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COMPARTE CAMA O COLCHÓN PARA DORMIR? Período 2007 2008 (en porcentajes)

LOS PRIMEROS AÑOS DE VIDA

COMPARTE CAMA O COLCHÓN PARA DORMIR? Período 2007 2008 (en porcentajes)

Fuente: EDSA, Observatorio de la Deuda Social. UCA. 0 - 5 años / n=1349

23,2

20,5 20,0

31,7 POR SEXO Y TIPO DE HOGAR

Varón Mujer Biparental Monoparental

37,7 23,7 15,5 9,1 36,9 8,4 COMPARTEN CAMA O COLCHÓN PARA DORMIR

Período 2007 - 2008. (en porcentajes) POR ESTRATO SOCIOECONÓMICO (en cuartiles y en 1° y 10° deciles)

Muy Bajo Bajo Medio Medio alto 10 %

más pobre más rico10 % No comparte - 78% Comparte - 22 %

ción familiar, en tanto las niñas en estos hogares duplican la probabilidad de com- partir cama en relación a sus pares varo- nes (ver tabla 17C).

Asimismo, la probabilidad de compar- tir cama o colchón que presentan los niños/as en contexto de pobreza en hoga- res monoparentales es mayor que la obser- vada en iguales condiciones sociales en hogares biparentales y significativamente menor en sectores medios y medios altos donde este tipo de prácticas es menos fre- cuente en el contexto de la monoparentali- dad que de la biparentalidad.

(f) Formas de disciplinar

En la puesta de límites, en la enseñanza de normas y valores, los adultos de refe- rencia de los niño/as suelen utilizar moda- lidades de “control externo” que buscan frenar los impulsos del niño/a como son las penitencias, amenazas, chirlos, etc. Estas formas de disciplinar a los niños/as ad- quieren diversos modos en cada época, y son utilizadas, y/o más o menos reconoci- das en su uso, según el tipo de hogar, la es- tratificación social, los espacios geográficos e incluso el género de los niños.

La aproximación que aquí realizamos indica que las formas de disciplinar a los niños/as en sus primeros años de vida, desde la perspectiva de sus adultos de refe- rencia son: en primer lugar las penitencias (65%), los retos en voz alta (64,7%), y en

menor medida los golpes, cachetazos o chirlos (29,4%), y/o las agresiones verbales (8,8%). Esta tendencia no presenta dife- rencias significativas por aglomerado ur- bano; sólo cabe mencionar que todas estas prácticas son utilizadas en menor medida en Gran Rosario que en el resto de los aglo- merados urbanos relevados por la EDSA (ver tablas 18A y B).

8,8 8,7 8,9

Penitencia Reto en voz alta Golpe, cachetazo, chirlo Agresión verbal 65,0 65,9 64,2 64,7 66,9 62,8 29,4 31,3 27,8 65,5 66,3 28,4 9,7 76,7 76,3 36,2 7,6 Biparental Monoparental FORMAS DE DISCIPLINAR Período 2007 - 2008. (en porcentajes) POR SEXO

Fuente: EDSA, Observatorio de la Deuda Social. UCA. 0 - 5 años / n=1349.

Total Varón Mujer

Penitencia Reto en voz alta Golpe, cachetazo,

chirlo Agresión verbal POR TIPO DE HOGAR

66,7 49,5 32,3 12,9 43,0 48,1 21,9 4,8 10% más pobre 10% más rico

Penitencia Reto en voz alta Golpe, cachetazo,

chirlo Agresión verbal POR ESTRATO SOCIOECONÓMICO

Estas prácticas no presentan diferencias significativas según el género de los niños/as, salvo en el caso de los golpes, ca- chetazos o chirlos que son experimentados levemente más por los niños que por las niñas (31,3% y 27,8%, respectivamente). Asimismo, no se observan significativas desigualdades sociales en la implementa- ción de estas prácticas entre estratos bajos y medios, sólo en el caso del estrato medio alto se observa una menor utilización y/o reconocimiento general de estas prácticas, lo cual genera una brecha de desigualdad entre estos niños y el resto. Sólo en el caso de las agresiones verbales se registra mayor nivel de desigualdad en el interior de la es- tratificación social, en tanto es una práctica reconocida mayormente a medida que des- ciende el estrato socio-económico de los hogares (ver tabla 18C).

