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PRECIO DE PRODUCTOR

In document Evaluacion y planificacion minera (página 77-82)

Para establecer el precio productor, el vendedor toma en consideración su coste de producción, sus mercados potenciales, la posición de su competencia y sus posibilidades de aumentar sus cuotas de mercado. El factor COMPETENCIA debe ser siempre el punto clave a la hora de tomar las decisiones para la fijación de precios.

Históricamente, han existido dos casos puros recordados de monopolios de minerales, en los cuales únicamente existía un productor a escala mundial.

Unos de ellos fue el NITRATO DE CHILE para la industria de la Sosa antes de la primera Guerra Mundial. El otro fue la industria danesa de la CRIOLITA (Mineral de Aluminio) de Groenlandia antes de la segunda Guerra Mundial. En un sentido real, estas dos industrias estuvieron en una posición por la cual fijaban sus propios precios sin consideración alguna de competencia. Al cabo de cierto tiempo, como no podía ser otra forma, la existencia de un potencial de crecimiento de precios incontrolado, llevó al desarrollo exitoso de unos productos alternativos que se demostraron como sustitutivos de los mismos y el monopolio desapareció. Este fue también el caso del azufre italiano de los volcanes que en el siglo XIX dio lugar a su sustitución por la pirita ibérica por su elevado nivel de monopolio y precios altos o más recientemente en los años 70 el oligopolio de la OPEC que dio lugar a su sustitución por carbones a cielo abierto y por nuevas centrales nucleares para combatir la fuerte subida d los precios de la energía, es el llamado efecto Gibraltar por el perfil de las cotizaciones en el tiempo.

En el campo de los minerales, la realidad es que los monopolios son ciertamente extraños y difíciles de contemplar. Si han existido (y existen) lo que los economistas llaman OLIGOPOLIOS. Estos son en realidad, mercados claramente dominados por un pequeño grupo de potentes productores. Estas posiciones cada día más frecuentes y difíciles de controlar vienen favorecidas por las fusiones, tan comunes hoy en día, que están dando lugar a verdaderos oligopolios que dificultan en gran forma la competencia de precios. La verdad es que se viene produciendo un enorme contrasentido en las políticas económicas occidentales. Por una parte se favorecen las creaciones de grandes grupos empresariales mediante fusiones y adquisiciones y por otra parte se lucha y denuncia contra las prácticas monopolísticas.

Ejemplos de oligopolios en la historia más reciente pueden citarse los de la industria del Aluminio, la del Molibdeno y el Níquel así como de la OPEC para el petróleo. A mediados del pasado siglo XX, estos eran mercados claramente definibles como de precios de productor.

En el caso del Aluminio, un grupo de empresas concentró la mayoría de la producción mundial en los años 60. Las más importantes, todavía hoy en plena actividad, eran ALCOA, ALCAN, ALUSUISSE, KAISER, PECHINEY y REYNOLDS.

En el caso del Molibdeno, la posición de vendedor dominante fue para CLIMAX, posteriormente absorbida dentro del grupo AMAX.

En el caso del Níquel, el mayor vendedor fue INCO (conocida como Internacional Nickel Co.)

Las políticas de los precios de estas empresas estaban aparentemente diseñadas para conseguir la ESTABILIDAD en los mismos (en contraste con el comportamiento volátil de los precios en otros metales básicos como el Cobre, Plomo y Zinc) Los niveles de precios estables buscaban fomentar los aumentos máximos de consumo en entornos económicos de crecimiento sostenido. La realidad es que durante el tercer cuarto del siglo pasado (1950-1975), el consumo de Aluminio se incrementó a un ritmo medio del 8 % anual y los consumos de Molibdeno y Níquel al 6 % anual.

La expansión en el uso de estos metales vino favorecida por unas políticas de investigación y desarrollo de nuevas aplicaciones, fomentadas por las propias empresas productoras, y sobre todo, gracias a una política de precio estable. La larga cadena de éxitos empresariales de estas compañías, dio pié a la aparición de nuevos competidores hasta ese momento ausentes de los mercados del Aluminio, el Molibdeno y el Níquel.

Intensas campañas de exploración pusieron de manifiesto nuevos yacimientos hasta ese momento desconocidos (incluyendo la producción de molibdeno como subproducto de los yacimientos de Cobre) Se obtuvo suficiente financiación para el desarrollo de esos nuevos proyectos y nuevas fuentes de suministro aparecieron en el mercado. Con más vendedores

compitiendo en el mercado, la tradicional capacidad de fijación de precios de las primeras empresas se fue perdiendo. La estabilidad de precios dio paso a comportamientos más volátiles de los mismos.

