Capítulo I. El campo sociológico sobre la lectura
1. La lectura como objeto sociológico
1.1. Comprendiendo la práctica desde dos enfoques en disputa: habitus y apego
1.1.2. Comprender la práctica desde la noción de apego
Inserta en una corriente denominada sociología pragmática, la sociología del ‘attachement’7 ha irrumpido en la escena sociológica desde los años ’90, aportando en la
comprensión de las prácticas y los objetos desde la perspectiva de la mediación (Bénatouïl, 1999). En ella, uno de los elementos centrales dice relación con el estatus de las personas y las cosas en el estudio del quehacer humano, al igual que las dinámicas que las vinculan y sobre las cuales lo social adquiere forma y materialidad. Este elemento fundamental permite estudiar, por ejemplo, la noción de gusto por la práctica desde una perspectiva multimodal y relacional entre individuos, cosas e interacciones.
En esta sociología, uno de los autores e investigadores más importantes es Antoine Hennion, quien, junto a Bruno Latour (1993), sostiene que en el quehacer sociológico es necesario introducir transformaciones conceptuales y comprensiones complejas sobre la actividad humana entre las que se cuentan (i) considerar lo social también como algo ‘construido’, performativizado por los objetos, por lo que los objetos no serían meros reflejos de lo social y (ii) concebir el colectivo y el vínculo social que lo define con la totalidad de elementos humanos y no-humanos interactuantes, siendo cada elemento un posible mediador de la actividad humana. En esta perspectiva, la práctica es comprendida como articulación, ensamble u orquestación (Hand & Shove, 2004; Ingram, Shove, & Watson, 2007; Shove & Pantzar, 2005) de dimensiones de distinta naturaleza las que actuarían interactivamente entre sí. Este enfoque no sólo propone comprender la interacción entre los seres humanos, otros seres y los objetos, sino también considerar en el comportamiento de los agentes esas dimensiones de distinta naturaleza. Al modo en que Hennion (2001) sostiene que es
imprescindible avanzar más decididamente en una sociología de los ‘amateurs’ de la música, en
el estudio de la lectura, esta perspectiva nos permitiría avanzar más en una sociología de los lectores (sus historias, motivaciones, etc.), de sus lecturas (ejecuciones) y de las materialidades u objetos que las representan. Este enfoque permite, además, una comprensión más móvil del fenómeno social, incluyendo las dimensiones relacionales y situacionales de la lectura. También permite tomar distancia del discurso científico que fetichiza los conceptos y los objetos que los
7 La denominación original es en francés: attachement, de allí que privilegio la escritura en este idioma que se
movilizan (Hennion & Latour, 1993), como por ejemplo: los libros o las bondades de la lectura.
En el estudio de la música, Hennion (2002) caracteriza la práctica como huidiza a ojos del investigador ya que nunca le es posible analizarla, comprenderla, aproximarse a ella sin utilizar mediadores o mediaciones, sean los objetos que la representan, quienes la ejecutan (usuarios y productores) o los sentidos que moviliza (representados en otros ámbitos, por ejemplo en una taquilla completamente vendida denotaría la valoración de una determinada obra). De allí que para estudiarla sea necesario seguir esas mediaciones y analizarlas como redes o ensambles que definen, caracterizan y manifiestan la práctica.
De allí que, aunque esta forma de aproximarse al estudio de las prácticas podría confundirse con una supremacía del individuo respecto a la comprensión del mundo social, el
programa investigativo que la sociología del attachement propone implica comprender también
al individuo de manera un tanto más compleja escapándose del binomio tradicional estructura/individuo que tensiona a las ciencias sociales. Se trata de considerar la agencia como posibilitadora y posibilitada por el mundo material.
La filósofa pragmática Annemarie Mol (2008) señala que el individuo puede usar el “Yo” para describir una actividad prosaica como comer una manzana, pero la agencia de la actividad no estaría sólo en el “Yo” sino en el ‘receptor’ y ‘posibilitador’ del acto del “Yo”, en este ejemplo sería la manzana. La subjetividad en juego, y de la cual nos enganchamos en parte para explicar el mundo social y, en particular, una práctica concreta, no se definiría únicamente por la diferencia física entre quien come la manzana y la manzana misma sino por el acto de comer que implica tanto la persona (el sujeto de la acción) como el objeto (que da sentido a la acción). Esa acción no puede existir sin la presencia de todos los componentes de la misma, sino sería otra cosa y no ‘comer manzana’.
