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comprometerse nuevamente con sus responsabilidades morales y jurídicas

hacia la infancia

Para los gobiernos, el mensaje no presenta ninguna ambigüedad: mantener sus compro- misos con los niños y las niñas de su país. A pesar de numerosos tratados y llamamientos, a pesar de la Sesión Especial de las Naciones Unidas en favor de la Infancia, simplemente no se ha hecho lo suficiente para reafirmar los derechos de la infancia: es precisodarles la mayor prioridad. Un punto de partida funda- mental para muchas naciones sería que consi- deraran prioritario el logro de progresos en la salud y el desarrollo de su infancia. Hoy en día, se calcula que una tercera parte de las enfer- medades que se registran en el mundo afectan a la infancia.

Si no se concede una mayor atención a la pres- tación de servicios de atención básica de la salud y educación para la infancia, está claro que la mayoría de los Objetivos de Desarrollo del Milenio no se alcanzarán plenamente en 2015.

En una abarrotada clase de la escuela primaria Chadza en LiLongwe, Malawi, una niña solicita per- miso para responder durante una clase de inglés. La escuela par- ticipa en la encuesta de niño a niño de África, que busca incrementar la matri- culación de los niños y las niñas que no van a la escuela.

ESTADO MUNDIAL DE LA INFANCIA 2005

Se reconoce ampliamente que el progreso hacia el logro de los Objetivos ha sido más lento en la reducción de la mortalidad de menores de cinco años. Este objetivo puede lograrse: se calcula que dos terceras partes de las casi 11 millones de muertes de menores de cinco años que se producen todos los años podrían evitarse si estos niños y niñas recibie- ran atención apropiada en el hogar y si se apli- caran tratamientos curativos simples para las enfermedades más frecuentes de la infancia. Las intervenciones para evitar la mortalidad en la niñez, como la vacunación, el amamanta- miento exclusivo y la terapia de rehidratación oral, son muy conocidas y su eficacia ha sido probada, y es posible ampliar su escala incluso en entornos de escasos recursos. Por tanto,

lograr el Objetivo relativo a la supervivencia infantil presenta un caso claro de voluntad, porque aunque la inversión financiera sería considerablemente modesta, es preciso realizar esfuerzos a gran escala en movilizaciones sociales y el desarrollo de estrategias innova- doras para aplicar las intervenciones.

Llegar a todos los niños y las niñas con un conjunto básico de intervenciones esenciales y de eficacia demostrada exigirá la cooperación entre los gobiernos, los organismos bilaterales y multilaterales, las organizaciones no guber- namentales, los profesionales de la salud, las asociaciones profesionales y el sector privado. Este tipo de colaboración, en la que han inter- venido gobiernos, el UNICEF, la Organización

La trata de niños y niñas, un ataque directo a los derechos humanos y la dignidad humana, ha alcanzado propor- ciones epidémicas y aumenta de una manera descontrolada. Las señales son muy claras: millones de niños y niñas son víctimas de la trata con el objetivo de explotarlos en las fábricas, en los hogares como trabajadores domésticos y en los cultivos agrícolas, o para adop- tarlos, utilizarlos como niños y niñas soldados y, mucho más grave aún, para alimentar la industria sexual comercial, que en la actualidad es un negocio mundial multimillonario. A estos niños no solamente se les explota sin piedad, sino que también se les priva de su infancia y se les deniega su futuro.

Gracias a una iniciativa de ECPAT (End Child Prostitution, Child Pornography and Traficking of Children for Sexual Purposes) de la que fue anfitrión el Gobierno de Suecia, en agosto de 1996 se organizó en Estocolmo el Primer Congreso Mundial contra la Explotación Sexual Comercial de la Infancia. Representantes de 122 gobiernos, organizaciones no gubernamentales, organismos de las Naciones Unidas y el sector privado se reunieron para abordar esta crisis. A mí me solicitaron que fuera la auspiciadora de esta reu- nión, y desde entonces he supervisado minuciosamente el tema de la explota- ción sexual comercial y la trata de niños

y niñas, así como las medidas que se han tomado en todo el mundo para combatir este problema.