Cuando analizamos estas prácticas, a la luz del tipo de configuración familiar, se observa que la probabilidad de que éstas se utilicen es mayor en los hogares monopa- rentales que en los biparentales. Asimismo, esta relación se mantiene en los estratos muy bajo y bajo y medio, pero tiende a re- vertirse en el estrato medio alto en el que la monoparentalidad no parece ser un factor de desigualdad negativo. En prácticas es- pecíficas como la violencia física y verbal se observa mayor desigualdad social en los hogares monoparentales que en los bipa- rentales, siendo mayor la probabilidad de que un niño/a sea violentado física o ver-

trato socio-económico. Por otra parte, se registran en el interior de los hogares mo- noparentales diferencias de género; mien- tras que las penitencias y retos en voz alta son más frecuentes en los niños que en las niñas, las agresiones verbales lo son más en las niñas que en los niños.

RELACIÓN CON GRUPO DE PARES

Los especialistas coinciden en señalar que después de los 3 años los grupos de pares ejercen una influencia cada vez más poderosa sobre el desarrollo del niño/a; en una primera etapa forman grupos efíme- ros con objetivos del momento y luego lo harán con un sentido de pertenencia.

El desarrollo de la personalidad es el resultado de un proceso de reconoci- miento progresivo de roles, que se ve facilitado por la interacción del niño/a con personas que ocupan una variedad de roles, primero dentro de la familia: la madre, el padre, los hermanos, los abuelos, y más tarde, los pares, los ve- cinos, los maestros. Asimismo, estable- cer contacto con personas de otras posiciones sociales facilitan al niño/a el ejercicio de nuevos roles y el desarrollo de una identidad más compleja, a me- dida que aprende a ejercer su rol de hijo, hermano, nieto, primo, amigo, compañero de equipo, alumno, etc. En este sentido, el desarrollo de la perso- nalidad del niño/a se ve enriquecida en

con estructuras diferentes de las que participe. Se conjetura que la participa- ción en actividades grupales, y en di- versos entornos, exige que el niño/a se adapte a diferentes personas, tareas y situaciones, lo que aumenta el alcance y la flexibilidad de su competencia cog- nitiva y sus habilidades sociales (Bron- fenbrenner, 1987).

A continuación se explora en las múlti- ples interacciones que establecen los niños/as con los adultos de referencia y grupos de pares, y espacios sociales y acti- vidades en los que participan, según el es- trato social de pertenencia, el género, el tipo de hogar y el aglomerado urbano.

(a) Dónde suelen jugar cuando no están en la escuela

Los niños/as en esta etapa de la vida suelen jugar básicamente en el contexto de sus hogares, ya sea dentro de la casa o en el jardín y/o patio de la misma (35%). Los es- pacios alternativos al propio hogar son la casa de amigos u otros familiares (22,5%), que son parte de la vida social de los adultos de referencia, y en menor medida otros es- pacios de recreación públicos como son pla- zas y parques (9%), el espacio público del barrio (la vereda, el baldío) (7,5%) y en una proporción muy baja espacios de recreación privados como son los peloteros y otros de juegos infantiles (1,5%).

En las ciudades del interior del país,

los niños/as juegan en una proporción le- vemente mayor que en el Gran Buenos Aires, en el jardín o patio de la casa y fuera de la misma en veredas y baldíos. Probablemente muy asociado a la mayor existencia de casas con espacios de jardín y a la menor inseguridad en los espacios barriales y residenciales, además de as- pectos socioculturales que se van per- diendo en el Gran Buenos Aires (ver tablas 19A y B).

Las diferencias de género son poco sig- nificativas, y sólo se registran en la visita a amigos y/o familiares que es mayor en las niñas que en los niños.

DÓNDE JUEGAN HABITUALMENTE