación viene sobre las primas que los almacenistas cobran a los productores por depositar su mercancía en los almacenes y tener un cobro asegurado. Los productores de semielaborados, para intentar garantizarse un suministro de metal con garantías ofertarán primas a los refinadores más competitivas y estos depositarán su metal en los centros de consumo por lo que su efecto en las estadísticas de disponibilidad en los almacenes oficiales es de mayor escasez y por tanto el precio seguirá subiendo. Una subida de los precios en la bolsa favorece el aumento de la producción minera. Los fundidores primarios no tienen capacidad de reacción para absorber la nueva oferta de concentrados y chatarras. Los gastos de tratamiento suben, ante un aumento de la oferta de concentrados, mientras que la subida de los precios en el mercado de metales se ve mitigada para el productor minero.
Vemos por tanto, que las repercusiones en los cambios entre oferta y demanda no tienen un efecto directo sobre los participantes del principio de la cadena, los mineros. Por no hablar de los intermediarios que se mueven en estos mercados de metales en forma de grandes capitales, cuyas referencias pueden ser a muy corto plazo, pero sus repercusiones en los precios pueden tener una importancia enorme.
Volviendo a la valoración general de una mercancía minera, uno puede identificar al menos cuatro métodos principales mediante los cuales las industrias mineras pueden llegar a valorar sus productos.
Existen grandes disparidades de criterios y opiniones entre los mismos productores, consumidores, traders y organismos públicos sobre cual de estos métodos es el más conveniente.
Dependerá del objetivo inicial que cada cual se marque y así será la aproximación que realicemos. Este punto de partida provoca, de principio, una falta de imparcialidad en nuestras aproximaciones que deberá ser ajustada para obtener la valoración más realista y ajustada posible del valor de producto minero. Los cuatro procedimientos de determinación de precios son los siguientes: