• No se han encontrado resultados

Comprensión y esclarecimiento de la metodología de San Lucas:

Ahora, se entiende el por qué es el único Evangelio que habla de tres personajes que estaban llenos del Espíritu Santo. Obedece a una metodología teológica. ¡Qué grande este evangelista San Lucas, definitivamente! Sobre todo, que gran conocimiento y dominio de las Sagradas Escrituras, del autor del Evangelio de San Lucas, porque en ese cántico de Zacarías están incluidas todas las expectativas del antiguo pueblo de Israel. El autor del Evangelio de San Lucas, coloca en boca de Zacarías, todo el resumen de las esperanzas mesiánicas del pueblo de Israel. Y, así, como con el cántico del Magnificat, coloca en labios de la Virgen, que no es de la Virgen, sino un procesado de Lucas de todas las Escrituras respecto al Mesías, otro tanto, hace con la escena del nacimiento de Juan el Bautista, con miras al Mesías, como tal.

De hecho, en el cántico de Zacarías, que no es suyo, sino un procesado del autor del Evangelio de San Lucas, hay un compendio ideológico y continuado de los salmos 41, 105, 111; del libro del Levítico 26, 42, del libro del Génesis 22, 16-18, del libro de Miqueas 7, 20, del libro de Isaías 40, 3, del libro de Jeremías 6,14; 11,5, de Isaías 40, 3, del libro de Zacarías 3, 8, del libro Los Números 24, 17... y muchos otros.

c) Otros detalles del mismo extracto de San Lucas:

Había llamado la atención en el comienzo de este capítulo el que el evangelista colocara en su relato “se llenó del Espíritu Santo”. Hemos indagado y hemos hecho nuestros propios hallazgos. Muy útiles. Nos hacíamos las preguntas que nos hacíamos. Algunas quedaron satisfechas, otras, no. Pero, nos ha ayudado lo que hemos

descubierto. Para gloria de Dios y beneficio nuestro, sin la menor duda. Sobre todo, que conseguimos no espiritualizar los textos, cosa que nos preocupaba sobremanera. Menos mal.

Pero, hay, algunos detalles que valen la pena, por lo menos, referirlos, antes de dar por terminado este capítulo. Uno de esos detalles es sobre se llenó. Ya no del Espíritu Santo, porque, quedó, si no, del todo, por lo menos, algo resuelto y entendido. Y, eso es bastante.

El detalle al que se quiere referir es sobre se llenó. Así, en sentido general.

Resulta que ojeando el mismo Evangelio de San Lucas tiene sentido el se llenó del propio Evangelio. Y, aparece varias veces el se llenó, ya no del Espíritu Santo, como tenemos dicho, sino de odio, de rabia, de temor, de alegría. Y, con ese hallazgo, parece, entonces tener sentido que el propio evangelista detallara que Jesús se llenó del

Espíritu Santo, como para diferenciar de qué se llenó, a diferencias de

qué se llenó con otros elementos distintos del Espíritu Santo, ya no Jesús, sino, algunos personajes del mismo Evangelio.

Veamos:

En el caso de la curación del paralítico de la camilla: Lucas 5, 26: El asombro se apoderó de todos, y glorificaban a Dios. Y llenos

de temor, decían: «Hoy hemos visto cosas increíbles.»

En el caso de la tempestad calmada: Lucas 8, 25: Entonces les

dijo: «¿Dónde está vuestra fe?» Ellos, llenos de temor, se decían entre sí maravillados: «Pues ¿quién es éste, que impera a los vientos y al agua, y le obedecen?»

En el caso de los ritos de purificación: 11,38-39: Pero el

fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: «¡Bien! Vosotros, los fariseos,

purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad.

En la entrada a Jerusalén: 19, 35-37: Y lo trajeron donde

Jesús; y echando sus mantos sobre el pollino, hicieron montar a Jesús. Mientras él avanzaba, extendían sus mantos por el camino. Cerca ya de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, llenos de alegría, se pusieron a alabar a Dios a grandes voces, por todos los milagros que habían visto.

El Evangelio de San Juan:

(algunos elementos que llaman la atención)

En un apartado anterior habíamos dicho que nos llamaba la atención ciertas maneras especiales del Evangelio de San Juan (página 45 y la anterior) y que considerábamos la posibilidad de dedicarle todo un capítulo a ese Evangelio, para descubrir esa su manera peculiar de algunas maneras de ver, que parecieran, como contradictorias.

Como nuestra metodología nos ha ayudado mucho, hasta los momentos, vamos a dedicarnos exclusivamente a todo el Evangelio de San Juan, mirando y resaltando esos detalles que sorprenden en una mirada rápida. Tal vez, esa apreciación inicial, no sea, más, que una falsa apreciación. Pero, en todo caso, estamos como obligados a escudriñar para comprender. Y, también, sorprendernos, en caso de que haya sorpresas. Y, no debería, menos, de haberla, con seguridad.

Condiciones para leer cualquier libro:

a) En sentido general:

Cuando nos disponemos a leer cualquier libro hay que tener siempre un mundo de consideraciones, como: el estilo, el tema, el recurso literario, el origen del autor, sus tendencias, su metodología al

escribir, y, un sin fin de elementos. Y, con cada autor y cada libro, hay que hacer siempre esa lista general, tanto, antes, como después de su lectura. Después hay que hacer varias paradas, mientras se va leyendo, para re-ubicar, cada vez, todas las posibles impresiones que nos va causando y generando cada cosa, ya sea nueva, ya constante, en todo su recorrido. Esas paradas son necesariamente obligatorias para poder comprender tanto lo que se lee, como al autor y su línea.

