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Las múltiples dimensiones de la pobreza infantil

La pobreza amenaza todos los derechos, y priva a los niños y las niñas de las capacidades que necesitan para sobrevivir, desarrollarse y prosperar. Los niños y niñas que viven en los países reflejados en este mapa se enfrentan a las peores privaciones de bienes y servicios esenciales: más de una tercera parte de todos los niños y las niñas están desnutridos, carecen de inmunización básica, o no están matriculados ni asisten a la escuela. En 13 países, menos de la mitad de la población tiene acceso a agua potable mejorada e instalaciones adecuadas de saneamiento. Los indicadores para medir la pobreza por ingresos revelan claramente la raíz del problema. La mayoría de los países con elevados niveles de privación presentan niveles reducidos de ingresos per cápita. Pero los indicadores para medir la pobreza por ingresos no pueden expresar de manera adecuada la forma en que los niños y las niñas experimentan realmente la pobreza. Los ingresos per cápita de la India y el Senegal son muy similares, por ejemplo, pero los niños y las niñas de la India corren un mayor riesgo de sufrir desnutrición, mientras que los niños y las niñas de Senegal tienen más probabilidades de carecer de educación. Un 89% de los niños y niñas del Perú reciben la vacuna DPT3, mientras que solamente un 65% de los niños y las niñas de la República Dominicana reciben esta misma vacuna, pero los ingresos per cápita en el primer país son superiores a los del segundo en sólo un 4%. La pobreza representa la naturaleza multidimensional de las amenazas a la infancia: cada privación agrava los efectos de las otras y cuando coinciden dos o más, las repercusiones sobre la niñez pueden ser catastróficas. Los niños y las niñas que tienen que caminar largas distancias para conseguir agua tienen menos tiempo para asistir a la escuela, un problema que afecta especialmente a las niñas. Los niños y las niñas que no han recibido vacunas o que están desnutridos son más susceptibles a las enfermedades que se propagan debido a un saneamiento deficiente. Estas y otras privaciones, como la falta de una vivienda adecuada o de acceso a los servicios sociales, inhiben la capacidad de los niños y las niñas de alcanzar su pleno potencial. Hasta que todos, niños y niñas, logren su derecho a la educación, la nutrición y la atención de la salud, la infancia seguirá estando amenazada.

Producido para el UNICEF por Myriad Editions Limited Copyright © UNICEF, 2004

Países donde menos de la mitad de la población tiene acceso a fuentes mejoradas de agua potable e instalaciones adecuadas de saneamiento 2002 Agua Saneamiento Afganistán Etiopía Somalia Camboya 22% 29% 34% 34% 39% 42% 43% 45% 46% 46% 46% 48% 13% Chad Papua Nueva Guinea Mozambique Lao, Rep. Popular Dem. Madagascar Congo

Rep. Dem. del Congo Níger Malí 29% 25% 33% 27% 24% 45% 45% 16% 12% 8% 9% 8% 6%

pobreza

Este mapa no refleja ninguna toma de posición por parte del UNICEF con relación a la situación jurídica de ningún país o territorio ni el reconocimiento de ninguna frontera.

Las líneas de puntos representan aproximadamente la Línea de Control en Jammu y Cachemira acordada por la India y el Pakistán. Las partes no han llegado a ninguna resolución final sobre la situación de Jammu y Cachemira.

Bajos ingresos $765 o menos

Ingresos medianos bajos $766–$3.035

Ingresos medianos superiores $3.036–$9.385

Altos ingresos $9.386 o más

INB per cápita

2003

Dimensiones de la pobreza

Sin datos

Fuentes: Para las clasificaciones de grupos por ingresos: Banco Mundial.

* Los datos se refieren al año más reciente disponible durante el periodo especificado.

Más de una tercera parte de los niños y niñas no están matriculados o no asisten a la escuela primaria 1996–2003* Más de una tercera parte de los menores de cinco años sufren bajo peso moderado o grave 1995–2003* Más de una tercera parte

de los niños y niñas de un año no reciben

la vacuna DPT3 2003

Los niños y las niñas nunca inician las guerras y, sin embargo, son quienes se encuentran más expuestos a sus consecuencias letales. Los niños y las niñas pocas veces comprenden las causas complejas de un conflicto armado y, sin embargo, se ven obligados con demasiada frecuencia a huir de sus hogares por la fuerza, a ser testigos de atrocidades o incluso a come- ter ellos mismos crímenes de guerra. Los niños y las niñas no son responsables de la guerra y, sin embargo, la guerra les priva de su infancia. La tragedia que sacude en estos momentos Darfur, en el Sudán, ha demostrado una vez más que el mundo todavía no es capaz de ofre- cer a los niños y las niñas la protección contra los conflictos armados a la que tienen derecho. A mediados de 2004, más de 1,2 millón de su- daneses habían sido expulsados violentamente de sus hogares. Muchos fueron asesinados por milicias armadas y quienes pudieron sobrevivir huyendo hacia la frontera con Chad tuvieron que enfrentarse a una batalla por la sobrevi- vencia muy diferente, esta vez contra la enfer- medad, la falta de viviendas adecuadas y la alimentación insuficente. Los campamentos que se levantaron para recibirlos no dieron a basto debido a la inmensidad de la crisis humanitaria, que puso a prueba la capacidad de los recursos. En todo momento se cernía la amenaza de que se produjeran brotes de enfer- medades a gran escala, especialmente entre los niños y las niñas debilitados por la falta de alimentos, de agua potable y de saneamiento. En otros lugares del Sudán estaba a punto de resolverse el conflicto que divide al país desde 19831entre el Gobierno y el Movimiento de

Liberación del Pueblo Sudanés, pero la trage- dia en Darfur ha complicado gravemente los progresos en el proceso de paz.