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EL DOCENTE Y SU FORMACIÓN EN GESTION CURRICULAR

6.2. Competencias docentes para la gestión curricular

Frente a los cambios y readaptaciones en el ámbito educacional, el profesor está llamado a establecer un acomodo con la historia y el presente de la profesión, es decir

con sus ideas, relaciones y prácticas, percepciones y vivencias de un modelo de profesión en el que ha sido socializado y ha construido sus señas de identidad profesional.

Las reconstrucciones de que está siendo objeto la profesión docente en el contexto actual de cambios curriculares y organizativos es un tema que viene atrayendo la atención. Según Perrenoud (2000) la literatura pedagógica presente alude a un tipo de profesor que habría de reunir características personales, conocimientos y competencias profesionales, incluso disposiciones y compromisos sociales y culturales que en su conjunto dibujan un perfil docente sumamente amplio e intenso, mejor dotado de conocimientos y habilidades.

La imagen del profesor ha tomado diferentes matices, del profesor con dominio de ciertos contenidos básicos e instrumentales se fue pasando al profesional pedagógicamente competente; del profesor equipado con habilidades didácticas, al profesional reflexivo que habría de razonar en la práctica sobre la utilización adecuada y prudente de las mismas. Así una serie de imágenes han ido haciendo desfilar por los discursos pedagógicos la idea de profesor artesano, experto en conocimientos, competente y eficaz en sus métodos, artista y reflexivo en su actuación, social y colegiado en la articulación de sus decisiones, así como también la de un profesional comprometido moral y socialmente con una profesión de relevancia humana, social y política como la enseñanza, la educación.

Así mismo, la reforma curricular, al haber apostado por un modelo de enseñanza y aprendizaje constructivista, no sólo reclama al docente un carácter profesional reflexivo, investigador e innovador constante de sus ideas y supuestos, prácticas y resultados educativos, sino a la vez, un sujeto activo y partícipe de la elaboración de proyectos educativos y curriculares de sus centro y etapas escolares.

Estos atributos llevados al campo del currículo y las competencias que desarrolla el docente en la gestión del mismo, se presenta como una gran oportunidad para organizarlo en forma deliberativa.

Según Perrenoud (2000) para desenvolverse como profesor en el nuevo contexto se requiere dominar nuevas competencias:

- Gerenciar una clase como una comunidad educativa.

- Organizar el trabajo en diversos espacios-tiempos de formación (ciclos proyectos escolares).

- Cooperar con sus colegas, padres de familia, y otros. - Concebir y dar vida a dispositivos pedagógicos complejos.

- Identificar y modificar aquello que da sentido a saberes y actividades escolares. - Crear y generar situaciones problemas, identificando obstáculos.

- Analizar y reordenar sus tareas.

- Evaluar competencias de construcción en sus alumnos.

El papel del docente por tanto es decisivo en el logro de una educación de calidad, aquí entra en juego su formación y competencia pedagógica, ya que la transformación educativa no se concibe sin la competencia del sistema, de la institución y del docente.

Según Bar, G. (1999) la sociedad del futuro exigirá al docente enfrentarse a situaciones difíciles y complejas, es así que el término competencias se utiliza en este contexto para referirse a la capacidad de “hacer con saber”y con conciencia acerca de las consecuencias de ese hacer. Toda competencia involucra al mismo tiempo conocimientos, modos de hacer, valores y responsabilidades por los resultados de lo hecho.

Cecilia Braslavsky (1999), expresa que los profesores que trabajen actualmente y que deseen persistir en roles vinculados a la mediación con los conocimientos en proceso de proliferación deberán tener competencias vinculadas con la resolución de los problemas o desafíos más coyunturales, a las que denomina “pedagógico – didáctico” y “político – institucional”, vinculadas con desafíos más estructurales, denominadas “productiva e interactiva” y vinculadas con procesos de especialización y orientación de su práctica profesional, denominada “especificadora”. Al respecto se comentará cada una de ellas:

- Las competencias pedagógico–didácticas: Son facilitadoras de procesos de

aprendizaje cada vez más autónomos; los profesores deben saber conocer, seleccionar, utilizar, evaluar, perfeccionar y recrear o crear estrategias de intervención didáctica efectivas. Es indispensable que los profesores posean criterios de selección entre una serie de estrategias conocidas para intervenir intencionadamente, promoviendo los aprendizajes de los alumnos y creando otras estrategias allí donde las disponibles fuesen insuficientes o no pertinentes. Así mismo, es importante que los profesores se constituyan en facilitadores de procesos de aprendizaje cada vez más autónomos, y no expositores que desplieguen información

- Las competencias institucionales: Los docentes deben tener la capacidad de articular lo macro con lo micro: lo que se dispone en el sistema educativo con lo que se desarrolla a nivel institución, aula, patio, taller, etc. y los espacios externos a la escuela.