Como parte de mi propio compromiso para ayudar a lograr que el mundo sea un lugar más seguro para la infancia, fundé la World Childhood Foundation, que ofrece financiación a proyectos de todo el mundo, especialmente aquellos que tratan de rescatar y rehabilitar a niños y niñas que han sido víctimas de abuso y explotación sexual. Por medio de nuestro trabajo, me he reunido con muchos niños, niñas y madres jóvenes que, de manera cotidiana, personifican esta epidemia. Demasiados niños y niñas sufren a causa de la pobreza, viven en instituciones, están enfermos y tienen padres y madres que abusan de las drogas. A su vez, ellos mismos son a menudo víctimas del abuso y se les utiliza de una forma que muchos de nosotros no nos atrevemos siquiera a mencionar, y mucho menos a confrontar. Pero tenemos que hacerlo, porque la realidad de la situación es mucho más terrible que las palabras que empleamos para describirla.

Yo he sido testigo directo de todo esto. Por ejemplo, en mis viajes a la Federación de Rusia conocí a madres jóvenes que tratan de sobrevivir en un entorno económico muy difícil y sin ninguna estructura de seguridad. En el

Brasil, he visto a niños y niñas en pequeños poblados que van a la escuela solamente unas cuantas horas al día porque tienen que trabajar largas horas para ayudar a su familia a sobrevivir, y están expuestos a peligros que ningún niño debería tener que confrontar. Éstas son las condiciones que producen el caldo de cultivo de la trata: víctimas que sucumben a las falsas promesas de una vida mejor en otra parte.

La trata es posible debido a un derrumbe del entorno protector. Cuando los con- flictos sociales, políticos o económicos vienen acompañados del mal funciona- miento de los sistemas legales y judicia- les, el agravamiento de la pobreza y la falta de oportunidades educativas o eco- nómicas para los niños y sus familias –sin mencionar la creciente demanda de sexo explotador en el mundo indus- trializado– los niños y las niñas son mucho más vulnerables al acoso de los traficantes.

La trata ilegal de seres humanos se ha convertido en un comercio mundial. Su éxito es un indicio del fracaso de la comunidad internacional, que debería trabajar para asegurar que todos los niños y las niñas tengan la oportunidad de crecer de manera segura y con dig- nidad. Sin embargo, es posible tomar varias medidas para detener la trata. Tenemos que reconocer nuestros fraca-

Mundial de la Salud, y muchos otros, se ha puesto en práctica recientemente bajo los auspicios de la Alianza para la Supervivencia Infantil, con el fin de responder a la crisis de salud que confronta la infancia y ayudar a los países a aumentar rápidamente la escala de sus intervenciones. La alianza ofrece un foro para tomar medidas coordinadas que permitan a los gobiernos y a los aliados acordar enfo- ques uniformes para las intervenciones desti- nadas a la supervivencia infantil y asegurar medidas concertadas hacia su puesta en vigor. La Alianza para la Supervivencia Infantil no es una organización que disponga de fondos o los distribuya. Es una iniciativa de promoción para aumentar la movilización de recursos y el

apoyo a los programas de supervivencia infan- til, impulsada por los países y organizaciones participantes con un objetivo específico: alcan- zar el cuarto de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Sin embargo, las intervenciones que recomienda y promueve exigirán una financia- ción adicional considerable, proveniente de fuentes nacionales, bilaterales y multilaterales, al igual que otras iniciativas concebidas para lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio y otras metas basadas en el desarrollo y en los derechos.

