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El comportamiento docente en el marco de la ética pública

Capítulo I. MARCO DE REFERENCIA

3. La educación desde una perspectiva jurídica

3.2. Normas infraconstitucionales

3.2.1. El comportamiento docente en el marco de la ética pública

Todos los integrantes de las comunidades educativas estatales están comprendidos ―entre otros funcionarios y empleados públicos― en la Ley de Ética de la Función Pública87 Nº 25.188 de 1999. Por ella están obligados a cumplir determinadas pautas de comportamiento ético, como “honestidad, probidad, rectitud, buena fe y austeridad republicana”.88

No es la primera vez que funcionarios públicos ocupan espacios en los medios de comunicación social por la presunta comisión de delitos y que, pasado el tiempo, casi nunca se los juzga ni ―menos aún― son condenados. Lo que interesa sobremanera aquí es la posible reacción de un adolescente al enterarse de que tres argentinos cuyas conductas influyen sobremanera en los demás pudieron haber cometido delitos. Su psiquis procesará un efecto devastador ―o no― respecto de la confianza en los gobernantes y ―por ende― en el mundo adulto. Cuáles serán sus pasos futuros, habida cuenta del abismo que podría surgir entre lo que él creía de esas personas (y/o de sus investiduras) y lo que ahora conoce, es algo incierto. Escuchará voces a favor y en contra de los encartados que quizás lo confundan

86. Quiroga Lavié, Humberto, Benedetti, Miguel Ángel y Cenicacelaya, María de las Nieves,

op. cit., página 319.

87. En esta investigación se considera función pública a toda actividad realizada por una persona en nombre o al servicio del Estado o de sus entidades. En tal calidad le está prohibido recibir beneficios personales indebidos vinculados al ejercicio de su función. La historia argentina ofrece

casos de estos beneficios ―muchos de ellos denunciados, pero casi nunca probados― recibidos por

funcionarios de todos los niveles. Considerando los últimos treinta y seis años ―aunque el flagelo se

inició en el siglo XIX― fueron sindicados como corruptos funcionarios pertenecientes tanto a la

última dictadura militar como a los gobiernos civiles desde 1983 a la fecha. 88. Artículo 2.b de la Ley de Ética de la Función Pública.

sobremanera. Las opiniones sobre el tema que surjan en su familia y lo que oportunamente algún docente ―u otro adulto referente― puedan comunicarle, tal vez ayuden al adolescente en la encrucijada. En tal sentido, las palabras de los padres (u otros responsables) y/o las de docentes (todos como modelos de identificación) serán de valor para reivindicar a dos instituciones que vienen sufriendo los embates de una sociedad que ―en estos inicios del siglo XXI― debe resolver en forma integrada viejos y nuevos problemas de política educativa. Ellas son la familia y la escuela. Pero también existen quienes piensan diferente: “no tenemos con quién identificarnos; los profesores, los que gobiernan, no queremos ser como ellos”, expresaban cuatro egresados (dos varones y dos mujeres) del nivel medio de la escuela C, pertenecientes al Distrito de Junín. Ahora bien, tras cambios que se habrían producido en las últimas décadas, la adolescencia tiende hoy a continuar en el tiempo y no se la vive como una etapa “incómoda” o “de paso”. Ya a fines de los ’60 investigadores de la psicología de la conducta llamaban la atención sobre la prolongación de la misma.

En el ámbito educativo también suceden comportamientos ilícitos. Así, fue criticada por sus pares la actitud que tuvieron en 2011 algunos profesores de nivel medio del Distrito citado, quienes produjeron datos inexactos en sus declaraciones juradas para obtener un beneficio personal.89 Hicieron constar menos horas/cátedra de las que realmente trabajaban, con la finalidad de acceder ―vía actos públicos― a más horas/cátedra, perjudicando así a otros profesores. La falta de control y el silencio de algunos docentes a pesar de que tuvieron conocimiento de dichas actitudes― explican la impunidad frente a lo sucedido.90

En otro orden de ideas, un tema al que periódicamente se hace referencia (por ejemplo en la sala de profesores) es la manera en que se guía a los educandos hacia comportamientos positivos. Es conocido por todos los agentes educativos que los docentes de los primeros años del nivel medio realizan una tarea de la que seguramente aprovecharán sus frutos los educadores de los últimos años (particularmente los profesores de quienes egresan). Es decir, una realidad es la que viven diariamente con un educando de trece años y otra diferente es la interacción profesor-alumno cuando transcurre el último año del nivel. La “obra” de aquéllos

89. Tenía vigencia por entonces una normativa provincial a tenor de la cual se otorgaban

horas/cátedra de cualquier asignatura ―según el puntaje de cada docente registrado en el listado oficial― a aquel profesor que, al momento del acto público, tuviera acreditadas hasta diez

horas/cátedra como máximo, independientemente de su situación de revista (titular, provincial o suplente). Si superaba ese número debía abstenerse de intervenir en el acto público.

90. Estas informaciones se obtuvieron en diálogo con docentes de nivel medio del referido

Distrito, al finalizar los actos públicos ―llevados a cabo en el organismo estatal pertinente― el 4 de

abril y el 6 de mayo de 2011. En dichos actos se efectuó el otorgamiento de horas/cátedra a docentes teniendo en cuenta su puntaje en los listados confeccionados anualmente según las diferentes ramas y

áreas. La ilicitud ―cometida por tres docentes― se producía falseando los datos en sus declaraciones

juradas, con los que ―ulteriormente― se constituían los referidos listados.

se observa con nitidez en el desempeño escolar de los egresados. Por tal razón, algunos docentes sostienen que la formación profesional debería incluir algunas diferencias y caracteres propios, tratándose del Ciclo Básico o del Ciclo Superior. Por otro lado, en torno al comportamiento ético del profesor, éste debe conducir a un grupo de alumnos con un irrestricto respeto por los derechos humanos de todos ellos. Debería descartarse siempre una conducta opuesta, aunque un suceso como el denominado “Jardín del horror”91 mostró qué cosas pueden acontecer. Por otro lado, los docentes imparten sus enseñanzas en un ámbito donde el diálogo es el instrumento idóneo para aunar criterios y liberar tensiones. Éstas nunca debieran alcanzar una intensidad tal que conduzca al conflicto, pero si el mismo acontece deberá aceptárselo. Ello significará afrontar la realidad. En tales circunstancias, los docentes rescatarán el valor de la tolerancia para aprender a partir de las diferencias. En esta investigación se consultará a educadores de egresados adolescentes y adultos del Distrito de Junín en orden al reencauzamiento de conductas inadaptadas de los mismos (en el aula y en otros ámbitos escolares).