Es importante que los docentes comprendan que lo que deciden los Ministerios tienen mucho que ver con lo que pase en las escuelas y en las aulas, pero que, al mismo tiempo, no define plenamente lo que pasa en las instituciones y aulas. Los docentes

deben valorar los procesos y acontecimientos que viven sus escuelas y buscar ampliar los márgenes de autonomía.

- Las competencias productivas: Tienen que ver con la capacidad de estar abierto e inmerso en los cambios que se suceden a gran velocidad para orientar y estimular los aprendizajes de niños y jóvenes. Los docentes deben intervenir como ciudadanos productivos en este mundo cambiante y sólo alguien que comprende el mundo en su completa concepción puede realmente orientar a los niños y jóvenes y promover aprendizajes para el siglo XXI.

- Las competencias interactivas: Están destinada a estimular la capacidad de

comunicarse y entenderse con el otro; ejercer la tolerancia, la convivencia, la cooperación entre diferentes. La nueva concepción profesional propone el trabajo interdisciplinario, el trabajo en equipo, la responsabilidad compartida y el dominio de la especialización para enfrentar el volumen de conocimientos propios de fin de siglo. - La competencia especificadora: Se refiere a la capacidad de aplicar un conjunto de

conocimientos fundamentales a la comprensión de un tipo de sujetos, de instituciones o de un conjunto de fenómenos y procesos, con un mayor domino de contenidos de las disciplinas y de sus metodologías.

Si bien los profesores se han formado para un determinado nivel o modalidad, por un lado, y para una disciplina (en el caso de la educación secundaria) por el otro, esto trae como consecuencia la dificultad de los profesores de nivel inicial y primario para resolver ciertos desafíos de especialización que hoy en día es necesario atender para afrontar la vertiginosidad del conocimiento.

Así también, la hiperespecialización disciplinar de los profesores de educación secundaria no siempre les permite abrirse a un tipo de trabajo interdisciplinario, y atenta en gran medida contra las posibilidades de modificar la organización institucional

fragmentada de la educación secundaria, concentrar el trabajo profesional en un único establecimiento y conducir la formación de un número razonable de jóvenes.

Es importante por tanto, reflexionar en el futuro de los profesionales de la educación y repensar en su formación desde la base, preparándolos para enfrentar escenarios y desarrollando en ellos determinadas habilidades. Bar, G. (1999) propone algunas de ellas:

- Planificar y conducir movilizando otros actores.

- Adquirir o construir contenidos y conocimientos a través del estudio o la experiencia. Hay saber cuando un proceso o actividad es aplicado en situaciones o prácticas que requieren dicho saber.

- Identificar los obstáculos o problemas que se presentan en la ejecución de proyectos u otras actividades del aula. Esto requiere una capacidad de observación que debe aprenderse ya que no se encuentra naturalmente.

- Seleccionar diferentes estrategias para el desarrollo del proceso de enseñanza y aprendizaje, para la optimización del tiempo, de los recursos y de las informaciones disponibles.

- Desarrollar proyectos para promover el proceso de aprendizaje.

- Se pretende que docentes y alumnos en situación mutua de aprendizaje orienten sus capacidades cognitivas y sociales al ejercicio de dar sentido a la sociedad. Los contenidos curriculares dejarán de ser fines en si mismos para transformarse en los medios necesarios para alcanzar esas capacidades que entrenan en el análisis, la inferencia, la prospección, la solución de problemas, el aprendizaje continuo, la adaptación a los cambios, la proposición de valores favorables a la intervención solidaria en la realidad.

El desarrollo de estas habilidades, permitirá delinear un perfil profesional docente que asegure su desempeño en la sociedad de las próximas décadas. Según Bar, G (1999) existe consenso entre los expertos respecto al perfil profesional que deben tener los docentes:

- Actitud democrática, convicción de libertad, responsabilidad, respeto por todas las personas y grupos humanos.

- Principios éticos sólidos expresados en una auténtica vivencia de valores. - Sólida formación pedagógica y académica.

- Autonomía personal y profesional.

- Amplia formación cultural con una real comprensión de su tiempo y de su medio que le permita enfrentar con acierto y seguridad los diversos desafíos culturales.

- Capacidad de innovación y creatividad.

Para que los docentes desarrollen las competencias y perfil enunciado es necesario implementar dispositivos de formación y entrenamiento que los comprometa a aumentar sus capacidades de observación, de agudizar prácticas reflexivas, de fortalecer el sentido de su propia capacitación, de desarrollar inteligencias múltiples, de atender a los valores.

6.3. El desarrollo profesional del docente en el proceso de gestión e investigación de