En una lógica similar, la sociología del attachement propone la comprensión de las
prácticas desarrollando la idea de que entre el individuo, la actividad y los objetos que la
representan se conforma un vínculo o ‘Attachement’ (Gomart & Hennion, 1999; Hennion, 2001,
2008, 2010). Este concepto puede ser traducido al castellano con dos connotaciones ligeramente diferentes: apego o acople. La primera acepción connota un fenómeno afectivo, por ejemplo, el apego materno. La segunda connota un fenómeno neutral como la yuxtaposición o cercanía de dos elementos, por ejemplo, un archivo adjunto. En la
presentación de Hennion, prima la primera connotación sosteniendo que la realización de una práctica dependería de la relación de apego que el individuo tendría con la misma, relación que estaría provocada por la práctica misma. Al modo en que no se puede comer manzana sin tener manzana, y sin tener deseo de comer manzana, deseo que no necesariamente es generado en el individuo sino también que se genera desde la manzana, no se puede escuchar música sin música, sin aparatos reproductores de música y sin gustar de escuchar música. En relación a la lectura: no se podría leer sin un mundo escrito, sin orientación o propósito y ¿sin gustar de leer?
Argumentando en esta línea, Silvia Gherardi (2009), investigadora de la Universidad de
Trento quien se inscribe en el paradigma de la sociología del attachement, agrega la idea que el
gusto es una forma de apego a una comunidad de práctica y que éste refleja o denota la práctica misma. La producción del gusto respondería a una lógica interactiva entre las acciones del individuo, la comunidad que comparte un vocabulario (para evaluar, para valorar, para desarrollar la práctica) y los objetos. En la interacción que se genera entre el lenguaje compartido, la producción de una identidad que representa una comunidad epistémica y el refinamiento de las acciones propias de la práctica, se moldearía, construiría, transformaría el apego.
Tanto Hennion como Gherardi se embarcan en sostener que el gusto es, finalmente, el criterio final por el que se definiría la práctica y afirman que el apego apasionado al objeto, manifestado en él, estaría a la base de las decisiones que se toman en la ejecución de un determinado quehacer. Insistiendo en este punto: el gusto sería producido/provocado tanto desde los objetos que representan la práctica –los que finalmente cumplen un rol de objetos de deseo para el individuo– como por el individuo y la comunidad de práctica a la que pertenece.
A diferencia de la perspectiva bourdieusiana antes expuesta, en este enfoque el gusto sería una manifestación activa de la persona y de la práctica. No hay indicio de mecánica reproductiva. No se trata de disposiciones aprendidas sino de aprendizaje dinámico entre una ‘propuesta’, en la ocurrencia la práctica, que preexiste al individuo y una forma de apropiación que le sucede al individuo y que el individuo, a su vez, hace suceder.
Encontrando totalmente plausible la lógica planteada por la sociología del attachement
creo imprescindible hacer distinciones que refieran a la especificidad de la lectura. En esta lógica me parece que estas nociones explicarían sólo algunas formas de la lectura, las cuales
remitirían a la tradicional, y por tanto algo fetichista, lectura placentera que se hace por apreciación estética o por esparcimiento. También sería un elemento explicativo de las lecturas que están subordinadas a otras prácticas pero por el placer o gusto que es asignado a dichas otras prácticas más que por la lectura misma. Por ejemplo, leer para aprender una nueva receta de cocina.
Y sostengo esto porque, en esta sociología, al hablar de attachement como apego éste se
asocia a pasión por la práctica, sea que se trate de consumo de drogas (Gomart & Hennion, 1999), de la música (Hennion, 2002) o de escalar (Ingram et al., 2007; Shove & Pantzar, 2005). La pasión correspondería a una manifestación afectiva que connotaría una forma de abandono de sí en favor de otra cosa, otra persona o, como en este caso, de una actividad. En este contexto, tal forma activa/pasiva sería “el abandono a la fuerza de los objetos y la suspensión
del self”8 (Gomart & Hennion, 1999, p. 227).
La lectura, en todas sus manifestaciones ¿es una forma de abandono, de pasión? Toda forma de lectura ¿provoca el mismo grado de compromiso en su realización? Ese grado de compromiso ¿es posible denominarlo igualmente afectación?
La hipótesis que planteo es que el concepto de attachement, en su connotación de
acople, permitiría explicar también formas menos gustosas de lectura aunque igualmente constantes y presentes en la vida de las personas. Así, el acople, entendido como yuxtaposición o adyacencia entre dos elementos, lograría dar cuenta de una relación menos imbricada en el carácter de los elementos participantes de la práctica, si se quiere, con menos traspaso de identidad entre esos elementos pero igualmente comprometida como lo es en el apasionamiento por una práctica.