Los donantes, por tanto, son también actores fundamentales a la hora de asegurar que todos los niños y las niñas disfruten de su infancia. Las promesas que se hicieron a la niñez durante

sos hasta la fecha e impulsar una nueva iniciativa con el fin de crear un entorno protector para la infancia. Éstas son algunas de las medidas que podrían tomarse:

l Aumentar la concienciación: Es preciso ofrecer formación a los funcionarios encargados de la aplicación de la ley sobre cómo investigar las redes de la trata; también hay que capacitar a los guardias fronterizos sobre cómo iden- tificar a los traficantes y sus víctimas; y los adultos y los propios niños y niñas tienen que aprender más sobre los riesgos de la trata.

l Aplicar las leyes: Todos debemos tra- bajar para asegurar la promulgación de leyes firmes que castiguen a los culpables y protejan a las víctimas. Pero es preciso aplicar estas leyes de manera estricta. Hay que castigar a las personas que trafican con niños y niñas y también a aquellos que se dedican a comprar a menores de edad. Muy a menudo, se considera a los niños y niñas víctimas de la trata como si fueran criminales, mientras que aquellos que los explotan sin pie- dad suelen salir en libertad. El marco para castigar a los culpables y prote- ger a las víctimas está consagrado en el Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la venta de niños, la

prostitución infantil y el uso de niños en la pornografía; la Convención 182 de la Organización Internacional del Trabajo sobre las peores formas de trabajo infantil; y el Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños, que complementa la Conven- ción de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Trans- nacional. Es preciso convertir en leyes estos documentos y ponerlos en vigor.

l Poner en tela de juicio las prácticas y actitudes discriminatorias que fomen- tan que las jóvenes en particular sean vulnerables a la trata.

l Considerar la ampliación de la práctica de proporcionar permisos temporales de residencia protectores que permi- ten a un niño o una niña sexualmente explotados permanecer en el país al que fueron trasladados ilegalmente a fin de obtener los testimonios necesa- rios para presentar cargos contra los culpables.

l Reintegrar a las víctimas de la trata: Es preciso reunir a los niños y las niñas con sus familias siempre que sea posible y proporcionarles los ser- vicios necesarios que les ayuden a recuperarse, inclusive la oportunidad de volver a la escuela.

Trabajando juntos, sé que es posible para todos nosotros poner fin a este asalto contra nuestra infancia. Los niños y las niñas, como todos aquellos con quienes me he reunido, no nos exigen nada menos. Ha llegado la hora de pasar de las palabras a la acción y tomar las medidas necesarias para crear un mundo donde los niños y las niñas se sientan seguros.

Enfrentarse a estos traficantes y com- pradores de sexo, que operan a una escala mundial con grandes medios, es sin duda una tarea de enormes propor- ciones, pero debemos hacerlo. Y si en algún momento sentimos que el desafío está por encima de nuestras fuerzas, debemos mantenemos firmes, siguiendo los consejos que Winston Churchill ofreció en 1941 a los niños y niñas de Harrow School, que estaban atemori- zados por los horrores de la Segunda Guerra Mundial:

Nunca hay que ceder, nunca hay que ceder, nunca, nunca, nunca, nunca –en nada, grande o pequeño, enorme o reducido– nunca hay que ceder excepto cuando se trata de las convicciones deri- vadas del honor y el sentido común. Mi visión es que todos los niños y las niñas sean felices. Sólo les pido que compartan conmigo esta visión y la hagan realidad.

ESTADO MUNDIAL DE LA INFANCIA 2005

la Sesión Especial, consagradas en “Un mundo apropiado para los niños”, no pueden olvidarse. Los compromisos alcanzados en 2002 después del Consenso de Monterrey para aumentar la asistencia oficial al desarrollo en alrededor de 18.500 millones al año hasta 2006, deben man- tenerse. Aunque ésta parezca una suma consi- derable, en realidad es un incremento mínimo: para lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio en 2015 se necesitará una cifra cercana a los 50.000 millones de dólares anuales durante el mismo periodo2. También será preciso mejo-

rar la calidad de la asistencia mediante una mayor armonización de las políticas de los donantes con las prioridades de los países receptores. Las inversiones en bienes esencia- les, servicios e infraestructura que satisfagan directamente los derechos de la infancia son

cruciales: sin ellas, no será posible conseguir ninguno de los otros programas internaciona- les de desarrollo.

Todos los países deben aplicar un enfoque