Fue durante los años 80 cuando los precios del Aluminio, Molibdeno y Níquel subieron y bajaron en respuesta a las condiciones del mercado de igual forma que los hacían los demás metales básicos.

Sin embargo, los precios fijados por el productor han conseguido coexistir con los precios establecidos por una bolsa de metales, es algo que ha venido sucediendo en cierto modo con el Cobre, Plomo y Zinc.

Los productores de estos metales, han hecho intentos para suavizar los altos y bajos en las cotizaciones en las bolsas de referencia, en un esfuerzo por evitar las amenazas de la sustitución de los mismos en sus aplicaciones más tradicionales por sustancias con potencial de competencia. Sin embargo, se han producido fuerte distorsiones en el mercado y en las empresas implicadas, cuando las diferencias entre los precios productor y las de la bolsa han alcanzado unos niveles importantes. El mercado en forma de inversores y consumidores que agradecen las políticas de estabilidad de precios, captan entonces una intencionada alteración de los precios y provocan graves crisis de los mismos. Todo esto ha llevado a que la tendencia actual haya sido la adaptación progresiva de los precios productor a las cotizaciones marcadas por un mercado libre de metales.

Dos categorías importantes de materias primas minerales (los minerales industriales y los denominados metales menores) suelen venderse y valorarse sobre la base de precios de productor o precios definidos en acuerdos de forma periódica o de fuentes independientes.

La tabla I adjunta refleja los precios desde 1973 a 1985 de algunas sustancias no metálicas clásicas. La mayoría de los minerales industriales suelen venderse a granel, con relativamente bajos valores unitarios. Dentro de este grupo se incluyen el Azufre, Potasas, Fosfatos, Barita, Yesos, Sales, Fluoritas, Tierras de diatomeas, Talco y Amianto.

Una parte importante de su coste lo componen los gastos de transporte, manipulación y logística para poner el producto en el mercado. Prevalece una dura competencia entre estas materias primas y existe la creencia general que no tienen peso específico suficiente para establecer una bolsa de estas sustancias, de igual forma como sucede con los denominados metales básicos. Razones de su bajo valor unitario y también la dificultad de establecer unos estándares comunes de calidad, impiden comparar unos productos con los de su competencia.

A diferencia de los metales básicos, los menores tienen una peculiaridad que los destaca: un importante valor unitario, pero un volumen de negocio limitado. Muchos de ellos son recuperados como subproductos en el proceso de los básicos, como por ejemplo sucede con Molibdeno, Bismuto, Cadmio, Cobalto, Germanio, Indio, Teluro y Selenio.

Por lo general estos elementos son considerados como impurezas dentro de los concentrados de metales básicos, sin embargo, si el precio de venta una vez recuperados más la penalidad aplicada al minero superan el coste de su recuperación, pueden constituir un buen negocio.

El Antimonio y el Mercurio todavía representan una mayor proporción en la producción primaria que como subproductos de los concentrados de metales básicos.

Existe un problema en el hecho de que la producción de estos metales menores está directamente relacionada con la demanda de los metales básicos de los que proceden. No siempre la demanda de estos menores va en el mismo sentido que la de los metales básicos, por lo que se genera una fuerte volatilidad en sus precios. A veces, el bajo precio de algunos de estos metales no sirve para compensar los costes de recuperación y se produce un rechazo de los concentrados con altos contenidos en estos elementos o un fuerte incremento de sus penalidades. Las fuertes variaciones que pueden presentar estos metales en sus precios, debido a su escaso volumen de negocio, no son suficientes para arrastrar a los demás básicos.

Los precios de productor no son aplicables a dos de los metales más tradicionales, a saber, el Oro y la Plata. Por lo general, históricamente, sus fijaciones de precios han estado establecidas por otros procedimientos. Los suministros de Oro y Plata procedentes de las minas en el pasado, se encuentran, hoy en día, presentes en el mercado en forma de lingotes, monedas, joyas y obras de arte. Las transacciones de estas propiedades afectan a los precios de las nuevas producciones mineras y ejercen un papel dominante en su determinación.

El grupo de los metales platínidos (Pt, Pl y Po), con solamente dos centros tradicionales de producción – Sudáfrica y Rusia – han tenido en el pasado una política de precios de productor para hoy en día estar sujetos a una bolsa de metales.

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