Quisiera, por esta vía, plantear tres puntos para un análisis posterior. En primer lugar,
comprender la lectura gustosa desde la perspectiva del attachement como ejercicio de la pasión,
noción que complejiza y plantea una visión diferente a la de la mera reproducción de habitus de
clase. Se trata de reconocer cuáles son las mediaciones provocadoras, instigadoras y reiterativas de la experiencia gustosa, las cuales han sido abordadas tradicionalmente desde los objetos, más precisamente “el amor por los libros” (Eco & Carrière, 2010), olvidando el rol de las interacciones y, desconociendo, los va y viene entre los elementos (ámbitos, dominios,
entidades) que componen la práctica y que la teoría del attachement reconoce. Siguiendo la propuesta de Hennion, Méadel y Bowker (1989) “[p]retendemos mostrar que es imposible decir nada acerca del sujeto o del objeto de deseo sin volver a mirar aquello que media en la
brecha [cercana o lejana] existente entre ambos”9 (p.192).
En segundo lugar propongo una comprensión de la lectura en sus modalidades menos gustosas desde el ejercicio del apego como acople o yuxtaposición de elementos, particularmente en esas modalidades en que la lectura es impuesta u obligatoria. Esto me permite visualizar esas otras formas de la práctica no siempre consideradas en los estudios existentes, es decir, comprender la multiplicidad de formas de leer y de los distintos tipos de apego, fuera del apasionamiento, que podrían existir.
En tercer lugar, incorporo una noción planteada por Gherardi (2009) para quien, como ya lo señalé, un elemento central para comprender la práctica es su carácter situado en una comunidad, es decir, la práctica como un modo de ser y de estar en el mundo social que es idiosincrático a un grupo. El riesgo conceptual es volver a reificar la práctica dentro de una especie de identidad colectiva inamovible y, por tanto, reproducible, pero Gherardi está lejos de una idea similar y más bien busca considerar las dos dimensiones que la práctica moviliza:
“patrones recurrentes de acción (…) y patrones recurrentes de la acción socialmente sostenida”10
(ob. cit., p.536), lo que implica reconocer tanto los mecanismos de producción como de reproducción del orden social, procesos que parecen contradictorios pero que, según Gherardi operan simultáneamente también en la realización de una determinada práctica. Además, operan diferenciadamente dependiendo del tipo de comunidad, del tipo de práctica y del tipo de relación del individuo con la comunidad. Esto haría necesario analizar la práctica estableciendo diferencias entre los distintos tipos de practicantes puesto que no sería lo mismo que se trate de una comunidad profesional y un practicante profesional, una comunidad de gusto y un practicante amateur, o una comunidad de uso y un practicante usuario.
* * * *
Dedicaré un apartado más extenso a la sociología pragmática y a la sociología de la
afectación (attachement) cuando me refiera a las bases epistémicas de esta investigación dado que
el enfoque de trabajo realizado, en parte, se inserta en esa corriente. En esta breve presentación
9 Original en inglés 10 Original en inglés
sólo quise establecer una referencia al debate conceptual y metodológico que existe en relación a los modos de comprender las prácticas abordando un concepto central de ellas, el gusto, y dos maneras de conceptualizarlo que se asocian directamente con el concepto de práctica mismo.
La sociología de la afectación otorga un encuadre flexible a esta comprensión desde el momento en que considera la práctica tanto en su dimensión reproductiva como productiva. Este encuadre permite visualizar los mecanismos agenciales de los individuos pero también las posibilidades y restricciones que el mundo otorga. El estatus otorgado a las materialidades parece oportuno pero, sobre todo, la perspectiva de éstas (y de los otros elementos que constituyen la práctica) en una trama o red de relaciones. En este sentido, sociología pragmática, teoría actor-red y sociología de la afectación están emparentadas en la comprensión de los mecanismos, pero pareciera que es la sociología de la afectación la que se adentra más seriamente en una investigación inclusiva de los individuos, sus reflexividades y lo que les acontece (Tironi, 2012). Como lo señala Hennion (en Tironi, ob. cit.)
el trabajo de seguir y observar a los actores, de dejarlos desplegar sus propios mundos no es solo un trabajo de relevación de sus determinaciones, sino sobre todo un acompañamiento que se hace con ellos. Esta es la única forma de ver de qué manera la realidad se les transforma al mismo tiempo que los actores cambian su relación con los objetos. (p.124)
La problemática de esta investigación, a saber comprender la práctica lectora caracterizando su carácter heterogéneo y múltiple, surge de una crítica a las aproximaciones reproduccionistas de la práctica. Sin embargo, y a pesar de esfuerzos empíricos llevados a cabo en esta línea, no he podido hallar propuestas teóricas que logren materializar ese carácter heterogéneo y, creo, aquello se ha debido a que, aun cuando se ha incluido la voz de los actores, no se ha seguido esa voz en diálogo con los otros elementos de la red. Al contrario, se ha tendido a considerarla aisladamente observando y analizando los contextos de producción y los determinantes estructurales más que mirar su relación.