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“Sin competencias, no hay inclusión En este contexto de llegar a todos los estudiantes, podemos descubrir el papel

altamente relevante del desarrollo de las competencias,

como un instrumento fundamental para la inclusión y

para asegurar que todos los estudiantes adquieran el

conocimiento involucrado en cada disciplina”

71

.

Es indudable que las competencias, en el contexto del aprendi- zaje permanente, cuentan con un amplio espacio en el desarrollo de las políticas educativas para el siglo XXI, especialmente en la acción estra- tégica de las organizaciones internacionales, que asumen el “espacio público como un nuevo lugar de legitimación del conocimiento”72.

Hay dos vectores en las políticas educativas de la agenda 2030: por un lado, el principio del aprendizaje permanente y los cuatro pilares del conocimiento, presentes en el Informe Delors;por otro, el Objetivo de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas73, relacionado con la edu-

cación.

Es importante reconocer que la inclusión está lejos de ser un objetivo logrado, y que la educación, debido a sus dimensiones formales, no for- males e informales, en respuesta a las necesidades individuales y socia-

71 Costa y Couvaneiro, 2019, pp. 87, 89. 72 Pestre, 2013, p. 32.

les, sigue teniendo como gran reto y objetivo fundamental el “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportuni- dades de aprendizaje permanente para todos”.

Cualquiera que sea la perspectiva sobre la educación, existe un consen- so ampliamente compartido sobre que la sociedad de la información y el conocimiento requiere de una discusión profunda sobre las com- petencias, más aún si tenemos en cuenta los cambios tecnológicos, la digitalización, el aumento de las incertidumbres, los riesgos crecientes y los problemas de salud que están caracterizando a estas primeras dé- cadas del siglo XXI y el impacto que estas cuestiones tienen sobre las competencias individuales, sociales y técnicas necesarias74.

En esta perspectiva, hay un cambio conceptual en la educación y que está presente en la defensa de una educación de calidad, es decir, aque- lla “que prepara a los estudiantes para la vida, proporcionándoles las herramientas necesarias que les permitan ser ciudadanos activos, so- cialmente adaptados, productivos y felices”75.

Aunque se reconoce el énfasis en la información y el conocimiento, el dominio de las competencias se convierte en un tema crucial, asumido por organizaciones internacionales según el principio de la educación permanente y los pilares del conocimiento múltiple y transdisciplinario: aprender a saber, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser76. 74 Schwab, 2017.

75 OEI, 2018, p. 37. 76 Delors, J., 1996.

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La atención prestada a la educación basada en competencias se con- vierte, en efecto, en un discurso internacional que es bastante atractivo en todos los niveles de la sociedad y construido y compartido por la UNESCO, la OCDE y la OEI.

Para afirmar esta tendencia, las citadas organizaciones sostienen que la educación integral implica el dominio simultáneamente de compe- tencias cognitivas y socioemocionales77, con la finalidad de promover el

bienestar de niños, jóvenes y adultos en un mundo complejo y abierto a cambios constantes, tanto en su vida cotidiana, como en su mundo la- boral. Es así como se promueve la inclusión sobre la base del respeto a la diversidad cultural y lingüística y la educación de calidad para todos. Como punto de partida, la Agenda 2030 de la UNESCO para América La- tina y el Caribe78 considera tres preguntas específicas: ¿Qué educación

necesitaremos para el siglo XXI? ¿Cuál es la finalidad de la educación en el contexto actual de transformación social?, y ¿Cómo debe transfor- marse el aprendizaje?

Algunas declaraciones programáticas, como las de UNESCO79 y OCDE80,

están alineadas con la definición de una agenda basada en una pers- pectiva innovadora para una educación de calidad, en el contexto del aprendizaje permanente, así como un enfoque orientado hacia el aprendizaje inclusivo, para reducir la desigualdad y promover el desa- rrollo sostenible.

En este mismo sentido, la OEI, en la parte II, titulada “Habilidades y competencias para el siglo XXI en Iberoamérica” de su Programa-Pre- supuesto 2019-2081, presenta una propuesta conceptual a favor de una

educación de calidad, equitativa e inclusiva, que ofrezca oportunida- des de aprendizaje a lo largo de la vida para todos, argumentando que “las competencias no son en sí mismas conocimientos, habilidades o actitudes, aunque movilizan,integran, orquestan tales recursos”82, esto

es, que “esta movilización sólo resulta pertinente en situación, y cada situación es única, aunque se la pueda tratar por analogía con otras ya conocidas”83.

77 OCDE, 2015.

78 UNESCO-OREALC., 2017. Ver también UNESCO, 2015. 79 UNESCO, 2016.

80 OECD, 2018. 81 OEI, 2018. pp. 25-61. 82 Ibid., p. 33.

Se reconoce, por consiguiente, la urgencia en establecer la base de una educación in- clusiva a través del desarrollo de competen- cias, constituidas, en primer lugar, a partir de la diversidad de tipos de conocimiento que pueden dotar a las personas de capacidad de acción en un contexto dado84.

En el contexto de educación formal, “la fina- lidad de la escuela no puede agotarse en la enseñanza y aprendizaje de los contenidos disciplinares establecidos en el currículum y organizados en los libros de texto”, por lo que su misión es “ayudar al desarrollo de las capa- cidades, competencias o cualidades humanas fundamentales que requiere el ciudadano contemporáneo para vivir de manera satisfac- toria en los complejos contextos de la era de la información. ¿Qué y cuáles son estas cualida- des humanas, capacidades o competencias?, ¿quién las define?, ¿cómo se desarrollan?”85.

¿Qué competencias y habilidades para el siglo XXI en Iberoamérica?

Una propuesta a favor de una educación de calidad, equitativa e inclusiva y con oportunidades de aprendizaje para to- dos a lo largo de la vida OEI 86.

La consolidación de una concepción de la educación basada en competencias es algo que se ha compartido globalmente en busca de respuestas adecuadas a desafíos com- plejos, ya que el aprendizaje permanente re- quiere nuevos conocimientos, otras compe- tencias y un aprendizaje diferente87. Sin em- 84 Ver por ejemplo: Poso Flórez, 2015; Perinat, 2004;

Au digier e Tutiaux, 2008.

85 Pérez Gómez, 2012, p. 39. 86 OEI, 2018, p. 32.

87 Scott, 2015.

bargo, no existe un consenso generalizado, solo propuestas de marcos y referencias, en cuanto a cuáles son las competencias que la educación requiere hoy para la formación de ciudadanos que comparten, en una sociedad cada vez más global, compleja y conectada, formas de pensar y actuar.

De manera paradigmática, el Informe Delors88

señala que, en el siglo XXI, la sociedad de la información y el conocimiento coloca a la educación ante un doble reto: “La educación deberá transmitir, masiva y eficazmente, un volumen cada vez mayor de conocimientos teóricos y técnicos evolutivos, adaptados a la civilización cognoscitiva, porque son las bases de las competencias del futuro; deberá hallar y definir orientaciones que permitan no dejarse sumergir por la corriente de informa- ciones más o menos efímeras que invaden los espacios públicos y privados y conservar el rumbo en proyectos de desarrollo individua- les y colectivos”89.

Y concluye: “En cierto sentido, la educación se ve obligada a proporcionar las cartas náuticas de un mundo complejo y en perpetua agita- ción y, al mismo tiempo, la brújula para poder navegar por él”90.

88 Delors et. al., 1996, p. 91. 89 Delors et al., 1996, p. 91. 90 Ibid., p. 91.

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