Esa tarea hay que hacerla con todos los libros que se leen. Porque, no es lo mismo leer La Divina Comedia de Dante que leer un libro de historia seria, o leer el Principito de Saint Exupery, como leer

El Capital de Marx y Engels. Son dos estilos y recursos muy distintos.

Cada libro tiene perspectivas distintas, en este caso comparativo, y, en todos los casos posibles. Esa precisión nos evitaría muchos inconvenientes interpretativos sobre cada libro y cada autor. Igual, se aplica a Dan Brow y sus dos famosos libros, sobre todo, El Código

Da Vinci, que ha dado tanto qué decir, a muchos, y que dirá más de lo

que no se capta de esta novela, que por de más, está decir, que es realmente una belleza, y, no tiene nada de escandaloso, y, sí, mucho de fascinante. Porque hay que leerla bajo la óptica de novela, aunque a su decir, tiene sus críticas. Y tiene que tenerlas porque por eso se es autor de algo.

Igual se trata de lectores. Hay quienes leen lo que otros han dicho de lo que han leído y repiten, muchas veces, sin verdaderos conocimientos de fondo de lo que verdaderamente se puede tratar en tal o cual libro, de cualquier autor. Algunos repiten lo que otros han dicho. Otros, por el contrario, se han tomado, con respeto, como debe ser, la tarea de leer y tienen la autoridad de conocer con propiedad el asunto, si no, a fondo, por lo menos, con más conocimiento. Esos poseen un cierto juego de libertad en el conocimiento específico del libro o de los temas.

Eso mismo se aplica a los mismos Evangelios. No es lo mismo leer los Evangelios sinópticos, en conjunto y por separado, que leer el Evangelio de San Juan. Cada uno tiene un estilo, un orden, un propósito, una metodología propios. Ya se ha hecho notar en el capítulo anterior con el Evangelio de San Lucas: tiene unas especificidades que son propias de San Lucas, o su autor. Y, esas especificidades hacen la diferencia. Llegar a descubrirlas es ya una riqueza personal de quien tenga el atino de hacerlo. Otro tanto, sucede con el Evangelio de San Juan. Hay que leerlo, sólo, bajo la temática de San Juan el Evangelista. Pero, humildemente, leerlos. No es que haya que leerlos con humildad, sino tener la humildad de leerlos, que es distinto.

Sabedores de esa peculiaridad nos dedicaremos a todo el Evangelio de San Juan. La tarea no es fácil. No lo ha sido con los otros extractos anteriores. Pero ha valido la pena. De eso, ni la menor posibilidad de dudas.

b) Peculiaridades del Evangelio de San Juan:

Para ubicar algunos elementos hay que decir que el Evangelio de San Juan, a pesar de que habla del mismo personaje, Jesús, es muy distinto de los otros tres Evangelios. Su línea direccional es muy teológica. No es que los otros tres no lo sean. Sino, que, es más especulativa del sentido teológico, hecho, que hace que haya que leerlo bajo una lectura, especialmente, teológica. ¿O, sea, que hay que ser peritos en teología para leer y comprender el Evangelio de San Juan? Tampoco, es, para que exageremos.

Y, como su línea es esa, en el Evangelio de San Juan, cobran mucho valor los verbos que usa, en el caso de algunas afirmaciones

propias suyas, u otros elementos, también únicos de su estilo, como ciertas posturas o actitudes de algunos personajes.

Así, por citar un ejemplo: en la resurrección de Jesús, cuando Pedro entra al sitio donde habían colocado a Jesús, encontró el sudario y las vendas con características, únicas de su estilo y metodología. Dice así el texto: “Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en

el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte” (Jn.

20, 6-7). Ese detalle tiene una simbología teológica, propia del Evangelio de San Juan: “las vendas en el suelo, y el sudario que

cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte”. El mismo hecho de que Juan no entrara hasta que Pedro no

entrara, tiene, una rica simbología, que hay que leerla bajo la óptica general de todo el Evangelio de San Juan.

A ese entresacado, colocado como ejemplo ilustrativo, habría que hacerle un sin fin de preguntas, tales, como: ¿Por qué no estaban juntos el sudario y las vendas, y, en lugar aparte? ¿Qué estará diciendo con esa descripción el Evangelista: habrá alguna relación a la muerte biológica o teológica, o, teológicamente, qué hay de fondo en esa distinción y detalle? Eso obliga a que hay que leer el Evangelio de San Juan bajo su óptica y comprender cada detalle que él busca resaltar. Esa es su metodología y obedece a un patrón teológico, único y propio. Aunque, algunos comentaristas, como, los autores de

Comentario Bíblico “San Jerónimo”, afirman que se trata de un

detalle propio de San Juan, como testigo ocular de la tumba vacía1. Pero eso no quita que se trate de analizar ese extracto para nuestras riquezas personales, sí es que hay algunos detalles por descubrir; y, si

1 Cfr. Autores varios, “Evangelio según San Juan”, en Comentario Bíblico “San Jerónimo”,

no los hay, ya también es una riqueza el comprobarlo, pero, igualmente, nos dará sus beneficios.

Y, eso hay que saberlo. Y, hay que hacerlo notar. San Juan tiene una línea teológica de conjunto, porque no se deslinda de las Sagradas Escrituras, ni tampoco de los otros tres evangelistas; pero, tiene, la suya. Muy peculiar, que obliga a tenerlo siempre presente.

Hechas estas observaciones, dediquémonos a lo que queremos: a algunas impresiones fuertes negativas que se desprenden del Evangelio de San Juan. Para buscar, preguntar, descubrir y comprender.

1) Algunos extractos de carácter fuerte y tal vez